Día 4 – Último día del año en Berlín

Otra vez nos levantamos tarde. Es complicado, sobre todo para Gonzi.  Desayunamos en un Mc Café en la estación de trenes cerca del hotel. 99% de los empleados que nos atienden hablan inglés. El ritmo en las estaciones de tren y de subte es más acelerado. Hay personas con valijas por todas partes. El día anterior, de pura casualidad, habíamos charlado sobre qué sucedía si alguien se perdía. Nuestra teoría es que quien quedaba para atrás quedaba en el lugar y quien se fue vuelve atrás en la siguiente estación. Fue suerte, porque en el primer tren de superficie que tomamos todos entran y las puertas se traban encima de Agus. La campera queda atrapada en la puerta y Marcos, haciendo señas del lado de afuera. En la siguiente estación, todos los bajamos. Filipe repetía que Marcos sabía el proceso y que nada era para asustarse. Nosotros esperamos y él va a buscarlo. Gonzi lloriquea… perdimos a Marcos. Pasa un tren y nada. Llega el segundo trayendo a Marcos y a Filipe. Fue una suerte. Ahora tendremos más cuidado. Caminamos bastante bajo la lluvia y entramos a un shopping. Estamos buscando una miniatura de Berlín  (http://www.loxx-berlin.de/). El lugar es muy interesante. La ciudad está representada en escala, llena de detalles y escenas divertidas. Es posible activar algunas luces, trenes y hasta un globo. Está representado el día y la noche. La ciudad incluye el aeropuerto…. muy detallado. En toda esta vuelta, no habíamos notado la fábrica de chocolates. Apretás un botón, se activa un mecanismo y chachan… aparece un chocolatito. Los Caldas enloquecen. La maquinita expulsa uno, dos, tres y cuatro chocolates. Otro para Gonzi. Otro para Agus. Saquemos a Gonzi de acá antes de que nos echen…

Atravesamos el shopping. Son cerca de las 14.30 h y el shopping está por cerrar. Todos corren a algún lugar. Caminamos otro poco bajo la lluvia. Subimos al subte otra vez. Vamos al AquaDom (http://www.visitsealife.com/berlin/en/). Un acuario más pero con una particularidad: el tanque tiene un ascensor en el centro y es posible subir por el medio de la masa de agua. Sigo encantada con el Acuario de Lisboa. No creo que haya otro igual. Cuando salimos del acuario ya está oscuro y tenemos que volver al hotel. No estamos seguros si tenemos algún lugar donde pasar el Año Nuevo porque el Concierge del hotel dijo que sería difícil encontrar reservas con tan poca anticipación. Llegamos agotados después de un viajecito en tranvía. En nuestra habitación, hay una nota indicando que podemos ir a cenar a un restaurante llamado Aigner (http://www.aigner-gendarmenmarkt.de/), típico alemán, a unas 9 cuadras del hotel. Decidimos ir vestidos de manera simple, después de todo, sobre extranjeros. Vamos al restaurante en subte. Cuando llegamos, encontramos que el ambiente es super formal y que todo está decorado con globos de helio blancos y dorados. El menú incluye SIETE platos de comidas muy elegantes, de esas que ocupan un platito chiquito y tienen gusto raro. Los chicos reclaman y se ríen cada vez que nos sirven algo. Pasan los platos, pasan las horas. La decoración de la mesa incluye un cohete de papel. En otra mesa tienen una idea genial: juntar el cohete a los globos. Agus mejora la idea… todos nos miran. Los chicos se ríen. Otros chicos empiezan a agarrar los globos. Todo queda media desordenado y nos reímos. Cerca de la medianoche, muchas familias se van. Nosotros decidimos quedarnos pero cuando empiezan los fuegos artificiales, no hay cómo resistir. Vamos a la calle. El cielo se ilumina con tantos fuegos. Da un poco de miedo porque en la calle a nuestro lado también están tirando petardos y cosas. La gente está tomando mucho en la calle y el clima es tenso. Hay policía. Después de un rato, vamos al hotel en subte. Es increíble la cantidad de personas que viajan en esta noche. De todas formas, todo está ordenado y hay policía y guardas en las estaciones. Todo se ve un poco sucio y en la calle hay gritos, corridas y escenas típicas de cuando la gente toma de más. Al llegar al hotel, el clima también está animado. Cada uno a su cuarto pero con tanto ruido en la calle es imposible dormir.

¡Feliz Año para todos!

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