A puro sol

Ayer fue un día de puro sol aunque siempre sopla un vientito frío y de entrar al mar, ni hablar para mí. Fuimos a Solanas. La playa es amplia y no hay kioscos, ni vendedores, ni música. Los chicos construyeron una muralla que Gonzalo se ocupó de derribar, pero hasta ese momento, puso su lancha a navegar, saltó dentro de la «pilechi» y llenó la cabeza de todo el mundo con arena. Almorzamos en el tal lugar de las medialunas otra vez y después de un paseíto, volvimos al hotel. Esta vez, los chicos alquilaron una bici doble que, a pesar de estar medio destartalada, les dio un montón de historias para contar. Al principio, Gonzalo se sentó en el medio de los dos y según lo que contaron, solo gritaba: Corre, Marcos, corre. De lejos, apenas se veían sus piecitos colgando y la cabecita. Él quería quedarse en la bici, pero los chicos reclamaban que no podían andar muy rápido con él. Convencí a Gonzi a ir a la  sala de juegos mientras Marcos y Agus subían y bajaban las callecitas alrededor del hotel. Mientras él armaba bloques, me sorprendió la facilidad con que los padres dejaban a sus hijos en la sala de juegos. «Me voy a jugar al tenis y vuelvo, chau». Y los nenes con cara de pocos amigos hacían la vida de la niñera un infierno. «¿Vamos a pintar?», «No», «¿Querés hacer un collar?», «No», «Por favor, vamos a la playita», dice otra nena. «Estuvimos todo el día acá encerrados». Sin palabras.

Un poco después, Marcos se fue a jugar al tenis con Filipe mientras Agus, Gonzi y yo subimos a cambiarnos. Después de un baño demorado, Gonzalo durmió una siestita y Agus y yo miramos tele. A la noche, fuimos a Punta Shopping. Nada recomendable; pasillos angostos llenos de gente y locales poco interesantes. Cenamos en un lugar muy lindo en la puerta del shopping (Don Peperone Restaurante). Gonzalo comió y se durmió. Creo que le exigimos mucho al enano, pero él no se queja.

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Día de trabajo

El jueves a la noche fuimos a cenar a un restaurante en el centro de Punta del Este (http://www.eljovenmarino.com).  Había mucho tráfico y demoramos en llegar. La comida es excelente y las dosis son enormes. Carito… terminamos volviendo al hotel a la 1 h. La parte complicada es que el viernes tenía que entregar un trabajo. Me costó un montón levantarme a las 6 h. Las palabras se multiplicaban y parecía que avanzaba muy lento. Cuando todos se levantaron, fuimos a desayunar. Después, Filipe se fue con los chicos al mini-golf y yo me senté a trabajar otra vez. Se hizo el mediodía y empezó la tarde. Los chicos miraban tele y comían galletitas. Sí, suena cruel, pero el tiempo pasaba y tenía que terminar. El cliente ya me había escrito preguntando a qué hora mandaba el material y tenía que terminar. A las 16 h ví con felicidad cómo salían los 11 archivos y entraba la confirmación del cliente. A esa hora la mejor opción era tomar una merienda muy completa. Paramos en un lugar que se llama ML calentitas. ¡Muy recomendable, aunque creo que a esa hora todo venía bien! (http://www.medialunascalentitas.com/) Comimos muy rico y los mozos fueron muy simpáticos y mientras esperábamos, ¡nos dieron medialunas gratis! Calentitas como dice su nombre, casi tan ricas como las del Atalaya. Con los chicos nos quedamos comparando cuáles eran las mejores medialunas hasta que llegó la comida. Es la memoria gastronómica… es increíble cómo los recuerdos vienen lleno de olores, colores, sonidos… y ¡comida! Jajaja. Después de merendar, dimos una vuelta en auto hasta Punta Ballenas. La vista es increíble y la casa de Paez Villaró, un pendiente para un viaje con más tiempo. La construcción blanca con picos y entradas trepando por la ladera parecía una construcción de Gaudí en Barcelona y el mar rompiendo sobre las piedras con un mar de color azul oscuro parecía una copia de Guincho, en Lisboa. Parece que cada vez que tenemos un ratito, todos (nosotros cuatro porque Gonzi todavía no participa de esa charla) andamos por los caminos recorridos y pasamos las páginas de lindos momentos. Y entre charla y comida y risas y payasadas de Gonzi, Marcos empezó a sonreír. Volvimos al hotel y todavía había sol. Mucho sol. Marcos propuso dar una vuelta en canoa en el lago que hay frente al hotel. Gonzalo estaba ansioso por estrenar su pala y balde, así que corrió atrás de Marcos para construir alguna cosa en la playa. Se murieron de risa con Filipe dando instrucciones sobre remo y después, Marcos y Agus se cansaron navegando solos.  Yo tenía frío así que cuando terminó el paseo, me fui a la pileta climatizada con Agus. Los hombres de la casa resistieron en la playa haciendo un túnel y no sé qué más. Después de una hora, llegaron a buscarnos y Gonzi saltó a la pileta. Nos quedamos un rato en remojo y salimos. Ya era muy tarde. Cenamos en el hotel, pero otra vez se había hecho muy tarde.

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Día de sol

Hoy nos levantamos tarde y corrimos a desayunar. Enseguidita nos fuimos a Chihuahua. El hotel había dicho que allá nos daban sillas y sombrillas. Mentira total! La gente del lugar no tenía ni idea de qué estabamos hablando. Baño, sol, almuerzo en la playa y vuelta al hotel. Nos metimos en la pileta, que es enorme y aunque parezca raro, no había nadie. Al llegar al cuarto, nos esperaba una fuente de frutas y una carta de disculpas. Lindo gesto de parte del hotel. Ahora nos estamos preparando para salir a cenar.

Gonzi descansando antes de saltar otra vez al mar.

Punta del Este, acá estamos

Almuerzo en Piriápolis

Después de pasar por tres locales, Filipe consiguió sustituir la tapa de la luz del rack y a las 12.20 h partimos rumbo a Piriápolis. Almorzamos en un restaurante de mariscos (muy ricos  – Puertito Don Anselmo si alguna vez deciden ir) y más tarde seguimos hasta Punta del Este. Llegamos casi a las 17.30 h. Nos instalamos en el hotel y fuimos a la playa (Solanas). Tenemos que ir en auto porque no es muy cerca. Cuando llegamos, Gonzi parecía enloquecido. Corría por la playa y se mojaba. El tiempo estaba lindo pero había un poquito de viento. No estaba para entrar al mar pero él estaba muy feliz. Me puse a pensar cuándo fue la primera vez que ví el mar. No me acuerdo. Habrá sido como Gonzalo? Con esa felicidad? Después de una hora de playa, volvimos al hotel. Paseamos por los jardines y chusmeamos un poco el lugar. Volvimos a bañarnos y decidimos cenar en el hotel. Camino al restaurante, Gonzi empezó a llorar. Estaba muerto de sueño. Me volví a la habitación con él y se durmió al llegar al cuarto. Aprovecho para dejar este relato. Mañana subo fotos! Prometido. Besos.