Expedición Patagonia – Conclusión

Con esto, cierro la Expedición Patagonia. Qué puedo decir… Un sueño hecho realidad. Conocer estos lugares fue para mí una de las cosas que más me llenaron el alma. La Patagonia, por algún motivo, me atrae de una manera indescriptible, mucho más que otros lugares del mundo como la tan comercializada América del Norte o la tan adorada Europa. Tengo orgullo de decir que estos fantásticos lugares son nuestros, argentinos, chilenos…¡Latino Americanos! No hay nada más fantástico que decir que los lugares más lindos del mundo son nuestros. Desde las planicies patagónicas, hasta las maravillas de los Andes, Torres del Paine, Los Glaciares, Los Lagos, Las Salinas y mucho más. No pude creer que en un pequeño espacio podía haber tantas maravillas. Cada día mis ojos se encadilaban con tanta belleza junta. Y lo mismo puedo decir de Mamá, Agus, Gonzi y Papá que apreciaron tanto como yo las bellezas de la Patagonia. Mi opinión es que la Patagonia es la región más linda del mundo y para que cambie va a ser muy difícil. No es casualidad que tanta gente que viene de sus tranquilos hogares europeos, americanos o de donde sea, para visitar estos lugares, aunque vivan en ciudades desarrolladas y organizadas. La magia esta ahí. Puedo ser muy racional y lógico, pero estos lugares me mostraron que no hay cálculos, estudios ni nada que expliquen eso. Fue el poder de cualquier cosa que haya moldado todo eso. La Patagonia es fantástica.

Por ese motivo, voy a hacer un Top 10 de los mejores lugares que visitamos. Es mi lista, y cada uno puede hacerse la suya, pero algo que nadie dudará, es que los protagonistas de cada lista siempre serán los mismos. Esto también nos dará la oportunidad de revivir algunos momentos y hacer un resumen básico para los que quieran venir algún día para Patagonia.

Mención Honrosa – Santa Rosa – La Pampa – Argentina

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Básicamente, Santa Rosa es mucho más un parador para los que van a entrar a la Patagonia, para los que van de ida, no hay mucha necesidad, pero para los que vuelven, Santa Rosa es como un pequeño paraíso en el desierto pampeano. Además es un excelente parador con varios spas y hoteles del tipo resort para que el viajero pueda descansar y disfrutar el fin de su viaje, como fue el nuestro caso.

Décimo Lugar – Punta Tombo – Chubut – Argentina

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Ver los pinguinos es el sueño de muchos, porque son especies poco encontradas en el mundo. Punta Tombo hace ese sueño a la realidad. Miles de pinguinos. Son muchos… El mejor punto para el avistaje de pinguinos.¡Y qué avistaje! Son pinguinos en todas las poses y haciendo todo tipo de cosas. Animales tan simpáticos y tan graciosos. Es posible verlos de cerca y tan cerca que uno no puede creer. Caminar juntos a ellos nos hace sentir como uno de ellos. Si uno esta de pasaje por el lugar hacia Puerto Madryn o Comodoro Rivadavia debe ir a este lugar. La mejor época es la primavera, cuando hay más pinguinos, pero en el verano todavía hay muchos de ellos, y cuando digo muchos es muchos.

Noveno Lugar – Puerto Natales – Chile

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La pequeña ciudad de Puerto Natales está en las margenes del Golfo Almirante Montt y está rodeada por los Andes y los primeros fiordos hacia el Océano Pacífico. Es posible realizar excursiones de barco hacia los glaciares escondidos como el Bernardo O’Higgins, dicen ser fantástico. La ciudadela es más como un punto de descanso para los que van hacia Torres del Paine. Desde Puerto Natales es posible ver algo del Macizo Paine.

Octavo Lugar – Parque Nacional Monte León – Santa Cruz – Argentina

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El Parque Nacional Monte León es lindisimo. Las formaciones esculpidas por el viento impresionante de la Patagonia y por las mareas gigantes de la Costa Atlántica. Además es una oportunidad de ver muchos lobos marinos y las famosas aves patagónicas, como los cormoranes y las gaviotas. Además, este lugar es buenísimo para disfrutar la playa y hacer diversas caminatas para las pinguineras y las otras regiones del parque.

Séptimo Lugar – Villa La Angostura – Neuquén – Argentina

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Escondida en las montañas del lago Nahuel Huapi, la pintoresca ciudad de Villa La Angostura es lindísima y muy buena para los que buscan una tranquilidad poco encontrada en los alrededores de la Región de Los Lagos. Un destino exclusivo y muy recomendable. Es una buena manera de conocer la ciudad y los destinos cercanos, con una bici porque las vistas son espectaculares y sentir el viento, además de toda la naturaleza. Es una ciudad muy linda y se recomienda conocer la Península al lado del puerto. Otra actividad muy buscada es el ski, pero esta más recomendada para el invierno.

Sexto Lugar – Puerto Madryn y Península Valdés – Chubut – Argentina

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Otro lugar espectacular de la Argentina. La Península es muy buscada para los que quieran ver las gigantes del mar, las ballenas franco-austral. Además de esas maravillas de la fauna argentina, están los lobos marinos, los elefantes marinos y los pinguinos de Magallanes. Nada mejor que recorrer la Península y sus bellezas, que son tierras lindas. Es otro destino muy buscado. Un microclima impresionante. Además la pequeña ciudad de Puerto Madryn es también muy linda y la playa es fría, pero limpia y muy cómoda para los que se hospedan en algún hotel al lado del mar. La mejor época para visitar este destino es la primavera, de Septiembre a Diciembre, porque es el momento para el avistaje de ballenas. El verano también es muy bueno.

Quinto Lugar – Cueva de las Manos y el Cañadón Pinturas – Santa Cruz – Argentina

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La Cueva de Las Manos es otro lugar fantástico, pero poco conocido por los argentinos y por los turistas. Como queda bien aislado de todo, poca gente conoce y muchas veces no tiene interés, por este lugar. Como ya hablamos, la Cueva de Las Manos, en el Cañadón del Río Pinturas es algo único en el mundo. Las varias manos en negativo pintadas en las paredes del cañadón, y todos los guanacos ilustrados por nuestros antepasados de 10.000 años atrás. Es muy lindo. Además el paisaje del cañadón trae una visión diferente de la fría y fantasmagórica cadena de los Andes. Recomendamos ir a la Hostería Cueva de las Manos, donde se puede hacer el tekking del cañadón, muy bueno. Es mejor visitar en la época del verano.

Cuarto Lugar – El Chaltén – Santa Cruz – Argentina

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La pequeña ciudad de El Chaltén rodeada por los macizos de los Andes es simple. Este destino que está creciendo y buscado por los clásicos mochileros que buscan algo menos poblado que el Calafate y otros destinos igualmente importantes. Y tienen razón. Es un lugar espectacular. La vista para la Capital Nacional del Trekking es una de las más lindas del mundo y compite con otras tan importantes como la de Torres del Paine. El Cerro Torre y el Cerro Fitz Roy imponentes sobre El Chaltén abren las puertas para los más fantásticos senderos del mundos. Para quien quiera caminar y le gusta, este es el lugar. Con muchas posadas buenas, además varios restaurantes ricos y lindos, El Chaltén es espectacular en todos los sentidos y no escuchen a lo que los calafateños tienen a decir sobre este destino. Uno tiene que estar listo para caminar y apreciar la naturaleza. La mejor época para visitar es el verano, cuando no hace tanto frío y hay mucha luz solar.

Tercer Lugar – Ushuaia – Tierra del Fuego – Argentina

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El Fin del Mundo. Tierra del Fuego tiene esa fama de ser la punta más austral del mundo y por eso, muchos creen que es un destino aislado y remoto. Puede serlo, pero la vida explota en toda la isla, principalmente, en su capital, Ushuaia. Esta ciudad al lado de las aguas del Canal de Beagle y la única ciudad argentina en el lado occidental de la Cordillera de los Andes es impresionante. Viva, con restaurantes, hoteles cinco estrellas y excursiones de primer mundo. Desde el paseo de barco por el Canal de Beagle, hasta la subida al Glaciar Martial. Es posible hacer muchas de las actividades de la Patagonia en Tierra del Fuego. Es una isla espectacular. La lenga y toda su vida llenan las tierras de la isla. Un destino muy accesible de avión, pero complicado de auto, porque hay muchos pasos de fronteras y además una balsa que esta sujeta al tiempo. Es una aventura y cada uno va por el camino que le guste. Es bueno para visitar todo el año. En el invierno, Cerro Castor y su ski más austral del mundo y el Parque Nacional de Tierra del Fuego. Otoño, la lenga y su resplandor dorado. Primavera y verano, excelentes para actividades al aire libre. El Parque Tierra del Fuego es lindísimo y único, también uno de los lugares más lindos del mundo.

Segundo Lugar – Torres Del Paine – Chile

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Considero Torres del Paine el lugar más lindo del mundo. Pena que no pudimos conocerlo del todo, pero lo que vimos ya era suficiente. Simplemente lo más bello que ya había visto. Tan lindo que hasta casi nos quedábamos a dormir en la frontera. Es posible visitar el Parque Nacional Torres del Paine en cualquier momento del año, tomando los debidos cuidados con el clima. Es importante hacer por lo menos alguno de los trekkings disponibles porque es la mejor manera de visitar y conocer el lugar. A partir de Puerto Natales es posible acceder y hacer campings, etc. Hay muchas excursiones guiadas para poder caminar tranquilo por las Torres del Paine. Además uno debe reservar varios días aquí para conocer del todo a este parque fantástico.

Primer Lugar – Parque Nacional Los Glaciares – Glaciar Perito Moreno – Santa Cruz – Argentina

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El Parque Nacional Los Glaciares tiene algo que ningún lugar tiene y son los propios glaciares. Las inmensas masas de hielo que parecen ser estáticas y aburridas, de cierta forma, pero están en constante movimiento, crujiendo, gritando y irrumpiendo para decir que están ahí. Desde el Perito Moreno hasta Viedma, todos son espectaculares y traen un sensación que solo ahí se consigue. Es el lugar más diferente, en ese sentido. Es también accesible todo el año y es el lugar más fantástico de la Argentina, según la guía Lonely Planet – Argentina. Es accesible durante todo el año, pero durante el verano existe el fenómeno de la ruptura en todo su resplandor. Además, el clima es menos abrasivo y más agradable. Es muy bueno hacer las cuatro excursiones principales. La navegación por el Brazo Rico del Glaciar Perito Moreno. La navegación para los otros glaciares, Upsala, Spegazzini y el otro lado del Perito Moreno, conociendo los asustadores y impresionantes témpanos. Las famosas pasarelas con sus vistas panorámicas y buenísimas para observar las rupturas impresionantes del glaciar más famoso del mundo. Y por último, pero no peor, la fantástica experiencia de caminar por el Glaciar Perito Moreno y sentir el sabor puro de sus aguas en deshielo. Todas las experiencias ofrecen lo mejor de los glaciares.

Después de 9737 km por la Argentina y 12.686 km desde que partimos de Porto Alegre, 25 días de viajes, mostramos que pudimos concluir otro espectacular viaje por nuestro país. Y qué lindo que es. Cada vez que viajo por él me doy cuenta la suerte que tenemos nosotros argentinos de vivir en un país tan lindo y magnífico. Las aventuras, historias y risas quedarán para la historia y en nuestras memorias. Los Caldas siempre en el camino y como Spinetta diría «Por las rutas argentinas, rutas argentinas, rutas argentinas, hasta el fin». Las calcomanías de todos los lugares que pasamos llenaron  nuestro Thule y nos hacían recordar todo lo que pasamos, todos los lugares, las experiencias y aventuras. Muchas fotos y historias para contar. Pero como tiene que terminar, llegamos a casa con un sentimiento de meta cumplida, y en mi caso, de sueño hecho realidad. Sólo se que como comí varios Calafates voy a volver, no importa como, para conocer de nuevo estos lugares, los más lindos del mundo. Les recomiendo a todos que conozcan la Patagonia.

Por último les muestro el recorrido total de nuestro viaje, nuestra hazaña.

Recorrido Total

Este es mi última publicación por mucho tiempo, hasta que nuestra próxima aventura aparezca. De esa manera, quiero agradecer a todos los que nos acompañaron por la Patagonia. Gracias a todos los que participaron de nuestro viaje, como Cartuja, Cakis y Claudio en la parte técnica del auto y de nuestro equipo Thule. Gracias al señor Julio de Olavarría que nos ayudó mucho en el primer tramo al arreglar el nuestro sistema Thule. Gracias a Walter y su restaurante Cook, que nos sirvió las mejores empanadas de Villa La Angostura. Gracias a los que nos dieron direcciones y a los que escucharon nuestras historias. Gracias a todos los que nos ayudaron a construir y a aventurarnos por la Patagonia. Gracias a todos los hoteles por las buenas y malas noches. Gracias a los restaurantes que nos sirvieron comidas simpre argentinamente ricas. Gracias a los eternos amigos guanacos, pinguinos y lobos marinos y también a las ovejas que nos acompañaron por toda la travesía. Gracias a la más grande compañera del viaje, la VeraCruz, que sobrevivió estos miles de kilómetros, con ripio, asfalto, frío, calor, noches oscuras y balsas. Y por fin… Gracias a tí, Patagonia.

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14/01/16 – Cueva de Las Manos – Esquel

Salida: 9.20 h – Llegada: 16.45 h – Distancia: 620 km – Total acumulado: 7480 km

Cueva de las Manos - Esquel - Total

Esquel era nuestro nuevo destino. Comenzamos a subir por la Ruta 40, en dirección a la Región de los Lagos. Bariloche, Esquel, Villa La Angostura, San Martín de los Andes, entre otros son algunos de los destinos conocidos de esta región. Al lado de los Andes en el paralelo 40 a 35, son buenos lugares, húmedos y favorables para las grandes estaciones de ski del mundo.

Bueno, nos despertamos temprano, a las 7.30 h. Yo, por lo menos, quise despertarme a esa hora. Papá y Mamá, un poquito más temprano porque tenían que hacer las valijas. Yo ya la había hecho, entonces me di el lujo de despertarme más tarde. El desayuno estaba listo a las 8.00 h. Puntualmente, hasta cinco minutos antes (¿impresionante no?), estábamos sentados esperando el desayuno. Comimos rico, había poca variedad, pero lo que estaba disponible era bueno. Al rato, como estábamos bastante rápidos y ágiles, ya teníamos todo adentro del auto y listos para partir. Obviamente, todas las ceremonias de salida siempre presentes.

A las 9.20 h, estábamos de vuelta a la Ruta 40. Nuevamente, la estepa los guanacos y la soledad nos acompañaron en el camino. 60 kilómetros del hotel estaba Perito Moreno, donde cargamos nafta. Otro cambio que comenzamos a notar era la temperatura. Hoy fue el primer día de bermuda desde Comodoro Rivadavia. Como estábamos subiendo en latitud, ya se sentían los cambios. El viento Patagónico común ya era más liviano y menos abrasivo, lo que mostraba una vegetación más frondosa, más verde y abundante, una estepa fortalecida, digamos. La temperatura llegaba a los 25. Impresionante, para lo que veníamos pasando. Una observación, el sur no es frío, el tema es que el viento de los Andes crea una sensación térmica muy fría.

Y continuamos subiendo, siguiendo la línea de los Andes, con las rectas impresionantes de la Ruta 40. Después de 200 kilómetros pasamos por Río Mayo, Capital Nacional de la Esquila. A Agus le dio mucha pena el lugar porque las ovejas eran casi que veneradas por ella. Ovejas a parte, pasamos rápido por Río Mayo y seguimos camino hasta Gobernador Costa, después de un largo tramo de ripio. Allí, después de muchas estancias, vacas y guanacos, pusimos nafta y seguimos camino hasta 100 kilómetros después, Tecka.

En Tecka, comimos unos sandwiches, otra vez (íbamos a comer en un parador «La dulzura de Adry», pero cuando entramos, había un ambiente de cumpleaños o fiesta, entonces, creímos que estábamos en el lugar equivocado, fuimos directamente a YPF), y nos conectamos a Internet y tuvimos varias buenas noticias y después seguimos camino hasta Esquel, que eran 100 kilómetros más.

Llegamos a la ciudad a las 16.00 h. Ciudad también rodeada por las montañas, muy linda y organizada y primera gran ciudad desde Ushuaia. Acá había más estructura. Llegamos a los veinte minutos al hotel, donde Papá había alquilado una cabaña. Muy linda y bien equipada. Había un Quincho y varios juegos, nos hizo acordar la Quinta. La dueña nos había sugerido ir a Trevelin, pequeña ciudad a 25 km de Esquel, para tomar el llamado Té Galés. Como ya era hora de la merienda, Papá nos mandó rápido al auto y estábamos de vuelta recorriendo más rutas. Después de 620 km, íbamos a recorrer unos más.

Llegar a Trevelin fue rápido. Trevelin es una pequeña comunidad de origen galés, y el origen de su nombre es «pueblo del molino. No vimos ningún molino, pero bueno. En el centro, había un pequeño local de informaciones, Papá le explicó nuestra situación y le sugirieron ir a unas casas de té. Después de muchas vueltitas, encontramos la casa de té Mutisia. Nos sentamos y la mesa ya estaba toda preparada con las tazas, platitos, etc. La moza nos preguntó qué queríamos y nos sugirió el Té Galés. Es el conjunto del té con tortitas, scones, panes, etc. Como éramos cinco, y Gonzi estaba sólo para probar, pedimos cuatro té galeses, el tomaría una chocolatada.

Yo no estaba acostumbrado a todos aquellos platitos, cubiertos, para mí, lo bueno bueno, eran unos cereales con leche, pero bueno, íbamos a probar algo supuestamente bueno. Cuando llegó el bendito Té, vimos el tamaño de lo que sería nuestra merienda y posible cena. Tortitas, pancitos, manteca, azúcar y el té, pero parecía discreto en ese rejunte de cosas. Nos servimos. Papá tenía nostalgia de los tiempos que tomaba té con su madre y de sus fantásticos scones, que no tenían, en el caso de la casa de té, nada de especial, pero él estaba feliz. Probé las tortitas galesas, menos la que tenía pasas de uva. Todas muy ricas. El té también estaba muy bien, Papá y Agus le ponían toneladas de azúcar, pero a mí me gustaba tal como estaba. Todo muy bien y creo que arrasamos la mesa. Como había sobrado un poco, pedimos para llevar. Cuando terminamos volvimos al auto y retornamos a Esquel. En el hotel, como eran las 18.00, nos quedamos jugando al Sapo en el Quincho del hotel. Hubo ciertos contratiempos por parte de Gonzi, pero Agus y yo acabamos ganando. Papá y Mamá estaban usando la conexión disponible para resolver cuestiones del trabajo, etc. Fue momento de descanso. Aprovechamos y jugamos en los juegos de afuera, el sube y baja fue el mejor. Seguimos jugando por una hora. Agus decidió explorar una pequeña casa con juguetes para niños y jugó de ama de casa, debería haber sacado fotos de eso, disculpen pero imperdible la escena. Gonzi también entró en el juego y yo no tuve otra. Desordenamos toda la casita. Al rato, tuvimos que tener un lapso de consciencia y guardar todo.

Ya eran las 21.00 h y continuaban resolviendo cosas. A las 22.00 h salimos para ver si conseguíamos algo. Gonzi tenía un dolor de garganta, entonces, fuimos a la farmacia. Las cosas estaban cerrando, y no hubo otra que ir a un lugar y pedir unas comidas.

Volvimos al hotel y comimos nuestra cena. Yo me estaba durmiendo en pie, así que fui a mi habitación y caí en el sueño, Agus y Mamá se quedaron mirando una peli bosta de bosta y se quedaron despiertas hasta más tarde.

Mañana seguiremos nuestro comeback hacia Buenos Aires y haremos una parada de dos noches en Villa La Angostura. Veremos qué pasa.

13/01/16 – Cueva de las Manos – Miedo en el Cañadón 

Salida: 10.00 h – Llegada: 17.00 h – Distancia: 40 km – Total acumulado: 6860 km

Como teníamos un día entero para quedarnos acá en la Cueva de las Manos, nos despertamos a las 8.00 h. Cada uno se bañó y se preparó para el trekking que estaba por venir. La mayoría de visitantes va por Bajo Caracoles y sigue una ruta de ripio de 70 km. Existen otras vías de entrada hasta la Cueva de Las Manos, todas accesibles por auto, pero a través de largas rutas de ripio. Nuestro camino iba ser un poco diferente. El hotel queda en el lado opuesto del Cañadón Río Pinturas, evitando el viaje de auto para llegar hasta la Cueva de las Manos. Hay una ruta de ripio desde la Hostería Cueva de las Manos (nuestro hotel) de 18 km que nos llevaría hasta el punto de comienzo del trekking. El sendero baja el Cañadón, cruza el río por un puente colgante y después sube el Cañadón otra vez, hasta el centro de visitantes de Cueva de las Manos. Dificultad: media – Extensión: 2,5 km. Por lo que nos decían las recepcionistas, parecía fácil y bien organizado. Iba a ser un paseo diferente al de los otros. Obviamente, fuimos «bobinhos», inocentes los cinco hacia la aventura, que parecía fácil, pero iba a ser mucho más difícil.

Tardamos en prepararnos. Creyendo que íbamos a salir a las 9.00 h, nos atrasamos en el desayuno y salimos a las 10.00 h. Buscamos los sandwiches que iríamos a comer a la vuelta. Con lo colgadas que eran las recepcionistas, esperamos un ratito más, para conseguir las vianditas.

Partimos con la VeraCruz hacia la aventura. El camino podía estar peor. Con algunas piedras sueltas y con puntas igual a alfileres, la VeraCruz cruzaba la estepa patagónica sin problemas. Nosotros adentro, ya teníamos leves sospechas de que la cosa no estaba bien organizada. Había pocas indicaciones. El camino se hacía peor, con pendientes más inclinadas. El Thule se la aguantó sin problemas. Media hora tardamos para llegar después de pasar lentamente por muchos caballos y guanacos, además de varios choiques, todos nuestros compañeros de viaje de la Patagonia.

Al final, para nuestro alivio, había otros autos estacionados. Salimos del auto y contemplamos el inmenso Cañadón. Para abajo eran 200 metros de altura hasta la base, donde quedaba el Río Pinturas. Miramos para abajo y pensamos: ¿Cómo vamos a bajar todo esto? Ahí al lado había un cartel tirado en el piso que decía «Cueva de las Manos» y abajo una flechita.

El sendero comenzaba empinado. Dudas sólo dudas. Será que era realmente por ahí? Dudosos, bajamos los primeros metros. El sendero tenía muchas piedras sueltas, lo que dificultaba el descenso. Apenas hicimos los primeros metros, el sendero giraba en una curva cerrada hacia la derecha. Metros después, otra curva cerrada ahora hacia la izquierda. Cuando miramos hacia abajo, notamos el camino bajaba de esa manera, curvas cerradas intercaladas por pequeñas rectas. El camino sinuoso empeoraba por causa de los nervios, no sabíamos para dónde íbamos. Teníamos una noción de que estábamos en el lugar correcto porque en el lado opuesto del Cañadón, se veía la Cueva de las Manos. Entonces, tendríamos que bajar las inmensas paredes del Cañadón. El camino bajaba de esa manera loca hasta cruzar dos paredones de piedra separados. Mientras tanto, el camino tenía unas piedras grandes sueltas y algunas veces, uno de nosotros se resbalaba. Había mucha tensión en el ambiente. En compensación, el paisaje era espectacular. A cada diez segundos parábamos para sacar fotos, por eso íbamos lento. Otro tema que nos daba un miedito era el hecho que el sendero no estaba bien marcado, entonces, cada uno tomaba un camino diferente, que le pareciera más cómodo. Unos iban más lentos que otros y otros iban mucho más rápido. El sendero, para quien no conoce y sin indicación ninguna, era difícil. Continuamos bajando por las curvas sinuosas hasta que pasamos los paredones y el camino seguía ahora un tramo más rectilíneo, siguiendo la bajada menos inclinada del Cañadón. Las piedras sueltas persistían y los resbalos también. Seguimos camino por unos 600 metros de bajada hasta que llegamos a una zona plana donde descansamos un rato. Después de tomar agua y saciar nuestras gargantas, seguimos nuestro camino. De repente, una pendiente aparece en el sendero y tuvimos dudas, porque el sendero no estaba bien marcado otra vez. Seguimos por la pendiente, y el camino volvió a tomar las curvas sinuosas. Sólo que estas curvas eran más inclinadas y más difíciles con piedras sueltas y tierra resbaladiza. Bajamos lentamente por las curvas, con los nervios a flor de piel. Quedamos unos quince minutos bajando la pendiente, hasta que la pendiente se transformó en la planicie, en la base de Cañadón. Como estábamos cerca del Río Pinturas, había un pequeño bosque. Cruzamos el bosque y de repente aparece el puente colgante que tanto esperábamos. El puente cruzaba los 20 metros de ancho del río. Era todo de metal y tenía un cartel que decía «Capacidad Máxima 1 persona». Mamá decidió pasar primero. «Quédate acá, Gonzi, si me caigo por lo menos estás de este lado». Estábamos todos dudando, pero el río debería tener 50 centímetros de profundidad. Mamá cruzó con calma y llegó al otro lado sin problemas. Gonzi probó su suerte después. El puente se la aguantó bien, entonces, crucé con confianza. Fue la parte más divertida. Nos sentíamos Indiana Jones y por hablando en eso, el ambiente y el paisaje, para quien vio Indiana Jones, La Última Cruzada eran muy parecidos. Los desiertos secos y los cañadones que cercan alguna planicie.

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Seguimos camino. Ahora volvíamos a subir, y ya veíamos el centro de visitantes. Mientras caminábamos, Papá se mira la billetera y le pregunta a Mamá si había traído la plata, porque él no tenía mucho para pagar las entradas. Mamá no tenía nada… Bosta, tal vez tendríamos que volver todo para buscar la plata y los documentos. Nooooooo… Papá decía que tenía reales y que tal vez le aceptarían, pero otra vez estábamos en duda. No había otra que continuar, no íbamos a volver todo otra vez.

El camino no era tan empinado. Subimos hasta al pie de unas escaleras y después el camino seguía subiendo por el cañadón, pero con más calma. Hacía calor. Paramos para sacarnos las camperas y buzos porque no aguantábamos más. Aireados, continuamos el camino que hacía un giro a la izquierda y finalmente la última subida hasta el centro de visitantes. Llegamos, cansados y con la lengua afuera. Entramos al centro y preguntamos cuánto costaban las entradas para la visita guiada a las cuevas. El dinero dio justo para los cinco, porque Agus y Gonzi no tenían que pagar (en realidad, Agus tenía, pero con la historia que le contamos y con nuestras caras de pobrecitos y acabados, no nos cobró). Agus encima tenía unos pesitos de no see qué viaje y conseguimos pagar para todos. La visita guiada salía justo a ese momento, entonces fuimos a encontrarnos con la guía.

Juntando a la gente, la guía nos contó una introducción de lo que sería la visita a las cuevas. Al ratito, seguimos a la guía por 600 metros hasta la primer cueva. Fue ahí, las primeras manos en negativos aparecieron ante nuestros ojos y apenas miramos impresionados.

La Cueva de las Manos es un sitio arqueológico muy importante en la Argentina. Acá fueron encontradas las pinturas rupestres más antiguas de América Latina. En el paredón del Cañadón del Río Pinturas, muchas manos en negativo pintadas en la pared, además de dibujos de guanacos, choiques y otros símbolos. La Cueva de las Manos es Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1999. Por su valor y estado de conservación, las pinturas son impresionantes, y poseen 9000 años de edad. En este mismo, lugar estuvieron nuestros antepasados y dejaron sus marcas que hasta hoy existen. Por el lugar y las condiciones climáticas, las pinturas se conservaron y podrán conservarse por miles de años más. Entonces, permanecen intactas, pero el ambiente por si no lo cambian, porque si lo hicieran podrían perderse.

Bueno, continuamos camino contemplando maravillados las manos de color vivo en las paredes. Desde ocre, a rojo vivo, las manos llenaban las paredes. Además, la guía nos explicaba la representación de algunos guanacos en la cacería. En negro, blanco y amarillo, los guanacos y huemules aparecían en manadas, alrededor de las manos. Manos de diferentes tamaños, colores y una de seis dedos, inclusive. La historia sobre las pinturas era muy buena y Mamá y Gonzi eran los más curiosos del grupo. Era fantástico, con la linda vista, todas las manos y las pinturas conservadas por el tiempo. Era realmente algo de otro mundo, en realidad de otro tiempo. Después de la caminata con las vistas impresionantes, las manos parecían atraer nuestras miradas de una manera única. Era increíble. Y las pinturas sólo iban apareciendo, más y más. Nunca había visto tantas y tan bien conservadas. La pena es que uno no puede acercarse mucho porque hay unas rejas que impiden el acercamiento porque hubo muchos casos de vandalismo. Dañando las pinturas, sacando un pedazo de la piedra, haciendo grafitis al lado de las pinturas. Vale la pena hacer la visita. Después de una hora y media, volvimos al centro de visitantes, comimos los sandwiches de la hostería y nos preparamos mentalmente para la vuelta. Gonzi decía que no iba a aguantar y a Agus le dolían los pies, además, las suelas de las botas de Papá se habían roto. Puras quejas familiares.

A las 15.10 h, partimos por el mismo camino, pero ahora con menos dudas. Bajamos las escaleras y volvimos al bosque del río. Cruzamos el puente, y ahora subimos las pendientes. Subir era mucho más fácil que bajar, además el peso de la tensión era mucho menor. Ahora estábamos mucho más livianos. Subimos sin problemas. Llegamos al planicie y descansamos un ratito. Seguimos volviendo. La pendiente apareció, algunas arañas capetas por el camino, pero ningún problema ni nervios hasta ahí. La pendiente la subimos rápido. Después llegamos a la parte más difícil. Los dos paredones se erguían ante nosotros. Las curvas sinuosas también. Pero estábamos con energía, menos Papá que se sentaba en alguna piedra de tanto en tanto. Yo iba atrás del grupo por cualquier cosa. Gonzi comenzó a acelerar impresionantemente. En las curvas sinuosas, cada uno tomó un camino diferente otra vez. Cuando estábamos llegando al final, tomé un atajo y subiendo lo más rápido posible alcancé a Gonzi que estaba allá casi llegando. Corriendo y subiendo lo más rápido posible, porque Papá iba mucho más lento, entonces, él y yo habíamos quedado muy atrás. Corrí, subiendo las piedras y al final lo pasé y casi llegando primero. Gonzi reclamó, entonces baje la velocidad y decidí que él llegara primero. Todo esto era sólo para cargar un poco a Gonzi. Llegamos los dos. Después Mamá y Agus y al final Papá. Habíamos subido el Cañadón. Otra gran hazaña de los Caldas. Lo hicimos con todas las dificultades que enfrentamos. Cansados, contemplamos el nuestro camino, y el nuestro logro. Fue genial.

La VeraCruz, que estuvo esperándonos, salió de su lugar nuevamente, hacia la hostería otra vez. En al vuelta comentamos nuestra aventura a la Indiana Jones y cada situación que pasamos. Estuvo genial. Si hubiéramos venido en el auto hasta la Cueva no habría estado tan bueno. Fue una aventura diferente. Y mucho mejor que haberla hecho en auto. Y a pesar de haber sido un grupo desparejo y más lento que otros, hicimos el sendero, las dos veces en 50 minutos, diez minutos más que la media. Estábamos muy bien. La vuelta también fue rápida. Hicimos los 18 km de ripio y llegamos al hotel a las 17.00 h, muertos de cansancio del día que tuvimos. Pedimos unas aguas y nos bañamos en la habitación familiar. Unos dormían, mientras otros se refrescaban. Yo me dormí porque tardaban mucho. Día inolvidable, paisajes impresionantes y pinturas increíbles, algo más? Suficiente.

La cena, otra vez servida por las recepcionistas, fue a las 21.00 h y fue pollo a la pizza, a Gonzi le encantó. Decía «está muy bueno». Comimos y nos fuimos a dormir, yo por lo menos. Estaba con mucho cansancio acumulado.

Mañana nos dirigimos hacia Esquel. Puedo decir que Cueva de las Manos fue nuestra última parada para, digamos, visitar y conocer nuevos lugares. A partir de ahora, emprenderemos nuestra vuelta hacia Buenos Aires. Todavía estamos en la Patagonia y muchas cosas pueden pasar, pero ya nos comenzamos a despedir de la fantástica y inigualable Patagonia, nuestra casa por tantos días. Ya te comienzo a agradecer, gracias por tantos lugares espectaculares, que sigas encantando otras personas. Veremos lo que pasa mañana, es un tramo largo.