Llegó el almuerzo en las típicas bandejitas. Todo hecho de plástico (vasos, tenedores, platos, bandeja). Todo es azul y blanco. La comida estaba rica y el servicio de Copa, super atento. Pocos minutos después de terminar la comida, pasan y retiran la basura.
Unos minutos después, Gonzalo busca uno de los auriculares inalámbricos y no lo encuentra. Se levanta, se sienta, se agacha, mira abajo de los asientos. Me cuenta. Estamos preocupados. Usa la función del celular que localiza el dispositivo y nada. Ningún bip.
―Ma, me parece que se fue con la basura en la bandeja.
Todos ponen cara de susto. No es posible. Que sí, que no. Nadie quiere ni preguntar. Pasa el comisario de bordo y le cuento nuestra sospecha.
―Te parece que podemos ir a ver si está en la basura?
―Ok, tenemos que terminar de hacer unas cosas y les aviso.
Pasan unos 30 minutos. El señor me dice que pueden ocuparse ahora y llama a Gonzalo.
Activan la función de localización y empieza el bip, bip. Unas bandejas para arriba, no para el costado, más para allá y entonces… la tecnología funciona!
Allí, solito junto a varias servilletas apretujadas, el auricular saluda y Gonzalo sonríe. Qué alivio!
