Día 7: Rumbo a Lisboa

Salimos tempranito desde el hotel rumbo al aeropuerto. El checkin fue sin demasiado sobresaltos, apenas la burocracia de siempre. Una hora y cuarenta minutos después aterrizamos en Amsterdam y después de 30 min de espera, era hora de embarcar rumbo a Lisboa. El piloto de KLM sobrevoló la ciudad a eso de las 15.30 h y abrió la puerta para miles de recuerdos. Hace siete años más o menos, dejábamos Lisboa ignorando si íbamos a volver algún, y si eso sucedería no sabíamos cuándo. Pensar que fue un inicio tan duro, con tantas diferencias, tantas distancias y hoy vuelvo sintiendo nostalgia. Apenas pisamos suelo portugués empiezan a surgir situaciones graciosas. De esas que te causan gracia porque hace mucho que no nos pasan pero que si pensás friamente: solo en Portugal. Marcos y Agus se ríen del acento, de las palabras diferentes…empiezan a surgir más y más recuerdos. Cargamos valijas y partimos rumbo a Cascais. Todo parece más o menos lo mismo. Algunas autopistas nuevas, los mismos edificios pero sin pintura. Muchos autos que no son tan nuevos como eran hace 7 años y llegamos a Cascais. La casa que alquilamos en muy linda y nos recibe una señora conversadora con mucha información que nos vendrá muy bien en estos días. Más tarde, pasamos por el supermercado para abastecer la heladera y vamos a cenar a un lugar que íbamos muchas veces. Cascais está medio vacía, taciturna. No sé si es la época del año, el clima o la crisis portuguesa. Veremos en estos días….

Días 5 y 6 – Berlín desde el ómnibus rojo

El 1 de enero desayunamos en el hotel y tomamos el subte hasta la Puerta de Brandeburgo (centro de la ciudad) desde donde salen varias líneas de ómnibus de recorridos turísticos. Tomamos el recorrido básico que dura casi dos horas para tener un panorama general de la ciudad. Cuando acabó el paseo, tomamos otra vez el subte hasta el Museo de Tecnología (http://www.sdtb.de/Englisch.55.0.html) Para ser sincera, el museo es enorme, muy detallado y moderno, pero había muchos motores, mucho tren y barco y avión, que a mí no me interesó demasiado. Pero los hombres de la familia se divirtieron un montón. Emprendimos el camino de vuelta y cenamos en un restaurante italiano. Al día siguiente, el programa fue parecido, solo que empezamos visitando Checkpoint Charlie. Hoy es un Museo pero era la entrada a la zona americana cuando Berlín fue dividida en 4 partes y surgió el muro de Berlín. Lleno de historias tristes, aberrantes, desesperadas con gente tratando de huir. Había mucho material para leer e información para procesar. Al salir de este museo, subimos al ómnibus y recorridos la zona más suburbana de Berlín. Pasamos por los restos del muro pero ya no había tiempo suficiente para bajarnos. En el viaje de vuelta, paramos en la Torre de televisión. Tiene un ascensor y da para ver toda la ciudad. Había más de 200 personas antes así que compramos las entradas, fuimos a comer algo y volvimos más tarde a realizar la visita. Después de cenar volvimos al hotel para preparar las valijas porque al día siguiente, 3 de enero, partíamos rumbo a Lisboa.

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Día 3 – Primer paseo por Berlín

Nos levantamos tarde según el horario local pero temprano si consideramos nuestro reloj interno. La diferencia horaria es de 4 horas con Buenos Aires. Filipe se demoró respondiendo mensajes y cuando llegamos al café del hotel, la empleada nos miró incrédula: -Es hora de almorzar y no de desayunar.

Ok. Todo dicho, salimos a la calle. El día está nublado y nieva. El plan es visitar el Museo de Ciencias Naturales (http://www.naturkundemuseum-berlin.de/en/). Bajamos a la estación del subte que queda a algunos pasos del hotel. En Berlín, la idea es aprovechar las ventajas de un sistema de transporte que funciona. En la Berlin Friedrichstraße station buscamos cómo comprar pasajes y descubrimos las máquinas expendedoras. El pago se hace en monedas o tarjeta en esa máquina. Nada de aceptar la tarjeta. Los mensajes en español desaparecen. La máquina tiene el tupé de rechazarnos en alemán. -Não há problema, dice Filipe, y subimos los cinco sin pagar el subte. ¡¿Cómo!? No es posible… Marcos y Agus se miran perplejos y me miran. No, no está bien. Salimos dos estaciones después y veo un café simpático (http://www.balzaccoffee.com/). Decidimos entrar a comer algo. Unas tortas, café y chocolate caliente nos dejan listos para empezar la actividad. El Museo está a unos 150 m de la estación. Gonzalo protesta que tiene frío. Llora que no quiere venir a Alemania, que él quiere ir a Brasil. El paseo por el museo es muy interesante. Nos recibe un esqueleto de dinosaurio gigante. Hay muchas personas que se refugian en el museo en un día como este. Paseamos, conversamos, sacamos fotos. La visita vale la pena. Dos horas y media más tarde, volvemos a la calle. Otra vez el subte… Solo que esta vez, la máquina acepta billetes. Alivio, tenemos pasaje. Ya no nos sentimos tan sudacas. Con un precio único, podemos entrar y salir del subte todas las veces que querramos. ¿Cuándo habrá uno de estos sistemas en Rio? La gente no se empuja, no te aplasta. Esperan que unos salgan para que otros entren. Bajamos cerca del Sony Center donde se encuentra el Legoland Discovery Centre – Berlín (http://www.legolanddiscoverycentre.de/berlin/). Nada que se compare a los otros parques Lego. Se trata apenas de varias construcciones detalladas y cuidadosas típicas de la marca. De esas que te dejan la boca abierta por la cantidad de detalles. Hay un paseíto medieval en un dragoncito que dura unos 3 min. Alguien llama a José Filipe por el altavoz. Hmmm. Nos acercamos a ver qué quieren. Resulta que Filipe dejó la tarjeta de crédito cuando hizo el pago. Zafamos. Terminamos el paseíto rápido y volvemos al subte. Más quejas de Gonzi. Es obvio que tiene frío y está cansado. Salimos en la estación Unter den Linden para ir al Museo de Madame Tussauds (http://www.madametussauds.com/berlin/). La visita es rápida después de haber sacado algunas fotos. Agus está decepcionada. Es que la estatua de Justin Bieber no se parece mucho a la que ella tiene registrada en su cabeza. Dicen que es del 2011 y el muchacho medía como 5 cm menos. Desde el museo, caminamos 2 cuadras hasta la Puerta de Brandenburgo. Está lloviendo y Gonzi sigue protestando. Otra vez el subte camino al hotel. ¡Esta tarjeta rinde mucho! Salimos a 150 m del hotel y encontramos un lugar para almorzar/cenar. Nadie entiende que los niños a los 5 años tienen hambre, cansancio y frío. Después de comer, Gonzi se duerme. Era obvio. Tenemos que llevarlo en brazos hasta el hotel. Tal vez sirva para quemar algunas calorías. De vuelta en el hotel, cada uno va a su cuarto a descansar. Yo escribo y llamo a ver si Gonzi está durmiendo. Él me atiende muerto de risa. –No, mamá. Estoy jugando. No tengo sueño- y me corta. Los niños de 5 años son super activos: basta un poco de sueño para volver a la actividad.

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