Salida: 9.00 h – Llegada: 21.00 h – Distancia: 622 km – Total acumulado: 3930 km

Finalmente, ha llegado el día tan esperado: vamos hacia el Fin del Mundo. El extremo sur de Argentina, en el Canal Beagle, Ushuaia, es el destino más austral del nuestro viaje. En la latitud 59, Ushuaia también es el destino que marca un punto muy importante de la Expedición Patagonia, es la mitad del viaje. Desde Buenos Aires, recorrimos la Ruta Nacional 3 y en los 3080 km de la ruta, vimos la Costa Argentina, desde las aguas frías de la Provincia de Buenos Aires a las ventosas playas de Chubut y Santa Cruz. Conocimos amigos animalescos, los lobos marinos, los elefantes marinos (también conocidos entre nosotros como salsichões), las gaviotas y los geniales pingüinos Magallanes. Además, pasamos por temperaturas sofocantes de Puerto Madryn a vientos impresionantes de Río Gallegos. Sin dudas, este primera mitad, con 3930 km fue muy buena y produjo muchas historias graciosas. Ahora, entraremos en la Patagonia Andina y conoceremos más lugares y tendremos más experiencias. Y bueno, llegamos a un gran lugar, después de un tramo complicado y difícil.
Salimos a las 9.00 h del «fantástico» hotel París. Después de un desayuno «autoservicio», guardamos las cosas y nos preparamos para lo que sería el tramo más difícil, digamos. Al salir de Río Gallegos, cargamos nafta y nos dirigimos hacia el Paso Internacional Integración Austral, la frontera Argentina-Chile, a 60 km. Como era cortito, llegamos rápido. Lleno de autos, esperábamos lío de papeles, etc. Pasamos por Migraciones y Aduanas con derecho a que un perro entrara al auto. Todo el proceso demoró unos cuarenta minutos. Entramos en Chile. La ruta nos llevaba hacia Punta Delgada, terminal de balsas que conectan la isla Tierra del Fuego y el continente. Hasta la balsa eran otros 60 km, que también hicimos rápido.
El transbordador Fueguino tuvo una demora de 30 minutos. Las corrientes del Estrecho de Magallanes provocaban demoras en las balsas hacia la isla. Cuando la balsa llegó, los autos empezaron a entrar y aunque habíamos llegado antes, nos quedamos en el final de la balsa. El auto entró sin problemas, nervios por el equipo Thule trasero. Estacionamos y esperamos hasta llegar a la isla. Papá y yo salimos para mirar el barco y el Estrecho de Magallanes. Ventoso y correntoso, el estrecho permitió a Fernão Magalhães dar la primera vuelta al mundo. Difícil lugar de navegación. A la media hora, el barco atraca en el Puerto Espora, lado isleño. Después de algunas dudas de cómo pagar el pasaje de la balsa, otro lío chileno, los autos empiezan a salir y, con la desorganización, quedamos anteúltimos; obviamente, Papá estaba muy nervioso porque se venía una ruta de ripio larga y estar atrás de toda esa gente sería complicado. Al salir, la rampa del puerto era muy inclinada, y la base del remolque se arrastró hasta el fin de la rampa, todos estábamos preocupado. El ruido había sido horrible pero bajé a revisar y todo parecía estar bien.
Hasta Cerro Sombrero, donde comenzaba el tramo de ripio, eran 40 km. Al llegar, había dos rutas, una nueva y otra vieja, las dos llevan al paso fronterizo San Sebastián que nos colocaba definitivamente en Tierra del Fuego. Hasta ahí son 100km de ruta de ripio. La nueva estaba en obras y la vieja estaba en muy malas condiciones, con piedras sueltas, mala compactación y agujeros enormes. No había indicaciones y el GPS no funcionaba bien en el lado chileno de la isla, además el mapa de papel no estaba actualizado. Fuimos con los instintos. Ley de Murphy, de las dos rutas, tomamos la peor.
La ruta de ripio era definitivamente muy mala. Fueron dos horas para hacer 100 km. Fuimos muy lento, porque aunque la VeraCruz sea muy fuerte, no se la iba aguantar un tramo muy complicado a alta velocidad. Entonces, lento pero calmos llegamos al paso San Sebastián. Otra vez, los papeles para migraciones y aduanas y lío otra vez. Más filas y más tiempo perdido. Al entrar, finalmente a la provincia de Tierra Del Fuego, Antártida y Islas Orcadas del Sur. Nuevamente trámite para ingresar al país.
Entramos en Argentina otra vez y ahora sí con rutas asfaltadas hasta Ushuaia, en los últimos kilómetros de la Ruta Nacional 3. Como eran las 15.00 h, pasamos por Río Grande y comimos ahí. Eran 70 km. Como el tramo hasta ahí había sido tan largo, no hubo otra opción, me dormí. Mucho estrés junto, balsa, pasos fronterizos y rutas de ripio. Faltando 15 km, me volví a despertar y justo para ver el Puerto de Río Grande, el gran sueño de Papá, abandonado y perdido en la Costa del Atlántico Sur. Las memorias del breve tiempo que vivimos acá en el Fin del Mundo empezaron a volver. Nos acercábamos al centro, pasamos por nuestra casa, por los hoteles, restaurantes y locales que pertenecían al pasado perdido de 17 años atrás. Cargamos nafta y Papá consiguió data del Puerto abandonado. Dimos una vuelta por la pequeña ciudad fueguina, y paramos para comer en una cafetería. Pedimos unos sándwiches y unas papas noisettes. No creímos que iban a ser tantas, Agus estaba ansiosa para comer. Vino un plato masivo. Muchas papas noisettes. Muchas!!! Agus y yo comimos y no terminaban, Gonzi y Mamá ayudaban. Después de la súper comida, para compensar el día súper largo. Comimos, y partimos para los últimos 200 km de la Ruta 3 hacia Ushuaia. Fue un tramo rápido. La estepa patagónica se fue y la lenga nos invadió el panorama. Gigantes bosques de esta vegetación, mucho más verde de la que veníamos viendo desde el inicio de la Patagonia. Y lo más impresionante, los Andes. Por primera vez, avistábamos los Andes, en realidad, el final de la cadena andina, que viene desde Colombia y Perú. Lindos paisajes irregulares, diferentes de las planicies de la Costa Argentina. Pasamos por varios controles policiales y por Tolhuin, nuestro futuro destino.
Después de 140 km, llegamos al Paso Garibaldi. Con vista al Lago Escondido y al Lago Fagnano. Lindas vistas y espectaculares lugares. En este Fin de mundo, no hay lugares más bonitos y marcantes que en el Paso Garibaldi, son lugares únicos y que rodean la pequeña y pintoresca ciudad de Ushuaia. Sin dudas este último tramo de la ruta 3 es fantástico, como decimos en Brasil «para terminar com chave de ouro«. Llegamos a un mirador y sacamos fotos de contra luz, todos con los ojos cerrados del sol que había.
El último tramo de 60 km fue acelerado. Curva y contra curva a 120 km/h, principalmente con la excusa de que nuestro capitán conocía la ruta. «Ya la hice miles de veces, con lluvia, sin lluvia, nieve, tierra…», nos decía. Impresionante, emociones en los últimos minutos del viaje.
Llegamos a las puertas de Ushuaia, la ciudad del Fin del Mundo, a las 21.00 h, doce horas después de partir de Río Gallegos, impresionante. Fueron 622 km largos, con muchas interrupciones. Pero, llegar hasta acá fue reconfortante y gratificante, después de miles de kilómetros, llegamos al punto más al sur del país, con la VeraCruz. Quién diría que un día la patente de Jaboatão dos Guararapes estaría en frente al Canal de Beagle y a la ciudad de Ushuaia, que, dicho sea de paso, es una de las más lindas que ya vi. Estábamos en el paralelo 54. Nada mejor. Después de pasar las puertas, fuimos hacia el hotel Costa Ushuaia. Nos registramos y la vista era espectacular para la Bahía Ushuaia. Mejor imposible. Guardamos las cosas y después fuimos a comer una sopita en el restaurante del hotel. La moza era súper distraída, se equivocó tres veces en el pedido de Gonzi. Pero, ni reclamamos tanto, apenas nos reímos. Nos fuimos a dormir y a descansar después de un día tan largo. Mañana conoceremos el Fin del Mundo.


