Día 22: Radicalismo

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Empezamos el día a las 7h00 porque a las 8h30 nos venían a buscar para el paseo de helicóptero. Mientras desayunábamos, Marcos se fue a hacer una tostada y se encontró con una señora que reclamaba que las tostadas tardaban mucho y mientras tanto, tomaba champán. Bueno. Jajaja. Esa misma señora, cuando pasé caminando cerca de ella, me miró de arriba a abajo y gruñó.

La empresa que nos había vendido el paseo de helicóptero http://www.shearwatervictoriafalls.com/nos vino a buscar en una combi. 20 minutos después ya estábamos esperando al piloto, que estaba volando con otro grupo. Marcos fue adelante con el piloto. Mamá, Gonzi, Papá y yo fuimos atrás juntos. El paseo estuvo espectacular, duró media hora más o menos, y de la ventana vimos elefantes, jirafas, cebras, una manada gigante de búfalos, y obviamente las cataratas Victoria. Mamá y yo nos mareamos un poco por todas las vueltas que el helicóptero daba. Creo que Gonzi también, porque salió medio tonto, pero no dijo nada. Después del paseo, obviamente nos vendieron el vídeo, las fotos y con eso, tardamos un poco más. Salimos de ahí a las diez menos diez, y teníamos un paseo marcado por las cataratas a las 10h! Corrimos. Llegamos al hotel y ya tuvimos que subir a otro autobús. -OBSERVACION- un autobús SOLO para nosotros. Jajaja, seguimos camino a las cataratas. Nuestro guía se llamaba O’Brian, y ya lo habíamos conocido el día anterior. Durante el paseo, nos empapamos, salimos todos mojados del parque, y encima Mamá y yo cargamos a Gonzi todo el paseo. Obviamente fue Mamá fue quien lo cargó la mayor parte del tiempo. Y la cámara paró de funcionar por el agua. Genial. Sin cámara para mi salto de Bungee Jumping. Sí, BUNGEE JUMPING. Creo que mamá no les contó eso. Pero igual, debe haber sido la cosa más radical y loca que ya hice en mi vida. Pero ya les cuento todo. Volvimos al hotel y almorzamos unas hamburguesas que la señora nos hizo al borde de la pileta. Todos riéndose, y lo único que pasaba en mi cabeza era el salto. Nervios. Miedo. Fuimos a la puerta del hotel y nadie llegaba. Mirábamos por la puerta de vuelta. Nada. El hotel llama a la agencia, y le dicen que fueron y no había nadie esperando. Como, NADIE?? El señor vino un poco después, y nos llevó hasta la frontera. Más o menos, que casi no había control. Después de «migraciones», caminamos por 1 km hasta la puente (Victoria Falls Bridge), donde se hacían los saltos. Mientras caminábamos, algunos vendedores nos perseguían con cosas para vender, como pulseras o collares. Todos le decían a papá: «are you going to jump, Big Papa?», papá les decía que yo iba a saltar, y todos me gritaban «NICE JUMP, SISTER». Un tipo con una bicicleta, que tenía una caja de madera atrás, quería llevarnos al puente. Le dijimos que ‘no’ millones de veces, pero igual nos siguió. Llegamos al puente, y nos dicen que tenemos que ir a registrarnos del otro lado del puente. Me hacen firmar un formulario que si me golpeo, o si me muero, no se responsabilizan por nada. Que te digan eso ayuda un montón con los nervios. Papá me llevó hasta el puente de vuelta, y los señores me empiezan a poner todo el equipamiento. Los nervios solo aumentaban. Y entonces llegó mi hora. Me pusieron en el borde, y cuando miré el agua y las piedras abajo mío, casi me arrepentí. 5, 4, 3, 2, 1, JUMP! Empezé a gritar con todo lo que pude, y en ese momento vi mi muerte próxima. No saben cuántos pensamientos pasaron por mi cabeza en 2 minutos. Hasta pensé en cómo me había olvidado de avisar a todos que me iba a morir. Después de varios rebotes, un señor me subió de vuelta al puente. Cuando salí de la plataforma, Papá me vino a abrazar. Volvimos al barcito donde estaban Mamá, Marcos y Gonzi, observando todo de lejos. Mamá me dijo que más o menos que me quería matar por hacerla pasar por todo eso. Jajaja, pero bueno, forma parte de ser madre. Compramos las fotos y el vídeo del salto. Y verlo varias veces me parece muy capeta. Así, volvimos al hotel, y todos me preguntaban cómo había sido. Fuimos a la pileta, tomamos algunas bebidas, y nos fuimos a bañar. Después de bañarnos, a las 7h30, fuimos a cenar, porque había un show a ese horario. El show no tenía nada de especial. Estaba divertido, pero nada del otro mundo. Y bueno, así terminó nuestro día de actividades radicales. Pero no me arrepiento de nada. Jajaja. Hoy, 20 de enero, todavía me duele el pie, y no consigo caminar normalmente. Ser radical tiene sus consecuencias. Nos vemos pronto.

Día 21: Hacia Vic Falls y tambores

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Adiós, Botswana, que parafraseando las sabias palabras de Gonzi, «não confunda Botswana com Bostawana» fue un lugar buenísimo de muchas experiencias locas y muchos animales únicos. Hoy es día de viajar hacia la última nación que irá recibir los Caldas, Zimbabue. De Kasane (donde estamos) hasta Victoria Falls, Zimbabwe, son 80 km. Para hacer este último tramo largo, van a buscarnos en una supuesta combi. Otra vez hicimos nuestras valijas y nos preparamos para nuevas aventuras. Después de 3130 km, el viaje llamado de Expedición África, termina en Victoria Falls, el lugar más simbólico de África. Tuvimos otra sorpresa, sin embargo. Al llegar a la recepción, en vez de una combi, apareció un auto de safari. El auto de safari es aquel utilizado para hacer las excursiones por las reservas naturales, o sea es una camioneta abierta, para recibir turistas y no valijas. Unas gotitas locas de sudor  surgen en la barriguita de Papá. Pensé que la camioneta iba a explotar con la mirada fija de Papá, como en las películas. Pero nada pasó. Ahhhhhhh… quería ver un poco de acción. Calmamente, pusimos las valijas en la camioneta, que no sé cómo no se cayeron. Estaban en perfecto equilibrio, pero nada de descanso, podían caerse a cualquier momento. Al entrar al auto, nuestro chofer nos explicó que esta camioneta era apenas para llevarnos hasta la frontera de Botswana con Zimbabue, pues la verdadera combi estaba esperándonos en el otro lado. Fueron 15 minutos hasta el puesto de migraciones. Llegando al local, pudimos ver las diferencias entre los dos países que estábamos conociendo. El puesto de Botswana era más limpio, más lindo y más cuidado. Cruzando la frontera, observamos el cartel de «Welcome to Zimbabwe». Conocimos a O’Brian, nuestro chofer de Shearwater Adventures, que nos iba a llevar hasta el Victoria Falls Hotel. Primero hicimos inmigraciones, junto con otro mundo de personas más. Un lío. La cantidad de gente por metro cuadrado era impresionante. Suerte que O’Brian sabía el esquema y todo fue más rápido. En los pasaportes, nos ocuparon una página entera, como una figurita que cubría toda la página. El proceso de obtener la visa tardó un buen rato, entonces nuestro chofer nos sugirió quedarnos afuera, calor, sudor y nervios mezclados con las ganas de irse. Al ver la figura de O’Brian, alivio… Entramos al auto y disfrutamos del tan querido aire acondicionado. Hasta Vic Falls, O’Brian nos contó sobre las principales actividades del lugar, como el vuelo de helicóptero, el salto de bungee jumping, la súper tirolesa, la caminata para conocer las cataratas, entre otras. Aclaramos nuestras dudas y conversamos a cerca de toda la región. Y también nos sugirió para la cena, el restaurante The Boma, con danza típica, comida típica y otras capeteadas, que de antemano parecían interesantes. Llegamos a la sucursal de Shearwater Adventures y reservamos un paseo de helicóptero para mañana a la mañana y una caminata con guía por las cataratas, y tal vez un salto de bungee jumping para Agus.

Para quien no sepa, las cataratas Victoria fueron descubiertas por David Livingstone en 1855, un misionero que catequizaba los pueblos africanos y también descubría nuevos caminos en la jungla densa y calurosa de la región central africana. Hay teorías de que los portugueses fueron los primeros a llegar, y tal vez sea muy probable, pues hay muchos indicios de eso. Victoria Falls recibió ese nombre en homenaje a la Reina Victoria, que era regente en el periodo de 1855. Victoria Falls es un accidente geográfico del río Zambezi, que nace en el norte de Zambia, pasa por Angola, Namibia, se junta con el Chobe de Botswana, pasa por las cataratas y desemboca en Mozambique, en el Océano Índico. Victoria Falls es una de las siete maravillas naturales (de las viejas).

El hotel Victoria Falls Hotel es el más antiguo de Zimbabue, inaugurado en 1904. El estilo es colonial y tiene vista de frente y tal vez la mejor posición para observar el puente y el humo de las cataratas. El servicio es excelente, las habitaciones también y todo lo demás era de alta gama. El hotel tiene tres restaurantes, entre ellos está el Livingstone Room, que está entre los seis mejores restaurantes del mundo, pero ir bien vestido «Smaaartly…» es una de las recomendaciones, sino fueeeeeera. A los Caldas, es claro, es imposible ir al Livingstone Room. Gonzi con el sovaquito, Agus con su risa imperial, yo de «chinelão», y nuestras conversas que todos saben que son y no necesito explicar las pocas razones por las cuales no vamos. De esa forma, nos acomodamos en las habitaciones y esperábamos por el paseo de barco por el Zambezi y ver la puesta del sol. Puedo decir con frialdad que fue una verdadera booooooooooooooooooosta, en todos los sentidos posibles e imaginables. Nos prometieron hipopótamos y elefantes, pero todo no pasaba de una excusa para tomar drinks y tal vez ver los animales imaginarios. Como nos dijo el capitán: «the more you drink, more you see». Nosotros, niños, no vimos nada. Una pérdida de tiempo. Después de dos horas de aburrimiento, llegamos al puertito y fuimos hasta The Boma, el restaurante tan esperado. En la puerta, nos hicieron poner unas telas coloridas, al modo local. Después, nos pusieron a bailar con un grupo del restaurante. Debo decirles que apenas las fotos y el momento pueden describen lo que pasó en esos diez minutos. El primero a bailar fue Papá, que no se cómo aceptó hacerlo. Al verlo de afuera era cómico, y Javi se va acordar del cullini del mismo individuo y sólo eso es comparable a la danza de Papá. En orden, fue Mamá, Agus y yo. En esos momentos, lo único que debemos hacer es acompañar. Bailamos por cinco eternos minutos, nos liberaron y apenas dije » Deu a louca em todos». Nos morimos de risa de uno del otro. Y continuamos nuestra experiencia. Nos pintaron la cara y nos llevaron hacia la mesa. El ambiente era típico de los pueblos africanos y todo era muy bien armado. Nos sentamos y el mozo nos pidió que limpiáramos las manos en un potecito, y también unas semillas para comer. El restaurante era self service. La comida era típica: Kudu, jabalí, avestruz, búfalo, cocodrilo, y otros. Había, para los aventureros, gusanos Mopani, capeeeeta. Claro que la aventura culinaria de los Caldas no iba tan lejos. Comimos carne de Kudu con arroz, básico africano. Durante la cena, venían diferentes personas ofreciendo servicios variados. Predecir el futuro con el humo del asado, pintar la cara (Agus se ganó una puesta del sol y papá, una hiena), artesanías, entre otros. Al terminar la comida, nos dieron unos tambores… Clase de tambor para todos. Acompañando el ritmo y el ruido parece que somos los reyes de la percusión, pero cuando te piden que toques solo, te das cuenta que no sabes nada, que estas tocando cualquier cosa, pero la experiencia de estar tocando el tambor vale la pena. Es algo tribal, natural, que parece infantil pero que todos acaban haciendo. Gonzi estaba como loco, y fue la única cosa que hizo pero estaba feliz. Después de media hora de tambor nos fuimos y Shearwater Adventures nos llevó hasta el hotel, que a propósito es una excelente empresa de actividades. Descansamos para el siguiente día que iba ser lleno de aventuras.

Avance

Estamos en el hall del Victoria Falls Hotel (www.victoriafallshotels.net/)‎, esperando a la combi que nos lleve al aeropuerto. Son las 10.50 h hora local. Después de dos noches en Zimbabue estamos volviendo a Sudáfrica. Marcos y Agus van a escribir las aventuras de estos dos días que no fueron pocas y para adelantar bastante radicales. Gonzi está cansando pero muy contento. Se le confunden los nombres de los lugares pero ya está contando las noches que faltan para volver a casa. Besos desde Victoria Falls! Gabriela

Día 20: Chobe Marina Lodge

Conseguimos llegar a tiempo al paseo por el Parque Chobe. A las 6 h en punto, estábamos subiendo a la camioneta. Gonzi dormía en mis brazos y se negaba a abrir los ojos. Pobrecito, estamos exigiendo demasiado de él. Por más que vayamos a dormir temprano, es muy dificil despertarse a las 5 h. Apenas empezaba a amanecer cuando entramos al parque. Nuestro guía explicó que el parque tiene la mitad de tamaño que el parque Kruger en Sudáfrica, pero con una concentración mayor de animales. Obviamente, muchos más elefantes. Se estima que hay alrededor de 70.000 trompitas atacando los árboles de la región. En el recorrido vimos hermosos pájaros, impalas, cebras, jirafas, hipopótamos, águilas, mangostas, cocodrilos, búfalos, cigüeñas y los tan difíciles leones. En realidad, solo vimos leonas, como explica Gonzi con toda propiedad. Había tres leonas con unos cuantos leoncitos. Un amor… cuando están lejos de uno. Volvimos al hotel a las 9 h, justo a tiempo para el desayuno. Casi cuando estábamos terminando, llegó Peter, el chofer de la empresa, que venía a buscar la camioneta. Fin de una etapa porque ahora seguimos en medios más tradicionales. Filipe le explicó a Peter las cuestiones técnicas del auto (tanque lleno, neumático sustituido, etc.) y nos despedimos de él. Próximo paso: pileta. Para nuestra mala suerte, el grupo de extranjeros que nos viene mirando con cara fea desde ayer ya estaba tomando sol. Habían ocupado todo el espacio disponible y nos tuvimos que conformar con un rinconcito. Los chicos pensaron en mandar a Gonzi a salpicar sus diarios y palabras cruzadas para ver si conseguíamos más espacio pero sería mucha maldad. Nos divertimos igual en nuestro rinconcito, tomamos sol, nadamos un poco y descansamos. Después fuimos a almorzar. Uno de los mozos me escuchó hablando español con Gonzi y preguntó si era italiana. A partir de ahí comenzó toda una charla sobre fútbol. En este momento, usé todo mi derecho a defender a Messi, pero no hubo caso. Este chico decía que el premio no lo merecían ni Messi ni Ronaldo, sino que Rivieri (disculpen la ignorancia pero no sé cómo se llama ese jugador del que me hablaba el muchacho). Agus probó wrap de avestruz, pero nosotros optamos por un menú más tradicional. Después de almorzar, vinimos al cuarto a descansar un poco aunque Gonzi se resiste… quiere jugar, hacer algo. Ordenamos algunas fotos y nos morimos de risa recordando algunos momentos. Es una pena porque las fotos son apenas segundos captados por una lente. Es imposible compartir con ustedes todo lo que hemos visto y sentido hasta ahora. Por momentos, el blog se vuelve muy personal pero creo que para obtener información técnica, siempre será mejor consultar una guía o una enciclopedia.

Hoy al entregar el auto cerramos la etapa de 3130 km recorridos desde que subimos a la 4 x 4 en Windhoek. Hasta ahora, llevamos 10 hoteles y no sé cuántos restaurantes. Ya pasamos por Sudáfrica, Namibia y Botsuana. Mañana vamos para Zimbabue y probablemente, entremos a Zambia porque nuestro próximo destino es limítrofe a estos dos últimos países. Será apenas por unas horas pero estoy segura que ese sello en el pasaporte va a resultar en alguna historia. Todavía nos quedan unos días…2 noches en Cataratas Victoria y 4 en Johannesburgo antes de volver a casa. Sé que no van a entender mucho, pero pensamos que sería divertido hacer una lista de las expresiones que se repiten una y otra vez entre nosotros y que nos hacen reír mucho. Quién sabe cuando nos veamos personalmente, podemos contarles de qué se trata cada una, si es que no lo descubren después de lo que leyeron en el blog.

Exagera nas fritas

Chama Manim

Se manca, Aguyiña.

Eu não dou p

Todo o mundo p

Tubooooy thaitz

Eu sou a elegante girafa..

A gente foi no Kruger Park e foi muito gostoso.

Veo veo.. ¿Qué ves? Una cosa

Don´t you know what schnitzel is?

Is it sleeping? -No, dead.

Agus trajo A menina que roubaba libros de Markus Zusak y yo, La sonrisa de las mujeres de Nicolás Barreau. Yo había cargado otros en el iPad pero Gonzi no me libera el uso del dispositivo así que no me quedó más remedio que intercambiar los libros con Agus y, aunque parezca increíble, las dos ya terminamos y no tenemos más material de lectura. Ambos libros son muy recomendables para diferentes momentos de la vida. El de Agus es lindísimo pero, pucha, cómo lloré. Sí llorar, casi con angustia. Cerré el libro y todavía se me caían las lágrimas. La historia se desarrolla durante el Holocausto. Los interesados pueden pedir más información después.

El otro es una novela romántica que transcurre en París. Todo leve, levísimo… casi para un culebrón de Hollywood. Rosa, rosita.. pero divertido. Les cuento esto porque son elementos que también forman parte del viaje. Otro librito que hemos usado y abusado es la guía que nos regaló Javi:  Sur de África de Lonely Planet. Excluyendo el comentario de que ‟uno puede ser procesado o algo mucho peor”, el resto pareció bastante fiel a la realidad. Jajaja.

Estamos terminando el día en la terraza del hotel, viendo el atardecer. El mozo acaba de traer un snack que nada tiene que ver con el café que acabo de tomar. El grupo de música local volvió a tocar y a bailar pero no tuvimos coraje de sacarles fotos. Estamos sintiendo algunos mosquitos. Hora de entrar y empezar a preparar las valijas para mañana. La combi que nos lleva a las Cataratas Victoria pasa a las 10 h. Besos desde Botswana.

PD: Sin tiempo para fotos. Espero que mañana pueda subir alguna cosa. Ya no tengo chip en el teléfono, solo cuando consigo wi-fi.

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Día 19: Namibia – Botswana

La noche anterior habíamos combinado desayunar a las 7h30. A las 7h40 estábamos a camino. Y sólo a las 8h00 nos sentamos a la mesa a comer. 100%  estilo Caldas. Al llegar al desayuno, el señor nos pregunta si queremos café. Mamá, adicta al café, acepta y no sé porqué, Papá le dice al señor: «we DON’T want hot eggs and hot breakfast». El tipito, como diría Gonzi, se fue aterrorizado. Creo que no entendió muy bien porque, 10 minutos después, nos vino a preguntar: «Do you want any eggs or bacon? (quieren huevos o bacon?)». Le dijimos que no, y nos matamos de risa. Poco después, escapamos del hotel, y partimos para Botswana. Después de 4h30 dentro del auto, llegamos a la frontera entre Namibia y Botswana. Hicimos migraciones en la oficina de Namibia, y seguimos unos metros más hasta llegar al «control de pestes» del lado de Botswana. Una señora nos para en la ruta y dice: «Welcome to Botswana» y Papá le responde que vinimos a pasear, (???). Jajaja. La situación empeora cuando la señora nos dice que salgamos del auto con nuestros zapatos. Y que abramos la cabina para mirar el equipaje; luego, pide que agarremos el bolso de los zapatos, y que los saquemos del bolso y los pongamos en el medio de la ruta. En realidad, eran dos bolsos, uno para Mamá, Marcos, Gonzi y yo, y otro para Papá, ya que el príncipe de África siempre necesita más ropa que todos, pero eso todos ya saben. La señora nos pide que pasemos TODAS las zapatillas, las ojotas, y los elegantes zapatos de Papá sobre un trapo sucio que había en la ruta que mojaba con el contenido sospechoso de una botella de plástico. Parecía una broma…Mientras trabajábamos al rayo de sol, la señora intentaba interactuar con un niño llamado Bonzi, desconocido para Gonzi. Bueno, siguiendo la historia. Después de haber hecho un trabajo de esclavos, seguimos unos metros a la oficina de migraciones de Botswana. Era mínima. El funcionario nos empieza a hablar de fútbol porque Marcos tenía una remera de Portugal, pero de hockey, ok,todos nos equivocamos de vez en cuando, hasta que nos dice que Cristiano Ronaldo es mucho mejor que Messi. Íbamos a hablar en nombre del orgullo argentino, pero nos callamos la boca sino iba a empezar esa novela de argentinos que viven en Brasil pero que tienen nacionalidad portuguesa. Tuvimos que fingir que nos encantaba Cristiano. Jajaja. Después de eso, avanzamos unos kilómetros hasta entrar al Chobe Game Park. Bastó pasar el portón y ya vimos elefantes, jabalíes, impalas, MUCHOS ciervos, entre otros. Y pensamos «es acá que vamos a encontrar el santo León que tanto buscamos», hasta que 10m adelante del último elefante, no vimos NINGÚN animal. Llegamos al hotel a las 15h15. Se suponía que teníamos un paseo por el río pero ya lo dábamos por perdido. Papá bajó a hacer el checkin y mientras estábamos sacando las cosas del auto, vuelve rápido y pide que cancelemos todo porquye el paseo estaba saliendo en ese mismo instante. Salimos corriendo todos hacia el barquito. Al llegar, 8 pares de ojos de unos viejos gordos nos miraban con odio. Yo me siento con Mamá y Gonzi. Marcos y papá se sentaron un poco más atrás. Hoy sí vimos muchos hipopótamos y muchos elefantes, hasta llegamos cerca de uno que estaba en la orilla. También vimos varios pajaritos. El paseo estuvo muy interesante. En un momento, Gonzi y yo nos cambiamos para el primer asiento, y los viejos y viejas capetas nos miraron. Gonzi todo el tiempo me decía: «Agus, ela ta te olhando» y se reía. Jajaja. Al llegar al hotel, había unas 20 personas cantando, y fue bastante asustador, porque nos miraban, y de lejos parecían, y sólo PARECÍAN desnudos. Nos bañamos, y fuimos a almorzar/cenar. La señora nos dijo varias veces que era SELF-SERVICE, por si nos olvidábamos. Marcos y yo comimos cocodrilo; tenía gusto de pollo, bastante rico. También había avestruz, pero no estaba para eso. Y bueno, así terminó nuestro día. Los dejo hasta que llegue mi vez de vuelta para contarles las próximas aventuras de los Caldas.

Los veo pronto,
Besos
Los quiero.