Día 3 – Primer paseo por Berlín

Nos levantamos tarde según el horario local pero temprano si consideramos nuestro reloj interno. La diferencia horaria es de 4 horas con Buenos Aires. Filipe se demoró respondiendo mensajes y cuando llegamos al café del hotel, la empleada nos miró incrédula: -Es hora de almorzar y no de desayunar.

Ok. Todo dicho, salimos a la calle. El día está nublado y nieva. El plan es visitar el Museo de Ciencias Naturales (http://www.naturkundemuseum-berlin.de/en/). Bajamos a la estación del subte que queda a algunos pasos del hotel. En Berlín, la idea es aprovechar las ventajas de un sistema de transporte que funciona. En la Berlin Friedrichstraße station buscamos cómo comprar pasajes y descubrimos las máquinas expendedoras. El pago se hace en monedas o tarjeta en esa máquina. Nada de aceptar la tarjeta. Los mensajes en español desaparecen. La máquina tiene el tupé de rechazarnos en alemán. -Não há problema, dice Filipe, y subimos los cinco sin pagar el subte. ¡¿Cómo!? No es posible… Marcos y Agus se miran perplejos y me miran. No, no está bien. Salimos dos estaciones después y veo un café simpático (http://www.balzaccoffee.com/). Decidimos entrar a comer algo. Unas tortas, café y chocolate caliente nos dejan listos para empezar la actividad. El Museo está a unos 150 m de la estación. Gonzalo protesta que tiene frío. Llora que no quiere venir a Alemania, que él quiere ir a Brasil. El paseo por el museo es muy interesante. Nos recibe un esqueleto de dinosaurio gigante. Hay muchas personas que se refugian en el museo en un día como este. Paseamos, conversamos, sacamos fotos. La visita vale la pena. Dos horas y media más tarde, volvemos a la calle. Otra vez el subte… Solo que esta vez, la máquina acepta billetes. Alivio, tenemos pasaje. Ya no nos sentimos tan sudacas. Con un precio único, podemos entrar y salir del subte todas las veces que querramos. ¿Cuándo habrá uno de estos sistemas en Rio? La gente no se empuja, no te aplasta. Esperan que unos salgan para que otros entren. Bajamos cerca del Sony Center donde se encuentra el Legoland Discovery Centre – Berlín (http://www.legolanddiscoverycentre.de/berlin/). Nada que se compare a los otros parques Lego. Se trata apenas de varias construcciones detalladas y cuidadosas típicas de la marca. De esas que te dejan la boca abierta por la cantidad de detalles. Hay un paseíto medieval en un dragoncito que dura unos 3 min. Alguien llama a José Filipe por el altavoz. Hmmm. Nos acercamos a ver qué quieren. Resulta que Filipe dejó la tarjeta de crédito cuando hizo el pago. Zafamos. Terminamos el paseíto rápido y volvemos al subte. Más quejas de Gonzi. Es obvio que tiene frío y está cansado. Salimos en la estación Unter den Linden para ir al Museo de Madame Tussauds (http://www.madametussauds.com/berlin/). La visita es rápida después de haber sacado algunas fotos. Agus está decepcionada. Es que la estatua de Justin Bieber no se parece mucho a la que ella tiene registrada en su cabeza. Dicen que es del 2011 y el muchacho medía como 5 cm menos. Desde el museo, caminamos 2 cuadras hasta la Puerta de Brandenburgo. Está lloviendo y Gonzi sigue protestando. Otra vez el subte camino al hotel. ¡Esta tarjeta rinde mucho! Salimos a 150 m del hotel y encontramos un lugar para almorzar/cenar. Nadie entiende que los niños a los 5 años tienen hambre, cansancio y frío. Después de comer, Gonzi se duerme. Era obvio. Tenemos que llevarlo en brazos hasta el hotel. Tal vez sirva para quemar algunas calorías. De vuelta en el hotel, cada uno va a su cuarto a descansar. Yo escribo y llamo a ver si Gonzi está durmiendo. Él me atiende muerto de risa. –No, mamá. Estoy jugando. No tengo sueño- y me corta. Los niños de 5 años son super activos: basta un poco de sueño para volver a la actividad.

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