Expedición Patagonia – Conclusión

Con esto, cierro la Expedición Patagonia. Qué puedo decir… Un sueño hecho realidad. Conocer estos lugares fue para mí una de las cosas que más me llenaron el alma. La Patagonia, por algún motivo, me atrae de una manera indescriptible, mucho más que otros lugares del mundo como la tan comercializada América del Norte o la tan adorada Europa. Tengo orgullo de decir que estos fantásticos lugares son nuestros, argentinos, chilenos…¡Latino Americanos! No hay nada más fantástico que decir que los lugares más lindos del mundo son nuestros. Desde las planicies patagónicas, hasta las maravillas de los Andes, Torres del Paine, Los Glaciares, Los Lagos, Las Salinas y mucho más. No pude creer que en un pequeño espacio podía haber tantas maravillas. Cada día mis ojos se encadilaban con tanta belleza junta. Y lo mismo puedo decir de Mamá, Agus, Gonzi y Papá que apreciaron tanto como yo las bellezas de la Patagonia. Mi opinión es que la Patagonia es la región más linda del mundo y para que cambie va a ser muy difícil. No es casualidad que tanta gente que viene de sus tranquilos hogares europeos, americanos o de donde sea, para visitar estos lugares, aunque vivan en ciudades desarrolladas y organizadas. La magia esta ahí. Puedo ser muy racional y lógico, pero estos lugares me mostraron que no hay cálculos, estudios ni nada que expliquen eso. Fue el poder de cualquier cosa que haya moldado todo eso. La Patagonia es fantástica.

Por ese motivo, voy a hacer un Top 10 de los mejores lugares que visitamos. Es mi lista, y cada uno puede hacerse la suya, pero algo que nadie dudará, es que los protagonistas de cada lista siempre serán los mismos. Esto también nos dará la oportunidad de revivir algunos momentos y hacer un resumen básico para los que quieran venir algún día para Patagonia.

Mención Honrosa – Santa Rosa – La Pampa – Argentina

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Básicamente, Santa Rosa es mucho más un parador para los que van a entrar a la Patagonia, para los que van de ida, no hay mucha necesidad, pero para los que vuelven, Santa Rosa es como un pequeño paraíso en el desierto pampeano. Además es un excelente parador con varios spas y hoteles del tipo resort para que el viajero pueda descansar y disfrutar el fin de su viaje, como fue el nuestro caso.

Décimo Lugar – Punta Tombo – Chubut – Argentina

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Ver los pinguinos es el sueño de muchos, porque son especies poco encontradas en el mundo. Punta Tombo hace ese sueño a la realidad. Miles de pinguinos. Son muchos… El mejor punto para el avistaje de pinguinos.¡Y qué avistaje! Son pinguinos en todas las poses y haciendo todo tipo de cosas. Animales tan simpáticos y tan graciosos. Es posible verlos de cerca y tan cerca que uno no puede creer. Caminar juntos a ellos nos hace sentir como uno de ellos. Si uno esta de pasaje por el lugar hacia Puerto Madryn o Comodoro Rivadavia debe ir a este lugar. La mejor época es la primavera, cuando hay más pinguinos, pero en el verano todavía hay muchos de ellos, y cuando digo muchos es muchos.

Noveno Lugar – Puerto Natales – Chile

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La pequeña ciudad de Puerto Natales está en las margenes del Golfo Almirante Montt y está rodeada por los Andes y los primeros fiordos hacia el Océano Pacífico. Es posible realizar excursiones de barco hacia los glaciares escondidos como el Bernardo O’Higgins, dicen ser fantástico. La ciudadela es más como un punto de descanso para los que van hacia Torres del Paine. Desde Puerto Natales es posible ver algo del Macizo Paine.

Octavo Lugar – Parque Nacional Monte León – Santa Cruz – Argentina

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El Parque Nacional Monte León es lindisimo. Las formaciones esculpidas por el viento impresionante de la Patagonia y por las mareas gigantes de la Costa Atlántica. Además es una oportunidad de ver muchos lobos marinos y las famosas aves patagónicas, como los cormoranes y las gaviotas. Además, este lugar es buenísimo para disfrutar la playa y hacer diversas caminatas para las pinguineras y las otras regiones del parque.

Séptimo Lugar – Villa La Angostura – Neuquén – Argentina

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Escondida en las montañas del lago Nahuel Huapi, la pintoresca ciudad de Villa La Angostura es lindísima y muy buena para los que buscan una tranquilidad poco encontrada en los alrededores de la Región de Los Lagos. Un destino exclusivo y muy recomendable. Es una buena manera de conocer la ciudad y los destinos cercanos, con una bici porque las vistas son espectaculares y sentir el viento, además de toda la naturaleza. Es una ciudad muy linda y se recomienda conocer la Península al lado del puerto. Otra actividad muy buscada es el ski, pero esta más recomendada para el invierno.

Sexto Lugar – Puerto Madryn y Península Valdés – Chubut – Argentina

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Otro lugar espectacular de la Argentina. La Península es muy buscada para los que quieran ver las gigantes del mar, las ballenas franco-austral. Además de esas maravillas de la fauna argentina, están los lobos marinos, los elefantes marinos y los pinguinos de Magallanes. Nada mejor que recorrer la Península y sus bellezas, que son tierras lindas. Es otro destino muy buscado. Un microclima impresionante. Además la pequeña ciudad de Puerto Madryn es también muy linda y la playa es fría, pero limpia y muy cómoda para los que se hospedan en algún hotel al lado del mar. La mejor época para visitar este destino es la primavera, de Septiembre a Diciembre, porque es el momento para el avistaje de ballenas. El verano también es muy bueno.

Quinto Lugar – Cueva de las Manos y el Cañadón Pinturas – Santa Cruz – Argentina

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La Cueva de Las Manos es otro lugar fantástico, pero poco conocido por los argentinos y por los turistas. Como queda bien aislado de todo, poca gente conoce y muchas veces no tiene interés, por este lugar. Como ya hablamos, la Cueva de Las Manos, en el Cañadón del Río Pinturas es algo único en el mundo. Las varias manos en negativo pintadas en las paredes del cañadón, y todos los guanacos ilustrados por nuestros antepasados de 10.000 años atrás. Es muy lindo. Además el paisaje del cañadón trae una visión diferente de la fría y fantasmagórica cadena de los Andes. Recomendamos ir a la Hostería Cueva de las Manos, donde se puede hacer el tekking del cañadón, muy bueno. Es mejor visitar en la época del verano.

Cuarto Lugar – El Chaltén – Santa Cruz – Argentina

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La pequeña ciudad de El Chaltén rodeada por los macizos de los Andes es simple. Este destino que está creciendo y buscado por los clásicos mochileros que buscan algo menos poblado que el Calafate y otros destinos igualmente importantes. Y tienen razón. Es un lugar espectacular. La vista para la Capital Nacional del Trekking es una de las más lindas del mundo y compite con otras tan importantes como la de Torres del Paine. El Cerro Torre y el Cerro Fitz Roy imponentes sobre El Chaltén abren las puertas para los más fantásticos senderos del mundos. Para quien quiera caminar y le gusta, este es el lugar. Con muchas posadas buenas, además varios restaurantes ricos y lindos, El Chaltén es espectacular en todos los sentidos y no escuchen a lo que los calafateños tienen a decir sobre este destino. Uno tiene que estar listo para caminar y apreciar la naturaleza. La mejor época para visitar es el verano, cuando no hace tanto frío y hay mucha luz solar.

Tercer Lugar – Ushuaia – Tierra del Fuego – Argentina

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El Fin del Mundo. Tierra del Fuego tiene esa fama de ser la punta más austral del mundo y por eso, muchos creen que es un destino aislado y remoto. Puede serlo, pero la vida explota en toda la isla, principalmente, en su capital, Ushuaia. Esta ciudad al lado de las aguas del Canal de Beagle y la única ciudad argentina en el lado occidental de la Cordillera de los Andes es impresionante. Viva, con restaurantes, hoteles cinco estrellas y excursiones de primer mundo. Desde el paseo de barco por el Canal de Beagle, hasta la subida al Glaciar Martial. Es posible hacer muchas de las actividades de la Patagonia en Tierra del Fuego. Es una isla espectacular. La lenga y toda su vida llenan las tierras de la isla. Un destino muy accesible de avión, pero complicado de auto, porque hay muchos pasos de fronteras y además una balsa que esta sujeta al tiempo. Es una aventura y cada uno va por el camino que le guste. Es bueno para visitar todo el año. En el invierno, Cerro Castor y su ski más austral del mundo y el Parque Nacional de Tierra del Fuego. Otoño, la lenga y su resplandor dorado. Primavera y verano, excelentes para actividades al aire libre. El Parque Tierra del Fuego es lindísimo y único, también uno de los lugares más lindos del mundo.

Segundo Lugar – Torres Del Paine – Chile

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Considero Torres del Paine el lugar más lindo del mundo. Pena que no pudimos conocerlo del todo, pero lo que vimos ya era suficiente. Simplemente lo más bello que ya había visto. Tan lindo que hasta casi nos quedábamos a dormir en la frontera. Es posible visitar el Parque Nacional Torres del Paine en cualquier momento del año, tomando los debidos cuidados con el clima. Es importante hacer por lo menos alguno de los trekkings disponibles porque es la mejor manera de visitar y conocer el lugar. A partir de Puerto Natales es posible acceder y hacer campings, etc. Hay muchas excursiones guiadas para poder caminar tranquilo por las Torres del Paine. Además uno debe reservar varios días aquí para conocer del todo a este parque fantástico.

Primer Lugar – Parque Nacional Los Glaciares – Glaciar Perito Moreno – Santa Cruz – Argentina

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El Parque Nacional Los Glaciares tiene algo que ningún lugar tiene y son los propios glaciares. Las inmensas masas de hielo que parecen ser estáticas y aburridas, de cierta forma, pero están en constante movimiento, crujiendo, gritando y irrumpiendo para decir que están ahí. Desde el Perito Moreno hasta Viedma, todos son espectaculares y traen un sensación que solo ahí se consigue. Es el lugar más diferente, en ese sentido. Es también accesible todo el año y es el lugar más fantástico de la Argentina, según la guía Lonely Planet – Argentina. Es accesible durante todo el año, pero durante el verano existe el fenómeno de la ruptura en todo su resplandor. Además, el clima es menos abrasivo y más agradable. Es muy bueno hacer las cuatro excursiones principales. La navegación por el Brazo Rico del Glaciar Perito Moreno. La navegación para los otros glaciares, Upsala, Spegazzini y el otro lado del Perito Moreno, conociendo los asustadores y impresionantes témpanos. Las famosas pasarelas con sus vistas panorámicas y buenísimas para observar las rupturas impresionantes del glaciar más famoso del mundo. Y por último, pero no peor, la fantástica experiencia de caminar por el Glaciar Perito Moreno y sentir el sabor puro de sus aguas en deshielo. Todas las experiencias ofrecen lo mejor de los glaciares.

Después de 9737 km por la Argentina y 12.686 km desde que partimos de Porto Alegre, 25 días de viajes, mostramos que pudimos concluir otro espectacular viaje por nuestro país. Y qué lindo que es. Cada vez que viajo por él me doy cuenta la suerte que tenemos nosotros argentinos de vivir en un país tan lindo y magnífico. Las aventuras, historias y risas quedarán para la historia y en nuestras memorias. Los Caldas siempre en el camino y como Spinetta diría «Por las rutas argentinas, rutas argentinas, rutas argentinas, hasta el fin». Las calcomanías de todos los lugares que pasamos llenaron  nuestro Thule y nos hacían recordar todo lo que pasamos, todos los lugares, las experiencias y aventuras. Muchas fotos y historias para contar. Pero como tiene que terminar, llegamos a casa con un sentimiento de meta cumplida, y en mi caso, de sueño hecho realidad. Sólo se que como comí varios Calafates voy a volver, no importa como, para conocer de nuevo estos lugares, los más lindos del mundo. Les recomiendo a todos que conozcan la Patagonia.

Por último les muestro el recorrido total de nuestro viaje, nuestra hazaña.

Recorrido Total

Este es mi última publicación por mucho tiempo, hasta que nuestra próxima aventura aparezca. De esa manera, quiero agradecer a todos los que nos acompañaron por la Patagonia. Gracias a todos los que participaron de nuestro viaje, como Cartuja, Cakis y Claudio en la parte técnica del auto y de nuestro equipo Thule. Gracias al señor Julio de Olavarría que nos ayudó mucho en el primer tramo al arreglar el nuestro sistema Thule. Gracias a Walter y su restaurante Cook, que nos sirvió las mejores empanadas de Villa La Angostura. Gracias a los que nos dieron direcciones y a los que escucharon nuestras historias. Gracias a todos los que nos ayudaron a construir y a aventurarnos por la Patagonia. Gracias a todos los hoteles por las buenas y malas noches. Gracias a los restaurantes que nos sirvieron comidas simpre argentinamente ricas. Gracias a los eternos amigos guanacos, pinguinos y lobos marinos y también a las ovejas que nos acompañaron por toda la travesía. Gracias a la más grande compañera del viaje, la VeraCruz, que sobrevivió estos miles de kilómetros, con ripio, asfalto, frío, calor, noches oscuras y balsas. Y por fin… Gracias a tí, Patagonia.

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12/01/16 – El Chaltén – Cueva de las Manos

Salida: 11.00 h – Llegada: 20.00 h – Distancia: 648 km – Total acumulado: 6820 km

El Chaltén - Cueva de las Manos - Total

Hoy era día de kilómetros otra vez, más o menos 600 km de ruta hasta la Hostería Cueva de las Manos. Saldríamos temprano para hacer una caminata simple, el mirador de los Cóndores. El Chaltén, para contar un poco más, es un destino de veraneo que está creciendo. Muchos mochileros van para conocer los senderos más espectaculares de Latino América. Muchos suben hasta la base de los Cerros Fitz Roy y Torre, los más emblemáticos. Una ciudad simple pero organizada, tiene sus avenidas principales llenas de hoteles y restaurantes, además de locales para lavar la ropa. Es una ciudad hecha y preparada para los caminantes. Muchos también vienen de bicicleta para tener otra experiencia de la Patagonia. El Chaltén siempre tendrá ese público asegurado, pero en los últimos años muchos turistas «convencionales» vienen curiosos para conocer esos senderos. Los senderos varían de complejidad. Los más difíciles, como el de la Laguna de los Tres y de Laguna Torre, tienen subidas inclinadas y difíciles, además son largas con 12.5 km de extensión, solo ida. Son senderos para la gente que realmente le gusta. Bueno, obviamente no hicimos esos.

Nos despertamos temprano, a las 7.30 h, Papá ya se había ido hacía un rato porque iba a cargar nafta. Por sus cálculos, teníamos tres posibles paradores, pero como había posibilidades de no haber nafta en ninguno de esos, teníamos que llenar el tanque. Como sólo había una estación de servicio, pequeña del tamaño de un container, Papá tuvo que esperar en una fila gigante, y, encima, el único funcionario no había llegado, además, el camión con el combustible tenía que cargar la estación.

Mientras tanto, Agus, Gonzi, Mamá y yo guardamos las cosas en las valijas y miramos tele, esperando que Papá nos diera alguna información de lo que estaba pasando. A las 10.00 h, tuvimos que salir de la habitación, porque era la hora del check out. Bajamos las cosas y esperamos en la recepción. Mamá, curiosa como es, comenzó a conversar con el dueño de la posada, bonaerense, sobre lo que era vivir en El Chaltén. Mismo que aislada, la ciudad de El Chaltén se sostiene bien y sin problemas, nunca hubo problemas de luz, gas… Vivir en ese lugar remoto, para él, era mejor que la vida agitada del centro de Buenos Aires. Y eso es algo interesante, todos los patagónicos que conocimos venían de las grandes urbes y se mudaron porque ya se habían cansado de esa vida agitada. Acá podían aprovechar y trabajar con tranquilidad, disfrutando la vida calma y solitaria de la Patagonia. El señor nos contó cosas diferentes y buenas para conocer la vida de la Patagonia. Después de un rato, a las 10.30 h, Papá llegó con el tanque lleno listo para seguir camino. Nos despedimos del señor, y fuimos hasta la salida de la ciudad donde estaban los senderos de Mirador de los Cóndores y de las Águilas, cortos, pero nos recomendaron para poder conocer un poquito de las vistas ya que teníamos poco tiempo. Tenía 1 km de sendero con piedra compactada, algún tramo tal vez con piedras sueltas, pero fácil.

Estacionamos el auto y seguimos los carteles para llegar al sendero. Había viento pero no era insoportable. El día estaba espectacular, decían que días como este eran difíciles de encontrar porque el clima es muy cambiante y nublado. El Fitz Roy y el Torre eran lindos sin nubes e imponentes bajo el cielo azul. El sendero comenzaba unos cuatrocientos metros en línea recta, en la planicie y al final había una bifurcación, tomamos el camino de la izquierda que nos llevaba al mirador.

Apenas hicimos la curva, la pendiente subía rápidamente, siguiendo los rasgos de la montaña. Algunos ya estaban pidiendo «arrego» (ayuda, no aguantarse más en pie). A cada parte plana, el grupete paraba y descansaba. Y seguimos subiendo. A cada 100 metros, había un panel que exponía características de los cóndores, que vivían por ahí, animal favorito de Gonzi. Siempre que había un panel, parábamos y Gonzi nos leía en voz alta el texto. Carroña, carroña esa era la palabra más graciosa. Y seguimos subiendo. Papá ya estaba con la punta de la lengua para afuera. El sendero subía la pendiente y después, cerca del final, hacia un giro hacia la izquierda. Ahí, el camino cruza un pequeño bosque de lenga, y Gonzi sintiéndose Indiana Jones. La vista ya perfilaba muy linda. Subimos el último tramo de piedras sueltas y Gonzi resbaló algunas veces, pero nada pasó. A diez minutos del final, hay una otra bifurcación, que daba para otro mirador, el de Las Águilas, Papá dijo que cuando volviéramos, veíamos se íbamos o no por ese camino que agregaban 30 minutos a nuestro recorrido. Al final, las piedras que constituían el mirador nos dieron el punto final del sendero. El mirador nos mostraba el Fitz Roy y el Torre, bonitos como nunca. Además, nos mostraba toda la ciudad de El Chaltén bajo las montañas, cercada por el río y por el pequeño cañadón que era la entrada. El viento ahí arriba era fuertísimo. Sacamos unas fotos y contemplamos por cinco minutos la vista y la nuestra hazaña. Como Gonzi quería irse, comenzamos a hacer el descenso. Papá iba primero y bajó lo más rápido posible. Pasamos otra vez por la bifurcación, y Papá no pensó, pasó directo. Le damos un descanso porque ya subir todo eso había sido un ejercicio grande. Así, bajamos para volver al auto. La bajada fue bastante rápida. El sendero era bueno para quien se quedaba una noche sola. Al volver abajo, visitamos el centro de visitantes de Parque Nacional Los Glaciares. Allí, había una rápida presentación, sobre los diferentes senderos que existían y sobre la vida del escalador de las montañas duras de los Andes.

Como ya era tarde, fuimos a un local y compramos unas empanadas y unos sandwiches, porque no queríamos comer en un restaurante. Y después de estar listos para partir, salimos otra vez de El Chaltén. En el retrovisor veíamos desaparecer las montañas icónicas.

Continuamos por la ruta provincial 23 por 90 km, y después giramos hacia la izquierda de vuelta a la 40. La ruta Nacional 40 es legendaria. Recorre desde el punto extremo norte en Jujuy hasta el extremo sur en Río Gallegos. Es una ruta para los turistas y trae la sensación verdadero viaje de ruta. Es una ruta solitaria que pocas personas recorren. Además, pasa por diversos climas, desde el clima seco y agobiante del Noroeste hasta el frío y helado aire de la Patagonia. Es una ruta diferente, que llama a lo más salvaje del argentino.

Bueno, por esa ruta seguimos unos 70 km hasta Tres Lagos, donde íbamos a cargar nafta. Pueblito en el medio de la nada, fue difícil encontrar la estación de servicio. Cuando la encontramos, el único mensaje nos aparecía era «no hay nafta». Listo, paramos al lado y como ya eran las 14.00 h, comimos la comida que habíamos comprado en El Chaltén. Sentados y mirando el paisaje, comimos ahí calmitos, sin que nada pasara. Al rato, estábamos de vuelta en nuestro camino. Seguimos hasta Gobernador Gregores, nuestra siguiente parada. Más kilómetros adelante. La estepa patagónica volvió a invadir el paisaje. Otra cosa, la planicie interminable de la Patagonia creaba rectas kilométricas de la Ruta 40, miedo por Papá, porque las rectas son muy monótonas. Todos dormían, mientras pasábamos por guanacos y más planicies.

Ese tramo fue bien largo, hasta que la ruta de asfalto se transformó en ripio; nos habían avisado, pero no sabíamos cuándo eso iba a pasar. La ruta estaba mala. Piedras gigantes y filosas eran obstáculos en nuestro camino. Papá las desviaba, pero eran muchas. Pasamos por el Lago Cardiel, otro gigante de la región. Fueron unos 70 km de ruta de ripio, que un día, serían asfaltados. Los Andes, a lo lejos, siempre presentes. Cuando terminó el ripio, teníamos unos 60 km más hasta Gobernador Gregores. Algunas colinas nos hacían subir y bajar lentamente por la 40. Y después de 30 minutos, llegamos a Gobernador Gregores, ciudad simpática y simple. Cargamos nafta y seguimos camino hacia Bajo Caracoles, otro pueblito para cargar nafta. Eran 200 km de ruta. Otra vez los mismos paisajes se presentaban ante nosotros. Los guanacos, la estepa, pero las colinas se transformaban en un cañadón. Un Cañadón conocido en él área, el de Río Pinturas. Seguimos camino, y llegamos a Bajo Caracoles, un pueblo en el medio de la nada con un puesto para cargar nafta, una bomba y nada más. Fue rápido, porque el auto tenía bastante, era apenas para estar seguros de que no iba pasar nada. Seguimos camino. Sabíamos que el hotel quedaba en el kilómetro 73 después de Bajo Caracoles. Comenzamos el conteo y seguimos camino hasta el hotel. 70, 71, 72 y 73… Estancia Cueva de las Manos hacia la derecha. Un pequeño camino de ripio nos llevaba 4 kilómetros adentro de la estepa patagónica. El color de la tierra variaba de tonalidades rojizas. Y al final del camino, aparecía la Estancia Cueva de las Manos. Al atardecer, fantástico lugar aislado, nos registramos, y las recepcionistas nos explicaron las condiciones del hotel. Luz y corriente eléctrica apenas de 20.30 hasta 00.30 h. Agua y gas todo el tiempo. Entonces, nos presentaron la cabaña que íbamos a quedar los cinco. Juntitos. Es la peor receta. Cinco capetas en un mismo ambiente genera una explosión. Había una cama para cada uno. Cada uno eligió su lugar. Había una que otra telaraña, después encontré en el baño a la dueña (¡y qué dueña!). La cena iba a ser a las 21.00 h. Nos quedamos a oscuras hasta las 20.30 h. Conversamos y jugamos en la habitación. El tiempo pasó rápido. Fuimos a comer. Plato único: vacío al horno. Las recepcionistas nos sirvieron, porque -por lo que veníamos sospechando- eran las dos únicas funcionarias del hotel. Comimos y el comedor estaba lleno. Aunque la estancia estaba aislada, había bastante gente.

Volvimos a la habitación y nos dormimos profundamente. Mañana, no había un horario muy temprano para despertarse, íbamos a visitar la Cueva de las Manos. Sin embargo, no íbamos a seguir el mismo camino que la mayoría de los visitantes. Habría un trekking por el Cañadón Río Pinturas, sin guía, sin nada, por nuestra cuenta. Mañana les cuento más.

11/01/16 – El Calafate – El Chaltén 

Salida: 14.00 h – Llegada: 18.30 h – Distancia: 374 km – Total: 6172 km

El Calafate - El Chaltén - Total
Para hoy, dejé una sorpresa que escondí desde el primer día en El Calafate. Hoy Agus y yo haríamos el llamado mini trekking. Esto no es un trekking normal por la montaña. Es una caminata sobre el hielo, sobre el Glaciar Perito Moreno. El tema era una hora y media de caminata sobre el hielo usando los llamados grampones. Íbamos a salir temprano porque el barco partía de Bajo la Sombra, en el Brazo Rico, del Lago Argentino.

A las 6.15 h, nos despertamos y nos vestimos para el frío. Habría viento patagónico, lluvia y tal vez nieve. Sobre el glaciar el clima es muy cambiante. Cerramos nuestros bolsos Thule y desayunamos con Papá, que nos dio la información para cuando volviéramos de la caminata. Habían conseguido un remis que nos iba a llevar hasta el puerto de Hielo y Aventura. A las 7.15 h, estaba puntualmente esperándonos. Últimos saludos y partimos hacia el Parque de los Glaciares nuevamente. Conversamos con el señor, rosarino que decidió mudarse acá a El Calafate, porque la situación estaba muy violenta, incluso nos contó unas historias capetas. El señor muy simpático y gracioso, nos llevó al puerto Bajo la Sombra y las 8.20 h ya estábamos esperando para que el barco partiera.

Esperamos media hora y entonces nos llamaron para embarcar. Cuando nos sentamos, vimos a nuestros compañeros de caminata. El primer gran grupo era de brasileños, abrigados como nunca, como si fueran a la Antártida, incluso nos reíamos de una de ellas que no sabía cómo se colocaba el cuellito. No saben lo que es frío. Otro grupo era de americanos con dos garotinhos, por lo menos no éramos los más chicos. Entraron unas 60 personas en el barco. A las nueve, el barco partió cruzando el Brazo Rico hasta el otro lado, otra vez, pasando cerca del espectacular Glaciar Perito Moreno. Veinte minutos tardó la travesía. Cuando el barco llega, atraca y todos los pasajeros salen. Ahí, nos dividen en dos grupos, de «Español» y » English». Fuimos al de español, y esperamos los siguientes pasos. Nos dieron las instrucciones y el paso a paso de lo que íbamos a hacer. Primero caminaríamos por un sendero por el bosque hasta el pie del glaciar donde pondríamos los grampones para caminar en el hielo. Después caminaríamos efectivamente por el hielo. Al volver, caminaríamos de vuelta por el sendero, y comeríamos en el refugio, al lado del hotel, con las viandas que habíamos pedido en el hotel, y después a la una y cuarto, estaríamos de vuelta al barco y nos encontraríamos con el resto de los capetas a las 14.00, ahí en el muelle.

Dicho eso, seguimos a la guía por el sendero que mostraba una vista genial del Glaciar. Sacamos algunas fotos y después del sendero, paramos para que la guía diera información acerca del glaciar y todo lo demás, incluidas las reglas de seguridad. Nos iban a dividir, dentro de los grupos, en subgrupos de 20 personas. Como llegamos justo cuando terminaron de dividir el grupo de inglés, nos mandaron al grupo 3. Esperamos un ratito, y nos dirigimos adonde iban a ponernos los grampones. Nuestro guía se llamaba Guillermo y el otro era Mariano. En nuestro grupo estaban los brasileños gorditos de quienes nos reíamos en el barco. Llegamos al tal lugar y esperamos que terminaran con el grupo anterior. Cuando terminaron, Agus se puso los grampones y después yo. Bueno, los grampones son como una base que tiene puntas que se clavan en el hielo, y se los pone en la planta del pie, como una ojota. Después me puse yo. Se sentían pesados y raros en el pie, cuando salí del banquito me enganché uno de los grampones en el pantalón y casi termine siendo la primera causa de gracia de toda la excursión. Los primeros pasos eran raros, principalmente porque había muchas piedritas que se enganchaban en los capetas grampones. Después, bajamos hasta la base del glaciar. Al llegar, estaban los brasileños, porque ya se habían puesto los grampones. Allí, conocimos el resto del nuestro grupo, argentinos y brasileños, y en el mismo lugar, nos enseñaron cómo moverse en el hielo, tanto para las subidas cuanto para las bajadas. Fue ahí, que comenzamos a escalar el glaciar. Pisar en el hielo exigía que uno clavara bien los grampones. Como una marcha. Después de un tiempo, nos acostumbramos. Y era genial. Estábamos caminando sobre el Glaciar Perito Moreno. Nada mejor. Continuamos subiendo y encontramos grietas de color azul único, y sumideros que llegaban a la base del glaciar a metros en el suelo. Cada formación fantástica iba apareciendo al nuestro alrededor. El agua que corría era de un color increíble. ¡Y era bebible! Por todas partes el agua corría y formaba las estructuras que íbamos encontrando. Fotos y fotos por doquier. Nada más lindo. Continuamos subiendo, hasta la primera parada, cuando nos preguntaron si alguien quería volver antes de seguir. Una de las brasileñas decidió volver porque su corazón estaba batiendo muy rápido. Bueno, una menos. Seguimos camino, mientras el otro guía llevaba la señora. Allá arriba, las formaciones raras continuaban y todo era fantástico. El guía nos decía que tenían que cambiar el recorrido cada tanto porque las grietas y los agujeros iban aumentando y acercándose del límite de la pared frontal del glaciar. Fantástico, el paseo nunca es el mismo. No era cansador, apenas era tremendo el viento que nos golpeaba de vez en cuando y muchas veces, cuando estábamos subiendo o bajando y nos desequilibraba. Nunca hubo un momento en que sufríamos de cansancio, pero el hielo en sí, es filoso,  y nos hacían usar guantes. Tomamos un poco de agua de uno de los arroyos del glaciar y el agua era pura y helada (¿por qué será?). Decíamos que adentro de nosotros teníamos un poco del Perito Moreno (¡ahhh, qué lindo!), pena que después se va a ir, el ciclo del agua. Llenamos nuestra botella para llevarle a los tres capetas, que también van a dispersar el agua del glaciar. Caminamos y hacíamos paradas para sacar fotos. Todo era espectacular, y el día también lo estaba, entonces aunque llovía un poquito, nunca estuvimos con frío o muy mojados. Todo transcurrió con normalidad. Sólo había un grupito de brasileños que no escuchaban a los guías, y casi hacían lío una y otra vez. Ven que hay una grieta enorme y lo primero que hacen es acercarse a ella. Encuentren el error en eso. Bueno, después de subir hasta la cima del recorrido, comenzamos el descenso siguiendo los pequeños arroyos que caían. Al llegar a la última rampa, había dos mesitas con vasos y bowls. Los guías, con sus picotas, sacaron pedazos de hielo y los pusieron en los bowls. Con los vasos, sirvieron agua del glaciar y hielo, y para los que querían whisky. Nosotros llenamos una vez más nuestra botella y nos dieron unos caramelos. Después comenzamos el descenso final y sacamos las últimas fotos, nos despedimos personalmente del glaciar y nos sacamos los grampones. Volvimos al refugio después del sendero, donde recolectamos, por nuestra cuenta (disculpas al Parque Nacional Los Glaciares) unos frutitos llamados calafates, que dan nombre a la ciudad El Calafate. Dice la leyenda que quien come el calafate, vuelve a la Patagonia. Comimos varios en el camino para poder volver varias veces, esperemos que funcione. Medio amargos y ácidos, pero a mí me gustaron, no estaban lo suficientemente maduros. Una vez en el refugio, comimos nuestras viandas y descansamos de nuestra aventura glaciar. Esperamos al barco, que llegaba 13.15 al muelle. Mientras tanto, como teníamos media hora, contemplamos silenciosamente el Perito Moreno. No me cansé de verlo, fantástico. Mientras mirábamos, tuvimos la oportunidad de ver dos desprendimientos del glaciar. Pedazos del tamaño de un edificio cayendo al Brazo Rico y irrumpiendo con un ruido impresionante, era para quedarse callado para escuchar cada crujido del hielo y verlo caer lentamente en el agua. Una de las cosas más imponentes, grandiosas que ya había visto. No hay algo igual en el mundo. Después de un rato, el barco llegó, entramos al barco y cuando salió, unas chicas que estaban viniendo se olvidaron de salir porque estaban sacando fotos, tuvimos que volver…. Después cuando salimos, definitivamente, el barco hace una pasada por el frente del glaciar. Últimas miradas al glaciar Perito Moreno. Lindo, todo argentino tiene que verlo porque es nuestro y de nadie más. Como habíamos visto en el Glaciarum, el Perito Francisco Moreno luchó por mil ochocientas leguas de nuestra frontera y consiguió estas maravillas que tenemos hoy, como es el caso de nuestros glaciares y nuestras montañas, las más imponentes de toda América. Esos pensamientos me rondaban la cabeza, mientras volvíamos y veíamos alejarse el Glaciar. Qué lindo país que tenemos. Cuando llegamos al muelle, salimos del barco estaba Papá viéndonos de lejos y nos llevó al auto, con Mamá y Gonzi que ya planean volver en tres años para que el pequeño pueda hacer lo que hicimos hoy. Contamos nuestras aventuras y volvimos a El Calafate, mirando los últimos momentos del Perito Moreno, hasta que salimos del Parque. En el auto, Papá consiguió que el antiguo GPS funcionara. El nuevo GPS sigue 0 km porque nunca conseguimos bajar los mapas de Internet. GPS y navegación garantizados = alivio para el resto del viaje.

Comimos unas empanadas en La Lechuza, y nos contaron lo que habían hecho en nuestra ausencia. Habían conseguido efectivo y el tema de la nafta estaba regularizándose. Los cortes de la ruta 3 que no permitían el paso de los camiones estaban siendo levantados. Después de almorzar, cargamos nafta, por seguridad, porque había pocas estaciones en el camino para El Chaltén y Cueva de las Manos. Emprendimos camino a El Chaltén.

Todo transcurrió con normalidad y nos despedimos del Lago Argentino, nombrado por el propio Francisco Moreno. Eran 270 km hasta la capital nacional del trekking. El camino iba por la ruta 40, la más lengendaria de la Argentina. Con asfalto nuevo, era perfecta y nos llevó rapidísimo al acceso de El Chaltén. La ruta provincial 23 tiene 90 km hasta la pequeña ciudad, al lado del Lago Viedma, que surge de otro glaciar gigante argentino.

Ya a 50 km, comenzamos a avistar las dos montañas más lindas de la Argentina. El Cerro Fitz Roy y el Cerro Torre y sus compañeros. Fantástico. Él Fitz Roy fue nombrado por Perito Moreno, en homenaje al comandante del Beagle (que llevó a Darwin),que navegó por el Río Santa Cruz, hasta el Lago Argentino, y quedaron a 50 km de la Cordillera de los Andes. Hecho impresionante.

La ciudad queda en la base de la cordillera rodeada por montañas y por un río. No había mejor vista. Lindo, como una pintura.

Al llegar la ciudad, muchos mochileros, con sus mochilas gigantes, caminando o llegando de algún lugar. Cada persona, de cada lugar. Muy gracioso. Buscamos el hotel en la ciudad y llegamos a la simpática Posada El Barranco. Lugar increíble. Nos registramos, bajamos las cosas y pedimos sugerencias de algunas caminantes rápidas que pudiéramos hacer. Nos sugirió una de cinco minutos y de una hora con miradores para cascatas y de la ciudad. Y también lugares para comer.

Nos acomodamos y salimos rápido para hacer la más rápida. Tenía 500 metros y era toda plana. Allí, Papá y Gonzi probaron el Calafate y también, esperemos, van a volver. Al final, estaba el Chorrillo del Salto, lindo lugar con la cascada de agua limpia y pura. Sacamos fotos y volvimos al auto, podíamos decir que hicimos un trekking en El Chaltén. Al volver, tratamos de cargar nafta en la súper estación de servicio de El Chaltén. No había nafta. Bosta. No conseguiríamos hacer el tramo de mañana, tendríamos que esperar mañana para ver si había nafta.

Como ya eran las 20.00 h, fuimos a comer a Isabel, especialidad en comida al disco, muy rico y nos hizo acordar la comida de Micha, pero obvio que a la de Micha nadie la supera. La ciudad mismo que rústica, era muy organizada y linda. Nos soprendió muy bien.

Volvimos al hotel, y yo, por lo menos, me dormí profundamente después de todas las actividades del día. Mañana, iremos a la Cueva de las Manos, el lugar más remoto que visitaremos y conoceremos un poco sobre nuestro pasado.