19/01/16 – Descansando en La Pampa

Después de un larguísimo cruce por el desierto, este día fue una forma de descansar en el intermedio de dos tramos que eran muy largos. El de ayer sumó muchos kilómetros que superamos los 9000, por la Argentina y los 10500 desde Porto Alegre donde comenzó todo. Básicamente, hasta el punto final nos faltan 600 km, un estirón plano por las planicies de La Pampa y de Buenos Aires. Amanecimos más tarde de lo normal. El día, al contrario de ayer, que estaba limpio y soleado, estaba nublado y apenas me desperté, se levantó una tormenta con rayos incluidos. Todos pensábamos con lo que Gonzi nos iba a decir porque le habíamos prometido ir a la pileta y hacer varias cosas. Era día libre, entonces no había mucho problema con horarios. Nos vestimos y fuimos a tomar el desayuno. Agus y Mamá fueron a buscar los horarios y informaciones sobre el spa porque ya pretendían hacerlo desde que salimos de la Quinta. Más o menos a las 10.00 h, la lluvia ya había parado y las nubes se dispersaban. Bueno, a las 10.30 h, como Gonzi estaba aburrido, Papá organizó jugar al paddle. El hotel era bastante simpático. La pileta, gigante, hay muchos salones de fiesta, canchas de tenis, volley, fútbol y paddle. Muy variado. Papá y Gonzi fueron primero, pero como todas las cosas de recreación sólo abrían a las 12.00 h, consiguieron apenas dos raquetas y encontraron una canasta llena de pelotas. Así, empezaron a jugar. Agus y yo llegamos al ratito. Como estaban jugando tranquilos, esperé que terminaran y ahí entre. Jugamos Gonzi y yo un ratito, diferente del tenis pero más rápido y más divertido, creo. Gonzi no le iba muy bien, pero a veces tiraba unas bolas capetas, profesionales. Al rato se cansó. Fue a buscar a Mamá para poder ir a la pileta. Fue, volvió… Fue y volvió…. No la encontraba. En ese entretiempo, Papá y yo jugamos como los viejos tiempos. Como Gonzi ya estaba desesperado y insistente, Papá fue con él y juntos fueron a buscar a las dos. En ese ínterin, me quedé jugando con la pared, esperando al resto. Los cuatro volvieron después de organizar lo del spa, Papá volvió a jugar conmigo y Agus, Mamá y Gonzi nos quedaron mirando por unos 15 minutos y después se fueron para la pileta. Papá quiso jugar más un rato, sudados y con calor insoportoble, fuimos a la pileta también. El hotel estaba vacío a aquella hora. Nadie en la pileta. Obviamente, eran las 12.00 h, quién es loco para tomar sol y aprovechar la pileta bajo el fuerte sol pampeano. El cielo se había despejado espectacularmente. Ni una nube. El viento cesó y día estaba fantástico. Aprovechamos la pileta y quedamos ahí descansando, recordando el viaje que estaba llegando al fin. Quedamos un rato hasta que llegó la hora del almuerzo. Agus tenía marcada su sesión del spa a las 15.30 h y Mamá a las 16.15 h. El sol nos quemaba pero ni nos dimos cuenta. Comimos ahí en el jardín y aprovechamos el día.

Agus después fue a su sesión y Gonzi, Papá y yo nos quedamos descansando en la habitación. Después Mamá fue a su relajación y vimos pelis en el tiempo libre. Descansamos más y más.

A las 22.00 h, todos relajados y descansados fuimos a comer. Pastas para todos. Estuvo bien y recordamos nuevamente el viaje y dimos nuestras opiniones Decidimos salir temprano, pero sabemos que eso nunca pasa. Volvimos a las habitaciones y ya nos organizamos para mañana, Agus y yo por lo menos, no sabíamos cómo estaba la situación en la otra habitación.

Mañana va a ser nuestro último tramo de la Expedición Patagonia y los últimos kilómetros en la Argentina, todavía tendremos kilómetros hasta Porto Alegre, pero nos despediremos de las rutas argentinas. Veremos lo que será mañana en la llegada a Buenos Aires.

17/01/16 – Villa La Angostura – Neuquén 

Salida: 11.30 h – Llegada: 17.00 h – Distancia: 420 km – Total acumulado: 8456 km

Villa La Angostura - Neuquén - Total

Agus, Gonzi y yo nos despertamos temprano y comimos nuestro desayuno simple en la habitación. Esperamos a Mamá y Papá pero, no sabemos por qué, tardaron bastante y otra vez hicimos la gracia del Thule y aunque  Papá estaba nervioso, conseguimos salir a las 11.30 h de Villa La Angostura.

La Ruta 40 seguía el Río Limay, un afluente del Río Negro. Estábamos impresionados con el color del agua del río y del cielo.

La ruta pasaba por lugares fantásticos y nos hacía subir en latitud. Imaginen que estuvimos en el paralelo 54, y ahora ya estamos en el paralelo 37. Y subiendo. Este era el último tramo que seguiríamos por la Ruta 40.

Seguimos camino hasta el cruce con la Ruta 231, dónde iríamos directamente hacia Neuquén.

La vegetación volvió a ser un poco más seca y parecida con la estepa Patagónica. El río Limay nos seguía y nosotros lo seguíamos también.

Paramos en Piedra del Águila, pueblo de la provincia de Neuquén y comimos para seguir camino.

Debo decir que el tramo de hoy, mismo que de extensión media, fue rápido. Fueron 480 km, por la ruta 40, com muchos autos que cruzaban el asfalto lentamente y también muchos sobrepasos violentos de Papá. En algunos tramos volvía a llegar a 150 km/h.

Llegamos a Neuquén a la tarde, más o menos a las 17.00 h, y encontrar el hotel no fue difícil.

En la puerta, ninguna indicación. Puerta Oeste se llamaba. Por el GPS, avenida San Martín 8600, estábamos en el lugar correcto. Miramos al lado, y había un portón abierto. Yo decía, «es aquí, dónde más podría ser». Entramos dudosos, lentamente con la VeraCruz. Todo vacío. Había varias cabañas, pero ninguna señal de vida. Seguimos por el caminito y al fondo había un señor sentado en la escalera de una de las cabañas. Le preguntamos por Puerta Oeste y nos entendió Puerto Este. Muy bien. Le repetimos y vino otro que nos comprendió. Nos indicó que fuéramos para atrás y en la primera casita, estaba la recepción. Papá se bajó e hizo lo usual. Aquellos hombres eran nuestros vecinos y participaban de una obra ahí cerca. El desayuno era en la YPF de ahí cerca. Y la conexión de internet era abierta, sin clave, sin nada. Espectacular era la palabra que el «recepcionista» daba para la conexión.

Obviamente, no había nada de espectacular. Volvimos a la cabaña y la primera cosa que hicimos fue decir «Delicia». La cabaña era… No sé… Cómica. Lo que más nos causó gracia fue la tele. Como había dos habitaciones y una sola tele, hicieron un método para que se pudiera ver de los dos lados o de solo uno. Fue cómico, creativo y capeta. El baño también, delicia. Lo más interesante es que veníamos de un extremo al otro. Del Marinas Alto Manzano a Puerta Oeste, había un cambio abrupto. Pero nada podía dejarnos mal.

Nos acomodamos y descansamos. A las 22.00 h, fuimos a YPF, nuestra compañera de ruta, porque no había casi nada para comer en los alrededores, además no teníamos mucha hambre y había sueño.

Comimos y Agus, andando distraídamente como siempre, se golpeó con un tacho de basura y se raspó la mano. No fue nada, pero a Agus le dolía. Todos nos reíamos, incluso ella, porque fue muy ridícula la forma que se golpeó. Por lo menos no teníamos a alguien llorando o algo del tipo.

Volvimos a la cabaña, y nos dormimos profundamente.

Neuquén, como último destino en la Patagonia, nos hace despedir de ella, pero todavía tenemos que cruzar el Río Colorado para realmente decir adiós.

Mañana también cruzaremos el Desierto Pampeano.

16/01/16 – Villa La Angostura – Pedaleando por Angostura

Salida: 11.00 h – Llegada: 18.00 h – Distancia: 76 km – Total acumulado: 8036 km
Villa La Angostura nos recibía en nuestro día de descanso con nubes. Agus y yo nos despertamos a las 8.00 h y vimos un poco de tele, después de bañarnos etc. Gonzi, como siempre, tardó un poco más para despertarse. Esperamos a Papá y Mamá que se prepararan y a las 9.40 h estábamos yendo a desayunar.

Como no había un plan definido tardamos en salir, y, por lo tanto, a las 12.00 h, fuimos al pequeño centro de Villa La Angostura.

La pequeña ciudad está en la Ruta de los Siete Lagos y es una simple localidad, exclusiva, fuera del movimiento agitado y comercialista de Bariloche. Villa La Angostura es un destino muy indicado para los que quieren algo diferente de Bariloche, sin embargo, es más caro.

Fuimos de auto desde el hotel, Marinas Alto Manzano, hasta el centrito de La Angostura. Paramos para ir al cajero y de paso ir caminando por las calles de Villa La Angostura. La avenida Los Arrayanes linda y organizada con muchos locales simpáticos y interesantes. Con bastante tráfico, y gente también conociendo esta localidad, nos gustó mucho el pequeño paseo por la ciudad. Es simple y calmo. El tema que nos dejo decepcionado fue el clima, que no era culpa de la ciudad.

Como no había programa, me había surgido, hace un tiempo, andar de bici y como Gonzi, estaba de aburrido, se coló a la idea y la fijó. Y bueno, teníamos esa idea, de conocer un poco de Villa La Angostura encima de lo yo llamo de «flaquitas» o «magricelinhas». Seguimos caminando y vimos varios locales de alquiler de bici. Como ya era la una, decidimos ir a comer. En el camino, Papá paró e hizo fila para conseguir info sobre los paseos de bici en La Angostura. Con los mapas en mano, Papá descubrió varios posibles paseos de bicis. Uno que iba hasta el Puerto y otro por la bicisenda de la avenida Nahuel Huapi. Ambos paseos bastante recomendados y de corta duración.

Caminando por el centro, vimos al pequeño resto-bar El Viejo Fred. Muy simpático y bueno, pero un poco caro. Como fue algo rápido, salimos caminando buscando el local de alquiler de bicis.

Había uno en la propia Avenida Nahuel Huapi: Bayo Abajo. Preguntamos por una bici para Gonzi y había, medio pequeña, pero le había gustado. Aceptó sin problemas. Cuando Agus vio que había que usar casco, se bajó del programa y Mamá ya se había bajado, por la cuestión de un posible dolor de rodillas y realmente, las bicicletas tienen ese punto en contra, necesitan mucho esfuerzo de las rodillas. Entonces, los ciclistas éramos Gonzi, Papá y yo. Decidimos ir por la bicisenda para que no hubiera problemas con Gonzi. Nuestras bicis eran buenas. Sólo el casco es que no era necesario, pero bueno.

Salimos y la bicisenda comenzaba con una subida. Para Papá y yo fue simple porque teníamos cambios pero a Gonzi cada pedaleada era un esfuerzo enorme. Encima, como la bici era chica para el, tenía que hacer mucho esfuerzo para andar un poquito, además andaba sin marchas. Subimos por unos 20 minutos, hasta que Gonzi se cansó. En la subida, me reclamaba y yo relataba a Mamá y Agus lo que iba pasando, porque nos seguían, andando.

Hubo un momento que Gonzi desistió y esperó a que Mamá y Agus nos alcanzaran, para poder volver y descansar. Como todavía teníamos unos 40 minutos para andar, Papá y yo decidimos acelerar para aprovechar el paseo. Ellos tres volverían para comprar unas cosas en el súper, y devolver la bici de Gonzi. Iba a ser bajada, no habría problema.

Así, seguimos Papá y yo en la bicisenda. Después del punto donde dejamos a Gonzi, la subida seguía un poco y después hacia una bajada impresionante. Sin mover un músculo, bajamos tranquilamente y conseguimos ganar una cierta velocidad y anduvimos usando apenas los frenos, aunque no estaban tan bien como esperábamos. Bajando a alta velocidad y evitando los obstáculos llegamos en cinco minutos al final de la bicisenda. Son esos cinco minutos que a mí me encantan, disfrutando del camino y del paisaje.

Volvimos por el mismo camino, pero ahora en subida. Papá ya estaba sintiendo los golpes del cansancio. Yo iba tranquilo todavía. Llegamos relativamente rápido al final de la subida. La subida cansadora de Gonzi se transformó en una bajada poco inclinada. Comenzamos a ganar velocidad otra vez. Los obstáculos que antes eran árboles, piedras o cosas del tipo ahora eran personas. Íbamos rápido evitando posibles choques. En la bajada, frené para que Papá me alcanzara, pero su espíritu competitivo ni pensó, me sobrepasó y continuó barranca abajo acelerando. Yo iba atrás a una distancia segura de él. En cierto momento, había unos skaters que estaban practicando sus maniobras en la bicisenda. Papá, veloz, pasó rápido por ellos y casi se llevó puesto a uno . Yo pasé y pedí las debidas disculpas.

20160116_150214.jpgLlegamos rápido al local de las bicis y todavía nos restaban veinte minutos más. Como no veíamos a los tres, Gonzi, Mamá y Agus, decidimos andar un poco más. Seguimos por la avenida Los Arrayanes, en dirección al puerto. Ya no había una bicisenda, entonces caminamos por la calzada agujereada. Yo ya estaba acostumbrado por los malos caminos de Rio de Janeiro, pero Papá no tanto, iba lentamente evitando los obstáculos.

El camino hacía un giro a la derecha y después subía en una pendiente considerable. Papá decidió continuar. Subimos y subimos, pero Papá ya había alcanzado su tasa de esfuerzo máximo. Realmente, era una pendiente muy inclinada para quien andaba de vez en cuando en Rio. En cierto momento, como Gonzi, dijo que ya no aguantaba más. Me sugirió que yo anduviera un poco más y que nos encontrábamos al ratito en el local de las bicis.

Bueno, sólo traté de andar lo más rápido posible para no tardar tanto. La subida continuaba por unos 400 metros más, hasta que llegaba a una parte plana y seguía así unos 500 metros. De ese punto en adelante, el camino descendía bruscamente por curvas y contracurvas cerradas hasta el Puerto, que estaba en el final del camino. Observación, el camino del cual estoy hablando es la propia calle, la vereda estaba muy mala para andar. Descendí a toda velocidad. Genial, andando a la misma velocidad de los autos o más, usando apenas la gravedad como acelerador. Rapidísimo bajé. Los frenos aguantaron bien la bajada, pero dudé de ellos en ciertos momentos. Para los que no saben, uno de mis hobbies favoritos, si es que lo puedo llamar así, es andar de bici. En Rio de Janeiro, hay caminos muy buenos y malos para recorrer la ciudad, otro tip para los que un día vayan. Nada mejor que andar de bici por aquellos paisajes fantásticos. Papá siempre llamaba a los ciclistas que iban por la ruta de locos, porque hay muchos que hacen el camino que nosotros hicimos (un tanto menos) pero de bici, pero yo los llamaría de visionarios. La bici tiene algo más que el auto. Puede no ser rápida, o cómoda como el auto, pero te conecta al lugar mucho más que el primero. Uno se siente parte del lugar, cuando siente el viento, fuerte o no, el agua, de la lluvia o no, o la temperatura, fría o caliente. La bici, al contrario del auto no te deja aislado del ambiente. Obviamente, es solo una opinión, otros pueden decir lo mismo sobre caminar, etc..

Al final de la mega bajada, estaba el puerto y la entrada al Parque Bosque Los Arrayanes. Hay un sendero, accesible pero no tenía tiempo de explorarlo. Volví. La bajada impresionante, otra vez se transformó en una subida magnífica y de caer lágrimas, de tristeza. Bajé todas las marchas y subí con todo. Cuando había un lugar para parar, tomaba aire y continuaba la subida. Muchos subían caminando con sus bicis, yo no podía hacer eso. Seguí pedaleando, hasta la cima y después relajé con la bajada que se venía, pena que el día estaba tan nublado, porque si estuviera despejado, sería un paseo muy bueno.

Rápido llegué al local de las bicis. Papá me esperaba ahí y cerramos el negocio. Ellos habían andado una hora y yo una y media. El paseo estuvo bueno. Haría otra vez en otros lugares. Después de pagar y todo lo demás, encontramos a Mamá, Agus y Gonzi.

Ellos se habían ido al súper. Gonzi, arriba de la bici, bajó a toda velocidad también. Casi mató a algunos peatones, pero no hubo accidentes. Compraron cosas para nuestro desayuno de mañana porque como estábamos en el loft, el desayuno no estaba incluido, entonces compraron algo para nosotros tres.

Volvimos al auto y después al hotel, pero Papá quiso pasar por donde anduve de bici, para concoer el puerto y nuevamente hice el camino que había hecho de bici, ellos recién conocían el lugar. Ahora miré con más detalles y comenté cosas con ellos. Al volver al hotel, descansamos un rato. Gonzi tomó baño en el hidromasaje. Agus quería relajarse sola, pero Gonzi se le había adelantado y le arruinó los planes, enojada terminó sin bañarse.

A las 21.00 h, fuimos a comer a Cook otra vez porque Papá le había prometido al señor, que creemos que se llama Walter, que íbamos a comer algo más contundente hoy. El señor nos sugirió varias cosas. El guiso de lentejas, ravioles de trucha y el Goulash Mit Spätzle. Papá y yo fuimos por los ravioles. Mamá por el guiso. Y Agus por el Goulash. Gonzi iba por un poco de cada.

El señor muy simpático otra vez y la comida muy rica otra vez. A Agus le encantó su plato germánico, austro-húngaro. El mío y el de Papá también estaban muy bueno. Y el de Mamá también.

Comimos rico y nos despedimos del señor, que nos saludó muy amablemente y amistosamente. Muy bueno, sugiero para los que visiten Angostura. Volvimos al hotel y vimos una peli, Marley y yo, Agus, inclusive, le agarró ataque de tristeza porque ya sabia el final, pero igual lloró.

Mañana seguiremos camino hacia Neuquén, último destino en la Patagonia. Nos despediremos de esta fantástica regiónPatagonia. Más aventuras para mañana.

15/01/16 – Esquel – Villa La Angostura

Salida: 10.00 h – Llegada: 16.30 h – Distancia: 480 km – Total acumulado: 7960 km

Esquel - Villa La Angostura - Total

Como siempre, nos despertamos más tarde de lo que deberíamos. Hoy era otro día de ruta; más o menos 370 km, de Esquel hasta Villa La Angostura.

A las 8.30 h, nos traían el desayuno a la habitación. Todos estábamos listos para comer, pero Papá se había ido al Quincho para ver si se conectaba y resolvía algunas cosas. Otra vez, nosotros cuatro ya teníamos todo listo, y sólo estábamos esperando tranquilamente, mirando tele. Obviamente, el tiempo iba pasando; Papá volvió a la habitación e hizo todo su ritual de vestirse, bañarse, etc. En su tiempo, sin problemas. Cuando terminó ya era la hora de guardar; se puso nervioso con nosotros porque también estábamos tranquilos, pero eso ya es normal. Guardamos las cosas y partimos en dirección al nuevo destino.

Papá quiso llenar las gomas de la VeraCruz y después fuimos a la Hoya, centro de esquí famoso acá en Esquel. Quedaba unos 13 km fuera de la ciudad en ruta de ripio. Curvas y contracurvas hasta el final. Ninguna alma penada por el camino. Cuando llegamos al final, observamos la estación de esquí. Como si estuviera abandonada. Nadie… Nadie. Subimos a la boletería y nos dicen que está abierto para subir y ver. Bueno, Papá compró las entradas y fuimos a subir en las aerosillas. Una de las cosas a las cuales tengo mucho miedo son las cosas suspendidas. Las aerosillas, por ejemplo. Encima, entrar y salir de la aerosilla es raro y peligroso. Pero bueno, subimos. A medida que íbamos subiendo, la temperatura disminuía y el viento aumentaba. Agus me iba hablando sobre las técnicas de aerosillas y todo el universo del esquí. Después de varios minutos ascendiendo a la cima, llegamos y salimos violentamente de las sillas.

En la cima, una señora fotógrafa, nos saca fotos, probablemente para venderlas después, y nos cuenta sobre la estación, y lo que podíamos hacer. Nada, obvio. Había un sendero, pero no estábamos preparados para nada. Encima yo estaba de bermuda, creyendo en el consejo de Papá, y me estaba muriendo de frío. Caminamos y vimos la vista, linda, pero nada grandioso. Al rato, volvimos a bajar porque no había nada qué hacer y volví en la aerosilla con Mamá. Tranquilamente, la temperatura fue aumentando hasta una sensación soportable.

Volvimos al auto después del paseo nada necesario.

Continuamos por la ruta 40, ahora con muchos más árboles, vegetación y tráfico. Muchos autos que paseaban lentamente por la ruta, nos hacían desacelerar. Obviamente, Papá se ponía nervioso y quería dar sus lecciones de manejo defensivo (para mí, algo agresivo). Y así fue el camino, tranquilo, pero la ruta estaba bastante mal, con muchos agujeros y peligrosas lomas. Paramos en El Bolsón para comer. Comimos en La Marca, muy rico. Sólo el mozo fue una cosa graciosa porque Agus lo analizaba con si fuera un potencial pretendiente. El almuerzo fue rápido porque teníamos que volver a la ruta para hacer 200 km.

Cuando salimos, Agus nos avisó que tenía ganas de ir al baño y Papá le preguntó si aguantaba, y la respuesta fue positiva. Seguimos camino. La ruta 40, en esta región, es conocida como la Ruta de los 7 Lagos. Creo que es el tramo más fantástico de la ruta 40. Nosotros ya lo habíamos hecho en viajes anteriores y todos los que quieran visitar Bariloche, Villa La Angostura o San Martín de los Andes no pueden dejar de hacer ese paseo. La ruta es muy buena, especial para quienes vienen para hacer turismo.

Seguimos camino, subiendo y bajando las montañas, por la fantástica ruta. Pena que el tiempo no ayudó porque cuando el sol brilla es extremamente lindo. A 70 km de Bariloche, Agus avisó que las ganas habían aumentado. Como íbamos a pasar por afuera de la ciudad, Papá decidió parar en el aeropuerto de Bariloche, dijo que no había otra opción. Acelerando y muchas veces lento por causa de los que iban paseando, llegamos al aeropuerto. Agus y yo salimos corriendo como si fuéramos a tomar un vuelo. Agus salió feliz, y seguimos camino hacia la Angostura. De ahí al hotel Marinas Alto Manzano fue rápido.

El hotel es fantástico, está ubicado en las márgenes de la Bahía Manzano con sus aguas limpias y translúcidas. Orientado hacia la bahía, contaba con ventanas enormes para ver los barcos y las montañas exclusivas de esta ciudad. Papá había alquilado un loft, para nosotros tres. Lindo, y Agus decía que quería pasar su luna de miel acá. Después de varias discusiones sobre quién iba a dormir en cada cama, nos acomodamos y esperamos para ir a comer. Nosotros tres en el loft, esperamos hasta las 22.00 h, cuando Papá y Mamá decidieron salir. La recepción nos sugirió ir a Cook, pequeño resto bar, cuyo dueño es un señor muy simpático. Viejito, decíamos que sería excelente locutor de radio. Este lugar es conocido por las buenísimas empanadas y pizzas, además de la comida irlandesa. No sabemos si el dueño era irlandés, pero tenía cara de serlo. Yo estaba con sueño, y muy cansado, entonces no aproveché mucho la salida, pero bueno, todos saben cómo me quedo cuando tengo sueño.

Comimos rico y simple. Después volvimos al hotel y me tiré a la cama como si fuera a hibernar. Mañana iríamos conocer Villa La Angostura y descansar un poco del viaje que venimos haciendo.

14/01/16 – Cueva de Las Manos – Esquel

Salida: 9.20 h – Llegada: 16.45 h – Distancia: 620 km – Total acumulado: 7480 km

Cueva de las Manos - Esquel - Total

Esquel era nuestro nuevo destino. Comenzamos a subir por la Ruta 40, en dirección a la Región de los Lagos. Bariloche, Esquel, Villa La Angostura, San Martín de los Andes, entre otros son algunos de los destinos conocidos de esta región. Al lado de los Andes en el paralelo 40 a 35, son buenos lugares, húmedos y favorables para las grandes estaciones de ski del mundo.

Bueno, nos despertamos temprano, a las 7.30 h. Yo, por lo menos, quise despertarme a esa hora. Papá y Mamá, un poquito más temprano porque tenían que hacer las valijas. Yo ya la había hecho, entonces me di el lujo de despertarme más tarde. El desayuno estaba listo a las 8.00 h. Puntualmente, hasta cinco minutos antes (¿impresionante no?), estábamos sentados esperando el desayuno. Comimos rico, había poca variedad, pero lo que estaba disponible era bueno. Al rato, como estábamos bastante rápidos y ágiles, ya teníamos todo adentro del auto y listos para partir. Obviamente, todas las ceremonias de salida siempre presentes.

A las 9.20 h, estábamos de vuelta a la Ruta 40. Nuevamente, la estepa los guanacos y la soledad nos acompañaron en el camino. 60 kilómetros del hotel estaba Perito Moreno, donde cargamos nafta. Otro cambio que comenzamos a notar era la temperatura. Hoy fue el primer día de bermuda desde Comodoro Rivadavia. Como estábamos subiendo en latitud, ya se sentían los cambios. El viento Patagónico común ya era más liviano y menos abrasivo, lo que mostraba una vegetación más frondosa, más verde y abundante, una estepa fortalecida, digamos. La temperatura llegaba a los 25. Impresionante, para lo que veníamos pasando. Una observación, el sur no es frío, el tema es que el viento de los Andes crea una sensación térmica muy fría.

Y continuamos subiendo, siguiendo la línea de los Andes, con las rectas impresionantes de la Ruta 40. Después de 200 kilómetros pasamos por Río Mayo, Capital Nacional de la Esquila. A Agus le dio mucha pena el lugar porque las ovejas eran casi que veneradas por ella. Ovejas a parte, pasamos rápido por Río Mayo y seguimos camino hasta Gobernador Costa, después de un largo tramo de ripio. Allí, después de muchas estancias, vacas y guanacos, pusimos nafta y seguimos camino hasta 100 kilómetros después, Tecka.

En Tecka, comimos unos sandwiches, otra vez (íbamos a comer en un parador «La dulzura de Adry», pero cuando entramos, había un ambiente de cumpleaños o fiesta, entonces, creímos que estábamos en el lugar equivocado, fuimos directamente a YPF), y nos conectamos a Internet y tuvimos varias buenas noticias y después seguimos camino hasta Esquel, que eran 100 kilómetros más.

Llegamos a la ciudad a las 16.00 h. Ciudad también rodeada por las montañas, muy linda y organizada y primera gran ciudad desde Ushuaia. Acá había más estructura. Llegamos a los veinte minutos al hotel, donde Papá había alquilado una cabaña. Muy linda y bien equipada. Había un Quincho y varios juegos, nos hizo acordar la Quinta. La dueña nos había sugerido ir a Trevelin, pequeña ciudad a 25 km de Esquel, para tomar el llamado Té Galés. Como ya era hora de la merienda, Papá nos mandó rápido al auto y estábamos de vuelta recorriendo más rutas. Después de 620 km, íbamos a recorrer unos más.

Llegar a Trevelin fue rápido. Trevelin es una pequeña comunidad de origen galés, y el origen de su nombre es «pueblo del molino. No vimos ningún molino, pero bueno. En el centro, había un pequeño local de informaciones, Papá le explicó nuestra situación y le sugirieron ir a unas casas de té. Después de muchas vueltitas, encontramos la casa de té Mutisia. Nos sentamos y la mesa ya estaba toda preparada con las tazas, platitos, etc. La moza nos preguntó qué queríamos y nos sugirió el Té Galés. Es el conjunto del té con tortitas, scones, panes, etc. Como éramos cinco, y Gonzi estaba sólo para probar, pedimos cuatro té galeses, el tomaría una chocolatada.

Yo no estaba acostumbrado a todos aquellos platitos, cubiertos, para mí, lo bueno bueno, eran unos cereales con leche, pero bueno, íbamos a probar algo supuestamente bueno. Cuando llegó el bendito Té, vimos el tamaño de lo que sería nuestra merienda y posible cena. Tortitas, pancitos, manteca, azúcar y el té, pero parecía discreto en ese rejunte de cosas. Nos servimos. Papá tenía nostalgia de los tiempos que tomaba té con su madre y de sus fantásticos scones, que no tenían, en el caso de la casa de té, nada de especial, pero él estaba feliz. Probé las tortitas galesas, menos la que tenía pasas de uva. Todas muy ricas. El té también estaba muy bien, Papá y Agus le ponían toneladas de azúcar, pero a mí me gustaba tal como estaba. Todo muy bien y creo que arrasamos la mesa. Como había sobrado un poco, pedimos para llevar. Cuando terminamos volvimos al auto y retornamos a Esquel. En el hotel, como eran las 18.00, nos quedamos jugando al Sapo en el Quincho del hotel. Hubo ciertos contratiempos por parte de Gonzi, pero Agus y yo acabamos ganando. Papá y Mamá estaban usando la conexión disponible para resolver cuestiones del trabajo, etc. Fue momento de descanso. Aprovechamos y jugamos en los juegos de afuera, el sube y baja fue el mejor. Seguimos jugando por una hora. Agus decidió explorar una pequeña casa con juguetes para niños y jugó de ama de casa, debería haber sacado fotos de eso, disculpen pero imperdible la escena. Gonzi también entró en el juego y yo no tuve otra. Desordenamos toda la casita. Al rato, tuvimos que tener un lapso de consciencia y guardar todo.

Ya eran las 21.00 h y continuaban resolviendo cosas. A las 22.00 h salimos para ver si conseguíamos algo. Gonzi tenía un dolor de garganta, entonces, fuimos a la farmacia. Las cosas estaban cerrando, y no hubo otra que ir a un lugar y pedir unas comidas.

Volvimos al hotel y comimos nuestra cena. Yo me estaba durmiendo en pie, así que fui a mi habitación y caí en el sueño, Agus y Mamá se quedaron mirando una peli bosta de bosta y se quedaron despiertas hasta más tarde.

Mañana seguiremos nuestro comeback hacia Buenos Aires y haremos una parada de dos noches en Villa La Angostura. Veremos qué pasa.