Día 16: Okaukeujo – Namutoni

Estos nombres raros son campamentos dentro del Parque. Campamentos deben haber sido en el comienzo, ahora hay restaurantes, pileta, alojamientos, oficina de turismo y espacio para estacionar, etc. Todo es simple pero funcional. Salimos como a las 9 h de Okaukuejo. Siempre con la ceremonia de abrir y cerrar valijas, subir las valijas, revisar que no quede nada perdido…y un nuevo paso: sacudir todo. Los bolsos están cubiertos de una capa blanca de polvo finito, de ese que se entraña hasta el alma. Es que andar por rutas de ripio con una 4 x 4 tiene sus consecuencias. Mientras estábamos en esta tarea, se acercó un señor a sugerir que revisáramos la cabina de plástico porque él perdió la suya dentro del parque y que está prohibido bajarse del vehículo. Ya te imaginás la situación de ver todas tus cosas sueltas por el camino? Nuevo punto de atención: chequear los tornillos.

El parque está lleno de rutas internas y uno decide por dónde ir. La sugerencia era visitar los lagos porque es ahí que se reúnen los animales a tomar agua. La hora ideal es bien temprano o al atardecer. El parque cierra al atardecer o sea que no teníamos muchas opciones. En los lugares elegidos, nos cruzamos con órix, springboks, jirafas, millones de cebras, avestruces, pájaros raros y una chita. Paramos en Halali (otro campamento) para almorzar y a la tarde, llegó la mayor sorpresa: siguiendo los rastros de una caca de dimensiones considerables, encontramos un elefante. No, eran dos o tres… qué tal si te digo que eran más de 30! Era una imagen increíble. 30 elefantes moviéndose despacio… unos en filas, unos solos, unos parando para comer…los chiquitos acompañando.. Filipe quiso acercarse un poco más con la camioneta pero el tamaño de estas criaturas inspira respeto. Nos quedamos quietos observando… Gonzi pegado al ipad pero bueno.. él jura que los vio a todos.

Llegamos a Mokuti Lodge a la tarde y después de bajar todas las valijas, salimos a dar una vuelta por el hotel. Hay animales sueltos, ardillas, mangostas, etc. Nos dijeron que había un serpentario y la verdad, fuimos por curiosidad, pero era de dar miedo. Todas las serpientes eran venonosas y peligrosas. Ya era oscuro cuando volvimos así que nos fuimos a preparar para la cena. Se acabó el buen servicio y la atención cuidadosa. Los funcionarios parecían estar de mal humor.. el restaurante estaba lleno de turistas alemanes y todo era medio confuso. Cosas que pasan… por primera vez en muchos días, nos fuimos a dormir temprano.

PS: Las fotos vienen más tarde para cada una de las publicaciones. Besos a todos.

PS2: Les dejo un videíto que es gracioso por los comentarios de los turistas.

Día 11: 08/01/2014

Bueno, segundo día en Sossusvlei, Namibia. Marcos, Papá y yo nos levantamos al alba para poder ir al paseo de globo. Mamá solo no fue invitada por culpa de Gonzi. Marcos y yo siempre decimos que la culpa es del quinto, o sea, del número impar de la familia. Jajajaja (just kidding Gonzi!). Al salir a las 5h30 del cuarto, todavía estaba oscuro y nos moríamos de frío. Un señor nos vino a buscar al hotel, y partimos rumbo a la nuestra próxima aventura. Cuando llegamos al lugar de despegue del globo («en la nada mesma»), había 6 personas esperando, dos holandeses, dos alemanes y dos de no se adónde. Como siempre, Marcos y Papá reclaman que quiero sacar fotos del amanecer. Cuando el globo ya estaba listo para el despegue, Papá con mucha dificultad sube a la canasta, que 1 hora después nos llevaría al medio del desierto, donde sólo encontraríamos una mesa con un desayuno capeta y moscas capetas. Nuestro piloto se llamaba Paul, alias Indiana Jones. Era idéntico a Indiana. Jajajajaj. Observación: para bajar del aerostato, nuevamente Papá tuvo mucha dificultad, y necesitó ayuda de un señor. Obviamente, Marcos y yo hicimos cara de «no te conozco». Jajajaja. Al llegar al hotel, encontramos a Mamá y en seguida salimos para visitar las dunas. Estábamos en el auto calmamente, cuando escuchamos a Marcos gritar «PIEDRAAAAA CAPETA!» Y «BUUUM». Un neumático a menos para el viaje. Después que me senté en una piedra a esperar por 20 minutos para que los dos mecánicos terminaran, partimos. Más o menos que llevamos 10 kilos de arena en los zapatos, después de haber corrido con Gonzi por las dunas. Nos costó una rueda, pero valió la pena. Salimos de las dunas en busca de un nuevo neumático, y de un lugar para comer. Como siempre, Gonzi y yo perseguimos a un perro mientras los otros hacían algo útil. Al salir de ahí, fuimos a comer unas sandwiches en un restaurante. Cuando Gonzi y yo estábamos en el baño lavándonos las manos, miramos para atrás y vimos una señora sentada en el inodoro. No miré con muchos detalles, pero según Gonzi, estaba haciendo número 2. Ok… Jajajaja. Volvimos al hotel y descansamos un poco. Yo no tenía NADA para hacer. Se me terminaron los libros. Mi iPad y el celular estaban sin batería. No teníamos tele. Eso si fue un retiro espiritual. Cuando estábamos por ir a cenar, Marcos vio una hiena por la ventana. Yo la perseguí, y Mamá me quería matar. De vuelta, a la cena, fueron los 5 elegantes platos de la noche. Comimos Springbok bebe! Me da mucha pena, pero detalle, estaba muy rico. Nos fuimos a dormir, y Gonzi durmió conmigo y con Marcos. Pensé que iba ser peor. Ahora «estamos por salir» para Swakopmund. Y así, esperamos nuestras nuevas aventuras…

Día 7: Criadero de avestruces y otros

Después de una discusión sobre las posibles salidas, Filipe decidió ir a un criadero de avestruces. La idea era original pero no muy atractiva. Los chicos protestaron pero no quedó otro remedio. La estancia queda a unos 20 minutos de Ciudad del Cabo y llegamos casi al mediodía. Nos recibió un guía super simpático que nos hablaba despacio y repetía las cosas como 3 veces por las dudas. Nos explicó algunos datos interesantes pero la verdad, es que es más graciosa la representación de Marcos y Agus. Dimos de comer a algunas avestruces, los chicos se subieron sobre un huevo de avestruz (y Filipe también!), nos mostró al menor avestruz adulto del mundo (con certificado de Guiness Record) y acabamos la visita subiendo a un avestruz. Ya sé… deben estar buscándonos todavía para denunciarnos a la sociedad protectora de avestruces. Filipe encima del bicho fue un espectáculo digno de risas y comentarios maléficos.

Terminada la visita, seguimos el paseo por Stellenbosch, la segunda ciudad más antigua de Sudáfrica. Lugar super bien conservador y pintoresco. Almorzamos en un restaurante chiquito, donde Marcos tuvo el coraje de comer gacela (sprinbox), mientras que el resto optó por comidas más tradicionales. De regreso, visitamos toda una zona de viñedos, siguiendo el camino de los cuatro pasos. Cada paso es un punto alto de la montaña, desde donde el paisaje es increíble. En medio de uno de esos caminos, encontramos un grupo de mandriles. Si esto es cerca de la ciudad, es difícil pensar cómo será dentro de una reserva. Paramos para cargar nafta y compré el diario porque aparecía una noticia de primera plana sobre la regata. Solo después me di cuenta de que la foto era del Mussulo III. Llamamos a Manim para contarle y nos pidió que compráramos un diario para él. Otra vez el día terminó en el astillero (embolados entre personas extrañas). Los chicos me cargan porque intenté ser animadora de 3 niños, para integrar a Gonzi. Supuestamente, fue la despedida de Manim porque al día siguiente solo lo veríamos desde el barco. Cenamos en un restaurante portugués (Tasca de Belem) en el centro comercial V & A Waterfront y volvimos al hotel (http://www.wininganddining.co.za/western-cape/cape-town/waterfront/tasca-de-belem).

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Avances

Ayer fuimos a visitar una granja de avestruces. Super interesante y divertido. Más tarde, almorzamos en un pueblito muy antiguo y paseamos por la montaña. El barco de Manim salió en el diario y llamamos para comentarle, así que terminamos pasando por el astillero una vez más. Hoy largó la carrera. Acompañamos la partida desde otro barco y volvimos a tierra firme a eso de las 17.30 h. Mis colaboradores se declararon en huelga. Mañana les cuento todos los detalles porque Gonzi está sin nada de sueño y con muchas ganas de conversar. No hay normalizado los horarios. Acá son las 00.30 h y él está un cascabel. Besos.

ImagenM

Día 6: Montaña de la Mesa

El día empezó otra vez en el A&V Waterfront, desde donde parten los ómnibus rojos con paseos guiados (http://www.citysightseeing.co.za/capeTown.php). Es una excelente manera de tener una visión general de la ciudad, con un relato conciso e interesante. Optamos por el recorrido más largo que sube hasta la estación base del teleférico giratorio. El paisaje es impresionante y en 6 min estás en la estación superior de la Montaña de la Mesa. Lleva ese nombre porque es completamente plana en la cima. Al llegar, fuimos directo a almorzar. El restaurante era medio desorganizado, tipo autoservicio, con basura en el piso, más parecido a la realidad de América Latina pero todo se olvida con la vista desde allá. Gonzi me dejó un poco estresada porque iba a los saltitos por todas partes y quería subir a las piedras, pero no es novedad: a los niños les encantan probar los límites. Bajar fue un poco más lento de lo previsto. La fila era enorme y cuando llegamos, vimos que nuestro ónmibus nos había dejado a pie. Tomamos un taxi hasta el estacionamiento donde había dejado el auto. El taxista parecía haber salido de una película de terror, pero tomó todos los atajos posibles y nos dejó en el estacionamiento pero en otra entrada. Debo confesar que no perdimos el auto, simplemente demoramos 15 minutos en encontrarlo. Entre tanto, teníamos que ir a cenar con Manim y su familia pero era tarde. Manim todavía estaba en el puerto así que pasamos a buscarlo y fuimos juntos a Camps Bay. Todos estaban muy elegantes para ir a cenar mientras que nosotros veníamos del paseo, pero nosotros somos así y no nos amedrentamos. Además, no había otra alternativa. Cenamos en Zenzero, un lugar elegante, medio oscurito y nada adecuado con niños. No hubo ambiente para conversar mucho, o bueno, se conversó sobre temas políticamente correctos y a la 1.30 am lo único que escuchaba era a Marcos y Agustina preguntando a qué hora nos íbamos. Gonzi estaba despierto jugando con el ipad. Volvimos caminando unos 200 m hasta la casa de Manim, uno de los pocos momentos de charla descontraída y risas fáciles. Nota mental:  esos son los momentos más importantes. PD. Las fotos vienen después.