Día 5: Cabo de Buena Esperanza

Hoy salimos tarde, para variar. La idea era recorrer la península hasta el Cabo de Buena Esperanza y volver sobre la otra costa. El recorrido suma un total aproximado de 60 km de ida y otros 60 km de vuelta. La costa africana es impresionante. Por momentos, la región parece el sur de Portugal, en otros, el sur patagónico.  Los portugueses deben haber quedado impresionados al llegar a estas tierras. Pasamos por la Universidad de Cape Town y por varios pueblos más distantes. Vimos un barrio humilde tipo favela por primera vez. No se compara ni de cerca a la villa 31 de Retiro ni a la Rocinha de Rio. Me pregunto qué van a pensar los turistas que vinieron a Ciudad del Cabo hace 4 años cuando lleguen a Rio. Las autopistas, la infraestructura, la calidad del servicio. Definitivamente, será una experiencia diferente.

Datos interesantes:

  • Bartolomé Dias lo llamó el cabo de las Tormentas pero más tarde, el rey Juan II de Portugal, lo cambió por el Cabo de la Buena Esperanza. Obviamente, que era muy positivo porque descubrieron que pasando este cabo se podía seguir navegando hacia el este y llegar a la India.
  • Muchos piensan que en este punto se unen el oceáno Atlántico con el Índico, lo cual no ocurre sino en el cabo Agulhas, que se encuentra más al sur.
  • En 1652 el marino holandés Jan van Riebeeck instaló un campamento cerca del cabo, que acabó convirtiéndose en lo que hoy es Ciudad del Cabo. No todo fue mérito de este señor; había muchos habitantes antes de su llegada.
  • Por todos lados, hay carteles que dicen: Cuidado con los babuínos. No los alimente porque son peligrosos. Por suerte, no apareció ninguno.

RecorridoAlmorzamos en un restaurante cerca de la base del funicular. Servicio excelente.  La vista desde el faro de la montaña es de cortar la respiración. Al bajar, no había aire en el funicular. Casi perdemos la respiración en ese momento también. A eso de las 19 h cerraba el parque nacional. La verdad es que nos faltó tiempo pero teníamos que volver. Lamentablemente, otra vez nos agarró el tráfico. Demoramos casi 3 h en llegar. Intentamos pasar a comer algo por el shopping pero por ser 1 de enero estaba todo cerrado. Cena en el depto y a dormir. Mañana vamos a pasear por la ciudad.

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Día 4: Calor y momentos extraños

El último día del año 2013 y una ciudad bellísima, que combinación excelente. Como siempre, la familia Caldas se despierta tarde, de acuerdo con la hora local. El jefe del viaje nos dijo que nos levantáramos a las 7:30 para encontrarnos con Manim. Nosotros cuatro estábamos listos para una nueva aventura y el señor Felipe, durmiendo en los brazos de Morfeo, como un lindo bebé. Bueno, después de salir en dirección a Table Mountain (el marco geográfico más importante y famoso de Cape Town) nos desviamos en dirección al puerto, nuevamente. Nos decían que el MussuloIII ya había partido, pero papá insistía: «quiero ver el puerto y conocer». Como simples escuderos del nuestro amo Quijote, fuimos hasta el puerto, y adivinen quién estaba allá, el barco y tooooda su tripulación. Nosotros quatro pensamos: «¡Nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!» Para quienes no se imaginan el resultado, les cuento: quedamos los 4 sentaditos al sol, mientras él conversaba y tomaba unas cervecitas con el capitán y su tripulación, gente la cual no teníamos idea de quiénes eran. Después de esperar una hora bajo el sol capetoniano, infelices, sedientos, con los brazos quemados y aburridos del ambiente del barco, papá, finalmente, nos liberó de aquel lugar. Pero faltaba una cosa, pero tan inútil, tan insignificante, tan, digamos, innecesaria: el auto. Papá no se acordaba dónde estaba el auto, literalmente, había perdido el auto. Caminamos por los dos pisos del estacionamiento y nada de la combi gigante, que supuestamente era fácil de encontrar. ¿Cómo perder algo tan grande como una combi? ¡Impresionante! Sólo a los Caldas les pasa esto. Tan extraña era la situación que pedimos ayuda a los guardias. Papá lo niega pero anduvimos ida y vuelta por un piso que no era el correcto y después de veinte minutos de caminar por el estacionamiento encontramos a nuestra querida amiga.

El viento soplaba como nunca y nuestras esperanzas caían. El teleférico para subir a la Table Mountain cerraba en caso de vientos muy fuertes. Cuando llegamos a la estación, nuestras predicciones se confirmaron: no subimos a la montaña y apenas quedamos mirando el paisaje al nuestro alrededor.

Ya eran las cuatro de la tarde cuando decidimos ir a comer. Cuando llegamos al V&A Waterfront, todos los locales estaban cerrando por lo del Año Nuevo. Suerte que uno de los amigos de Manim  nos ayudó y consiguió un lugar para comer. Después subimos a la rueda gigante, Cape Wheel, una rueda gigante en Waterfront. Muy lindo.

Volvimos a casa y nos preparamos para la gran noche de fin de año. La invitación era a las 19 h pero como siempre, llegamos tarde. Solo que esta vez fue como 4 horas después del inicio. A las once y cuarto, todos nos miraban raro («estos tipos que llegan tarde»). Teníamos, al menos, una explicación para nuestro atraso: había kilómetros de tráfico y un auto se prendió fuego… Asustador, «a visão do inferno, do capeta…» Saludamos a todos y observábamos las diversas situaciones de la fiesta. Las raras danzas locales nos impresionaban, y también toda la gente borracha con las celebraciones del Año Nuevo. La fiesta fue muy simple. Poca comida, pocas sillas y mesas y un panorama de los fuegos muy limitado. Fue un fiasco. Y lo peor, nosotros salimos a las dos de la mañana del Waterfront (el local de la fiesta) y el tráfico estaba intenso, porque estábamos en el centro, donde eran todas las celebraciones. Deberíamos haber llegado al hotel en 20 minutos y sin embargo, tardamos una hora y media, tremeeeeendo. Al llegar al hotel, todos durmiendo y probablemente cansados para el día siguiente.
Apesar de todo, un nuevo año comenzó y muchas gracias a todos, las aventuras continuarán en 2014, y buen año.

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Avance

El domingo y hoy estuvimos conociendo las Cataratas del Iguazú. Ayer del lado argentino y hoy, del lado brasileño. En síntesis: el lugar es mágico por donde uno lo mire. Hoy fuimos de bote hasta cerca de unas cataratas menores. Son empapamos pero fue muy divertido y claro, de ponerse la piel de gallina. Nunca imaginé que iba a llegar hasta ese lugar.

Mañana cerramos valijas así que será un día complicado pero voy a subir toooodas las fotos que faltan cuando llegue a Rio.

Besos para todos.

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Día 18: San Ignacio

El sábado Filipe trabajó hasta las 13 h. Hacía mucho calor cuando finalmente partimos y la salida de Posadas fue muy complicada por el tráfico. En Misiones, la policía parecía mucho menos preocupada con los controles. Llegamos a las ruinas de San Ignacio cerca de las 15 h y preferimos almorzar algo antes de entrar. Después de pasar la entrada, hay un Centro de Interpretación muy interesante y necesario para entender cómo funcionaban las misiones jesuíticas. Gonzalo y Agus protestaron todo el tiempo. Poco les interesaba todo lo que estaban viendo. Intenté explicarte a Gonzi pero le encantó la idea de los indios y me hizo 250 preguntas. Justo empezó el guía a hacer su presentación, pero Gonzi insistía en preguntar. Era complicado prestar atención y responderle al mismo tiempo. Sobre todo cuando llegamos a la parte en que preguntaba si podía ver a los indios, dónde estaban, dónde están las flechas.El paseo duró una hora y uno se queda con ganas de más, pero el calor era agotador y todavía teníamos muchos kilómetros hasta Foz de Iguazú.

Al llegar a Puerto Iguazú, nos perdimos un poco. El control de Migraciones fue rapidito del lado argentino e inexistente en el lado brasileño. Llegamos al hotel agotados. Comimos algo en el bar de la pileta a las 23.30 h y fuimos a dormir.

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Día 15: Villa Gral. Belgrano

El día amaneció nublado y Filipe estaba trabajando desde temprano. El
tiempo pasaba y los chicos empezaban a ponerse nerviosos en la
habitación. Gonzi, sobre todo, protestaba y protestaba. A eso de las
12.30 h salimos. Nos esperaba Villa Gral. Belgrano. En un viaje de 50
km encontramos un paisaje espectacular y una ciudad muy bonita,
ordenada y alegre. Caminamos un poco por el centro y en el Centro de
Información Turística nos dieron unos folletos. Nos recomendaron “El
mundo encantado de Don Otto”, donde se podrían ver unas experiencias
con la gravedad muy interesantes, entre otras opciones. Almorzamos en
un restaurante y fuimos caminando hasta el tal lugar de Don Otto que
nos habían recomendado. Era más lejos de lo previsto y nos costó
encontrarlo. Para no perder el tiempo, basta con decir que era una
actividad muy sencilla (una casa con el interior inclinado) y que
rellenaron el espacio con juegos de ingenio, pero que no valió la pena
ocupar nuestra tarde. Cuando finalmente salimos de ahí, empezó a
llover. Y cada vez caían gotas más grandes. Entramos a una heladería a
pocas cuadras para protegernos y después Filipe fue caminando a buscar
el auto. Seguía lloviendo. Mientras esperábamos Gonzi se encaprichó
con una juguetería que era más que nada una casa de cotillón que había
visto de pasadas. Para llegar de la heladería a este local, había que
cruzar una calle y caminar unos metros pero fue suficiente para
empaparnos. Fue casi el tiempo de que Filipe llegara. La lluvia seguía
empeorando. Salimos a la ruta y había un arco iris hermoso. ¡Qué
tiempo loco! De repente, tac, tac, TAC, TAC, TAAAC. Estaba cayendo
granizo y nosotros andando entre curva y curva. Enseguida vino una
recta y vimos que los autos paraban a protegerse debajo de algún
árbol. Allá fuimos y cuando la situación mejoró, seguimos viaje.
Llegamos al hotel y descansamos un poco. Se ve que había faltado la
luz porque no había televisión. Cenamos en el hotel con Gonzalo
totalmente fuera de control. Se le ocurrió hacer un Beblade (trompito)
con un pan y un grisín. Se reía tan alto que un señor de la mesa de al
lado se tentó también. Todos nos reíamos. El señor se paró y vino a
conversar con él. Le dijo que era mejor si usaba un grisín con punta
más redondeada y zas… todos riendo a carcajadas. Cuando la historia
del Beblade no dio más, se puso los grisines como colmillos. Imposible
retarlo en esas situaciones. Por más que pusiera cara de seria, él
seguía con sus payadas. Llegó su comida, cenó rápido y cayó rendido.
Mañana vamos para Paraná. Casi 400 km de viaje. No sé a qué hora
saldremos pero después de todos estos relatos, me imagino que están
pensando: temprano seguro que no.Totalmente de acuerdo.