Día 13: Un largo camino a Alta Gracia

Como siempre, salimos tarde del hotel después de otro desayuno de casi posguerra. Filipe protestaba por el calor, por la falta de Internet, por la pérdida de tiempo… a las 12 h estábamos partiendo rumbo a la casa de Luciana. Entre fotos, despedidas y muchos abrazos, salimos de la casa de Luciana a las 13 h. Iba a ser un viaje complicado… más de 600 km y ya era muy tarde. Salimos de San Juan, pasamos por La Rioja (para evitar un tramo de muchas curvas) y entramos a Córdoba. La Policía caminera nos recibió pidiendo todos los papeles y una colaboración para comprar agua. Nos advirtió, de paso, que el límite de velocidad era 110 km/h. Fue en vano… Filipe pasó el límite varias veces y se quedó tranquilo porque seguramente, era puro verso. Pasamos por varios pueblitos con cara de casi abandono. Entre el calor y la hora de la siesta, no encontrábamos dónde comer. Eran más de las 17.30 h y nada. Se había acabado el mate, las barritas, las gomitas… cuando apareció Soto, con una estación YPF y un barcito ABIERTO. La única opción eran sándwiches y Gonzi almorzó, además 2 helados. Al salir del pueblito, otra vez la policía.
-Baje el vidrio, por favor- dijo el señor. ¿A dónde van?
-A Alta Gracia- dijo Filipe.
-Voy a tener que levantar un acta, no tiene las luces bajas prendidas y los pasajeros no tienen el cinturón de seguridad.
-Mire, ya me pararon antes para pedirme una ayuda.

Nooooo. El oficial invitó a Filipe a bajarse del auto y cruzar la ruta. Mala espina. Filipe hablaba y hablaba. Mostraba papeles y se veía que el policía cargaba datos en un aparato tipo terminal para pago con tarjeta de crédito. A los 15 min, Filipe volvió muerto de risa. Resulta que el oficial le pidió todos los datos para labrar el acta. Cargó con cuidado el número del registro de conducción y la dirección que estaba en el mismo (rua Infante D. Henrique 560 – Cascais – Portugal) y después los del auto (Jaboatão dos Guararapes – Brasil). Ahí el sistema se tildó y no consiguió imprimir la multa. Resignado, le dijo a Filipe que siguiera viaje pero con cuidado. A las 10 min, otro oficial y a los 10 min, otro. ¿Qué pasa con los cordobeses que tienen tanta policía? La respuesta llegó poco después… venían unas motos del Dakar, algún auto y unas camionetas. Había gente a los costados de la ruta que al ver este auto tan diferente, nos saludaban, nos levantaban el pulgar y hasta nos sacaron fotos. Nos moríamos de risa. Paramos un poco adelante a ver a los autos que pasaban. Marcos y Filipe estaban fascinados, mientras que Gonzalo, Agus y yo tomábamos mate. Todavía nos faltaba un poco para llegar a Alta Gracia. Y peor, faltaba la parte de curvas en la sierra donde no se puede andar tan rápido. Bordeamos Córdoba y finalmente, Alta Gracia. Nos costó encontrar el hotel, pero finalmente, a las 23 h, estábamos entrando en el comedor donde nos esperaba la primera comida decente del día.

Día 11: En Mendoza por un rato

Demoramos bastante en llegar a la frontera entre las curvas acentuadas y la cantidad de camiones que hacían el mismo recorrido. El cruce de la frontera fue más rápido que a la ida, pero sólo conseguimos llegar al hotel a las 8.45 h. Son muchas horas para pocos kilómetros. El hotel tiene un diseño increíble, con ambientes silenciosos. El huracán Gonzi arrasa todo a su paso, con sus risadas fuertes y palabras graciosas pero inoportunas. Vamos a tratar de descansar un poco porque todavía tenemos que seguir viaje hasta San Juan. Veremos si Gonzi nos da permiso.

Día 6: Adrenalina en las montañas

El día empezó muy temprano porque nos esperaban muchas actividades. Habíamos preparado las valijas el domingo a la noche y Filipe y Marcos se habían quedado en el estacionamiento colocando el baúl y el rack otra vez en el auto. El plan para el día incluía salir temprano del hotel, hacer actividades en Potrerillo y recorrer 400 km hasta Maitencillo (Chile).

Milagrosamente, a las 8.30 h ya habíamos desayunado y estábamos guardando las valijas por 3.a vez. En comparación con el desastre del año pasado, la situación quedó un poquito más sencilla, pero eso no significa que sea fácil. Los bolsos negros de Thule que encajan en el portaequipaje de techo resultaron muy prácticos, sin embargo, todavía es complicado meter en el auto los bolsos de mano, los videos para entretener a Gonzalo, los mapas, el dispenser de M&M, el bolso con golosinas, etc.

Filipe había pedido turno en la empresa Argentina Rafting para hacer canopy (tirolesa) y después rafting. Debo confesar que nada de eso me entusiasmaba. Marcos miraba con desconfianza y Agus estaba feliz. Llegamos a Potrerillos, a 60 km de Mendoza 10 min antes de la hora y empezamos a completar formularios de responsabilidad. Entre las opciones de canopy había una básica y otra con adrenalina que incluía atravesar el río Mendoza. Me distraje dos minutos y Filipe me informó que íbamos a hacer la opción básica y que Gonzalo venía. Me empezó a doler el estómago, pero todos saben cómo funcionamos. Yo soy la del miedo y Filipe es el arrojado. La pregunta a Gonzalo era: ¿querés hacer tirolesa? Claro que él iba a decir que sí. Más dolor de estómago. Pregunté directamente a la vendedora si efectivamente podía ir un niño de 3 años. La respuesta fue contundente: -Claro, va con el guía. No se preocupe. Claro, pensé, porque no es tu hijo. Respiré profundo y acepté. Siempre quedaba la opción de que Gonzalo desistiera apenas subiéramos un poco. Nos llamaron para darnos el equipo. Gonzalo estaba serio pero entusiasmado mientras el guía se presentaba y elogiaba su flequillo para ganarse fu confianza.

–Van a hacer la opción con adrelina, ¿no? – preguntó otro guía.

–Nooooo, contratamos la base.- explico.

–No, su marido pagó la adrenalina.

No respondo. Pienso y pienso. Muero de miedo pero cómo decírselo a los chicos. Algo me dice que todo va a estar bien.

Tenemos que subir caminando hasta la primera plataforma. Gonzalo camina unos pasitos pero es difícil para sus piernitas así que lo cargo en los brazos. La subida demora unos 7 minutos. Se va complicando. Es un caminito estrecho que sube y sube, hay tierra y piedras. Por fin, llegamos al primer tramo. Son 6 en total. Facundo, el guía explica las instrucciones básicas y dice que el primero es Gonzalo. Mieeeeedo. Gonzi va serio pero no muestra qué le pasa. Le preguntamos y responde con la cabeza pero va ejecutando todo lo que Facundo le dice: agarráte acá, los bracitos allá, las piernitas cruzadas. Y riiiiiiiii Allá van los dos deslizándose por el cable a no sé cuántos m de altura. Después sigo yo, atrás Agus y finalmente Marcos, seguido por una mamá y un hijo adolescente. Todos la pasamos bien. El paisaje es espectacular. Gonzi está tranquilo y se ríe cuando le dicen que es un campeón, qué bien que se está portando. Los dos últimos tramos son por arriba del Río Mendoza, ida y vuelta. No sé cuál es la distancia que se atraviesa pero el viento mueve un poco el cable y uno termina perdiendo el control de la velocidad, que se hace con un brazo y se entrega a la situación. Finalmente, para el último tramo, hay que volver a subir la montaña. El recorrido es corto pero muy escarpado. Otros 5 min de esfuerzo antes del tramo final. El último cruce es el que más disfrutamos porque ya sabemos que falta poco y lo que no aprovechemos, se perdió. En la última plataforma, Filipe nos está esperando. Conclusión: valió la pena. Gonzi está feliz. Marcos y Agus ya habían hecho tirolesa otras veces, entonces están comparando experiencias.

Almorzamos en el restaurante del lugar y tuvimos que hacer tiempo hasta las 15 h. Yo no participé del rafting, pero allá fueron los 3 aventureros de la familia. Fue divertido ver a Filipe vestir el traje de neoprene, mientras Marcos y Agus protestaban porque además de usar el trajecito, estaban rídículos con los casquitos y los chalecos. La actividad consistía en recorrer 12 km en unos botes de goma, con corriente en un río de categoría 3. Vaya uno a saber qué significaba eso. Cuando llegaron 1 hora y 30 min más tarde, contaron una historia básica. Un guía provocó a otro y el primero hizo que el bote de los Caldas y otros se diera vuelta. Marcos consiguió volver rápido al bote mientras que Agus y Filipe fueron rescatados por otro bote, y devueltos al bote inicial. Marcos no estaba feliz, Agus estaba contando la historia sin muchos detalles y Filipe se moría de risa. Ellos se ducharon y partimos rapidito hacia el resto de la jornada.

Teníamos que recorrer 110 km hasta la frontera y de ahí unos 180 km hasta Maintecillo. Salimos de Argentina Rafting cerca de las 18 h y salimos de Argentina por el Paso de los Libertadores. Pasamos cerca del Aconcagua, pasando por Uspallata. El atardecer entre las montañas fue increíble. Estábamos todos cansados así que entre curva y curva, dormitamos un poco. Llegamos a la frontera casi de noche. La temperatura había caído a 13°C y nosotros estábamos vestidos con bermudas y remera. El trámite en Migraciones y la Aduana fue eterno. Entre formularios para completar, documentos a presentar y preguntas para responder, Gonzalo gritaba que se quería ir. Salimos de la frontera a las 21 h, con noche cerrada, camiones en la ruta y curvas interminables. Gonzalo, Agus y yo nos dormimos enseguida, pero entre curva y curva, escuchaba a Marcos y Filipe conversando. En determinado momento, Filipe protesta. El GPS nos estaba llevando por una ruta de ripio y de repente…ruido a metal. Precisamente, metal del rack trasero. En una loma, quedó la luz trasera y se soltó un soporte de la patente. A partir de ahí, Filipe siguió su mapa de papel y volvimos a la autopista. Llegamos a Maitencillo a las 00.30 h. Gonzalo siguió durmiendo mientras terminamos de bajar las bolsas y bolsitas, cenamos barritas de chocolate y nos desmayamos en las camas chilenas.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Día 5: Tupungato

Espero que los Reyes Magos les hayan dejado sorpresas en los zapatos. Por acá, les cuento un secreto: los Reyes no pasaron.

Nos levantamos tarde, con un sol espectacular. Después de desayunar, salimos a pasear de auto. Otra vez la protesta general, que siempre lo mismo, que era aburrido, para qué, por qué, cuándo… Filipe tenía curiosidad de conocer una posada boutique y no tuvo mejor idea que parar a visitarla. Entramos a las Bodegas Nieto Senetiner, donde se encuentra una Posada Boutique espectacular: Entre cielo. (100% ajena a la realidad de niños corriendo o adolescentes dando vueltas). Con la mayor caradurez, Filipe dijo que quería conocer el lugar para una posible visita en el futuro y como comentó  que los viernes toman ese vino con sus amigos, la Gerente le regaló una botella de vino rosado.

Protestas aparte, seguimos hasta Tupungato, a unos 80 km de Luján de Cuyo. La ruta es espectacular, casi sin tráfico y el paisaje es una postal en vivo y en directo. Es obvio que quien vive de la tierra establece otro vínculo con su mundo. Hay árboles, hay verde, hay pájaros, hay silencio… Llegando a Tupungato se ven el volcán del mismo nombre y otro a su lado, el Tupungatito. Esta vez, entramos a otra bodega a almorzar: Salentein. El restaurante es una estructura de hormigón muy moderna, con obras de arte y ambiente silencioso. Nada adecuado para Gonzalo, que canta todo el tiempo Call me, baby o pide que su comida sea servida con quechupi (ketchup). Almorzamos y recorrido el lugar con el auto porque ya se había terminado el horario de visitas. Dentro del espacio de los viñedos, visitamos una iglesia muy sobria, también de hormigón y esculturas de metal, en honor a la Virgen de Carrodilla, patrona de los viñedos. En el camino de regreso, mientras Filipe aceleraba a más de 130 km/h, el resto de la familia Caldas durmió.

Próximos planes: Rafting y después seguir viaje rumbo a Maitencillo, Chile.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Día 2: Potrero de Funes – Mendoza

20130103 San Luis-MendozaEl gerente del hotel nos trajo una bandeja con el desayuno y después de subir otra vez las valijas al auto, partimos rumbo a San Luis. Pasamos por una zona llamada La Punta, donde hay una réplica del Cabildo de 1810 y donde se encuentra el Parque Astronómico La Punta (http://www.palp.edu.ar). Participamos de la presentación en el planetario y visitamos todo lo que pudimos. Ya eran más de las 14 h pero preferimos ir a almorzar a San Luis. Llegamos a la capital de la provincia en 40 min y estaba todo cerrado. Claro, era la hora de la siesta y se ve que se respeta a rajatablas. Después de almorzar, visitamos la Plaza Pringles. Típica plaza de interior, con la catedral, los barcitos, los chicos tomando helado y los perros tirados al sol. La iglesia es impresionante pero no pudimos entrar por la hora. Como les dije, tiempo de siesta. Según se comenta, el General San Martín ataba su caballo en el quebracho emplazado en el costado sur, cuando pernoctaba en el solar que era el de la casa del gobernador Dupuy antes que lo donara para la iglesia. Poco después, partimos rumbo a Mendoza. La autopista es excelente y apenas nos pararon para controlar qué había en el baúl de acuerdo con las exigencias sanitarias. El hotel forma parte de un centro muy moderno, con casino y restaurantes. Estábamos cansados, así que cenamos y nos fuimos a dormir. Las fotos vienen después.

Datos interesantes: Distancia recorrida: 277 km

20130104-134407.jpg

20130104-134425.jpg

20130104-134436.jpg

20130104-134443.jpg

20130104-134454.jpg

20130104-134503.jpg