• Nos levantamos temprano para armar las valijas. Desayunamos y subimos a terminar los últimos detalles. A esta altura del partido, las valijas están todavía entrañadas de polvo, unas se abrieron, otras se rasgaron. El pobre portero que subió a las 10.30 h a buscar las valijas abrió los ojos anticipando el esfuerzo. Nuestro rendimiento mejoró notablemente desde que empezó el viaje. 10.45 h estamos esperando en la recepción y 11 h llega O’ Brian a buscarnos. El ómnibus viene con un pequeño tráiler para nuestras valijas. El aeropuerto de Victoria Falls queda a unos 21 km de la ciudad. El viaje es rápido porque la ruta es una línea recta, sin tráfico. El hall del aeropuerto es pequeño con filas de viajeros esperando a hacer su check-in. Son 120 kg de equipaje que el empleado despacha sin comentarios. Nuestra tarjeta de embarque indica que subiremos porque el portón 2. Claro, solo hay dos puertas que dan a la pista. Cuando llega la hora, el mismo funcionario del check-in llega a la sala de espera y grita el número del vuelo. Somos los últimos a subir porque Filipe se había instalado en la sala con la computadora, la batería, el celular, los cables… El avión despega y nos alejamos de Victoria Falls. Chau, Zimbabue.

    Después de una comida extraña y olores extraños durante todo el viaje, llegamos a Johannesburgo o Johannesburguer, como dice Gonzi. Pasamos por migraciones, buscamos las valijas y dimos varias vueltas hasta encontrar la agencia de alquiler de autos. Filipe había alquilado una combi para 5 personas y nos entregaron una para 10, sin lugar para equipaje. Protestas al margen, salimos del OR Tambo en una combi enorme. Como había tiempo, anduvimos hasta el Soweto para ver el Estadio FNB, con capacidad para 90.000 personas, donde se jugó la final del Mundial 2010. Después, fuimos a Sandton. Un barrio elegante de edificios de oficinas y shoppings sofisticados. Entramos a uno de esos shoppings pero estaba todo cerrado. Llegamos a la plaza Mandela (Nelson Mandela Square) y a las 19.30 h estábamos cenando. Comida rica, repaso de momentos del viaje y Gonzi protestando que tenía sueño: hora de iniciar el regreso. Esta vez encontramos la combi en el estacionamiento y recorrimos los 15 km que faltaban hasta el hotel con cautela. Afuera el cielo se iluminaba con relámpagos. Llegamos al hotel y después de ver un poquito de televisión, caímos rendidos.

    Besos sudafricanos20140119_113215

  • El pase de diapositivas requiere JavaScript.

    Empezamos el día a las 7h00 porque a las 8h30 nos venían a buscar para el paseo de helicóptero. Mientras desayunábamos, Marcos se fue a hacer una tostada y se encontró con una señora que reclamaba que las tostadas tardaban mucho y mientras tanto, tomaba champán. Bueno. Jajaja. Esa misma señora, cuando pasé caminando cerca de ella, me miró de arriba a abajo y gruñó.

    La empresa que nos había vendido el paseo de helicóptero http://www.shearwatervictoriafalls.com/nos vino a buscar en una combi. 20 minutos después ya estábamos esperando al piloto, que estaba volando con otro grupo. Marcos fue adelante con el piloto. Mamá, Gonzi, Papá y yo fuimos atrás juntos. El paseo estuvo espectacular, duró media hora más o menos, y de la ventana vimos elefantes, jirafas, cebras, una manada gigante de búfalos, y obviamente las cataratas Victoria. Mamá y yo nos mareamos un poco por todas las vueltas que el helicóptero daba. Creo que Gonzi también, porque salió medio tonto, pero no dijo nada. Después del paseo, obviamente nos vendieron el vídeo, las fotos y con eso, tardamos un poco más. Salimos de ahí a las diez menos diez, y teníamos un paseo marcado por las cataratas a las 10h! Corrimos. Llegamos al hotel y ya tuvimos que subir a otro autobús. -OBSERVACION- un autobús SOLO para nosotros. Jajaja, seguimos camino a las cataratas. Nuestro guía se llamaba O’Brian, y ya lo habíamos conocido el día anterior. Durante el paseo, nos empapamos, salimos todos mojados del parque, y encima Mamá y yo cargamos a Gonzi todo el paseo. Obviamente fue Mamá fue quien lo cargó la mayor parte del tiempo. Y la cámara paró de funcionar por el agua. Genial. Sin cámara para mi salto de Bungee Jumping. Sí, BUNGEE JUMPING. Creo que mamá no les contó eso. Pero igual, debe haber sido la cosa más radical y loca que ya hice en mi vida. Pero ya les cuento todo. Volvimos al hotel y almorzamos unas hamburguesas que la señora nos hizo al borde de la pileta. Todos riéndose, y lo único que pasaba en mi cabeza era el salto. Nervios. Miedo. Fuimos a la puerta del hotel y nadie llegaba. Mirábamos por la puerta de vuelta. Nada. El hotel llama a la agencia, y le dicen que fueron y no había nadie esperando. Como, NADIE?? El señor vino un poco después, y nos llevó hasta la frontera. Más o menos, que casi no había control. Después de «migraciones», caminamos por 1 km hasta la puente (Victoria Falls Bridge), donde se hacían los saltos. Mientras caminábamos, algunos vendedores nos perseguían con cosas para vender, como pulseras o collares. Todos le decían a papá: «are you going to jump, Big Papa?», papá les decía que yo iba a saltar, y todos me gritaban «NICE JUMP, SISTER». Un tipo con una bicicleta, que tenía una caja de madera atrás, quería llevarnos al puente. Le dijimos que ‘no’ millones de veces, pero igual nos siguió. Llegamos al puente, y nos dicen que tenemos que ir a registrarnos del otro lado del puente. Me hacen firmar un formulario que si me golpeo, o si me muero, no se responsabilizan por nada. Que te digan eso ayuda un montón con los nervios. Papá me llevó hasta el puente de vuelta, y los señores me empiezan a poner todo el equipamiento. Los nervios solo aumentaban. Y entonces llegó mi hora. Me pusieron en el borde, y cuando miré el agua y las piedras abajo mío, casi me arrepentí. 5, 4, 3, 2, 1, JUMP! Empezé a gritar con todo lo que pude, y en ese momento vi mi muerte próxima. No saben cuántos pensamientos pasaron por mi cabeza en 2 minutos. Hasta pensé en cómo me había olvidado de avisar a todos que me iba a morir. Después de varios rebotes, un señor me subió de vuelta al puente. Cuando salí de la plataforma, Papá me vino a abrazar. Volvimos al barcito donde estaban Mamá, Marcos y Gonzi, observando todo de lejos. Mamá me dijo que más o menos que me quería matar por hacerla pasar por todo eso. Jajaja, pero bueno, forma parte de ser madre. Compramos las fotos y el vídeo del salto. Y verlo varias veces me parece muy capeta. Así, volvimos al hotel, y todos me preguntaban cómo había sido. Fuimos a la pileta, tomamos algunas bebidas, y nos fuimos a bañar. Después de bañarnos, a las 7h30, fuimos a cenar, porque había un show a ese horario. El show no tenía nada de especial. Estaba divertido, pero nada del otro mundo. Y bueno, así terminó nuestro día de actividades radicales. Pero no me arrepiento de nada. Jajaja. Hoy, 20 de enero, todavía me duele el pie, y no consigo caminar normalmente. Ser radical tiene sus consecuencias. Nos vemos pronto.

  • El pase de diapositivas requiere JavaScript.

    Adiós, Botswana, que parafraseando las sabias palabras de Gonzi, «não confunda Botswana com Bostawana» fue un lugar buenísimo de muchas experiencias locas y muchos animales únicos. Hoy es día de viajar hacia la última nación que irá recibir los Caldas, Zimbabue. De Kasane (donde estamos) hasta Victoria Falls, Zimbabwe, son 80 km. Para hacer este último tramo largo, van a buscarnos en una supuesta combi. Otra vez hicimos nuestras valijas y nos preparamos para nuevas aventuras. Después de 3130 km, el viaje llamado de Expedición África, termina en Victoria Falls, el lugar más simbólico de África. Tuvimos otra sorpresa, sin embargo. Al llegar a la recepción, en vez de una combi, apareció un auto de safari. El auto de safari es aquel utilizado para hacer las excursiones por las reservas naturales, o sea es una camioneta abierta, para recibir turistas y no valijas. Unas gotitas locas de sudor  surgen en la barriguita de Papá. Pensé que la camioneta iba a explotar con la mirada fija de Papá, como en las películas. Pero nada pasó. Ahhhhhhh… quería ver un poco de acción. Calmamente, pusimos las valijas en la camioneta, que no sé cómo no se cayeron. Estaban en perfecto equilibrio, pero nada de descanso, podían caerse a cualquier momento. Al entrar al auto, nuestro chofer nos explicó que esta camioneta era apenas para llevarnos hasta la frontera de Botswana con Zimbabue, pues la verdadera combi estaba esperándonos en el otro lado. Fueron 15 minutos hasta el puesto de migraciones. Llegando al local, pudimos ver las diferencias entre los dos países que estábamos conociendo. El puesto de Botswana era más limpio, más lindo y más cuidado. Cruzando la frontera, observamos el cartel de «Welcome to Zimbabwe». Conocimos a O’Brian, nuestro chofer de Shearwater Adventures, que nos iba a llevar hasta el Victoria Falls Hotel. Primero hicimos inmigraciones, junto con otro mundo de personas más. Un lío. La cantidad de gente por metro cuadrado era impresionante. Suerte que O’Brian sabía el esquema y todo fue más rápido. En los pasaportes, nos ocuparon una página entera, como una figurita que cubría toda la página. El proceso de obtener la visa tardó un buen rato, entonces nuestro chofer nos sugirió quedarnos afuera, calor, sudor y nervios mezclados con las ganas de irse. Al ver la figura de O’Brian, alivio… Entramos al auto y disfrutamos del tan querido aire acondicionado. Hasta Vic Falls, O’Brian nos contó sobre las principales actividades del lugar, como el vuelo de helicóptero, el salto de bungee jumping, la súper tirolesa, la caminata para conocer las cataratas, entre otras. Aclaramos nuestras dudas y conversamos a cerca de toda la región. Y también nos sugirió para la cena, el restaurante The Boma, con danza típica, comida típica y otras capeteadas, que de antemano parecían interesantes. Llegamos a la sucursal de Shearwater Adventures y reservamos un paseo de helicóptero para mañana a la mañana y una caminata con guía por las cataratas, y tal vez un salto de bungee jumping para Agus.

    Para quien no sepa, las cataratas Victoria fueron descubiertas por David Livingstone en 1855, un misionero que catequizaba los pueblos africanos y también descubría nuevos caminos en la jungla densa y calurosa de la región central africana. Hay teorías de que los portugueses fueron los primeros a llegar, y tal vez sea muy probable, pues hay muchos indicios de eso. Victoria Falls recibió ese nombre en homenaje a la Reina Victoria, que era regente en el periodo de 1855. Victoria Falls es un accidente geográfico del río Zambezi, que nace en el norte de Zambia, pasa por Angola, Namibia, se junta con el Chobe de Botswana, pasa por las cataratas y desemboca en Mozambique, en el Océano Índico. Victoria Falls es una de las siete maravillas naturales (de las viejas).

    El hotel Victoria Falls Hotel es el más antiguo de Zimbabue, inaugurado en 1904. El estilo es colonial y tiene vista de frente y tal vez la mejor posición para observar el puente y el humo de las cataratas. El servicio es excelente, las habitaciones también y todo lo demás era de alta gama. El hotel tiene tres restaurantes, entre ellos está el Livingstone Room, que está entre los seis mejores restaurantes del mundo, pero ir bien vestido «Smaaartly…» es una de las recomendaciones, sino fueeeeeera. A los Caldas, es claro, es imposible ir al Livingstone Room. Gonzi con el sovaquito, Agus con su risa imperial, yo de «chinelão», y nuestras conversas que todos saben que son y no necesito explicar las pocas razones por las cuales no vamos. De esa forma, nos acomodamos en las habitaciones y esperábamos por el paseo de barco por el Zambezi y ver la puesta del sol. Puedo decir con frialdad que fue una verdadera booooooooooooooooooosta, en todos los sentidos posibles e imaginables. Nos prometieron hipopótamos y elefantes, pero todo no pasaba de una excusa para tomar drinks y tal vez ver los animales imaginarios. Como nos dijo el capitán: «the more you drink, more you see». Nosotros, niños, no vimos nada. Una pérdida de tiempo. Después de dos horas de aburrimiento, llegamos al puertito y fuimos hasta The Boma, el restaurante tan esperado. En la puerta, nos hicieron poner unas telas coloridas, al modo local. Después, nos pusieron a bailar con un grupo del restaurante. Debo decirles que apenas las fotos y el momento pueden describen lo que pasó en esos diez minutos. El primero a bailar fue Papá, que no se cómo aceptó hacerlo. Al verlo de afuera era cómico, y Javi se va acordar del cullini del mismo individuo y sólo eso es comparable a la danza de Papá. En orden, fue Mamá, Agus y yo. En esos momentos, lo único que debemos hacer es acompañar. Bailamos por cinco eternos minutos, nos liberaron y apenas dije » Deu a louca em todos». Nos morimos de risa de uno del otro. Y continuamos nuestra experiencia. Nos pintaron la cara y nos llevaron hacia la mesa. El ambiente era típico de los pueblos africanos y todo era muy bien armado. Nos sentamos y el mozo nos pidió que limpiáramos las manos en un potecito, y también unas semillas para comer. El restaurante era self service. La comida era típica: Kudu, jabalí, avestruz, búfalo, cocodrilo, y otros. Había, para los aventureros, gusanos Mopani, capeeeeta. Claro que la aventura culinaria de los Caldas no iba tan lejos. Comimos carne de Kudu con arroz, básico africano. Durante la cena, venían diferentes personas ofreciendo servicios variados. Predecir el futuro con el humo del asado, pintar la cara (Agus se ganó una puesta del sol y papá, una hiena), artesanías, entre otros. Al terminar la comida, nos dieron unos tambores… Clase de tambor para todos. Acompañando el ritmo y el ruido parece que somos los reyes de la percusión, pero cuando te piden que toques solo, te das cuenta que no sabes nada, que estas tocando cualquier cosa, pero la experiencia de estar tocando el tambor vale la pena. Es algo tribal, natural, que parece infantil pero que todos acaban haciendo. Gonzi estaba como loco, y fue la única cosa que hizo pero estaba feliz. Después de media hora de tambor nos fuimos y Shearwater Adventures nos llevó hasta el hotel, que a propósito es una excelente empresa de actividades. Descansamos para el siguiente día que iba ser lleno de aventuras.

  • Estamos en el hall del Victoria Falls Hotel (www.victoria–falls–hotels.net/)‎, esperando a la combi que nos lleve al aeropuerto. Son las 10.50 h hora local. Después de dos noches en Zimbabue estamos volviendo a Sudáfrica. Marcos y Agus van a escribir las aventuras de estos dos días que no fueron pocas y para adelantar bastante radicales. Gonzi está cansando pero muy contento. Se le confunden los nombres de los lugares pero ya está contando las noches que faltan para volver a casa. Besos desde Victoria Falls! Gabriela

  • Conseguimos llegar a tiempo al paseo por el Parque Chobe. A las 6 h en punto, estábamos subiendo a la camioneta. Gonzi dormía en mis brazos y se negaba a abrir los ojos. Pobrecito, estamos exigiendo demasiado de él. Por más que vayamos a dormir temprano, es muy dificil despertarse a las 5 h. Apenas empezaba a amanecer cuando entramos al parque. Nuestro guía explicó que el parque tiene la mitad de tamaño que el parque Kruger en Sudáfrica, pero con una concentración mayor de animales. Obviamente, muchos más elefantes. Se estima que hay alrededor de 70.000 trompitas atacando los árboles de la región. En el recorrido vimos hermosos pájaros, impalas, cebras, jirafas, hipopótamos, águilas, mangostas, cocodrilos, búfalos, cigüeñas y los tan difíciles leones. En realidad, solo vimos leonas, como explica Gonzi con toda propiedad. Había tres leonas con unos cuantos leoncitos. Un amor… cuando están lejos de uno. Volvimos al hotel a las 9 h, justo a tiempo para el desayuno. Casi cuando estábamos terminando, llegó Peter, el chofer de la empresa, que venía a buscar la camioneta. Fin de una etapa porque ahora seguimos en medios más tradicionales. Filipe le explicó a Peter las cuestiones técnicas del auto (tanque lleno, neumático sustituido, etc.) y nos despedimos de él. Próximo paso: pileta. Para nuestra mala suerte, el grupo de extranjeros que nos viene mirando con cara fea desde ayer ya estaba tomando sol. Habían ocupado todo el espacio disponible y nos tuvimos que conformar con un rinconcito. Los chicos pensaron en mandar a Gonzi a salpicar sus diarios y palabras cruzadas para ver si conseguíamos más espacio pero sería mucha maldad. Nos divertimos igual en nuestro rinconcito, tomamos sol, nadamos un poco y descansamos. Después fuimos a almorzar. Uno de los mozos me escuchó hablando español con Gonzi y preguntó si era italiana. A partir de ahí comenzó toda una charla sobre fútbol. En este momento, usé todo mi derecho a defender a Messi, pero no hubo caso. Este chico decía que el premio no lo merecían ni Messi ni Ronaldo, sino que Rivieri (disculpen la ignorancia pero no sé cómo se llama ese jugador del que me hablaba el muchacho). Agus probó wrap de avestruz, pero nosotros optamos por un menú más tradicional. Después de almorzar, vinimos al cuarto a descansar un poco aunque Gonzi se resiste… quiere jugar, hacer algo. Ordenamos algunas fotos y nos morimos de risa recordando algunos momentos. Es una pena porque las fotos son apenas segundos captados por una lente. Es imposible compartir con ustedes todo lo que hemos visto y sentido hasta ahora. Por momentos, el blog se vuelve muy personal pero creo que para obtener información técnica, siempre será mejor consultar una guía o una enciclopedia.

    Hoy al entregar el auto cerramos la etapa de 3130 km recorridos desde que subimos a la 4 x 4 en Windhoek. Hasta ahora, llevamos 10 hoteles y no sé cuántos restaurantes. Ya pasamos por Sudáfrica, Namibia y Botsuana. Mañana vamos para Zimbabue y probablemente, entremos a Zambia porque nuestro próximo destino es limítrofe a estos dos últimos países. Será apenas por unas horas pero estoy segura que ese sello en el pasaporte va a resultar en alguna historia. Todavía nos quedan unos días…2 noches en Cataratas Victoria y 4 en Johannesburgo antes de volver a casa. Sé que no van a entender mucho, pero pensamos que sería divertido hacer una lista de las expresiones que se repiten una y otra vez entre nosotros y que nos hacen reír mucho. Quién sabe cuando nos veamos personalmente, podemos contarles de qué se trata cada una, si es que no lo descubren después de lo que leyeron en el blog.

    Exagera nas fritas

    Chama Manim

    Se manca, Aguyiña.

    Eu não dou p…

    Todo o mundo p…

    Tubooooy thaitz…

    Eu sou a elegante girafa..

    A gente foi no Kruger Park e foi muito gostoso.

    Veo veo.. ¿Qué ves? Una cosa…

    Don´t you know what schnitzel is?

    Is it sleeping? -No, dead.

    Agus trajo A menina que roubaba libros de Markus Zusak y yo, La sonrisa de las mujeres de Nicolás Barreau. Yo había cargado otros en el iPad pero Gonzi no me libera el uso del dispositivo así que no me quedó más remedio que intercambiar los libros con Agus y, aunque parezca increíble, las dos ya terminamos y no tenemos más material de lectura. Ambos libros son muy recomendables para diferentes momentos de la vida. El de Agus es lindísimo pero, pucha, cómo lloré. Sí llorar, casi con angustia. Cerré el libro y todavía se me caían las lágrimas. La historia se desarrolla durante el Holocausto. Los interesados pueden pedir más información después.

    El otro es una novela romántica que transcurre en París. Todo leve, levísimo… casi para un culebrón de Hollywood. Rosa, rosita.. pero divertido. Les cuento esto porque son elementos que también forman parte del viaje. Otro librito que hemos usado y abusado es la guía que nos regaló Javi:  Sur de África de Lonely Planet. Excluyendo el comentario de que ‟uno puede ser procesado o algo mucho peor”, el resto pareció bastante fiel a la realidad. Jajaja.

    Estamos terminando el día en la terraza del hotel, viendo el atardecer. El mozo acaba de traer un snack que nada tiene que ver con el café que acabo de tomar. El grupo de música local volvió a tocar y a bailar pero no tuvimos coraje de sacarles fotos. Estamos sintiendo algunos mosquitos. Hora de entrar y empezar a preparar las valijas para mañana. La combi que nos lleva a las Cataratas Victoria pasa a las 10 h. Besos desde Botswana.

    PD: Sin tiempo para fotos. Espero que mañana pueda subir alguna cosa. Ya no tengo chip en el teléfono, solo cuando consigo wi-fi.

    El pase de diapositivas requiere JavaScript.