Hoy el día empezó tarde. Estamos cansados fisicamente después de muchos días de caminar y caminar. Hoy el paseo va a ser de auto. Estamos cargando nafta y preparándonos para unos cuantos kilómetros por delante.
Marcos limpiando vidrios en la estación de servicios
15 h. Primera parada. Jamison Lookout.
15:44 h Salimos de Lincolns Rock. La vista te corta la respiración y el cortisol aumenta cuando los turistas de exponen a sacar fotos bien al borde del abismo.
17:40 h Después de un almuerzo rápido en Leura, paramos en Olympian Rock. Parece una imagen salida de una película: increíblemente vasto, verde y exuberante.
Olympian Rock
La última parada fue en Three Sisters. Enorme, imponente, silencioso. Después de caminar un poco, hicimos el camino de vuelta. Todos cansados. Los jóvenes planeaban su ida al centro mañana paea poder ver los fungos artificiales de An̈o Nuevo en Sydney.
El lunes amaneció con lluvia, mucha lluvia. Y viento, mucho viento. Internet en la habitación no era ninguna belleza. Esperamos un poco y, como pintaba seguir lloviendo, fuimos a desayunar a un Starbucks acá cerquita.
Pasamos por el hall del hotel y nos explicaron que no había muchas propuestas de actividades los días de lluvia. Sin más opciones, volvimos al cuarto. Filipe se puso a trabajar y yo empecé mi plan de recarga de baterías (siesta!!).
Salimos a almorzar bastante tarde. Hacía frío. Siguiendo las recomendaciones del mapa local, estábamos buscando un lugar llamado The Hogfish. Waze no nos avisó que para llegar tendríamos que pasar por unas calles inundadas. Sí, inundadas como cuando en Tigre sube la marea y los autos esperan en la esquina para que el que está justo en frente pase por el medio de la calle. Estamos con un auto alquilado muy bajito y Filipe no tuvo miedo en meterse por el medio, para que sea más seguro, claro.
Comimos super rico, pescado, camarones y la torta de limón típica de acá. El resto del día fueron pelis y siesta y muchas buenas energías para que parara de llover. A la tardecita caminamos por el centro antiguo de Key West. Nos agarró la lluvia y tuvimos que pegar la vuelta.
El martes amaneció con sol. ¡Aleluya! Filipe trabajó un poco y, para variar, salimos tarde. Esta vez paseamos por varios puntos de la ciudad. Todo es extremamente limpio y organizado. Un defecto: es muy difícil encontrar estacionamiento.
Paramos en un fuerte y recorrimos un poco la ciudad. Cuando pudimos estacionar visitamos la casa y museo de Ernest Hemingway. La casa fue construida en 1851 y tiene estilo colonial. Hemingway vivió ahí con su esposa Pauline desde 1931 hasta 1939. Cuentan que, en ese período, Hemingway escribió algunas de sus obras más reconocidas. La casa también es famosa por sus gatos, descendientes del gato original de Hemingway. La casa es un museo abierto al público, donde se pueden ver los muebles originales y explorar los jardines donde viven más de cuarenta gatos (no ví los cuarenta pero eran unos cuantos).
Subimos al auto y fuimos a visitar el Museo de Arte e Historia de Key West, ubicado en el antiguo edificio de la Aduana. Nos atendió una señora sumamente amable. Es un edificio de cuatro pisos que desentona con las casitas bajas de madera. Fue construido originalmente en 1891, albergaba la oficina de aduanas, el servicio postal y los tribunales del distrito de la isla. Ahí pudimos conocer un poco más sobre la construcción de los puentes que unen a las islas y el antiguo ferrocarril que iba desde Miami a Key West.
Todo fue el sueño de un tal Henry Flagler, industrial estadounidense y cofundador de la Standard Oil Company. A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, Flagler resolvió extender el ferrocarril Florida East Coast Railway hasta Key West.
Este señor asumió el costo del proyecto conocido como el Overseas Railroad, que comenzó en 1905 y se completó en 1912. Fue excelente mientras duró. No se puede creer que la gente viajaba hasta Key West y después tomaba el ferry para ir a Cuba. Lamentablemente, el ferrocarril fue parcialmente destruido por un ciclón en 1935. La infraestructura del ferrocarril fue vendida al estado de Florida, que utilizó los puentes y vías para construir la carretera Overseas Highway.
Me encantó conocer esa parte de la historia. Es decir, cómo fue que construyeron tantos puentes entre las islas.
Después caminamos por el antiguo puerto y almorzamos en un restaurante cerca del mar (Conch Republic Seafood Company). Obviamente, comimos pescado y frutos de mar. ¡Excelente!
El tercer y último día por acá, salimos a pasear por la ciudad, mapa en mano. Paramos en un fuerte y visitamos un conservatorio de mariposas sorprendente (Key West Butterfly and Nature Conservatory) donde conviven muchísimas especies de mariposas y pájaros. Después seguimos hasta el museo de historia natural Florida Keys Eco-Discovery Center. Caminamos al solcito por un parque casi vacío junto al mar y corrimos al último museo: Mel Fisher Maritime Museum. La familia Fisher dedicó años a buscar un barco español que naufragó por estos pagos. Lo encontraron y se hicieron archi millonarios. En el proceso, encontraron otros objetos bajo el mar. El museo cuenta un poco la historia a partir de los objetos encontrados. Mucha información sobre la colonización española y el tráfico de esclavos. Nos sorprendió la calidad de las presentaciones y la organización del museo. 5 estrellas y definitivamente, una sorpresa. Cenamos en un restaurante italiano (Antonia’s) y caminamos de regreso al auto. Ahora, toca preparar las valijas porque mañana nos vamos tempranito a Miami.
El 1 de enero desayunamos en el hotel y tomamos el subte hasta la Puerta de Brandeburgo (centro de la ciudad) desde donde salen varias líneas de ómnibus de recorridos turísticos. Tomamos el recorrido básico que dura casi dos horas para tener un panorama general de la ciudad. Cuando acabó el paseo, tomamos otra vez el subte hasta el Museo de Tecnología (http://www.sdtb.de/Englisch.55.0.html) Para ser sincera, el museo es enorme, muy detallado y moderno, pero había muchos motores, mucho tren y barco y avión, que a mí no me interesó demasiado. Pero los hombres de la familia se divirtieron un montón. Emprendimos el camino de vuelta y cenamos en un restaurante italiano. Al día siguiente, el programa fue parecido, solo que empezamos visitando Checkpoint Charlie. Hoy es un Museo pero era la entrada a la zona americana cuando Berlín fue dividida en 4 partes y surgió el muro de Berlín. Lleno de historias tristes, aberrantes, desesperadas con gente tratando de huir. Había mucho material para leer e información para procesar. Al salir de este museo, subimos al ómnibus y recorridos la zona más suburbana de Berlín. Pasamos por los restos del muro pero ya no había tiempo suficiente para bajarnos. En el viaje de vuelta, paramos en la Torre de televisión. Tiene un ascensor y da para ver toda la ciudad. Había más de 200 personas antes así que compramos las entradas, fuimos a comer algo y volvimos más tarde a realizar la visita. Después de cenar volvimos al hotel para preparar las valijas porque al día siguiente, 3 de enero, partíamos rumbo a Lisboa.