Alta Gracia nos recibió con un día espectacular, en un hotel increíble en medio de la ciudad. Resulta que es el hotel casino donde la aristocracia se reunía a principio de siglo. Efectivamente, han hecho un trabajo de recuperación impecable. Después de desayunar, Agus, Gonzi y yo salimos a recorrer el hotel: enormes jardines, fuentes, pileta gigante. Todo antiguo pero recuperado. Filipe precisaba trabajar. La conexión a Internet funcionaba solo para mails, no podía abrir ningún sitio y protestaba, así que nos pusimos las mallas y al auto pato, que por lo menos pudiera trabajar en silencio. A las 13 h, subimos. Después de las vueltas de siempre, conseguimos salir a la calle. Claro, nos agarró la siesta otra vez, con todo cerrado. Ni un alma a la vista en la calle principal y un calor abrasador. ¡Cafecito a la vista! ¡Estamos salvados! Mentira.
-Solo tengo tostados de miga, dijo el empleado del café Bonafide.
–¿Y Internet?- pregunté ilusionada.
-Tiene poca señal-. Fue la respuesta seca del empleado al que le arruinamos la hora de la siesta.
Después de nuestro almuerzo light, salimos a dar vueltas por la ciudad. No bajamos del auto debido al calor pero vimos la Estancia Jesuítica que también fue casa de Santiago de Liniers, la Parroquia, el Reloj Público y el Tajamar, dique artificial más antiguo de Córdoba, construido por los jesuitas en 1659. Nuestra última parada fue el Museo del Che Guevara, donde hay fotografías y objetos significativos de la infancia y adolescencia de Ernesto Guevara. Mientras pasaban una peli, muy sencilla, Gonzi detonó y empezó a gritar que quería ir a comprar algo para tomar, así que Agus lo sacó a tomar aire. Volvimos al hotel un ratito y los hombres vieron el resumen del Dakar. Ya era hora de tener una comida decente, así que salimos a cenar y a las 23 h estábamos de regreso en nuestras camitas. Mañana vamos a dar una vuelta por Villa Gral. Belgrano.