Espero que los Reyes Magos les hayan dejado sorpresas en los zapatos. Por acá, les cuento un secreto: los Reyes no pasaron.
Nos levantamos tarde, con un sol espectacular. Después de desayunar, salimos a pasear de auto. Otra vez la protesta general, que siempre lo mismo, que era aburrido, para qué, por qué, cuándo… Filipe tenía curiosidad de conocer una posada boutique y no tuvo mejor idea que parar a visitarla. Entramos a las Bodegas Nieto Senetiner, donde se encuentra una Posada Boutique espectacular: Entre cielo. (100% ajena a la realidad de niños corriendo o adolescentes dando vueltas). Con la mayor caradurez, Filipe dijo que quería conocer el lugar para una posible visita en el futuro y como comentó que los viernes toman ese vino con sus amigos, la Gerente le regaló una botella de vino rosado.
Protestas aparte, seguimos hasta Tupungato, a unos 80 km de Luján de Cuyo. La ruta es espectacular, casi sin tráfico y el paisaje es una postal en vivo y en directo. Es obvio que quien vive de la tierra establece otro vínculo con su mundo. Hay árboles, hay verde, hay pájaros, hay silencio… Llegando a Tupungato se ven el volcán del mismo nombre y otro a su lado, el Tupungatito. Esta vez, entramos a otra bodega a almorzar: Salentein. El restaurante es una estructura de hormigón muy moderna, con obras de arte y ambiente silencioso. Nada adecuado para Gonzalo, que canta todo el tiempo Call me, baby o pide que su comida sea servida con quechupi (ketchup). Almorzamos y recorrido el lugar con el auto porque ya se había terminado el horario de visitas. Dentro del espacio de los viñedos, visitamos una iglesia muy sobria, también de hormigón y esculturas de metal, en honor a la Virgen de Carrodilla, patrona de los viñedos. En el camino de regreso, mientras Filipe aceleraba a más de 130 km/h, el resto de la familia Caldas durmió.
Próximos planes: Rafting y después seguir viaje rumbo a Maitencillo, Chile.