Salimos de Paraná cerca de las 11.30 h. El primer tramo fue bastante bien aunque la policía caminera nos para constantemente. Es siempre lo mismo, piden los papeles y comentan sobre el baúl. Después de Chile, perdimos una de las luces, entonces el reclamo es que hay que arreglar la luz. Las condiciones empiezan a empeorar. El asfalto está quebrado y con placas irregulares. Por momentos, el auto da unos saltitos. Cerca de Federal, la luz de la reserva de nafta se prendió. Las dos estaciones YPF que habíamos pasado, no tenían combustibles. Entramos a un pueblito y San Antonio nos salvó. Era el nombre del puestito que nos llenó el tanque. Cargamos 73 litros siendo que la capacidad total del tanque es de 78. Más policía, un bombero que nos vende un kit de prevención de accidentes y de repente un pozo feo. Ruidos extraños nos obligan a parar. El último golpe se llevó las luces del rack… completas. No queda nada ahora. Seguimos viaje… llegamos a San Jaime de la Frontera y son como las 14.30 h. Todo cerrado y hay que almorzar. Detectamos un restaurante vacío pero con un cartel que dice: ABIERTO. Estamos salvados aunque el baño local sea un desastre. Hay una única persona que dice que solo tiene bifes con papas fritas. Jajaja. El tiempo no pasa. La ruta es una línea gris que brilla allá a los lejos. Gonzalo me pide ver «El gato con botas» por segunda vez en este tramo. Ya no sabemos cómo sentarnos. Más camiones, más saltos, más nafta. Finalmente, salimos de Corrientes y entramos a Misiones. Pasamos por Establecimientos Las Marías, pero no podemos entrar porque ya es muy tarde. Valió la pena intentarlo. Llegamos a Posadas a las 21.30 h. Mañana nos queda el último tramo argentino: Posadas hasta la frontera y después, Foz de Iguazú. Unos 400 km y el cuentakilómetros ya sumó más de 4000 km desde que salimos. Besos misioneros.
Día 16: Alta Gracia – Paraná
Una vez más salimos al mediodía.Fueron 400 km a través de pueblitos profundamente dormidos desde Alta Gracia hasta llegar a Santa Fe, donde Filipe quería ver la obra de la costera que había hecho CONCIC hace muchos años. En un pueblito llamado San Francisco, nos paró la policía. Amenazaron con llamar a la Jueza de Faltas y de repente, desaparecieron. Argumentaban que era ilegal usar un baúl como el nuestro. Totalmente sospechoso. Treinta minutos más tarde, hicimos check-in en el hotel en Paraná y de ahí partimos a cenar en la casa de mis tíos. La pasamos muy lindo y finalmente, conocí a mis primos personalmente. Bah, a unos los ví hace mucho tiempo cuando eran peques y a los otros, solo por fotos.
Mañana va a ser un día largo porque tenemos que llegar a Posadas y son como 700 km hasta nuestro destino.
Día 15: Villa Gral. Belgrano
El día amaneció nublado y Filipe estaba trabajando desde temprano. El
tiempo pasaba y los chicos empezaban a ponerse nerviosos en la
habitación. Gonzi, sobre todo, protestaba y protestaba. A eso de las
12.30 h salimos. Nos esperaba Villa Gral. Belgrano. En un viaje de 50
km encontramos un paisaje espectacular y una ciudad muy bonita,
ordenada y alegre. Caminamos un poco por el centro y en el Centro de
Información Turística nos dieron unos folletos. Nos recomendaron “El
mundo encantado de Don Otto”, donde se podrían ver unas experiencias
con la gravedad muy interesantes, entre otras opciones. Almorzamos en
un restaurante y fuimos caminando hasta el tal lugar de Don Otto que
nos habían recomendado. Era más lejos de lo previsto y nos costó
encontrarlo. Para no perder el tiempo, basta con decir que era una
actividad muy sencilla (una casa con el interior inclinado) y que
rellenaron el espacio con juegos de ingenio, pero que no valió la pena
ocupar nuestra tarde. Cuando finalmente salimos de ahí, empezó a
llover. Y cada vez caían gotas más grandes. Entramos a una heladería a
pocas cuadras para protegernos y después Filipe fue caminando a buscar
el auto. Seguía lloviendo. Mientras esperábamos Gonzi se encaprichó
con una juguetería que era más que nada una casa de cotillón que había
visto de pasadas. Para llegar de la heladería a este local, había que
cruzar una calle y caminar unos metros pero fue suficiente para
empaparnos. Fue casi el tiempo de que Filipe llegara. La lluvia seguía
empeorando. Salimos a la ruta y había un arco iris hermoso. ¡Qué
tiempo loco! De repente, tac, tac, TAC, TAC, TAAAC. Estaba cayendo
granizo y nosotros andando entre curva y curva. Enseguida vino una
recta y vimos que los autos paraban a protegerse debajo de algún
árbol. Allá fuimos y cuando la situación mejoró, seguimos viaje.
Llegamos al hotel y descansamos un poco. Se ve que había faltado la
luz porque no había televisión. Cenamos en el hotel con Gonzalo
totalmente fuera de control. Se le ocurrió hacer un Beblade (trompito)
con un pan y un grisín. Se reía tan alto que un señor de la mesa de al
lado se tentó también. Todos nos reíamos. El señor se paró y vino a
conversar con él. Le dijo que era mejor si usaba un grisín con punta
más redondeada y zas… todos riendo a carcajadas. Cuando la historia
del Beblade no dio más, se puso los grisines como colmillos. Imposible
retarlo en esas situaciones. Por más que pusiera cara de seria, él
seguía con sus payadas. Llegó su comida, cenó rápido y cayó rendido.
Mañana vamos para Paraná. Casi 400 km de viaje. No sé a qué hora
saldremos pero después de todos estos relatos, me imagino que están
pensando: temprano seguro que no.Totalmente de acuerdo.
Día 14: Alta Gracia
Alta Gracia nos recibió con un día espectacular, en un hotel increíble en medio de la ciudad. Resulta que es el hotel casino donde la aristocracia se reunía a principio de siglo. Efectivamente, han hecho un trabajo de recuperación impecable. Después de desayunar, Agus, Gonzi y yo salimos a recorrer el hotel: enormes jardines, fuentes, pileta gigante. Todo antiguo pero recuperado. Filipe precisaba trabajar. La conexión a Internet funcionaba solo para mails, no podía abrir ningún sitio y protestaba, así que nos pusimos las mallas y al auto pato, que por lo menos pudiera trabajar en silencio. A las 13 h, subimos. Después de las vueltas de siempre, conseguimos salir a la calle. Claro, nos agarró la siesta otra vez, con todo cerrado. Ni un alma a la vista en la calle principal y un calor abrasador. ¡Cafecito a la vista! ¡Estamos salvados! Mentira.
-Solo tengo tostados de miga, dijo el empleado del café Bonafide.
–¿Y Internet?- pregunté ilusionada.
-Tiene poca señal-. Fue la respuesta seca del empleado al que le arruinamos la hora de la siesta.
Después de nuestro almuerzo light, salimos a dar vueltas por la ciudad. No bajamos del auto debido al calor pero vimos la Estancia Jesuítica que también fue casa de Santiago de Liniers, la Parroquia, el Reloj Público y el Tajamar, dique artificial más antiguo de Córdoba, construido por los jesuitas en 1659. Nuestra última parada fue el Museo del Che Guevara, donde hay fotografías y objetos significativos de la infancia y adolescencia de Ernesto Guevara. Mientras pasaban una peli, muy sencilla, Gonzi detonó y empezó a gritar que quería ir a comprar algo para tomar, así que Agus lo sacó a tomar aire. Volvimos al hotel un ratito y los hombres vieron el resumen del Dakar. Ya era hora de tener una comida decente, así que salimos a cenar y a las 23 h estábamos de regreso en nuestras camitas. Mañana vamos a dar una vuelta por Villa Gral. Belgrano.
Día 13: Un largo camino a Alta Gracia
Como siempre, salimos tarde del hotel después de otro desayuno de casi posguerra. Filipe protestaba por el calor, por la falta de Internet, por la pérdida de tiempo… a las 12 h estábamos partiendo rumbo a la casa de Luciana. Entre fotos, despedidas y muchos abrazos, salimos de la casa de Luciana a las 13 h. Iba a ser un viaje complicado… más de 600 km y ya era muy tarde. Salimos de San Juan, pasamos por La Rioja (para evitar un tramo de muchas curvas) y entramos a Córdoba. La Policía caminera nos recibió pidiendo todos los papeles y una colaboración para comprar agua. Nos advirtió, de paso, que el límite de velocidad era 110 km/h. Fue en vano… Filipe pasó el límite varias veces y se quedó tranquilo porque seguramente, era puro verso. Pasamos por varios pueblitos con cara de casi abandono. Entre el calor y la hora de la siesta, no encontrábamos dónde comer. Eran más de las 17.30 h y nada. Se había acabado el mate, las barritas, las gomitas… cuando apareció Soto, con una estación YPF y un barcito ABIERTO. La única opción eran sándwiches y Gonzi almorzó, además 2 helados. Al salir del pueblito, otra vez la policía.
-Baje el vidrio, por favor- dijo el señor. ¿A dónde van?
-A Alta Gracia- dijo Filipe.
-Voy a tener que levantar un acta, no tiene las luces bajas prendidas y los pasajeros no tienen el cinturón de seguridad.
-Mire, ya me pararon antes para pedirme una ayuda.
Nooooo. El oficial invitó a Filipe a bajarse del auto y cruzar la ruta. Mala espina. Filipe hablaba y hablaba. Mostraba papeles y se veía que el policía cargaba datos en un aparato tipo terminal para pago con tarjeta de crédito. A los 15 min, Filipe volvió muerto de risa. Resulta que el oficial le pidió todos los datos para labrar el acta. Cargó con cuidado el número del registro de conducción y la dirección que estaba en el mismo (rua Infante D. Henrique 560 – Cascais – Portugal) y después los del auto (Jaboatão dos Guararapes – Brasil). Ahí el sistema se tildó y no consiguió imprimir la multa. Resignado, le dijo a Filipe que siguiera viaje pero con cuidado. A las 10 min, otro oficial y a los 10 min, otro. ¿Qué pasa con los cordobeses que tienen tanta policía? La respuesta llegó poco después… venían unas motos del Dakar, algún auto y unas camionetas. Había gente a los costados de la ruta que al ver este auto tan diferente, nos saludaban, nos levantaban el pulgar y hasta nos sacaron fotos. Nos moríamos de risa. Paramos un poco adelante a ver a los autos que pasaban. Marcos y Filipe estaban fascinados, mientras que Gonzalo, Agus y yo tomábamos mate. Todavía nos faltaba un poco para llegar a Alta Gracia. Y peor, faltaba la parte de curvas en la sierra donde no se puede andar tan rápido. Bordeamos Córdoba y finalmente, Alta Gracia. Nos costó encontrar el hotel, pero finalmente, a las 23 h, estábamos entrando en el comedor donde nos esperaba la primera comida decente del día.









