Expedición Patagonia – Conclusión

Con esto, cierro la Expedición Patagonia. Qué puedo decir… Un sueño hecho realidad. Conocer estos lugares fue para mí una de las cosas que más me llenaron el alma. La Patagonia, por algún motivo, me atrae de una manera indescriptible, mucho más que otros lugares del mundo como la tan comercializada América del Norte o la tan adorada Europa. Tengo orgullo de decir que estos fantásticos lugares son nuestros, argentinos, chilenos…¡Latino Americanos! No hay nada más fantástico que decir que los lugares más lindos del mundo son nuestros. Desde las planicies patagónicas, hasta las maravillas de los Andes, Torres del Paine, Los Glaciares, Los Lagos, Las Salinas y mucho más. No pude creer que en un pequeño espacio podía haber tantas maravillas. Cada día mis ojos se encadilaban con tanta belleza junta. Y lo mismo puedo decir de Mamá, Agus, Gonzi y Papá que apreciaron tanto como yo las bellezas de la Patagonia. Mi opinión es que la Patagonia es la región más linda del mundo y para que cambie va a ser muy difícil. No es casualidad que tanta gente que viene de sus tranquilos hogares europeos, americanos o de donde sea, para visitar estos lugares, aunque vivan en ciudades desarrolladas y organizadas. La magia esta ahí. Puedo ser muy racional y lógico, pero estos lugares me mostraron que no hay cálculos, estudios ni nada que expliquen eso. Fue el poder de cualquier cosa que haya moldado todo eso. La Patagonia es fantástica.

Por ese motivo, voy a hacer un Top 10 de los mejores lugares que visitamos. Es mi lista, y cada uno puede hacerse la suya, pero algo que nadie dudará, es que los protagonistas de cada lista siempre serán los mismos. Esto también nos dará la oportunidad de revivir algunos momentos y hacer un resumen básico para los que quieran venir algún día para Patagonia.

Mención Honrosa – Santa Rosa – La Pampa – Argentina

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Básicamente, Santa Rosa es mucho más un parador para los que van a entrar a la Patagonia, para los que van de ida, no hay mucha necesidad, pero para los que vuelven, Santa Rosa es como un pequeño paraíso en el desierto pampeano. Además es un excelente parador con varios spas y hoteles del tipo resort para que el viajero pueda descansar y disfrutar el fin de su viaje, como fue el nuestro caso.

Décimo Lugar – Punta Tombo – Chubut – Argentina

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Ver los pinguinos es el sueño de muchos, porque son especies poco encontradas en el mundo. Punta Tombo hace ese sueño a la realidad. Miles de pinguinos. Son muchos… El mejor punto para el avistaje de pinguinos.¡Y qué avistaje! Son pinguinos en todas las poses y haciendo todo tipo de cosas. Animales tan simpáticos y tan graciosos. Es posible verlos de cerca y tan cerca que uno no puede creer. Caminar juntos a ellos nos hace sentir como uno de ellos. Si uno esta de pasaje por el lugar hacia Puerto Madryn o Comodoro Rivadavia debe ir a este lugar. La mejor época es la primavera, cuando hay más pinguinos, pero en el verano todavía hay muchos de ellos, y cuando digo muchos es muchos.

Noveno Lugar – Puerto Natales – Chile

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La pequeña ciudad de Puerto Natales está en las margenes del Golfo Almirante Montt y está rodeada por los Andes y los primeros fiordos hacia el Océano Pacífico. Es posible realizar excursiones de barco hacia los glaciares escondidos como el Bernardo O’Higgins, dicen ser fantástico. La ciudadela es más como un punto de descanso para los que van hacia Torres del Paine. Desde Puerto Natales es posible ver algo del Macizo Paine.

Octavo Lugar – Parque Nacional Monte León – Santa Cruz – Argentina

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El Parque Nacional Monte León es lindisimo. Las formaciones esculpidas por el viento impresionante de la Patagonia y por las mareas gigantes de la Costa Atlántica. Además es una oportunidad de ver muchos lobos marinos y las famosas aves patagónicas, como los cormoranes y las gaviotas. Además, este lugar es buenísimo para disfrutar la playa y hacer diversas caminatas para las pinguineras y las otras regiones del parque.

Séptimo Lugar – Villa La Angostura – Neuquén – Argentina

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Escondida en las montañas del lago Nahuel Huapi, la pintoresca ciudad de Villa La Angostura es lindísima y muy buena para los que buscan una tranquilidad poco encontrada en los alrededores de la Región de Los Lagos. Un destino exclusivo y muy recomendable. Es una buena manera de conocer la ciudad y los destinos cercanos, con una bici porque las vistas son espectaculares y sentir el viento, además de toda la naturaleza. Es una ciudad muy linda y se recomienda conocer la Península al lado del puerto. Otra actividad muy buscada es el ski, pero esta más recomendada para el invierno.

Sexto Lugar – Puerto Madryn y Península Valdés – Chubut – Argentina

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Otro lugar espectacular de la Argentina. La Península es muy buscada para los que quieran ver las gigantes del mar, las ballenas franco-austral. Además de esas maravillas de la fauna argentina, están los lobos marinos, los elefantes marinos y los pinguinos de Magallanes. Nada mejor que recorrer la Península y sus bellezas, que son tierras lindas. Es otro destino muy buscado. Un microclima impresionante. Además la pequeña ciudad de Puerto Madryn es también muy linda y la playa es fría, pero limpia y muy cómoda para los que se hospedan en algún hotel al lado del mar. La mejor época para visitar este destino es la primavera, de Septiembre a Diciembre, porque es el momento para el avistaje de ballenas. El verano también es muy bueno.

Quinto Lugar – Cueva de las Manos y el Cañadón Pinturas – Santa Cruz – Argentina

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La Cueva de Las Manos es otro lugar fantástico, pero poco conocido por los argentinos y por los turistas. Como queda bien aislado de todo, poca gente conoce y muchas veces no tiene interés, por este lugar. Como ya hablamos, la Cueva de Las Manos, en el Cañadón del Río Pinturas es algo único en el mundo. Las varias manos en negativo pintadas en las paredes del cañadón, y todos los guanacos ilustrados por nuestros antepasados de 10.000 años atrás. Es muy lindo. Además el paisaje del cañadón trae una visión diferente de la fría y fantasmagórica cadena de los Andes. Recomendamos ir a la Hostería Cueva de las Manos, donde se puede hacer el tekking del cañadón, muy bueno. Es mejor visitar en la época del verano.

Cuarto Lugar – El Chaltén – Santa Cruz – Argentina

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La pequeña ciudad de El Chaltén rodeada por los macizos de los Andes es simple. Este destino que está creciendo y buscado por los clásicos mochileros que buscan algo menos poblado que el Calafate y otros destinos igualmente importantes. Y tienen razón. Es un lugar espectacular. La vista para la Capital Nacional del Trekking es una de las más lindas del mundo y compite con otras tan importantes como la de Torres del Paine. El Cerro Torre y el Cerro Fitz Roy imponentes sobre El Chaltén abren las puertas para los más fantásticos senderos del mundos. Para quien quiera caminar y le gusta, este es el lugar. Con muchas posadas buenas, además varios restaurantes ricos y lindos, El Chaltén es espectacular en todos los sentidos y no escuchen a lo que los calafateños tienen a decir sobre este destino. Uno tiene que estar listo para caminar y apreciar la naturaleza. La mejor época para visitar es el verano, cuando no hace tanto frío y hay mucha luz solar.

Tercer Lugar – Ushuaia – Tierra del Fuego – Argentina

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El Fin del Mundo. Tierra del Fuego tiene esa fama de ser la punta más austral del mundo y por eso, muchos creen que es un destino aislado y remoto. Puede serlo, pero la vida explota en toda la isla, principalmente, en su capital, Ushuaia. Esta ciudad al lado de las aguas del Canal de Beagle y la única ciudad argentina en el lado occidental de la Cordillera de los Andes es impresionante. Viva, con restaurantes, hoteles cinco estrellas y excursiones de primer mundo. Desde el paseo de barco por el Canal de Beagle, hasta la subida al Glaciar Martial. Es posible hacer muchas de las actividades de la Patagonia en Tierra del Fuego. Es una isla espectacular. La lenga y toda su vida llenan las tierras de la isla. Un destino muy accesible de avión, pero complicado de auto, porque hay muchos pasos de fronteras y además una balsa que esta sujeta al tiempo. Es una aventura y cada uno va por el camino que le guste. Es bueno para visitar todo el año. En el invierno, Cerro Castor y su ski más austral del mundo y el Parque Nacional de Tierra del Fuego. Otoño, la lenga y su resplandor dorado. Primavera y verano, excelentes para actividades al aire libre. El Parque Tierra del Fuego es lindísimo y único, también uno de los lugares más lindos del mundo.

Segundo Lugar – Torres Del Paine – Chile

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Considero Torres del Paine el lugar más lindo del mundo. Pena que no pudimos conocerlo del todo, pero lo que vimos ya era suficiente. Simplemente lo más bello que ya había visto. Tan lindo que hasta casi nos quedábamos a dormir en la frontera. Es posible visitar el Parque Nacional Torres del Paine en cualquier momento del año, tomando los debidos cuidados con el clima. Es importante hacer por lo menos alguno de los trekkings disponibles porque es la mejor manera de visitar y conocer el lugar. A partir de Puerto Natales es posible acceder y hacer campings, etc. Hay muchas excursiones guiadas para poder caminar tranquilo por las Torres del Paine. Además uno debe reservar varios días aquí para conocer del todo a este parque fantástico.

Primer Lugar – Parque Nacional Los Glaciares – Glaciar Perito Moreno – Santa Cruz – Argentina

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El Parque Nacional Los Glaciares tiene algo que ningún lugar tiene y son los propios glaciares. Las inmensas masas de hielo que parecen ser estáticas y aburridas, de cierta forma, pero están en constante movimiento, crujiendo, gritando y irrumpiendo para decir que están ahí. Desde el Perito Moreno hasta Viedma, todos son espectaculares y traen un sensación que solo ahí se consigue. Es el lugar más diferente, en ese sentido. Es también accesible todo el año y es el lugar más fantástico de la Argentina, según la guía Lonely Planet – Argentina. Es accesible durante todo el año, pero durante el verano existe el fenómeno de la ruptura en todo su resplandor. Además, el clima es menos abrasivo y más agradable. Es muy bueno hacer las cuatro excursiones principales. La navegación por el Brazo Rico del Glaciar Perito Moreno. La navegación para los otros glaciares, Upsala, Spegazzini y el otro lado del Perito Moreno, conociendo los asustadores y impresionantes témpanos. Las famosas pasarelas con sus vistas panorámicas y buenísimas para observar las rupturas impresionantes del glaciar más famoso del mundo. Y por último, pero no peor, la fantástica experiencia de caminar por el Glaciar Perito Moreno y sentir el sabor puro de sus aguas en deshielo. Todas las experiencias ofrecen lo mejor de los glaciares.

Después de 9737 km por la Argentina y 12.686 km desde que partimos de Porto Alegre, 25 días de viajes, mostramos que pudimos concluir otro espectacular viaje por nuestro país. Y qué lindo que es. Cada vez que viajo por él me doy cuenta la suerte que tenemos nosotros argentinos de vivir en un país tan lindo y magnífico. Las aventuras, historias y risas quedarán para la historia y en nuestras memorias. Los Caldas siempre en el camino y como Spinetta diría «Por las rutas argentinas, rutas argentinas, rutas argentinas, hasta el fin». Las calcomanías de todos los lugares que pasamos llenaron  nuestro Thule y nos hacían recordar todo lo que pasamos, todos los lugares, las experiencias y aventuras. Muchas fotos y historias para contar. Pero como tiene que terminar, llegamos a casa con un sentimiento de meta cumplida, y en mi caso, de sueño hecho realidad. Sólo se que como comí varios Calafates voy a volver, no importa como, para conocer de nuevo estos lugares, los más lindos del mundo. Les recomiendo a todos que conozcan la Patagonia.

Por último les muestro el recorrido total de nuestro viaje, nuestra hazaña.

Recorrido Total

Este es mi última publicación por mucho tiempo, hasta que nuestra próxima aventura aparezca. De esa manera, quiero agradecer a todos los que nos acompañaron por la Patagonia. Gracias a todos los que participaron de nuestro viaje, como Cartuja, Cakis y Claudio en la parte técnica del auto y de nuestro equipo Thule. Gracias al señor Julio de Olavarría que nos ayudó mucho en el primer tramo al arreglar el nuestro sistema Thule. Gracias a Walter y su restaurante Cook, que nos sirvió las mejores empanadas de Villa La Angostura. Gracias a los que nos dieron direcciones y a los que escucharon nuestras historias. Gracias a todos los que nos ayudaron a construir y a aventurarnos por la Patagonia. Gracias a todos los hoteles por las buenas y malas noches. Gracias a los restaurantes que nos sirvieron comidas simpre argentinamente ricas. Gracias a los eternos amigos guanacos, pinguinos y lobos marinos y también a las ovejas que nos acompañaron por toda la travesía. Gracias a la más grande compañera del viaje, la VeraCruz, que sobrevivió estos miles de kilómetros, con ripio, asfalto, frío, calor, noches oscuras y balsas. Y por fin… Gracias a tí, Patagonia.

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08/01/16 – Puerto Natales – El Calafate

Salida: 15.00 h – Llegada: 1.40 am (09/01/16) – Distancia: 548 km Total acumulado: 5513 km

Puerto Natales - El Calafate - Total

Resumo el día en dos palabras: cansancio y corridas. Nuestro tramo hoy era corto, de 280 km, pero íbamos a tratar de pasar por el fantástico Parque Torres del Paine.

Despertamos a las 9.15 am; después de la experiencia interminable y asustadora de la balsa, teníamos que descansar aunque sea unas horas. Nos vestimos rápido y tomamos el desayuno. En el comedor, Papá conversó con  Francisco, hombre muy educado y amable, dueño del hotel para ver dónde podía comprar un GPS nuevo porque estábamos sin navegación. Yo soy bueno en ese trabajo pero tenía limitaciones técnicas sin los mapas. Modestia aparte, el señor llamó al lugar y lo llevó a comprar un GPS.

Mientras tanto, organizamos las cosas y vimos unas pelis en la habitación. Además, conocimos el lindo hotel Viento Patagónico que no habíamos visto a la madrugada. Con una vista fantástica de la Bahía Almirante Montt, y todo muy limpio y organizado. Cuando Papá llegó, trataron de hacerlo funcionar y conseguir los mapas de Argentina que eran los realmente importantes. Internet era lenta. El mapa pesaba casi un giga. No cargaba… Nervios en la piel de todos. Así que nosotros tres capetas (Gonzi, Agus y yo) nos pusimos a ver más pelis. Y las horas transcurrían, mientras resolvían eso del GPS. Como ya se hacía tarde, decidimos ir a comer algo rápido a la Picada de Carlitos. Antes de salir, Papá dejó que la compu descargase el mapa de Internet. Comimos unos pescados y ensaladas. A la hora y media, volvimos al hotel para buscar las cosas de Papá. Cuando llegamos, Internet había caído y no estaban cargados los mapas, no había otra, tuvimos que usar nuestro excelente equipo de navegación, Padre y Hijo. Así, salimos a las 15.00 h.

Cargamos nafta y sacamos unas fotos de la fantástica vista de Puerto Natales, rodeada por las montañas. En dirección, ahora al paso fronterizo. Como era tarde, no planeamos ir al Parque Torres del Paine. Seguimos camino a Cerro Castillo, paso fronterizo de Chile. Como era a unos 56 km, llegamos rápido. Es importante mencionar que en Cerro Castillo hay un acceso a las Torres del Paine. Allí, Papá decidió dar una pasada antes de pasar la frontera. Otro dato: el paso, tanto el argentino como el chileno cierran a las 22.00. Para entrar al Parque son 60 km, con asfalto de mala calidad y ripio con muchos agujeros y suelo aserrado, si es así que se dice. Estábamos cortos de tiempo, como salimos del hotel a las 16.00 h, llegamos a Cerro Castillo a las 17.00 h.

Al acercarnos, vimos la primera vista del Macizo Paine. Espectacular. Sacamos unas fotos, una que otra selfie de la familia (sé que es bosteado, pero hay que dejar una marca nuestra para la posteridad) y seguimos camino. Entramos al parque y la Guardafauna nos sugirió un recorrido corto para que pudiéramos ver lo mejor en poco tiempo.

Resumiendo un poco sobre el Parque Nacional Torres del Paine. Es una Reserva Natural de Chile cuya principal marca es el Macizo Paine, lleno de picos y montañas, en forma de cuernos, paredes esculpidas por las fuerzas monstruosas del pasado. Las formaciones modernas crean algunas de las vistas más fantásticas de toda la Patagonia. Lagos azul turquesa en la base de montañas de 3000 metros. Apenas fotos pueden reflejar la maravilla de estos lugares. Además, el Parque es conocido como un excelente lugar para hacer trekking, la única manera de realmente alcanzar las mejores vistas del parque. Muchos dicen que es necesario reservar de 7 a 9 días para conocerlo por entero. Y nosotros íbamos a contrariar eso, íbamos a hacerlo en una hora y media.

Las rutas de ripio levantaban polvo por todas partes y la VeraCruz ya estaba castigada con los golpes en la suspensión. Viajar con los Caldas es sufrido. Pasamos por la Laguna Sarmiento, Amarga y el más fantástico, Nordernskjöld… Única palabra: espectacular. Una de las vistas más bonitas que ya vi en mi vida, con los cuernos del Paine y los cerros nevados. Sin dudas, un lugar que debe ser aprovechado en todas las vistas posibles. Seguimos por la ruta hasta el mirador Salto Grande donde está la vista del Macizo Paine completo. Juro que parecía una pintura. Sacamos fotos con la VeraCruz y con nuestras poses y de ahí salimos corriendo hacia el paso fronterizo, porque eran las 20.30 y faltaban unos 100 km, incluyendo ripio con curvas y contracurvas, sin contar el tramo final de asfalto bosteado. Estábamos corriendo contra el tiempo. ¿Pero íbamos a dejarlo así no más? ¡No, nunca! Papá nos hizo creer que estábamos en el Rally Dakar a 90 km/h en las curvas cerradas y 130 en las rectas y curvas abiertas. Aceleramos como nunca. Fue el desespero. El polvo volaba por las calmas estepas del Paine y los guanacos nos veían pasar y ni se atrevieron a cruzar la ruta. En media hora, llegamos a Cerro Castillo y eran las 21.40, a veinte minutos de cerrar. Había fila, pero como ya estábamos dentro hicimos los trámites de salida y a las 21.58 estábamos dentro de la zona común. Había unos 10 kilómetros de ripio hasta el puesto fronterizo argentino. Corrimos al auto y aceleramos. Los minutos pasaban y no llegábamos. Finalmente, después de la pequeña montaña que subimos, llegamos al puesto fronterizo Don Guillermo de la Gendarmería. Eran las 22.10. Las puertas ya estaban cerradas. La VeraCruz quedó en la zona común. Cruzamos caminando. En la entrada del puesto, un joven gendarme nos dijo «La frontera está cerrada. Ya son más de las diez. Podemos hacerle los trámites de migraciones, pero si el funcionario de aduana no les quiere hacer los papeles del auto, el auto se queda, ustedes van caminando, sino pueden ir con él. Vean con el señor». Y nos hizo todo un discursito gozador para que nosotros le rogáramos para pasar con el auto. No teníamos otra, le dijimos que tuvimos problemas con el auto y que ya habíamos pasado la frontera, etc. El aduanero nos dijo sí. Como eran tan ineficaces tardaron un rato. Y el auto pasó. Pero los comentarios en nuestra contra  continuaron. Fue realmente una experiencia mala y incómoda. Al salir del puesto y entrar en Argentina, nos reímos y suspiramos de alivio. Casi que nos quedábamos durmiendo en la VeraCruz, nunca podíamos abandonarla.

El tema es que faltaban todavía 291 kilómetros hasta El Calafate. Iba ser cansador. Y de noche encima. Entramos en la ruta 40 finalmente, en próximos días haré más comentarios sobre esa fantástica ruta. Rapidísimo, llegamos al primer parador, Esperanza, donde cargamos nafta. Faltaban 156 km. Ya estábamos todos cansados del día anterior y de hoy. Papá tambaleaba en los últimos kilómetros, ni hablar de los conejos suicidas que cruzaban la ruta. Hubo uno que pasó de esta vida para otra mejor. Apareció de la nada.

Después de todos los kilómetros, llegamos a las dos de la mañana a El Calafate y encontrar el hotel fue un chino otra vez. Google Maps nos mostró el camino usando el Roaming maldito de Papá. Llegamos finalmente. Check-in y directo a la cama. Mañana conoceremos la Capital Nacional de los Glaciares.

07/01/16 – Tolhuin – Puerto Natales

Salida: 9.30 h – Llegada: 5.10 am (08/01/16) – Distancia: 809 km – Total acumulado: 4965 km

Tolhuin - Puerto Natales - Total
Despertamos temprano, el viento del Lago Fagnano bajó un poquito y el sol ya estaba radiante. Teníamos un largo tramo que hacer. Desde Tolhuin a Puerto Natales íbamos a recorrer rutas con mucho viento, balsa, paradas y rutas de ripio interminables.

A las 7.00 h, nos despertamos y empacamos. Tomamos el desayuno casi solos en el salón e hicimos todo lo más rápido posible para salir temprano. Sabíamos que llegaríamos tarde, pero todo iba normal. Hicimos el check out y ordenamos todo en los baúles.

Volvimos por la ruta 3, pero hoy sería el último día que recorríamos los  maravillosos caminos que nos trajeron desde la Quinta a Ushuaia. Los primeros kilómetros transcurrieron con normalidad. A medida que nos acercábamos de Río Grande, sentíamos los problemas del viento del verano de Tierra del Fuego. Fuerte como nunca. Lo que es normal para esta región, pero la VeraCruz lo sentía. Bravamente, cruzaba la ruta 3 con vientos de 70 km/h. Hicimos los kilómetros hasta Río Grande, y en lo que sobró del puerto Caleta La Misión paramos porque Papá quería sacar unas fotos y mirar atentamente lo que dejaron del puerto hace unos dieciséis años. Papá y yo salimos del auto, el viento ni nos dejaba abrir las puertas. Caminar en línea recta era un desafío. Casi no nos manteníamos en pie. Quedamos ahí un ratito para poder recuperar algunos momentos de aquel pasado.

Veinte minutos después estábamos de nuevo en la ruta 3. Media hora después, llegamos al paso San Sebastián. Hicimos los trámites en el lado argentino de forma rápida y después en el lado chileno, que fue más lento. Mucha burocracia. Otra vez en la ruta, pero ahora de ripio. En vez de cometer el error de la ida, tomamos la ruta que estaba en obras y no la vieja, que nos hizo tardar años en llegar.

En los primeros kilómetros, todo aparentaba estar mejor que en la otra. Era más lisa, con menos piedras sueltas y más compactada. Seguimos camino. Como me seguía doliendo, un poquito, la cabeza, me volví a dormir en el camino. De repente, escucho que Papá me llama y veo la ruta asfaltada. Era como el Santo Grial. Volvimos de los 50 km/h a los clásicos 130 km/h. Y así fue por unos 40 km. Hasta que la nuestra ilusión terminó. La ruta de hormigón había terminado y volveríamos al ripio. Estaba mal cuidada y horrible para la VeraCruz. Y lo gracioso es que la ruta en obras estaba casi terminada, y tuvimos que seguir el camino mirando con envidia la ruta lisita y lista para ser usada. Qué rabia, pero hasta aquel momento el camino que elegimos había sido mucho mejor que el de la ida.

Seguimos camino hasta el Puerto Espora. Llegamos a eso de las 15 h y había una fila enorme de autos. De hecho, según decía la radio el sistema de balseo estaba suspendido por el viento ya que no era posible atravesar en esas condiciones el Estrecho de Magallanes.

Bueno, esperamos y las horas iban pasando. Conocimos los baños, la confitería, un puesto de información. La radio solo repetía «El balseo está suspendido por condiciones climáticas». Bosta. Y así continuaba. Papá contó 123 vehículos antes de nosotros. Atrás era imposible saber; la fila seguía hasta perderse en el horizonte. No habíamos almorzado entonces a las 18.15 h, Mamá y Agus fueron a comprar algo en la confitería, pero la fila era kilométrica. Gonzi, Papá y yo nos quedamos en el auto. Esperamos, esperamos, y el viento no quería disminuir. Constante y fuerte. Sólo las gaviotas nos hacían distraer por unos minutos. Una hora y media después, las dos llegaron caminando contra el viento con sandwiches y papitas para comer como almuerzo. Y así fue, comimos y nos «divertimos» por media hora. Decían que la previsión para la vuelta del sistema de balseo era a las 20.00 h o 21.00 h. Decidimos llamar al hotel de Puerto Natales porque no íbamos a llegar en el horario previsto. Esperamos y esperamos dentro del auto. El viento comenzó a calmar y las 22.00 h los primeros autos comenzaron a moverse. Fue un alivio salir del lugar. Las dos primeras balsas habían llegado y estábamos andando en la fila, ya cerca del muelle. Finalmente, el mensaje «el sistema de balseo transcurre con normalidad por el Estrecho de Magallanes». Eran las once y seguíamos en la fila. Y el tiempo pasaba, hasta que vimos las luces de la balsa acercándose lentamente. Y lentamente llegó. A medianoche, la balsa atracó y entramos. No hubo ruidos en el equipamiento trasero. En la oscuridad del Sur de Tierra del Fuego, cruzamos el Estrecho de Magallanes y nos despedíamos de Tierra del Fuego. Las olas y el viento irrumpían en la balsa y la mecían. Los ruidos de la madre naturaleza. Encima, como fuimos uno de los primeros en entrar, estábamos en la punta delantera de la balsa, y por eso, con las olas y todo eso nos movíamos más. Sentíamos con más fuerza las corrientes y el viento el Estrecho. Fueron treinta minutos de puro terror. La balsa se balanceaba y las olas mojaban el deck. Había un señor que fue hacer algo afuera del auto, y cuando se estaba acercando a su auto, rompió una ola y lo empapó. Una verdadera ducha de lluvia salada. Nos reíamos a carcajadas, pero al mismo tiempo teníamos miedo de lo que podía pasar. En el medio del viaje, apagaron las luces y todo estaba oscuro. El silencio cobró vida. Lo único que escuchábamos eran los crujidos del barco, las olas y el viento. Nadie decía nada. Fueron minutos asustadores. Al acercarse al muelle, el barco sintió el poder del viento. Sacudón, se prendieron las luces y los primeros autos descendieron. Como el viento era fuerte, la balsa no se estabilizaba y la rampa se movía de un lado al otro. Los autos bajaban y pasaban por el agua de mar porque había agua entrando por la rampa. Y seguían saliendo, lo más rápido posible, probablemente del miedo y de la desesperación de escapar de esa situación asustadora. De repente, un anuncio en los parlantes indica que cierren la rampa y nosotros casi a punto de salir. La balsa volvió a posicionarse, hamacándose con la fuerza de las olas y el viento. Cuando volvió a atracar, bajaron la rampa y continuó el descenso. Nosotros éramos uno de los últimos en salir. Nos dieron la señal, alineamos la trompa del auto y salimos lentamente para no raspar el Thule. El auto se mojó con el agua del Estrecho de Magallanes y no hubo otra, fue el peor raspón de todo el viaje. Al escuchar el ruido, Papá aceleró y salimos lo más rápido posible. Arena y agua volaban y el único ligar seguro era al final de la rampa. Verificamos todo y volvimos a la ruta.

Había otro problemita ahora: el GPS no prendía. Estábamos sin navegación. A los papeles otra vez. En la oscuridad, usando la linternita comenzamos nuestro largo viaje a Puerto Natales, 330 km de ruta normal. Era la 1.15 de la mañana. Otro tema es que, mientras andábamos por la ruta, estábamos con poca nafta o bencina, como dicen los chilenos. Y seguíamos y no encontrábamos cualquier estación de servicio. Papá decidió que era mejor volver y hacer 100 km más hasta Punta Arenas. Llegamos a la estación de servicio y llenamos el tanque. Lo que supimos es que esa estación era la única en el «camino» a Puerto Natales. Si hubiéramos continuado, nos habríamos quedado parados con las liebres y los guanacos. Volvimos a la ruta nacional 9 de Chile y ahora sí sin paradas hasta Puerto Natales.

El tramo fue largo, con todos durmiendo menos Papá y yo (¡qué bien!, ¿no?) y los kilómetros bajaban, las liebres cruzaban la ruta como Kamikazes y empezaba a amanecer. Después de tres horas, cansados y ya con el sol sonriéndonos otra vez, llegamos a Puerto Natales. Sin GPS, tuve que sacar mis habilidades de navegación y explorar la pequeña y pacata de ciudad de Puerto Natales. Calle por calle, íbamos acercándonos al hotel. Después de mucha desconfianza sobre mi navegación, llegamos a la calle Sarmiento del hotel. Nos abrieron los dueños con cara de sueño, pero descargamos y dormimos como piedra. Decidimos despertarnos a las nueve, de ahí a cuatro horas. Moraleja del día: todo lo que podía fallar, falló.