Día 1: Nuevo punto de partida
Dijo Fernando Pessoa: ‟Navegar é preciso, viver não é preciso…” En los tiempos que corren, podemos decir que viajar es necesario. Aunque uno viaje con la imaginación, aunque se dirija al mismo destino, siempre es posible abrir nuevos caminos. En mi caso, viajar forma parte de mi vida y de los sueños de Filipe. Él sueña y nosotros vamos con él. Nuestro viaje de vacaciones comienza hoy y termina mañana a la tarde. Salimos de Aeroparque, Buenos Aires, al mediodía, por una Av. Lugones llena de tráfico, dejamos el auto solito en el estacionamiento porque el representante de la empresa de alquiler de autos no apareció, peleamos con el personal de la aerolínea para no perder la costumbre y embarcamos entre risas y lágrimas con el último llamado. Sí. Viajar es preciso para descubrir nuestros propios límites, para entregarnos a un mundo en el que no tenemos muchas certezas y para divertirnos, y reírnos y descansar y cansarnos de otra manera diferente al ritmo de todo el año.
Dos horas y media más tarde, aterrizamos en São Paulo, con una tormenta. Caminamos de un terminal a otro con las mil y unas valijas. Gonzalo tiene sueño y hambre. Durante el vuelo nos sirvieron una medialuna y ese fue nuestro almuerzo. Si fuera por mí, podía esperar en el aeropuerto, mirando todo lo que pasa a nuestro alrededor. Filipe prefiere arriesgar a un hotel simplecito cerca del aeropuerto donde nos prometen cena. La combi sube y baja y yo pienso a dónde iremos a parar. El hotel es simple de verdad, pero para un par de horas, es demasiado. El restaurante está vacío y la señora que nos atiende protesta que ya debía haber cerrado. Lo único que puede servirnos es un bife con arroz y papas fritas. Para nosotros está perfecto. Y algo más: la conexión a Internet es buena. A eso de las 22 h estamos en los cuartos mirando la novela. Filipe duerme y yo aprovecho para largar con el blog. A las 00.30 h tenemos que salir de acá para el aeropuerto. El vuelo a Johanesburgo sale a las 2.30 h. Falta mucho pero también no falta nada para salir del hotel.
Besos viajeros.
PS: Marcos y Agus ya se comprometieron a escribir cuando yo no pueda. ¡Preparénse para más novedades!
PS: Hoy es el cumple de Filipe. Para la mayoría de la gente, diríamos que el día pasó sin pena ni gloria. Quienes lo conocen, saben que está haciendo lo que le encanta. Tendremos festejos tardíos en algún otro lugar del mundo.
Llegada
Apenas tenga un tiempito les cuento sobre los últimos días, por ahora, basta con saber que llegamos a Rio sanos y salvos. El vuelo desde Foz de Iguazú es cortito: apenas 1 h 50 m. Nos esperaba Nilzete en el aeropuerto y en casa, Cida con un olor riquísimo a comida casera. Todo estaba en orden gracias al esmero de Cida. Filipe ya se fue a Perú. Lo pasaron a buscar a las 4.50 h. Ahora.. a retomar la rutina y el orden, para empezar con Gonzalo que está completamente fuera de control en sus comidas, su horario y sus costumbres. Besos cariocas.
Avance
El domingo y hoy estuvimos conociendo las Cataratas del Iguazú. Ayer del lado argentino y hoy, del lado brasileño. En síntesis: el lugar es mágico por donde uno lo mire. Hoy fuimos de bote hasta cerca de unas cataratas menores. Son empapamos pero fue muy divertido y claro, de ponerse la piel de gallina. Nunca imaginé que iba a llegar hasta ese lugar.
Mañana cerramos valijas así que será un día complicado pero voy a subir toooodas las fotos que faltan cuando llegue a Rio.
Besos para todos.
Día 18: San Ignacio
El sábado Filipe trabajó hasta las 13 h. Hacía mucho calor cuando finalmente partimos y la salida de Posadas fue muy complicada por el tráfico. En Misiones, la policía parecía mucho menos preocupada con los controles. Llegamos a las ruinas de San Ignacio cerca de las 15 h y preferimos almorzar algo antes de entrar. Después de pasar la entrada, hay un Centro de Interpretación muy interesante y necesario para entender cómo funcionaban las misiones jesuíticas. Gonzalo y Agus protestaron todo el tiempo. Poco les interesaba todo lo que estaban viendo. Intenté explicarte a Gonzi pero le encantó la idea de los indios y me hizo 250 preguntas. Justo empezó el guía a hacer su presentación, pero Gonzi insistía en preguntar. Era complicado prestar atención y responderle al mismo tiempo. Sobre todo cuando llegamos a la parte en que preguntaba si podía ver a los indios, dónde estaban, dónde están las flechas.El paseo duró una hora y uno se queda con ganas de más, pero el calor era agotador y todavía teníamos muchos kilómetros hasta Foz de Iguazú.
Al llegar a Puerto Iguazú, nos perdimos un poco. El control de Migraciones fue rapidito del lado argentino e inexistente en el lado brasileño. Llegamos al hotel agotados. Comimos algo en el bar de la pileta a las 23.30 h y fuimos a dormir.


