Hicimos las valijas y partimos rumbo a Legoland California, a unos 60 km de Orlando. Este parque se inauguró este año de modo que todo está casi nuevo. Todos saben que somos fans de Lego, así que no podíamos dejar de ir. Aunque la verdad, es que exceptuando el Miniland (las ciudades miniatura en Lego), el parque está más orientado para los pequeñitos, así que Gonzalo fue el rey. Se lo merecía, después de haberlo arrastrado por todas las atracciones para más grandes. Hacía un calor tremendo y si bien llovió un poco y pararon las atracciones, una vez más, salió el sol y todo volvió a la normalidad. Lo que más me sorprendió en Lego, fue el hecho de que los hombrecitos tomaran vida. Era muy raro ver muñequitos Lego actuando o sacándose fotos. Entre las fotos, van a ver a Gonzi manejando un autito (al salir les daban una licencia de conductor), una carrera entre camiones de bomberos (participaron Filipe, Marcos, Agus y Gonzi) y debo admitir que estaban todos compenetrados. Perdieron pero se divirtieron igual. El paseo en safari es cortito pero todos los animales de Lego son casi perfectos. En un momento, paramos a tomar un helado. El de Agus cayó al piso y se quedaron mirando a ver quién lo pisaba. Agus tiene anécdota para eso. Al salir del parque, la visita imperdible pero el local de Lego nos dejó con un saldo de 5 cajas gigantes para meter en las valijas. La diferencia de precio es abismal. Salimos casi a las 20 h de Legoland y nos sorprendió ver que hasta Boca Raton teníamos como 200 km. Llegamos muy tarde al hotel y como no había servicio de comidas, pedimos por teléfono. A la una de la mañana, cenando sandwiches en el hotel. ¡Qué horror!