Día 10: Lejos del centro de Viena

No sé si fue el cansancio o el calor, pero Filipe prefirió subir al auto y salir del centro de Viena. No son grandes distancias. Enseguida, estábamos en Grinzing y ante unas vistas increíbles de los bosques de Viena.

Filipe quería visitar la casa de Beethoven. Nos costó encontrar la dirección. Al llegar nos enteramos de que los lunes el museo estaba cerrado.

Mientras nos reíamos de nuestra distracción, notamos que teníamos un papel en el vidrio. ¡Oh, no! Una multa. No entendíamos nada en alemán. Con ayuda de Google Translate, descubrimos que no se trataba de una multa por mal estacionamiento en esa calle del museo, sino de donde habíamos dejado el auto a la noche, cerca del departamento. Sugerencia: consultar siempre cómo funciona el estacionamiento en las ciudades que visitamos.

Seguimos nuestro paseo por los barrios alrededor de Viena. Las distancias son cortas y todo es muy organizado.

Habíamos comprado entradas para visitar el Palacio de Schönbrunn y el tiempo seguía pasand0, así que almorzamos en el bar del propio palacio para no perder nuestro horario. Este palacio era la casa de verano de los emperadores. Im-pre-sio-nante. ¡Qué decirte de un lugar que tiene 1441 habitaciones!

Hicimos la visita más corta, equipados con las audioguías y después caminamos por los jardines. Un mundo aparte.

Volvimos a Viena con la idea de tomar un barco, pero los paseos ya habían terminado cuando llegamos. Nos detuvimos en un barcito frente al río Danubio a tomar algo. Muy cool.

Después volvimos a casa. Era hora de cenar y preparar las valijas nuevamente. Gonzalo estaba de antojo, así que paramos en el camino para que se comprara una hamburguesa vienesa.

Tuvimos cuidado de no estacionar en el mismo lugar donde nos habían hecho la multa a la mañana.

(22 de julio de 2024)

Día 9: En la casa de Sisí

El domingo desayunamos con calma, pusimos a lavar la ropa, ordenamos y salimos a pasear.

Las calles estaban silenciosas y había poco tráfico. El pronóstico anunciaba que la temperatura volvería a subir.

Escribir una dirección en el GPS parece fácil. En Austria es un poquito diferente.

Comenzamos el día en la Catedral de San Esteban, que se encuentra en pleno centro de Viena. Representa el símbolo religioso más importante de la capital austríaca. La construcción de esta catedral se inició en el siglo XIV sobre dos iglesias antiguas. Es increíble pensar en todos los acontecimientos que la catedral sobrevivió: asedios turcos, guerras religiosas, bombas francesas durante las guerras napoleónicas y la Primera Guerra Mundial, etc. Finalmente, en etapas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, fue destruida por bombas y reparada con la ayuda financiera de todo el país. Hay una visita específica al lugar donde se encuentran los restos de algunos miembros de la familia Habsburgo, pero, por falta de tiempo, queda para otro momento. Hay muchas cosas por ver todavía.

Como había misa en ese horario, caminamos por las calles que rodean a la catedral y volvimos más tarde. Es una construcción imponente.

Toda la ciudad es un libro de historia. Quizás ahora conseguimos entender la importancia de la casa de Habsburgo sobre la cual tanto se hablaba en las clases de historia. En diferentes períodos, siempre había algún miembro de la familia real tomando alguna decisión importante.

Después de la catedral, fuimos a almorzar y caminamos por los jardines frente al Palacio de Hofburg. Filipe tenía el «sueño» de visitar la Escuela Española de Equitación, pero tendríamos que haber reservado eso con anticipación.

Nos conformamos con visitar los aposentos imperiales que ocuparon la emperatriz Elisabeth, su esposo Francisco José y sus hijos. Hay muchos objetos personales que permiten entender un poco más el estilo de vida de la familia imperial en esa época (http://www.sisimuseum-hofburg.at/) y de esta mujer tan emblemática.

Más tarde caminamos por los jardines del palacio, subimos al auto y volvimos al centro a tomar un típico café vienés con torta.

(21 de julio de 2024)

Día 8: Bienvenidos a Austria

La estación central de Viena parece un shopping. A las 7 h de la mañana, todo está tranquilo y hay poca gente. El día amanece nublado. Estamos cansados y cuesta bastante entender los carteles y ubicarnos.

Después de haber caminado muchísimo en Italia, Filipe resuelve alquilar un auto en Viena. Y así comienza otra aventura al llegar a la oficina de Budget. El empleado no tiene mucha paciencia. El proceso es un ‘proceso’ y eso de responder preguntas en el medio del proceso, no les causa ninguna gracia. -No, señor, tenemos que seguir hasta el final y después respondemos a su pregunta. -No interrumpa. -Señor, puede esperar. Hahaha. Simplemente queremos decirles que escribieron mal la dirección, aunque claro que ellos nunca se equivocan y piden que no interrumpamos.

Partimos rumbo al Airbnb despacito. Hay tranvías, hay ciclovías, hay autos…andar por la ciudad es muy diferente. Ponemos la dirección en el GPS, pero llegamos a un lugar que no se parecía a la foto del anuncio. Volvemos al auto y claro, habíamos puesto un número equivocado. Reprogramando llegamos al departamento. Ahí vienen las mil instrucciones: que código para entrar, código para sacar la llave, llave electrónica… todo es un misterio. En ningún lugar decía que estaba en el tercer piso y sin ascensor. Allá fuimos subiendo los tres pisos. El lugar era muy amplio y estaba decorado con buen gusto. Hacía bastante calor. Llegamos y descansamos un poco. El viaje de tren había sido muy intenso.

El velocímetro del auto indica en rojo cuál es el límite en esa zona. Interesante, ¿no?

Cuando finalmente salimos a la calle de nuevo, eran tipo las 15 h. Otra vez ubicarnos y decidir para dónde ir. Fuimos al centro histórico y caminamos un poco. Descubrimos que estaba llevándose a cabo el Festival de cine de Viena y que justo, frente al edificio de la municipalidad había una especie de feria. Filipe quería ir a un café tradicional donde Freud solía parar y Gonzalo quería comer algo contundente. Filipe decidió por su lado. Allá fuimos al café. Nos sentamos y realmente, era café. Solo café y torta. Nos levantamos y volvimos a la feria.

Nos sorprendió la cantidad de policía en la calle y ambulancias que circulaban por la ciudad un sábado. De repente, entra un grupo de jóvenes a la plaza, llevan máscaras y están vestidos de negro. Caminan rápido y los sigue un grupo de policías. No entendimos qué sucede, pero hay peleas, golpes y un policía cae el piso. Los jóvenes se dispersan y desaparecen. Y nosotros en el medio del lío. Después de eso, la vida sigue como si nada.

Cada uno de nosotros elige su comida y nos sentamos en las mesitas a disfrutar del momento. Hay música de fondo y mucha gente circulando. En general, las personas fuman mucho más de lo que estamos acostumbrados. Fuman sin pudor en medio de esta especie de patio de comidas. Es más, las mesas tienen ceniceros disponibles.

Caminamos un poco más y pasamos por un supermercado antes de bajar al auto, que está estacionado en un subsuelo.

Como el día todavía está claro, damos una vuelta por la ciudad. De hecho, el departamento está muy cerca del centro. El barrio es muy agradable. Vemos que hay farmacia, escuela, cafecitos y restaurantes. En algún lugar leemos que todo cierra los domingos. Estacionamos a la vuelta del departamento. No sé si los austríacos salen de la ciudad los fines de semana pero está todo muy tranquilo.

(20 de julio de 2024)