09/01/16 – El Calafate – Conociendo el Glaciar

Salida: 11.00 h – Llegada: 20.30 h – Distancia: 168 km – Total acumulado: 5681 km

Recorrido El Calafate 1
Otra grande parada de la nuestra Expedición Patagonia era El Calafate. Esta pequeña ciudad es refugio antes del Parque Nacional de los Glaciares, casa del más famoso Glaciar Perito Moreno y sus amigos, Upsala, Viedma, entre otros. Todos son impresionantes. Había que organizar bien las actividades.

Había decidido con Papá que íbamos a levantarnos temprano, admito que llegamos tarde y teníamos que descansar un poco, pero no podíamos perder tiempo y dejar de ver un poquito más de los fantásticos glaciares. Yo me desperté en horario, me vestí, bañé, etc. y estaba listo a las 9.00 h para tomar el desayuno tranquilo pero el resto del grupete, se durmió y como siempre, la culpa es del otro. A las 9.50 h fuimos a comer, en el límite, como siempre. Consultamos en el hotel sobre las opciones del Parque. Dos actividades estaban garantizadas: el paseo por el lago y el trekking por el hielo. Así que nos fuimos a organizar, porque los Caldas tardan miles de años en prepararse y a las 11.00 h salimos en búsqueda de las recomendaciones del hotel. Las dos estaban en el centro del Calafate. Recorrimos la Avenida Libertador y paramos en Hielo y Aventura. Allí, descubrimos que el trekking por el hielo del glaciar solo era permitido para personas entre 10 y 65 años. De primera, ya teníamos dos afuera, y el más pequeño sollozaba de tristeza por no poder ir. Quedamos con mucha pena de Gonzi, y habíamos decidido no ir. Decidimos contratar el paseo de barco para este mismo día. Como lo del trekking era algo único, Papá y Mamá nos convencieron a Agus y a mí para ir. Después les contamos los detalles.

Como eran las 12.00 h, fuimos a comer algo rápido en Pietro’s, pero tardó un poco más de lo esperado y eran las 13.30 h y todavía no habíamos salido de la ciudad. El barco salía a las 14.30 h del muelle. Otra vez, aceleramos con toda, y corrimos hacia el Parque Nacional Los Glaciares.

Como el nombre dice, el parque sostiene la fortuna de contener los mayores glaciares de la Patagonia. Además, son glaciares con características únicas porque son estables, de acumulación y baja ablación. Básicamente, el hielo se renueva continuamente y se va acumulando y derritiendo en el lago Argentino (el mayor de la Argentina) y sus brazos, o sea, hay mucho hielo para ver.

El tema es que por las propagandas, mapas, etc, el parque y sus glaciares parecen estar cerca de la ciudad El Calafate, como si fuera uno, pero en realidad los dos están a  80 km. Entonces, teníamos camino a recorrer. La ruta provincial 11 nos iba llevando cada vez más cerca de las montañas que alimentan los glaciares, pero el tiempo seguía transcurriendo. Llegamos a la entrada del parque, abonamos las entradas y seguimos por la pista sinuosa que nos llevaba al puerto Bajo la Sombra y también, posteriormente, a las pasarelas del Glaciar Perito Moreno, donde se sacan las fotos clásicas de este lugar.

En el límite otra vez, ya no es novedad. Si ganara una moneda por cada vez que llegamos a algún lugar en el límite o atrasados, hoy sería millonario. Impresionante. ¡14.25! Buscamos los tickets y entramos en el barco. Lleno de sillas. Obviamente, al lado de las ventanas, no había ni siquiera un lugar. Por suerte, unas personas se movieron del lugar, y nos fuimos al frente del barco. Rodeados por un grupo de viejitas asiáticas, riéndose a carcajadas, nos acomodamos y esperamos que el barco partiera. Salimos a los cinco minutos. Nos dieron las instrucciones y miramos el paisaje. Fantástico, dicho sea de paso. A medida que íbamos acercándonos, la gente se paraba cerca de los lados, en la proa y en la popa se barco, afuera de la cabina. Nos quedamos ahí adentro con las asiáticas. Mientras llegábamos a las paredes monstruosas del Glaciar, Agus y Mamá se reían de la forma que ellas se sacaban fotos, con zoom impresionante, en que la foto aparecía la gigante cara de la señora y un margen de dos milímetros de glaciar. ¡Linda foto! Creo que después se dieron cuenta que el zoom estaba levemente alto.

Después de reírnos un poco, la pared gigante del Glaciar Perito Moreno se erguía sobre las aguas del Brazo Rico y nos mostraba toda su fortaleza. Salimos a los balcones del barco y miramos de cerca la maravilla natural construida en este lugar único. Con paredes de 60 metros de altura y 4 kilómetros de ancho, esta maravilla cambiante era espectacular. El barco se acercaba unos 700 metros del glaciar, no podía ir muy cerca, porque el glaciar desprende continuamente pedazos gigantes de su estructura hacia el agua. Pedazos con toneladas de hielo azul, muy diferente de aquel de la heladera. Sacamos muchas fotos de aquel gigante, como Gonzi decía, pedazo de hielo. El paseo fantástico, pero Gonzi, jugando con el palito de la GoPro, lo desarmó en el deck del barco, sin querer y casi perdíamos las piecitas. Volvimos al muelle una hora después. Lindo paseo, más barato que otros y que vale la pena para ver el glaciar de muy cerca.

Volvimos a la VeraCruz y fuimos en dirección a las pasarelas, caminitos para ver las diferentes perspectivas del Glaciar. Había un sistema que llevaba con un minibus hasta la cima de las pasarelas y era una opción para los que no querían subir todas las escaleras. Otra opción es tomar las pasarelas caminando y subir directamente. Cansador, pero es otra perspectiva. Gonzi, directamente, dijo que quería subir de bus y bajar por las pasarelas, opción interesante, pero Papá, impresionantemente, quiso subir las pasarelas. Había varios recorridos, con variación de complejidad y de duración. Íbamos a ir en una de complejidad baja. Felices, seguimos camino confiantes de que iba a ser fácil. Las primeras escaleras surgieron. Y continuaron apareciendo. A la media hora, nos preguntamos si estábamos bien, y entonces nos dimos cuenta que habíamos agarrado el camino más largo de complejidad media (disculpas, esta vez la navegación no funcionó). Cuando todos escucharon nuestro error, casi hubo un motín, digamos. Gonzi y Agus ya estaban muertos, no aguantaban más, y cada tanto se sentaban y descansaban. Los miradores muestran la vista panorámica del glaciar y cada uno de una posición diferente. Fantástico. A cada mirador, más cansados estaban Gonzi, Agus y Papá. Lengua afuera, fuimos sacando fotos y subiendo las escaleras. Me olvidé la GoPro en un banco, corrí cuando me dí cuenta y allí estaba, esperándome. Ufa! Nunca más la solté. Fue un sube y baja tremendo pero fascinante, al lado del súper glaciar. Es mucho hielo, decíamos. Y comentamos que es algo muy pasajero, algo que un día no puede existir más. Es algo que uno tiene que cuidar y preservar de todas las formas posibles, por eso es Patrimonio Mundial de la Humanidad. Cuando llegamos al final, después de muchas pasarelas y muchos pedazos que cayeron con ruidos fantásticos, tomamos unas aguas y bajamos en el bus. Rapidísimo, mostraba que éramos muy lentos en subir. Volvimos al auto y nos fuimos a comer, así ya íbamos a dormir porque mañana vamos a ir a un paseo de barco por los otros glaciares y es temprano. Comimos en Mi viejo y volvimos al hotel a las 20.30 h. Teníamos un trabajito pendiente que era la nafta. Como había complicaciones de abastecimiento de nafta, las estaciones de servicio estaban con colas kilométricas, y otras simplemente estaban cerradas. A las 23.30, Papá decidió probar suerte y fuimos a una Petrobras que estaba cerrada todo el día. Pero había personas, entonces, decidimos esperar. Quedamos una hora y media esperando en la fila, hasta la 1.30 de la mañana. Tendremos que despertarnos temprano, entonces, a descansar.