04/01/16 – Ushuaia – Subiendo las montañas del Fin del Mundo…

Salida: 10.00 h – Llegada: 23.00 h – Día de paseo –  Total acumulado: 3979 km

Recorrido Ushuaia

Después de un largo día de recorrido desde Río Gallegos, hoy era día de conocer la pequeña ciudad de Ushuaia. Nos dimos la oportunidad de descansar hasta las 8.00 h. Despertamos y nos vestimos para el desayuno. Una cosa muy interesante y al mismo tiempo capeta es que hay muchos brasileños que vienen directamente de avión hasta aquí para decir que estuvieron en el fin del mundo. Es gracioso porque son fáciles de identificar. Como un checklist, vas tachando los elementos de la lista y al final da 100% de compatibilidad. Impresionante, nunca erramos. Abrigados como nunca, con ropas llamativas y hablan extremamente alto como si quisieran ser identificados. Fácil, enseguida identificamos algunas familias. Pero nosotros no, vinimos de Porto Alegre asta acá, con miles de kilómetros recorridos.

Bueno, después de algunas risadas de buscar brasileños en el Fin del Mundo, decidimos visitar el centro de la ciudad y conocer el Museo del Presidio de Ushuaia. Sin embargo, cambio de planes repentinos, que es lo que siempre pasa, nos llevaron a un tipo de paseo totalmente diferente. La idea de Papá era tener una vista de Ushuaia y del Canal de Beagle desde arriba. Para eso, necesitábamos ir hacia el Mirador Glaciar Martial.

Así, sabiendo que las aerosillas que llevaban hacia la cima no funcionaban, fuimos hacia allá. El mirador queda en el punto más alto de Ushuaia. Para llegar, hay una serie de curvas cerradas, que pasan por hoteles ya conocidos por Mamá y Papá, pero algunos en estado de abandono.

Después de la subida larga, llegamos al estacionamiento. Dejamos el auto y desde abajo se veía la estación de las aerosillas, abandonada y desierta y el sendero gigante que llevaba hacia el Mirador Glaciar Martial, un glaciar que queda en la montaña encima de Ushuaia. Así, decidimos hacer el comienzo del sendero, que iniciaba con una inclinación moderada.

Los primeros pasos ya nos mostraron que no iba ser fácil. Agus reclamaba y Gonzi no estaba muy ansioso. De abajo se veía el Glaciar, pequeño pero fantástico y también la vista previa de toda la ciudad. Comenzamos a subir y veíamos que el sendero hasta la cima sería muy largo. Decían, una hora de subida hasta la base del glaciar. Subíamos y subíamos. Y de momento en momento, decidíamos dónde íbamos a parar. «En aquel árbol paramos», «Después del puente, volvemos». Siempre así… Entonces, seguimos… Las vistas, sin duda, eran espectaculares. Estaba medio nublado, pero el ambiente seguía fresco y bueno para la subida. Y seguíamos subiendo, no nos dimos cuenta y habíamos subido un largo tramo. Agus ya reclamaba del cansancio y Papá estaba un poco cansado. Gonzi, impresionantemente, estaba resistiendo a todo. Y seguíamos subiendo, paso a paso.

Una cosa que nos estaba preocupando es que ahí arriba en la montaña, se estaba quedando nublado, con nubes negras acechándonos. Pero seguimos subiendo. Pasamos por algunos puentes de madera precarios y después de una hora, pasamos por el primer bloque de hielo. Pasaba el agua del glaciar por ahí, probamos un poco y era la más pura porque venía del hielo de las montañas.

Pasamos por arroyos, piedras y más hielo.

Al final del sendero, subimos por una escalerita dudosa y por fin, llegamos a la cima, al final del sendero estaba ahí, el Glaciar Martial imponente en la montaña. Nos quedamos ahí viendo la fantástica vista y elogiando la nuestra hazaña. No fue fácil, pero los 5 capetas lo habían conseguido. Papá quiso aventurarse más y ver otros puntos de la montaña, pero había comenzado a llover. Guardamos las cámaras y bajamos los más rápido que pudimos. Buscamos los árboles para protegernos de la lluvia. Y seguimos bajando. Un turista americano nos indicó un sendero diferente y más protegido. Y realmente fue más fácil. Más lindo y con menos gente. Bajamos relativamente rápido y nos fuimos a la VeraCruz.

 

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Pusimos en el GPS: Estación tren del fin del mundo. Es la línea ferroviaria más austral del mundo. Antes usada para los presos de Ushuaia, el tren de vías angostas, único en el mundo. Llevaba a los presos hacia los bosques de lo que es ahora el Parque Nacional Tierra del Fuego, y allí recolectaban piedras y leña para la ciudad.

El tren dejó de funcionar en 1952 y en 1994 asumió la función turística.

Bueno, al llegar comimos unos sandwiches y Papá compró tickets para lo que sería la Primera clase. No era necesario pero a Agus y Papá les pareció muy divertido. Al contrario de la clase Turista, cada uno tenía su lugar individual y una comida que habíamos elegido previamente. El paseo era lindo, un must do, pero en clase turista, eso de la primer clase fue innecesario. El tren recorre el parque y para en una estación para hacer un mini paseo. Muy lindo y gracioso. Estuvo bueno el paseo, pero podría ir por lugares más pintorescos del parque, que es fantástico. La anecdota del viaje fue la compañía de unos turistas en el mismo vagón. Se hacían los elegantes y finos tomando vinos y reclamando de nosotros hablando en voz alta, pero bueno, estás con los Caldas tienes que aguantarlos, no hay otra (no querían que abriéramos las ventanas porque venía un olor feo de la locomotora).

Después de apagar los motores de la locomotora Ingeniero L. D. Porta, eran las 17.00 h, y todavía había tiempo para visitar el Museo del Presidio de Ushuaia.

Para los que no saben, el Presidio era para criminales reincidentes, como el Petiso Orejudo (alias: moleque capeta) o señor Banks, famosos aquí en el Sur. Realmente, ser mandado aquí o a la Isla de Los Estados era un pedido de muerte, ejecución. En este fin de mundo, frío, sin escapatoria, estar preso era más que penoso. El presidio dejó de funcionar como tal en la década de 1940, por denuncias de maltratos a los penados. Hoy es un museo, para recordar esos tiempos dolorosos y duros aquí en Ushuaia. Nosotros compramos los tickets y visitamos. Muy bien conservado y con mucha información interesante ,sobre la Prefectura Naval y la Gendarmería Nacional también. Otra visita que no debe faltar. Nosotros nos divertimos mucho, Agus principalmente que era la más ansiosa para visitar el presidio.

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Eran las siete y nos fuimos al centro de Ushuaia. Muy turística y con muchos locales de recuerdos. Hicimos unas compras y nos fuimos a comer al Martina, porque todos los restaurantes de centolla, tan amada por Papá, estaban llenos.

Volvimos al hotel a las 23.00 h y nos fuimos a dormir para descansar y estar listos para otro día de aventuras aquí en el Fin del Mundo.