Día 14: Alta Gracia

Alta Gracia nos recibió con un día espectacular, en un hotel increíble en medio de la ciudad. Resulta que es el hotel casino donde la aristocracia se reunía a principio de siglo. Efectivamente, han hecho un trabajo de recuperación impecable. Después de desayunar, Agus, Gonzi y yo salimos a recorrer el hotel: enormes jardines, fuentes, pileta gigante. Todo antiguo pero recuperado. Filipe precisaba trabajar. La conexión a Internet funcionaba solo para mails, no podía abrir ningún sitio y protestaba, así que nos pusimos las mallas y al auto pato, que por lo menos pudiera trabajar en silencio. A las 13 h, subimos. Después de las vueltas de siempre, conseguimos salir a la calle. Claro, nos agarró la siesta otra vez, con todo cerrado. Ni un alma a la vista en la calle principal y un calor abrasador. ¡Cafecito a la vista! ¡Estamos salvados! Mentira.
-Solo tengo tostados de miga, dijo el empleado del café Bonafide.
–¿Y Internet?- pregunté ilusionada.
-Tiene poca señal-. Fue la respuesta seca del empleado al que le arruinamos la hora de la siesta.

Después de nuestro almuerzo light, salimos a dar vueltas por la ciudad. No bajamos del auto debido al calor pero vimos la Estancia Jesuítica que también fue casa de Santiago de Liniers, la Parroquia, el Reloj Público y el Tajamar, dique artificial más antiguo de Córdoba, construido por los jesuitas en 1659. Nuestra última parada fue el Museo del Che Guevara, donde hay fotografías y objetos significativos de la infancia y adolescencia de Ernesto Guevara. Mientras pasaban una peli, muy sencilla, Gonzi detonó y empezó a gritar que quería ir a comprar algo para tomar, así que Agus lo sacó a tomar aire. Volvimos al hotel un ratito y los hombres vieron el resumen del Dakar. Ya era hora de tener una comida decente, así que salimos a cenar y a las 23 h estábamos de regreso en nuestras camitas. Mañana vamos a dar una vuelta por Villa Gral. Belgrano.

Día 12: A pleno sol en San Juan

Nos levantamos tarde y fuimos a desayunar diez minutos después de acabado el horario. Parecía que había pasado la marabunta. Todo desordenado y vacío. Nos costó hacerle entender a la empleada que necesitábamos un cuchara cada uno y una servilleta. Le pedimos pan y nos dio 3 pedacitos. No se imaginan la cara cuando volví a pedirle pan 10 minutos más tarde mientras la chica guardaba una bolsa con más de 3 kilos de pan. Me miró con pena y me dio 3 pancitos más. No hay nada como la buena voluntad de las personas. Nos faltaba golpear el jarrito contra la puerta… y pensar que uno paga. Anécdotas, nada más.
Luciana nos pasó a buscar a las 13 h con Juan Cruz y Santi de regreso. Tan grandes… pensar que eran unas pulguitas la última vez que los abracé en Portugal. Nos miraban como diciendo: yo te conozco pero no sé realmente cuánto se acordaba el más chiquito. Santi, que era mi mimado en la época, abrió una sonrisa enorme pero tímida. Igual que antes…
Íbamos camino a la quinta de unos amigos del papá de Luciana para pasar el día cuando Luciana tomó una curva y un Falcon la chocó de costado. Venía a toda velocidad y no paró en el cartel de PARE. A la aventura, como en Portugal. Luciana llamó a su papá y conversaron con el señor del Falcon. Nos fuimos a la quinta y los hombres se llevaron a Luciana a la comisaría para hacer la denuncia. Aparentemente, fue rápido y el otro señor reconoció su culpa. Tarde, pero con tranquilidad, llegó el asado. Fuimos a la pile, tomamos mate y pusimos los temas atrasados al día. Gonzi se integró con Juan Cruz (6) y Santi (9) en poquito tiempo. Pasamos un día super agradable y Luciana sugirió pedir unas pizzas en su casa. Llegamos como a las 21 h y entre una cosa y otra, se hizo tarde otra vez. Agus se quedó a dormir con Pupi y nosotros volvimos al hotel. Hacía rato que Gonzi se había dormido a upa y ni se enteró que le puse el pijama y lo metí en la cama.

Día 11: Llegada a San Juan

Vengo atrasada con el relato y les pido disculpas, pero el tema de acceder a Internet es más complicado de lo que parece. El sábado almorzamos en el hotel Aguamiel. Como les conté, el diseño era muy progresista y minimalista. Había sola 7 cuartos, muy bien decorados y lleno de detalles. Nos acostamos a descansar, pero fue casi imposible. Gonzalo saltaba, cantaba, conversaba… llegó el mediodía y tratamos de almorzar. Digo tratamos porque a pesar de ser muy elegante el lugar, el restaurante era casi nulo. Nos dieron unas pizzas con cara de ser congeladas y dos empanadas que debían ser del día anterior, todo a un precio exorbitante. Nos metimos a la pileta un poco y cerca de las 16.30 h empezamos a levantar campamento.
Cerca de las 18 h salimos hacia San Juan. La ruta no estaba en tan buenas condiciones, pero eso no impidió que Filipe pisara bastante el acelerador. Llegamos a San Juan cerca de las 23 h. Había enviado unos mensajitos a Luciana indicándole por dónde andábamos. Ella tampoco estaba en su casa, así que llegamos más o menos al mismo tiempo a la ciudad. Pasó a buscarnos y fuimos a cenar al restaurante de un conocido suyo, donde sus papás ya nos estaban esperando. Estaban Ana Paula, Luciana y Lorenzo, el pequeño miembro de la familia, con 6 meses. Santiago y Juan Cruz estaban en un campamento con unos primos y Mariano está viviendo temporariamente en Italia. Luciana nos hizo una pequeña excursión por la ciudad antes de ir al restaurante, pero realmente era tarde así que no podíamos perder mucho tiempo.
Entre charla y charla, cenamos y volvimos al hotel a la 1 h de la mañana. El hotel era muy simplecito. Era un apart hotel con 4 camas en un entrepiso y una cama matrimonial, sin olvidarnos del olor a humedad inolvidable.