• El día empezó otra vez en el A&V Waterfront, desde donde parten los ómnibus rojos con paseos guiados (http://www.citysightseeing.co.za/capeTown.php). Es una excelente manera de tener una visión general de la ciudad, con un relato conciso e interesante. Optamos por el recorrido más largo que sube hasta la estación base del teleférico giratorio. El paisaje es impresionante y en 6 min estás en la estación superior de la Montaña de la Mesa. Lleva ese nombre porque es completamente plana en la cima. Al llegar, fuimos directo a almorzar. El restaurante era medio desorganizado, tipo autoservicio, con basura en el piso, más parecido a la realidad de América Latina pero todo se olvida con la vista desde allá. Gonzi me dejó un poco estresada porque iba a los saltitos por todas partes y quería subir a las piedras, pero no es novedad: a los niños les encantan probar los límites. Bajar fue un poco más lento de lo previsto. La fila era enorme y cuando llegamos, vimos que nuestro ónmibus nos había dejado a pie. Tomamos un taxi hasta el estacionamiento donde había dejado el auto. El taxista parecía haber salido de una película de terror, pero tomó todos los atajos posibles y nos dejó en el estacionamiento pero en otra entrada. Debo confesar que no perdimos el auto, simplemente demoramos 15 minutos en encontrarlo. Entre tanto, teníamos que ir a cenar con Manim y su familia pero era tarde. Manim todavía estaba en el puerto así que pasamos a buscarlo y fuimos juntos a Camps Bay. Todos estaban muy elegantes para ir a cenar mientras que nosotros veníamos del paseo, pero nosotros somos así y no nos amedrentamos. Además, no había otra alternativa. Cenamos en Zenzero, un lugar elegante, medio oscurito y nada adecuado con niños. No hubo ambiente para conversar mucho, o bueno, se conversó sobre temas políticamente correctos y a la 1.30 am lo único que escuchaba era a Marcos y Agustina preguntando a qué hora nos íbamos. Gonzi estaba despierto jugando con el ipad. Volvimos caminando unos 200 m hasta la casa de Manim, uno de los pocos momentos de charla descontraída y risas fáciles. Nota mental:  esos son los momentos más importantes. PD. Las fotos vienen después.

  • Hoy salimos tarde, para variar. La idea era recorrer la península hasta el Cabo de Buena Esperanza y volver sobre la otra costa. El recorrido suma un total aproximado de 60 km de ida y otros 60 km de vuelta. La costa africana es impresionante. Por momentos, la región parece el sur de Portugal, en otros, el sur patagónico.  Los portugueses deben haber quedado impresionados al llegar a estas tierras. Pasamos por la Universidad de Cape Town y por varios pueblos más distantes. Vimos un barrio humilde tipo favela por primera vez. No se compara ni de cerca a la villa 31 de Retiro ni a la Rocinha de Rio. Me pregunto qué van a pensar los turistas que vinieron a Ciudad del Cabo hace 4 años cuando lleguen a Rio. Las autopistas, la infraestructura, la calidad del servicio. Definitivamente, será una experiencia diferente.

    Datos interesantes:

    • Bartolomé Dias lo llamó el cabo de las Tormentas pero más tarde, el rey Juan II de Portugal, lo cambió por el Cabo de la Buena Esperanza. Obviamente, que era muy positivo porque descubrieron que pasando este cabo se podía seguir navegando hacia el este y llegar a la India.
    • Muchos piensan que en este punto se unen el oceáno Atlántico con el Índico, lo cual no ocurre sino en el cabo Agulhas, que se encuentra más al sur.
    • En 1652 el marino holandés Jan van Riebeeck instaló un campamento cerca del cabo, que acabó convirtiéndose en lo que hoy es Ciudad del Cabo. No todo fue mérito de este señor; había muchos habitantes antes de su llegada.
    • Por todos lados, hay carteles que dicen: Cuidado con los babuínos. No los alimente porque son peligrosos. Por suerte, no apareció ninguno.

    RecorridoAlmorzamos en un restaurante cerca de la base del funicular. Servicio excelente.  La vista desde el faro de la montaña es de cortar la respiración. Al bajar, no había aire en el funicular. Casi perdemos la respiración en ese momento también. A eso de las 19 h cerraba el parque nacional. La verdad es que nos faltó tiempo pero teníamos que volver. Lamentablemente, otra vez nos agarró el tráfico. Demoramos casi 3 h en llegar. Intentamos pasar a comer algo por el shopping pero por ser 1 de enero estaba todo cerrado. Cena en el depto y a dormir. Mañana vamos a pasear por la ciudad.

    El pase de diapositivas requiere JavaScript.

  • Dentro de pocas horas, llega el Año Nuevo. Minuto más, minuto menos… vamos a seguir siendo los mismos. Seguiremos teniendo los mismos amigos, el mismo empleo y hasta la misma pareja. Las mismas deudas, las mismas frustraciones, los mismos orgullos. Seguiremos siendo el resultado de las elecciones que tomamos durante toda nuestra vida. Seremos las mismas personas que fuimos durante este 2013.

    La diferencia, muy sutil diferencia, es que a partir del momento en que el reloj nos avise que llegó la medianoche del 31 de diciembre de 2013, tendremos un año entero o mejor dicho el inicio del resto de nuestras vidas para hacer lo que nos de la gana. Podemos empezar lo que no hicimos antes por falta de fuerza, de fe, de coraje… podemos perdonarnos los errores cometidos hasta ahora o podemos dejar que el mundo haga lo que quiera con nosotros.

    Siempre hay una elección, un camino…y es por eso que mi deseo para este año y para siempre es que tomes las mejores decisiones que puedas tomar y que sean las que fueren, que te hagas cargo de ellas.

    Finalmente, brindo por lo que están, por los que se fueron pero nunca nos dejaron, por los que todavía llegaron pero van a llegar. Brindo por lo que siguen en la lucha, los que tienen unas fuerzas increíbles y por los que no tienen fuerza pero saben pedir ayuda. Brindo por los que siempre están a nuestro lado, por los que siguen dando a pesar de todo. Brindo por los pacientes, los humildes, los cariñosos… Brindo por cada una de las personas que están hoy en mi vida y por esas que se alejaron (ellas se la pierden ;). Brindo por un futuro de paz para cada uno y porque cada uno pueda hacer brillar su luz.

    Buenas elecciones y muchas felicidades… hoy y siempre.

    Con mucho cariño.

    Gabriela

  • El último día del año 2013 y una ciudad bellísima, que combinación excelente. Como siempre, la familia Caldas se despierta tarde, de acuerdo con la hora local. El jefe del viaje nos dijo que nos levantáramos a las 7:30 para encontrarnos con Manim. Nosotros cuatro estábamos listos para una nueva aventura y el señor Felipe, durmiendo en los brazos de Morfeo, como un lindo bebé. Bueno, después de salir en dirección a Table Mountain (el marco geográfico más importante y famoso de Cape Town) nos desviamos en dirección al puerto, nuevamente. Nos decían que el MussuloIII ya había partido, pero papá insistía: «quiero ver el puerto y conocer». Como simples escuderos del nuestro amo Quijote, fuimos hasta el puerto, y adivinen quién estaba allá, el barco y tooooda su tripulación. Nosotros quatro pensamos: «¡Nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!» Para quienes no se imaginan el resultado, les cuento: quedamos los 4 sentaditos al sol, mientras él conversaba y tomaba unas cervecitas con el capitán y su tripulación, gente la cual no teníamos idea de quiénes eran. Después de esperar una hora bajo el sol capetoniano, infelices, sedientos, con los brazos quemados y aburridos del ambiente del barco, papá, finalmente, nos liberó de aquel lugar. Pero faltaba una cosa, pero tan inútil, tan insignificante, tan, digamos, innecesaria: el auto. Papá no se acordaba dónde estaba el auto, literalmente, había perdido el auto. Caminamos por los dos pisos del estacionamiento y nada de la combi gigante, que supuestamente era fácil de encontrar. ¿Cómo perder algo tan grande como una combi? ¡Impresionante! Sólo a los Caldas les pasa esto. Tan extraña era la situación que pedimos ayuda a los guardias. Papá lo niega pero anduvimos ida y vuelta por un piso que no era el correcto y después de veinte minutos de caminar por el estacionamiento encontramos a nuestra querida amiga.

    El viento soplaba como nunca y nuestras esperanzas caían. El teleférico para subir a la Table Mountain cerraba en caso de vientos muy fuertes. Cuando llegamos a la estación, nuestras predicciones se confirmaron: no subimos a la montaña y apenas quedamos mirando el paisaje al nuestro alrededor.

    Ya eran las cuatro de la tarde cuando decidimos ir a comer. Cuando llegamos al V&A Waterfront, todos los locales estaban cerrando por lo del Año Nuevo. Suerte que uno de los amigos de Manim  nos ayudó y consiguió un lugar para comer. Después subimos a la rueda gigante, Cape Wheel, una rueda gigante en Waterfront. Muy lindo.

    Volvimos a casa y nos preparamos para la gran noche de fin de año. La invitación era a las 19 h pero como siempre, llegamos tarde. Solo que esta vez fue como 4 horas después del inicio. A las once y cuarto, todos nos miraban raro («estos tipos que llegan tarde»). Teníamos, al menos, una explicación para nuestro atraso: había kilómetros de tráfico y un auto se prendió fuego… Asustador, «a visão do inferno, do capeta…» Saludamos a todos y observábamos las diversas situaciones de la fiesta. Las raras danzas locales nos impresionaban, y también toda la gente borracha con las celebraciones del Año Nuevo. La fiesta fue muy simple. Poca comida, pocas sillas y mesas y un panorama de los fuegos muy limitado. Fue un fiasco. Y lo peor, nosotros salimos a las dos de la mañana del Waterfront (el local de la fiesta) y el tráfico estaba intenso, porque estábamos en el centro, donde eran todas las celebraciones. Deberíamos haber llegado al hotel en 20 minutos y sin embargo, tardamos una hora y media, tremeeeeendo. Al llegar al hotel, todos durmiendo y probablemente cansados para el día siguiente.
    Apesar de todo, un nuevo año comenzó y muchas gracias a todos, las aventuras continuarán en 2014, y buen año.

    El pase de diapositivas requiere JavaScript.

  • Nos levantamos tarde según la hora local. Desayunamos en el hotel. Lo único memorable es que pedí un plato local que era una mezcla de avellanas, avena, manzana y yogur: intragable. Pasamos el día buscando a Manim. Filipe no conseguía ubicarlo por teléfono e insistía. Debe haber llamado a 15 personas antes de ubicarlo. Exagerado pero casi cierto… Finalmente, Manim llamó pero no se pusieron muy bien de acuerdo, así que pasamos el resto del día llamando a Manim. Fuimos al Victoria & Alfred Waterfront, donde está anclado el Mussulo III antes de la partida para Rio. El lugar es impresionante, lleno de personas de miles de lugares, con locales de todo tipo, una infraestructura moderna y antigua al mismo tiempo. Tipo Puerto Madero, algo más informal. Como ya era tarde, almorzamos en un lugar muy lindo pero que demoró un montón en servirnos (http://denanker.co.za/). Después, paseamos un poco y entramos en el Acuario (http://www.aquarium.co.za/). Con un concepto menos moderno pero con muchos peces que nunca habíamos visto en nuestra vida. Nos encantó una pecera llena de peces payaso, a la que se podía entrar por abajo (vean las fotos) y un microscopio que aumentaba 400x la imagen de modo que podías ver un fitoplancton moviéndose sobre una anémona. De regreso al hotel, entramos a un supermercado para comprar algo de comida y unos adaptadores (el formato de las fichas acá es completamente diferente). Comimos y nos fuimos a dormir.