04/01/16 – Ushuaia – Subiendo las montañas del Fin del Mundo…

Salida: 10.00 h – Llegada: 23.00 h – Día de paseo –  Total acumulado: 3979 km

Recorrido Ushuaia

Después de un largo día de recorrido desde Río Gallegos, hoy era día de conocer la pequeña ciudad de Ushuaia. Nos dimos la oportunidad de descansar hasta las 8.00 h. Despertamos y nos vestimos para el desayuno. Una cosa muy interesante y al mismo tiempo capeta es que hay muchos brasileños que vienen directamente de avión hasta aquí para decir que estuvieron en el fin del mundo. Es gracioso porque son fáciles de identificar. Como un checklist, vas tachando los elementos de la lista y al final da 100% de compatibilidad. Impresionante, nunca erramos. Abrigados como nunca, con ropas llamativas y hablan extremamente alto como si quisieran ser identificados. Fácil, enseguida identificamos algunas familias. Pero nosotros no, vinimos de Porto Alegre asta acá, con miles de kilómetros recorridos.

Bueno, después de algunas risadas de buscar brasileños en el Fin del Mundo, decidimos visitar el centro de la ciudad y conocer el Museo del Presidio de Ushuaia. Sin embargo, cambio de planes repentinos, que es lo que siempre pasa, nos llevaron a un tipo de paseo totalmente diferente. La idea de Papá era tener una vista de Ushuaia y del Canal de Beagle desde arriba. Para eso, necesitábamos ir hacia el Mirador Glaciar Martial.

Así, sabiendo que las aerosillas que llevaban hacia la cima no funcionaban, fuimos hacia allá. El mirador queda en el punto más alto de Ushuaia. Para llegar, hay una serie de curvas cerradas, que pasan por hoteles ya conocidos por Mamá y Papá, pero algunos en estado de abandono.

Después de la subida larga, llegamos al estacionamiento. Dejamos el auto y desde abajo se veía la estación de las aerosillas, abandonada y desierta y el sendero gigante que llevaba hacia el Mirador Glaciar Martial, un glaciar que queda en la montaña encima de Ushuaia. Así, decidimos hacer el comienzo del sendero, que iniciaba con una inclinación moderada.

Los primeros pasos ya nos mostraron que no iba ser fácil. Agus reclamaba y Gonzi no estaba muy ansioso. De abajo se veía el Glaciar, pequeño pero fantástico y también la vista previa de toda la ciudad. Comenzamos a subir y veíamos que el sendero hasta la cima sería muy largo. Decían, una hora de subida hasta la base del glaciar. Subíamos y subíamos. Y de momento en momento, decidíamos dónde íbamos a parar. «En aquel árbol paramos», «Después del puente, volvemos». Siempre así… Entonces, seguimos… Las vistas, sin duda, eran espectaculares. Estaba medio nublado, pero el ambiente seguía fresco y bueno para la subida. Y seguíamos subiendo, no nos dimos cuenta y habíamos subido un largo tramo. Agus ya reclamaba del cansancio y Papá estaba un poco cansado. Gonzi, impresionantemente, estaba resistiendo a todo. Y seguíamos subiendo, paso a paso.

Una cosa que nos estaba preocupando es que ahí arriba en la montaña, se estaba quedando nublado, con nubes negras acechándonos. Pero seguimos subiendo. Pasamos por algunos puentes de madera precarios y después de una hora, pasamos por el primer bloque de hielo. Pasaba el agua del glaciar por ahí, probamos un poco y era la más pura porque venía del hielo de las montañas.

Pasamos por arroyos, piedras y más hielo.

Al final del sendero, subimos por una escalerita dudosa y por fin, llegamos a la cima, al final del sendero estaba ahí, el Glaciar Martial imponente en la montaña. Nos quedamos ahí viendo la fantástica vista y elogiando la nuestra hazaña. No fue fácil, pero los 5 capetas lo habían conseguido. Papá quiso aventurarse más y ver otros puntos de la montaña, pero había comenzado a llover. Guardamos las cámaras y bajamos los más rápido que pudimos. Buscamos los árboles para protegernos de la lluvia. Y seguimos bajando. Un turista americano nos indicó un sendero diferente y más protegido. Y realmente fue más fácil. Más lindo y con menos gente. Bajamos relativamente rápido y nos fuimos a la VeraCruz.

 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

Pusimos en el GPS: Estación tren del fin del mundo. Es la línea ferroviaria más austral del mundo. Antes usada para los presos de Ushuaia, el tren de vías angostas, único en el mundo. Llevaba a los presos hacia los bosques de lo que es ahora el Parque Nacional Tierra del Fuego, y allí recolectaban piedras y leña para la ciudad.

El tren dejó de funcionar en 1952 y en 1994 asumió la función turística.

Bueno, al llegar comimos unos sandwiches y Papá compró tickets para lo que sería la Primera clase. No era necesario pero a Agus y Papá les pareció muy divertido. Al contrario de la clase Turista, cada uno tenía su lugar individual y una comida que habíamos elegido previamente. El paseo era lindo, un must do, pero en clase turista, eso de la primer clase fue innecesario. El tren recorre el parque y para en una estación para hacer un mini paseo. Muy lindo y gracioso. Estuvo bueno el paseo, pero podría ir por lugares más pintorescos del parque, que es fantástico. La anecdota del viaje fue la compañía de unos turistas en el mismo vagón. Se hacían los elegantes y finos tomando vinos y reclamando de nosotros hablando en voz alta, pero bueno, estás con los Caldas tienes que aguantarlos, no hay otra (no querían que abriéramos las ventanas porque venía un olor feo de la locomotora).

Después de apagar los motores de la locomotora Ingeniero L. D. Porta, eran las 17.00 h, y todavía había tiempo para visitar el Museo del Presidio de Ushuaia.

Para los que no saben, el Presidio era para criminales reincidentes, como el Petiso Orejudo (alias: moleque capeta) o señor Banks, famosos aquí en el Sur. Realmente, ser mandado aquí o a la Isla de Los Estados era un pedido de muerte, ejecución. En este fin de mundo, frío, sin escapatoria, estar preso era más que penoso. El presidio dejó de funcionar como tal en la década de 1940, por denuncias de maltratos a los penados. Hoy es un museo, para recordar esos tiempos dolorosos y duros aquí en Ushuaia. Nosotros compramos los tickets y visitamos. Muy bien conservado y con mucha información interesante ,sobre la Prefectura Naval y la Gendarmería Nacional también. Otra visita que no debe faltar. Nosotros nos divertimos mucho, Agus principalmente que era la más ansiosa para visitar el presidio.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Eran las siete y nos fuimos al centro de Ushuaia. Muy turística y con muchos locales de recuerdos. Hicimos unas compras y nos fuimos a comer al Martina, porque todos los restaurantes de centolla, tan amada por Papá, estaban llenos.

Volvimos al hotel a las 23.00 h y nos fuimos a dormir para descansar y estar listos para otro día de aventuras aquí en el Fin del Mundo.

 

03/01/16 – Río Gallegos – Ushuaia

Salida: 9.00 h – Llegada: 21.00 h – Distancia: 622 km – Total acumulado: 3930 km

Río Gallegos - Ushuaia - Total

Finalmente, ha llegado el día tan esperado: vamos hacia el Fin del Mundo. El extremo sur de Argentina, en el Canal Beagle, Ushuaia, es el destino más austral del nuestro viaje. En la latitud 59, Ushuaia también es el destino que marca un punto muy importante de la Expedición Patagonia, es la mitad del viaje. Desde Buenos Aires, recorrimos la Ruta Nacional 3 y en los 3080 km de la ruta, vimos la Costa Argentina, desde las aguas frías de la Provincia de Buenos Aires a las ventosas playas de Chubut y Santa Cruz. Conocimos amigos animalescos, los lobos marinos, los elefantes marinos (también conocidos entre nosotros como salsichões), las gaviotas y los geniales pingüinos Magallanes.  Además, pasamos por temperaturas sofocantes de Puerto Madryn a vientos impresionantes de Río Gallegos. Sin dudas, este primera mitad, con  3930 km  fue muy buena y produjo muchas historias graciosas.  Ahora, entraremos en la Patagonia Andina y conoceremos más lugares y tendremos más experiencias. Y bueno, llegamos a un gran lugar, después de un tramo complicado y difícil.

Salimos a las 9.00 h del «fantástico» hotel París. Después de un desayuno «autoservicio», guardamos las cosas y nos preparamos para lo que sería el tramo más difícil, digamos. Al salir de Río Gallegos, cargamos nafta y nos dirigimos hacia el Paso Internacional Integración Austral, la frontera Argentina-Chile, a 60 km. Como era cortito, llegamos rápido. Lleno de autos, esperábamos lío de papeles, etc. Pasamos por Migraciones y Aduanas con derecho a que un perro entrara al auto. Todo el proceso demoró unos cuarenta minutos. Entramos en Chile. La ruta nos llevaba hacia Punta Delgada, terminal de balsas que conectan la isla Tierra del Fuego y el continente. Hasta la balsa eran otros 60 km, que también hicimos rápido.

El transbordador Fueguino tuvo una demora de 30 minutos. Las corrientes del Estrecho de Magallanes provocaban demoras en las balsas hacia la isla. Cuando la balsa llegó, los autos empezaron a entrar y aunque habíamos llegado antes, nos quedamos en el final de la balsa. El auto entró sin problemas, nervios por el equipo Thule trasero. Estacionamos y esperamos hasta llegar a la isla. Papá y yo salimos para mirar el barco y el Estrecho de Magallanes. Ventoso y correntoso, el estrecho permitió a Fernão Magalhães dar la primera vuelta al mundo. Difícil lugar de navegación. A la media hora, el barco atraca en el Puerto Espora, lado isleño. Después de algunas dudas de cómo pagar el pasaje de la balsa, otro lío chileno, los autos empiezan a salir y, con la desorganización, quedamos anteúltimos; obviamente, Papá estaba muy nervioso porque se venía una ruta de ripio larga y estar atrás de toda esa gente sería complicado. Al salir, la rampa del puerto era muy inclinada, y  la base del remolque se arrastró hasta el fin de la rampa, todos estábamos preocupado. El ruido había sido horrible pero bajé a revisar y todo parecía estar bien.

thumb_DSC_0932_1024Hasta Cerro Sombrero, donde comenzaba el tramo de ripio, eran 40 km. Al llegar, había dos rutas, una nueva y otra vieja, las dos llevan al paso fronterizo San Sebastián que nos colocaba definitivamente en Tierra del Fuego. Hasta ahí son 100km de ruta de ripio. La nueva estaba en obras y la vieja estaba en muy malas condiciones, con piedras sueltas, mala compactación y agujeros enormes. No había indicaciones y el GPS no funcionaba bien en el lado chileno de la isla, además el mapa de papel no estaba actualizado. Fuimos con los instintos. Ley de Murphy, de las dos rutas, tomamos la peor.

La ruta de ripio era definitivamente muy mala. Fueron dos horas para hacer 100 km. Fuimos muy lento, porque aunque la VeraCruz sea muy fuerte, no se la iba aguantar un tramo muy complicado a alta velocidad. Entonces, lento pero calmos llegamos al paso San Sebastián. Otra vez, los papeles para migraciones y aduanas y lío otra vez. Más filas y más tiempo perdido. Al entrar, finalmente a la provincia de Tierra Del Fuego, Antártida y Islas Orcadas del Sur. Nuevamente trámite para ingresar al país.

Entramos en Argentina otra vez y ahora sí con rutas asfaltadas hasta Ushuaia, en los últimos kilómetros de la Ruta Nacional 3. Como eran las 15.00 h, pasamos por Río Grande y comimos ahí. Eran 70 km. Como el tramo hasta ahí había sido tan largo, no hubo otra opción, me dormí. Mucho estrés junto, balsa, pasos fronterizos y rutas de ripio. Faltando 15 km, me volví a despertar y justo para ver el Puerto de Río Grande, el gran sueño de Papá, abandonado y perdido en la Costa del Atlántico Sur. Las memorias del breve tiempo que vivimos acá en el Fin del Mundo empezaron a volver. Nos acercábamos al centro, pasamos por nuestra casa, por los hoteles, restaurantes y locales que pertenecían al pasado perdido de 17 años atrás. Cargamos nafta y Papá consiguió data del Puerto abandonado. Dimos una vuelta por la pequeña ciudad fueguina, y paramos para comer en una cafetería. Pedimos unos sándwiches y unas papas noisettes. No creímos que iban a ser tantas, Agus estaba ansiosa para comer. Vino un plato masivo. Muchas papas noisettes. Muchas!!! Agus y yo comimos y no terminaban, Gonzi y Mamá ayudaban. Después de la súper comida, para compensar el día súper largo. Comimos, y partimos para los últimos 200 km de la Ruta 3 hacia Ushuaia. Fue un tramo rápido. La estepa patagónica se fue y la lenga nos invadió el panorama. Gigantes bosques de esta vegetación, mucho más verde de la que veníamos viendo desde el inicio de la Patagonia. Y lo más impresionante, los Andes. Por primera vez, avistábamos los Andes, en realidad, el final de la cadena andina, que viene desde Colombia y Perú. Lindos paisajes irregulares, diferentes de las planicies de la Costa Argentina. Pasamos por varios controles policiales y por Tolhuin, nuestro futuro destino.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Después de 140 km, llegamos al Paso Garibaldi. Con vista al Lago Escondido y al Lago Fagnano. Lindas vistas y espectaculares lugares. En este Fin de mundo, no hay lugares más bonitos y marcantes que en el Paso Garibaldi, son lugares únicos y que rodean la pequeña y pintoresca ciudad de Ushuaia. Sin dudas este último tramo de la ruta 3 es fantástico, como decimos en Brasil «para terminar com chave de ouro«. Llegamos a un mirador y sacamos fotos de contra luz, todos con los ojos cerrados del sol que había.

El último tramo de 60 km fue acelerado. Curva y contra curva a 120 km/h, principalmente con la excusa de que nuestro capitán conocía la ruta. «Ya la hice miles de veces, con lluvia, sin lluvia, nieve, tierra…», nos decía. Impresionante, emociones en los últimos minutos del viaje.

Llegamos a las puertas de Ushuaia, la ciudad del Fin del Mundo, a las 21.00 h, doce horas después de partir de Río Gallegos, impresionante. Fueron 622 km largos, con muchas interrupciones. Pero, llegar hasta acá fue reconfortante y gratificante, después de miles de kilómetros, llegamos al punto más al sur del país, con la VeraCruz. Quién diría que un día la patente de Jaboatão dos Guararapes estaría en frente al Canal de Beagle y a la ciudad de Ushuaia, que, dicho sea de paso, es una de las más lindas que ya vi. Estábamos en el paralelo 54. Nada mejor. Después de pasar las puertas, fuimos hacia el hotel Costa Ushuaia. Nos registramos y la vista era espectacular para la Bahía Ushuaia. Mejor imposible. Guardamos las cosas y después fuimos a comer una sopita en el restaurante del hotel. La moza era súper distraída, se equivocó tres veces en el pedido de Gonzi. Pero, ni reclamamos tanto, apenas nos reímos. Nos fuimos a dormir y a descansar después de un día tan largo. Mañana conoceremos el Fin del Mundo.

02/01/16 – Parque Nacional Monte León – Río Gallegos

Salida: 10.00 h – Llegada: 14.00 h – Distancia: 258 km – Total acumulado:  3308 km

Parque Monte León - Río Gallegos - Total
Nos levantamos a las 7.30 h. Temprano porque todos los huéspedes (nosotros, los argentinos y los italianos/suizos) habíamos acordado en desayunar a las 8.30 h. Nos vestimos y nos reunimos en el living, todos juntos a desayunar. Conversamos de todo un poco otra vez. Y conocimos sus nombres. Diego y Laura, argentinos de Vicente López, él, ingeniero de sistemas y, ella, abogada. Venían de Buenos Aires y recorrieron la Costa hasta Cabo Vírgenes, extremo sur de Argentina continental. Después estaban Alberto y Luca. Arquitecto e industrial relojero, respectivamente. Italiano y suizo. Aunque no hablábamos el mismo idioma ellos, nos comprendían y nosotros a ellos. Venían de Italia, frontera con Suiza, y tenían curiosidad por conocer la Patagonia. Visitaron El Calafate, El Chaltén, Puerto Natales y otros lugares. En suma, todos muy simpáticos y la experiencia de comer juntos y charlar, intercambiar experiencias fue muy buena y diferente. Comimos, nos reímos y nos conocimos un poco más.
Al terminar el desayuno, organizamos las cosas, nos despedimos de Vivían y de la Estancia Doraike, muy linda, rústica y familiar. Como Agus decía, «como la Quinta» y fue así que nos sentimos, bien recibidos.

Salimos a las 10.00 h hacia el Parque Nacional Monte León, una de las pocas reservas naturales protegidas de la Costa Argentina. La ruta de ripio nos llevó hasta la Cabeza del León, que le da el nombre al parque. El viento, impresionante y no es nada comparado al viento del invierno. Agus reclamaba que su pelo se enredaba y le quedaba en la cara. Yo no tenía problemas, estaba aerodinámico. Caminamos por un sendero medio capeta y vimos la vista del mirador y el fantástico panorama del Parque. Vimos, de lejos, unos lobos marinos y sacamos algunas fotos y volvimos corriendo al auto. Gonzi hasta se cayó del caminito y se ensució de una manera cómica. Cayó como una bola azul y terminó como bola marrón.

Después, seguimos camino al mirador de la Isla Monte León, casa de cormoranes y gaviotas cocineras. Al llegar, Papá estaciono justo en un pozo de barro,  ensució el auto y nos avisó: «¡Cuidado con el barro, Patifão!» Como dignos niños distraídos, Agus y Gonzi, la primera cosa que pisaron al salir del auto era la bosta del barro. Y, obvio, no tocó apenas el barro. Decíamos que casi se zambullía en él. Hasta que saliera una camada del barro pasaron toallitas, pasto, todo lo que había a disposición. El pantalón… Marrón. No podía ser más…delicioso. Bueno, limpiamos la bosta y volvimos al auto. Íbamos visitar la playa. Ahí, nos encontramos con los argentinos y con los italianos/suizos. Caminamos por la playa. Agus se sacó los zapatos y probó el agua. Con su habilidad característica, también se mojó los pantalones y tuvimos que esperar que se los secara.

La playa de piedritas nos encantó. De alguna manera, las playas de Brasil perdieron algo de su encanto, para mí, por lo menos. Estas del sur podían ser frías, correntosas y de difícil acceso, pero eran lindas.
A las 12.00 h, volvimos al auto y partimos hacia Río Gallegos. Eran 230 km hasta la última capital de Argentina continental. Las estepas, los guanacos y las ovejas, nuevamente, invadieron nuestro paisaje. Y, por primera vez, pasamos por una lluvia patagónica. Dispersa, pero refrescante para este ambiente tan seco.

Llegamos a Río Gallegos a las 14.00 h. En la entrada, control policial… Nos preguntan de dónde venimos, «Río de Janeiro» responde papá, y nos dejan pasar. A los otros viajeros les pedian documentos, les hacían preguntas, etc. La  Vera Cruz salvando el día otra vez. Río Gallegos, ciudad simple, pero un poco sucia, comparada a las que veníamos visitando. Íbamos recorriendo la capital del sur y nos acercamos al hotel. Hotel París era su nombre. En la puerta, el cartel se caía a los pedazos. Bajamos las cosas, Papá estaciono el auto. Al entrar, olor a naftalina. Las habitaciones eran raras, pero como íbamos a quedarnos una sola noche, no había problema, mejor para nosotros como críticos TripAdvisor.

Comimos en el Quattrocento, un restaurante buffet dudoso, de calidad nivel capeta. Pero comimos igual por el hambre que teníamos. Después, fuimos a caminar por el centro de Río Gallegos y Gonzi se compró un sombrero, tipo Carlos Gardel… Sin comentarios.

A la noche, en los vientos infernales del sur fuimos a comer a Bartolo y a dormir. Mañana el día será largo porque vamos a Ushuaia y el tramo incluye balsa, fronteras internacionales, rutas de ripio y mucho camino a andar. ¡Vamos al Fin del Mundo, señoras y señores! Mañana veremos qué pasa.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Agus is back! 

Sorpresa! Agus is back. Bueno, se supone que debería decirles cuántos km hicimos hoy, o a qué hora llegamos al grandioso Hotel París (que de París no tiene nada), pero para decirles la verdad, no me acuerdo de nada de eso y en general, duermo todo el camino. Empezamos desayunando en la misma mesa que con personas que conocimos ayer a la noche y que solo escucharon la voz de papá toda la cena. Creo que se quedaron más que felices cuando dijimos que solo nos quedábamos por una noche, hasta nos abrazaron de emoción. En seguida, fuimos a Monte León y entre diversas situaciones, Papá grita «cuidado el barro!».

Agus : «ops, pisé barro»

Mamá : «Gonzi! Mirá lo que hiciste!»

Y allá se fueron más de 20 minutos limpiando zapatillas.

Después de dormir por un ratito más en el auto (digamos que algo entre 2 horas), me despierto al llegar a Rio Gallegos. Ya ni quería ver cómo era el hotel. (Insertar sentimiento de desconfianza y miedo).
Finalmente llegamos al HOTEL PARÍS. No es que es el perfecto lugar de capetas? 🙂 . Arriba de la cama de marinero, siento que me voy a caer encima de Gonzi en cualquier momento. Mañana Marcos les avisa si Gonzi sigue vivo.

Salimos a pasear por la gran ciudad, y Gonzi se compra un supuesto gorro de Indiana Jones. Está más para Perry, el ornitorrinco (de Phineas y Ferb) que cualquier cosa.

Me voy quedando por acá.
Espero que me hayan extrañado.

Y nos vemos por ahí.

20160102_21262520160102_212318

01/01/16 – Comodoro Rivadavia – Parque Nacional Monte León 

Salida:  9.30  –  Llegada: 17.00 – Distancia: 613 km  – Total acumulado: 3050 km

Comodoro Rivadavia - Parque Monte León - Total

¡Feliz año nuevo 2016!! Había que despertarse temprano para comenzar el 2016 en la ruta. El tramo de Comodoro Rivadavia al Parque Monte León no era tan largo como otros que ya hicimos o que haremos. El tema es que queríamos parar en San Julián, un importante puerto para Fernão Magalhães cuando completó el primer viaje de circunavegación de la Tierra, pero también donde Darwin estudió y paró con el Beagle. San Julián también fue un importante centro estratégico militar para la Guerra de las Malvinas.

Esa historia, en realidad, fue para rellenar un poquito el hecho de que solo íbamos a comer  ahí. Nos despertamos a las 7.00 y desayunamos a las 8.30. Ni el loro… Todo estaba desierto en Comodoro Rivadavia. Ni hablar del silencio a la medianoche… Ningún petardo, cohete, nada… Fue el año nuevo más silencioso que pasé en los últimos años para no decir en la vida.

Así, salimos silenciosamente de Comodoro a las 9.30 h. Paramos a 70 kilómetros, en Caleta Olivia, dentro de la provincia de Santa Cruz, la más grande de Argentina y com menor densidad poblacional también.

Seguimos por la larga ruta 3. En este tramo, la ruta estaba un poco peor, pero seguía la línea de la Costa. Lindo y muy diferente de las planicies que veíamos desde Buenos Aires. Un poco después, la ruta volvió a entrar hacia el interior pero siempre apuntando hacia el sur. Los planaltos sustituyeron las planicies, pero compensó con subidas, bajadas y alguna que otra curva cerrada. Un tramo más diversificado, digamos, pero, obviamente, a los 150 km/h de Papá. Los guanacos de Santa Cruz eran más valientes y más curiosos que los de otros lugares, y, simplemente, se paraban sobre la ruta. Muchas veces tuvimos que desacelerar bruscamente (de 120 a 30 en solo algunos segundos) para dar tiempo a que el guanaco saliera elegantemente de la ruta con cara de «¿Estos qué se creen? Solo porque vienen de Río de Janeiro, no van a jugar conmigo».

Después de 350 km, llegamos a San Julián. Ciudad linda, pero otra vez, todo desierto. Nadie en las calles, apenas nosotros y otros turistas. Obviamente, todo estaba cerrado y no pudimos comer nada. Intentamos almorzar en la próxima parada en Comandante Luis Piedra Buena, cerca del Parque Monte León. En el camino, paramos en Tres Cerros, con los mismos resultados (parecía Acre para los que ya escucharon), y al mismo tiempo, llegaron dos motos que venían de Rio de Janeiro. Coincidencias… En este fin del mundo, vienen dos tipos de Rio… Ni acá conseguimos huir de ellos. Como decimos nosotros: Bolatz.

 

Llegamos a Comandante Piedra Buena y comimos unas galletitas con queso en YPF, el almuerzo más barato hasta ahora. Después de almorzar, volvimos a la ruta a apenas 35 km del en el Parque Monte León. Vimos más guanacos y más estepa patagónica. En el kilómetro 2406 de la Ruta 3, encontramos la entrada hacia la hostería Doraike.

Para llegar, hay una ruta de ripio de 3 kilómetros. La vista de la estancia como un todo es lindísima. En medio de los planaltos patagónicos, cerca de un río. Al acercarnos, vemos varios autos y muchas personas. Cuando llegamos a la puerta nos recibe una señora y nos pregunta si éramos los 5 pasajeros que venían de Brasil. Bajamos las cosas y Vivian, la anfitriona, nos mostró las instalaciones. Agus decía «Se parece a la Quinta». Todo era muy rústico. El baño, comunitario, pero «nuestro». Nosotros, solos, éramos la mitad de los huéspedes. La señora nos preguntó también qué queríamos comer y nos sugirió fideos con salsa y cordero (que era carísimo). Agus, Mamá, Gonzi y yo elegimos los fideos, no hace falta decir qué eligió Papá. Como digno Príncipe de África eligió el cordero.

Observación: la señora y sus familiares son los que cocinaron la cena. Nos acomodamos y jugamos a los dardos. Después, salimos a caminar por la estancia. Vimos ovejas sueltas y también un montón de sus bostas. Paseamos por los establos y sacamos algunas fotos. Fue medio raro porque era el día de cumpleaños de Vivian. Apenas ella se fue,  quedamos libres para explorar la «hostería». Todas las personas que habíamos visto eran los familiares de Vivian y fue medio incómodo pasear por una casa ajena. Pero la pasamos bien y descansamos en las habitaciones.

Durante la cena, nos reunimos con otros huéspedes porque era costumbre de la hostería. Había una pareja argentina y un suizo y un italiano. Todos cenamos juntos y conversamos de donde éramos y para dónde íbamos. La Patagonia era el punto común. Nos reímos, y tuvimos muchos momentos graciosos. La cena se extendió hasta las once, y después nos fuimos a dormir. Agus y yo nos quedamos despiertos hasta las doce. Vimos el cielo: uno de los motivos para estar ahí.

No hubo internet, ni tele. Entonces, no pudimos actualizarlos como siempre. Mañana visitaremos el Parque Monte León y seguiremos camino hacia Río Gallegos, la última parada antes del Fin del Mundo. Estamos en el paralelo 50. Imaginen que Río de Janeiro queda en el 23. Anduvimos 613 km hoy y ya estamos en 3050 km acumulados. Veremos qué nos traerán los póximos días. Vamos por más aventuras, ahora en 2016.