¡Nos vemos en New Orleans!

No teníamos nada para comer en el departamento, así que salimos a tomar el desayuno en un barcito muy cerca de donde estábamos parando. Había muy poco movimiento en la calle (Mammoth Espresso). El café estaba impecable.

Nuestra idea era tomar el colectivo hop on-hop off para tener un panorama general de la ciudad. No habíamos comprado las entradas, así que caminamos hasta la parada que teníamos más cerca.

Justo cuando llegamos a la parada, pasó un ómnibus y, por más que hicimos señales, el chófer no paró. Tratamos de comprar las entradas online, pero no lo conseguimos. El servicio de atención al cliente nos dijo que podíamos pagar en el propio ómnibus, pero que el recorrido terminaba más temprano ese día.

Esperamos y, 20 minutos más tarde, estábamos en el piso superior del ómnibus descubriendo New Orleans. 

Al llegar a Jackson Square nos bajamos y fuimos caminando por algunas de las calles del Barrio Francés, conocido por la arquitectura histórica, balcones de hierro forjado y el alboroto de las personas comenzando a reunirse en Bourbon Street para celebrar Mardi Gras.

Después de pasear un poco, volvimos a subir al colectivo y terminamos el recorrido: pasamos por el mercado francés, Magazine Street, el museo de la Segunda Guerra Mundial, el centro de convenciones, la plaza de España, etc.

Después buscamos el auto y pasamos por el supermercado para tener en el departamento. Esa noche pedimos a los chicos de la recepción que nos recomendaran un lugar para cenar. La lista era interesante; sin embargo, tendríamos que haber hecho reservas. Todo estaba lleno. Solo conseguimos cenar en la barra de un restaurante italiano muy bueno: Gianna.

Para nuestra sorpresa, en el camino de regreso, la calle estaba cortada porque estaba pasando un desfile. Aprovechamos y nos quedamos viendo las carrozas que pasaban y los miembros que lanzaban collares a quienes estaban mirando. Había mucha gente y el ambiente era completamente familiar. También pasaban bandas de escuelas secundarias y porristas animando al público.

¡Muy interesante!

Links:

@mammothespresso

https://citysightseeingneworleans.com

Día 8: Bienvenidos a Austria

La estación central de Viena parece un shopping. A las 7 h de la mañana, todo está tranquilo y hay poca gente. El día amanece nublado. Estamos cansados y cuesta bastante entender los carteles y ubicarnos.

Después de haber caminado muchísimo en Italia, Filipe resuelve alquilar un auto en Viena. Y así comienza otra aventura al llegar a la oficina de Budget. El empleado no tiene mucha paciencia. El proceso es un ‘proceso’ y eso de responder preguntas en el medio del proceso, no les causa ninguna gracia. -No, señor, tenemos que seguir hasta el final y después respondemos a su pregunta. -No interrumpa. -Señor, puede esperar. Hahaha. Simplemente queremos decirles que escribieron mal la dirección, aunque claro que ellos nunca se equivocan y piden que no interrumpamos.

Partimos rumbo al Airbnb despacito. Hay tranvías, hay ciclovías, hay autos…andar por la ciudad es muy diferente. Ponemos la dirección en el GPS, pero llegamos a un lugar que no se parecía a la foto del anuncio. Volvemos al auto y claro, habíamos puesto un número equivocado. Reprogramando llegamos al departamento. Ahí vienen las mil instrucciones: que código para entrar, código para sacar la llave, llave electrónica… todo es un misterio. En ningún lugar decía que estaba en el tercer piso y sin ascensor. Allá fuimos subiendo los tres pisos. El lugar era muy amplio y estaba decorado con buen gusto. Hacía bastante calor. Llegamos y descansamos un poco. El viaje de tren había sido muy intenso.

El velocímetro del auto indica en rojo cuál es el límite en esa zona. Interesante, ¿no?

Cuando finalmente salimos a la calle de nuevo, eran tipo las 15 h. Otra vez ubicarnos y decidir para dónde ir. Fuimos al centro histórico y caminamos un poco. Descubrimos que estaba llevándose a cabo el Festival de cine de Viena y que justo, frente al edificio de la municipalidad había una especie de feria. Filipe quería ir a un café tradicional donde Freud solía parar y Gonzalo quería comer algo contundente. Filipe decidió por su lado. Allá fuimos al café. Nos sentamos y realmente, era café. Solo café y torta. Nos levantamos y volvimos a la feria.

Nos sorprendió la cantidad de policía en la calle y ambulancias que circulaban por la ciudad un sábado. De repente, entra un grupo de jóvenes a la plaza, llevan máscaras y están vestidos de negro. Caminan rápido y los sigue un grupo de policías. No entendimos qué sucede, pero hay peleas, golpes y un policía cae el piso. Los jóvenes se dispersan y desaparecen. Y nosotros en el medio del lío. Después de eso, la vida sigue como si nada.

Cada uno de nosotros elige su comida y nos sentamos en las mesitas a disfrutar del momento. Hay música de fondo y mucha gente circulando. En general, las personas fuman mucho más de lo que estamos acostumbrados. Fuman sin pudor en medio de esta especie de patio de comidas. Es más, las mesas tienen ceniceros disponibles.

Caminamos un poco más y pasamos por un supermercado antes de bajar al auto, que está estacionado en un subsuelo.

Como el día todavía está claro, damos una vuelta por la ciudad. De hecho, el departamento está muy cerca del centro. El barrio es muy agradable. Vemos que hay farmacia, escuela, cafecitos y restaurantes. En algún lugar leemos que todo cierra los domingos. Estacionamos a la vuelta del departamento. No sé si los austríacos salen de la ciudad los fines de semana pero está todo muy tranquilo.

(20 de julio de 2024)

Día 6: Haciendo de todo un poco en Venecia

El día empezó temprano. A las 8 h, Pietro nos buscó en el Airbnb para ir hasta Roma Termini. Ya nos habían comentado sobre el tráfico de Roma en la hora pico, así que preferimos salir con tiempo. Llegamos a la terminal a las 9 h y empezamos a buscar la plataforma desde donde salía el tren a Venecia.

Confieso que fue confuso. Teníamos la opción de esperar en el lounge de Ítalo y no encontrábamos dónde quedaba. Una persona de seguridad nos mandó para un lado, otro guardia para otro y solo conseguimos llegar a destino en el tercer intento. Hasta 15 minutos antes de la partida, no había noticias del tren. ¡Qué miedo! Apenas apareció la información, salimos corriendo. Por suerte, en la plataforma estaba todo bien indicado.

El tren cubrió los 560 km entre Roma y Venecia en 4 horas. Me encantó la experiencia. Viajamos muy cómodos; los baños son impecables y el personal a bordo también fue super atento.

El tren entró a Venecia Sta. Lucía a eso de las 14 h. La estación es muy chiquita para el movimiento, pero apenas salís de la puerta principal, te topás con el Gran Canal. Es una sensación muy sorprendente, aunque duró poco porque el calor no había aflojado y la cantidad de gente circulando era excesiva.

Justo al lado de la estación, vimos un puesto de atención al turista. Pedimos mapas y compramos un pase para el vaporetto (colectivo acuático). No es barato, pero es el único medio de transporte. Una vez equipados, buscamos la línea que nos llevaba al hotel y partimos. No fue muy práctico entrar con las valijas a un barco atiborrado de gente y padeciendo el calor, pero era previsible en esta época del año.

En dos paradas, estábamos en el hotel. Hicimos el check-in y salimos a buscar un lugar donde comer y pasear un poco después.

Por lo que vimos en el mapa, la Piazza San Marco quedaba a unos 500 m caminando por dentro de la ciudad, así que encaramos el paseo avanzando por callecitas angostas y pintorescas.

La Piazza San Marco es la única piazza de Venecia, ya que es resto son piazzales (tipo patios). Es el lugar más bajo de la ciudad por lo que, cuando hay «acqua alta» (noviembre y diciembre) es el primer lugar en inundarse. Cuando esto sucede, las autoridades instalan pasarelas para que los habitantes y los turistas puedan seguir circulando. Cuando estuvimos en Venecia hace 20 años atrás, la basílica tenía algo de agua en la nave central y también era agosto pero no es lo más común.

Se nos había hecho tarde para entrar a la Basílica así que visitamos el Palacio Ducal que fue la residencia del Dux, símbolo de la vida política de la República de Venecia.

El palacio es una postal. Nunca habíamos ido. Tiene una historia muy larga e interesante. Lo que más nos llamó la atención fueron las salas de la Magistratura veneciana, los frescos y obras de algunos pintores, como Tintoretto y Tiziano y la sala de armas. Atravesamos un tunelcito llamado «Puente de los Suspiros» y entramos a los calabozos.

Cuando terminamos la visita, fuimos a pasear en una góndola. Yo me dormí con el movimiento del barco (¡qué vergüenza!) pero Gonzi y Filipe se divirtieron bastante.

Después de la góndola, subimos al Campanario de San Marco. Esta vez no había fila y subimos de ascensor. La vista desde arriba es increíble y, como había poca gente, fue rapidito.

Paramos en un barcito a tomar algo porque estábamos detonados y emprendimos la vuelta al hotel. Cuando llegamos a la parada del vaporetto, nos informaron que no habría servicio hasta las 23 h porque el personal estaba de huelga. ¡Noooo! A pesar de ser caro, Filipe resolvió tomar un taxi. Había sido un día demasiado intenso y no dejó de ser una experiencia diferente.

Volvimos al hotel, tomamos baño y fuimos a cenar a un restaurante muy cerca. Era tarde (muchos lugares ya habían cerrado) y no teníamos muchas opciones pero comimos super rico. Atravesamos el puente del Rialto para volver al hotel y nos dormimos rapidito, agotados, pero felices.

(18 de julio de 2024)

Día 5: Una constante clase de historia

Otra vez me desperté antes que el resto para adelantar el trabajo. El cambio de horario y el calor son el combo perfecto para derrumbar a cualquiera.

Esta vez salimos a pasear con un guía especial. Joaquín vino con nosotros. Nada como estar con alguien que vive en la ciudad para tener datos clave.

Tomamos el colectivo y el subte. Esta vez nos bajamos cerca de la Fontana de Trevi. Otra vez, mucha gente. Otra vez, las poses locas y todas las personas tirando monedas.

Dicen que diariamente, se recaudan alrededor de 3.000 a 4.000 euros con esas monedas y que esta tradición genera una suma anual de aproximadamente 1 a 1,5 millones de euros. Será? Todo el dinero recaudado se destina a causas benéficas y asociaciones que ayudan a los más necesitados. El arquitecto de la fuente jamás pensó que llegaría tan lejos. La fuente es enorme (26 metros de altura y 20 metros de ancho) y está adornada con numerosas esculturas que representan a dioses y seres mitológicos.

Obviamente, aportamos nuestro granito de arena (nuestros 3 euros) con la ilusión de que la magia nos traiga de nuevo en el futuro a la ciudad eterna.

Próxima parada: Piazza di Spagna. La plaza está situada en el corazón del centro histórico, su nombre proviene del Palazzo di Spagna, que alberga la embajada de España ante la Santa Sede desde el siglo XVII. La plaza es conocida por su monumental Escalinata Española, que conduce a la iglesia de Trinità dei Monti.

Veinte años atrás, vinimos a Roma. Mamá y papá nos acompañaban. Ese día, en este lugar, nos robaron la cámara de fotos. Mil veces nombramos a mamá y papá en este viaje. Lindos recuerdos!! Subimos la escalinata y recuperamos el aire. La vista desde arriba es increíble. Allá abajo, se encuentra la Fontana della Barcaccia, una fuente barroca muy bonita también. La gente rodea a la fuente para servirse agua. Hay muchas fuentes disponibles en toda la ciudad. Elemento indispensable para enfrentar el calor.

Caminamos un poco por la avenida de grandes tiendas (Via del Corso). Almorzamos en Donna Sofia escuchando música argentina (raro, no?) y fuimos caminando hasta Piazza Navona donde había una sala de cine con proyecciones y cuatro maquetas que contaban la historia de Roma (https://welcometo-rome.it/)

Fue super interesante reunir todas las piezas del rompecabezas o, algunas, por lo menos. Hay una película que cuenta la historia de Roma desde la formación geológica de la que surgen los mármoles para tantas construcciones y llega hasta los días de hoy.

Volvimos de colectivo y vimos algunas partes de la ciudad que no habíamos visto desde el subte. Nos bajamos cerca de una heladería y probamos los gelattos locales. Otro colectivo de 10 minutos y llegamos a la casa de Cari. Resolvimos ir a cambiarnos y volver más tarde.

Esa noche, volvimos a casa de Carina para comer pizzas, viajar en el tiempo de nuestros pasados y despedirnos en el presente. Lindos momentos con amigos del alma.

Tres días no alcanzan para conocer Roma a fondo, pero nos dieron una excelente muestra de esta ciudad impresionante.

Otra vez volvimos al Airbnb tarde y preparamos las valijas porque al día siguiente nos toca viajar.

(17 de julio de 2024)

Día 4: Las visitas clásicas

El martes resolvimos visitar la Basílica de San Pedro. Salimos un poquito antes del departamento y la idea es usar las últimas horas disponibles del colectivo turístico. Otra vez colectivo y subte y, en 35 minutos, estábamos en el centro. Lamentablemente, había tanto tráfico en el centro de Roma que el colectivo quedó trabado en el tráfico. En cada parada se agolpaban grupos grandes de turistas que querían subir después de haber quedado demorados en las paradas. Todo era bastante desorganizado y el calor hacía que las personas perdieran la paciencia.

Llegamos a la parada del Vaticano una hora más tarde (un recorrido que normalmente sería de 15 minutos). Cruzamos el Ponte Sant’Angelo, sobre el río Tiber. El puente fue construido por el emperador Adriano en el año 136 d.C. para conectar su mausoleo (el actual Castillo Sant’Angelo) con el centro de la ciudad. En el siglo XVII, se instalaron las estatuas de ángeles que te dan la bienvenida pero que hoy están en obras. Pasamos por el Castillo Sant’Ángelo y, de ahí, avanzamos hacia la Basílica.

La Piazza de San Pietro es imponente y, claro, una de las plazas más icónicas del mundo. Diseñada por Gian Lorenzo Bernini en el siglo XVII, la plaza tiene una forma elíptica y está rodeada por un conjunto impresionante de columnas que contiene estatuas de 140 santos.

En el centro de la plaza se encuentra un obelisco egipcio de 25 metros de altura, traído desde Egipto en el siglo I d.C.2. En la plaza también hay dos fuentes, una a cada lado del obelisco. El calor del mediodía la deja medio vacío y atravesar esa distancia al rayo de sol es un desafío. La fila para entrar era larga pero avanzaba rápido. Pasamos el control. Nos fuimos más cubiertos siguiendo las recomendaciones, pero para ser sincera, no controlaban mucho si la ropa cubría la rodilla, o si los hombros estaban descubiertos. Caminamos por la Basílica y entramos a una galería lateral. Había que pagar entrada para ver los tesoros del Vaticano pero estábamos con poco tiempo así que resolvimos apurarnos.

El tráfico seguía intenso. Quisimos tomar un Uber, pero no había ninguno disponible. Caminamos unas cuantas cuadras antes de conseguir un taxi que nos llevara al Coliseo.

Almorzamos en un restaurante justo en frente al Coliseo y esperamos que fuera nuestra hora. Las entradas son con horario. Fue una fiaca no conseguir seguir la visita con la aplicación (audioguía). Había que instalar una app y llevar tus propios auriculares. Siguiendo la escuela tradicional, visitamos leyendo los carteles, mirando las fotos, las maquetas y las muestras. El Coliseo en sí mismo es un compendio de historia. En cada época, fue destinado a algo diferente y modificado a gusto e piacere del gobierno en el poder. Teatro, estadio, castillo, iglesia, muralla… mil y un usos y allí está, resistiendo al tiempo. En 100 años dirán que el ascensor es el 2024. Es raro, pero es así, ahora el Coliseo tiene ascensor y graffitis muy modernos. También hay carteles que amenazan cobrar muchos euros a quien se anime a escribir nuevos graffitis.

Tomamos una bebida antes de empezar el camino de vuelta. Estábamos preocupados con los carteristas en el subte. Al viajar en los horarios de mayor intensidad, mirás a cada persona como un potencial interesado en tu billetera. Jajaja. Pasamos por el supermercado antes de llegar a casa y nos compramos algo para cenar. La diferencia horaria sigue pesando.

(16 de julio de 2024)