Día 5: Tupungato

Espero que los Reyes Magos les hayan dejado sorpresas en los zapatos. Por acá, les cuento un secreto: los Reyes no pasaron.

Nos levantamos tarde, con un sol espectacular. Después de desayunar, salimos a pasear de auto. Otra vez la protesta general, que siempre lo mismo, que era aburrido, para qué, por qué, cuándo… Filipe tenía curiosidad de conocer una posada boutique y no tuvo mejor idea que parar a visitarla. Entramos a las Bodegas Nieto Senetiner, donde se encuentra una Posada Boutique espectacular: Entre cielo. (100% ajena a la realidad de niños corriendo o adolescentes dando vueltas). Con la mayor caradurez, Filipe dijo que quería conocer el lugar para una posible visita en el futuro y como comentó  que los viernes toman ese vino con sus amigos, la Gerente le regaló una botella de vino rosado.

Protestas aparte, seguimos hasta Tupungato, a unos 80 km de Luján de Cuyo. La ruta es espectacular, casi sin tráfico y el paisaje es una postal en vivo y en directo. Es obvio que quien vive de la tierra establece otro vínculo con su mundo. Hay árboles, hay verde, hay pájaros, hay silencio… Llegando a Tupungato se ven el volcán del mismo nombre y otro a su lado, el Tupungatito. Esta vez, entramos a otra bodega a almorzar: Salentein. El restaurante es una estructura de hormigón muy moderna, con obras de arte y ambiente silencioso. Nada adecuado para Gonzalo, que canta todo el tiempo Call me, baby o pide que su comida sea servida con quechupi (ketchup). Almorzamos y recorrido el lugar con el auto porque ya se había terminado el horario de visitas. Dentro del espacio de los viñedos, visitamos una iglesia muy sobria, también de hormigón y esculturas de metal, en honor a la Virgen de Carrodilla, patrona de los viñedos. En el camino de regreso, mientras Filipe aceleraba a más de 130 km/h, el resto de la familia Caldas durmió.

Próximos planes: Rafting y después seguir viaje rumbo a Maitencillo, Chile.

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Día 4: Mendoza – Tierra del vino

Hoy fue el día del vino. Visitamos la vinícola Familia Zuccardi. La visita fue super interesante y después siguió una degustación de vinos. No hay mucho que les pueda explicar porque tomar vino no es mi fuerte. Me encantó Cosecha tardía, tal como recomendaban las mujeres de mi familia. Jajaja.  El almuerzo en el restaurante de la bodega fue impecable, con más degustación. El servicio, espectacular; el lugar, casi mágico (o fue el vino). Después del almuerzo, pasamos por el Museo del Vino en la Bodega Rufini. La visita ya había empezado y lo poco que escuchamos fue muy interesante. El guía se refería más al proceso antiguo de producción del vino y cómo se realizaba en la actualidad. No les puedo explicar la cara de los chicos que ya de oler vino, empezaban a protestar. Volvimos al hotel y nos tocó pileta y cena un poco más temprano que los últimos días.

Día 3: Mendoza – Paseo por la ciudad

Entre una cosa y otra, terminamos saliendo tarde del hotel (para variar, ¿no?) Filipe decidió que era mejor sacar el baúl y el rack y fue una excelente decisión. Estacionamos el auto frente a la Plaza San Martín, donde hay una réplica del monumento a San Martín que todos vemos cerca de River. Después caminamos hasta otra plaza y seguimos andando por la Peatonal Sarmiento, donde paramos a almorzar. Los chicos protestaron todo el tiempo, que no era divertido, que hacía calor, que había solo plazas y plazas.  Mientras almorzamos, nos sorprendió la cantidad de gente que pasó pidiendo limosna o vendiendo estampitas. Me encanta el silencio de la ciudad, en contraposición con el barullo de Río, la calma de las personas, la educación… tal vez esté equivocada pero es lo que vivimos mientras paseamos y ya saben, no debemos generalizar, pero es la percepción que me llevo de Mendoza. Volvimos al auto y partimos rumbo al Parque General San Martín, creado después de un enorme terremoto con el objetivo de poblar esa zona de la ciudad. Para eso, llamaron al paisajista Carlos Thays… el mismo que diseñó el Parque 9 de Julio y el Jardín Botánico. Cerca del Parque, se encuentra el Cerro de la Gloria, donde se levanta el Monumento al Ejército de los Andes tan representativo de la ciudad. El lugar es impresionante. Es una pena que Marcos, Agus y obviamente, Gonzalo no tengan noción de la importancia del lugar.

Después del paseo, volvimos al hotel.

 

 

 

 

Día 2: Potrero de Funes – Mendoza

20130103 San Luis-MendozaEl gerente del hotel nos trajo una bandeja con el desayuno y después de subir otra vez las valijas al auto, partimos rumbo a San Luis. Pasamos por una zona llamada La Punta, donde hay una réplica del Cabildo de 1810 y donde se encuentra el Parque Astronómico La Punta (http://www.palp.edu.ar). Participamos de la presentación en el planetario y visitamos todo lo que pudimos. Ya eran más de las 14 h pero preferimos ir a almorzar a San Luis. Llegamos a la capital de la provincia en 40 min y estaba todo cerrado. Claro, era la hora de la siesta y se ve que se respeta a rajatablas. Después de almorzar, visitamos la Plaza Pringles. Típica plaza de interior, con la catedral, los barcitos, los chicos tomando helado y los perros tirados al sol. La iglesia es impresionante pero no pudimos entrar por la hora. Como les dije, tiempo de siesta. Según se comenta, el General San Martín ataba su caballo en el quebracho emplazado en el costado sur, cuando pernoctaba en el solar que era el de la casa del gobernador Dupuy antes que lo donara para la iglesia. Poco después, partimos rumbo a Mendoza. La autopista es excelente y apenas nos pararon para controlar qué había en el baúl de acuerdo con las exigencias sanitarias. El hotel forma parte de un centro muy moderno, con casino y restaurantes. Estábamos cansados, así que cenamos y nos fuimos a dormir. Las fotos vienen después.

Datos interesantes: Distancia recorrida: 277 km

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Día 1: Buenos Aires – San Luis

Conseguimos salir en el horario combinado el 2 de enero. A las 9.30 h estábamos en el Camino del Buen Ayre y a las 10.00 h estábamos parando. La puerta trasera estaba mal cerrada así que tuvimos que bajar mitad de las valijas para corregir la situación. La ruta hasta Potrero de Funes es excelente. Hay pocas estaciones de servicio pero no había casi tráfico. Nos costó mucho encontrar un lugar donde almorzar así que nos conformamos con unos sandwiches. Gonzi durmió mucho y creo que Marcos y Agus, también lo hicieron. Llegamos a Potrero de Funes a las 18.30 h. El hotel era muy simple y chiquito. Tenía pileta así que tratamos de nadar un poco. Gonzi se tiró de un salto y Agus, de a poquito. Yo solo me mojé los pies por razones obvias: tenía frío. Era complicado salir a cenar. Caminamos hasta un lugar que nos recomendó el gerente del hotel donde compramos empanadas. Nos fuimos a dormir temprano después de 866 km de viaje.

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