03/01/16 – Río Gallegos – Ushuaia

Salida: 9.00 h – Llegada: 21.00 h – Distancia: 622 km – Total acumulado: 3930 km

Río Gallegos - Ushuaia - Total

Finalmente, ha llegado el día tan esperado: vamos hacia el Fin del Mundo. El extremo sur de Argentina, en el Canal Beagle, Ushuaia, es el destino más austral del nuestro viaje. En la latitud 59, Ushuaia también es el destino que marca un punto muy importante de la Expedición Patagonia, es la mitad del viaje. Desde Buenos Aires, recorrimos la Ruta Nacional 3 y en los 3080 km de la ruta, vimos la Costa Argentina, desde las aguas frías de la Provincia de Buenos Aires a las ventosas playas de Chubut y Santa Cruz. Conocimos amigos animalescos, los lobos marinos, los elefantes marinos (también conocidos entre nosotros como salsichões), las gaviotas y los geniales pingüinos Magallanes.  Además, pasamos por temperaturas sofocantes de Puerto Madryn a vientos impresionantes de Río Gallegos. Sin dudas, este primera mitad, con  3930 km  fue muy buena y produjo muchas historias graciosas.  Ahora, entraremos en la Patagonia Andina y conoceremos más lugares y tendremos más experiencias. Y bueno, llegamos a un gran lugar, después de un tramo complicado y difícil.

Salimos a las 9.00 h del «fantástico» hotel París. Después de un desayuno «autoservicio», guardamos las cosas y nos preparamos para lo que sería el tramo más difícil, digamos. Al salir de Río Gallegos, cargamos nafta y nos dirigimos hacia el Paso Internacional Integración Austral, la frontera Argentina-Chile, a 60 km. Como era cortito, llegamos rápido. Lleno de autos, esperábamos lío de papeles, etc. Pasamos por Migraciones y Aduanas con derecho a que un perro entrara al auto. Todo el proceso demoró unos cuarenta minutos. Entramos en Chile. La ruta nos llevaba hacia Punta Delgada, terminal de balsas que conectan la isla Tierra del Fuego y el continente. Hasta la balsa eran otros 60 km, que también hicimos rápido.

El transbordador Fueguino tuvo una demora de 30 minutos. Las corrientes del Estrecho de Magallanes provocaban demoras en las balsas hacia la isla. Cuando la balsa llegó, los autos empezaron a entrar y aunque habíamos llegado antes, nos quedamos en el final de la balsa. El auto entró sin problemas, nervios por el equipo Thule trasero. Estacionamos y esperamos hasta llegar a la isla. Papá y yo salimos para mirar el barco y el Estrecho de Magallanes. Ventoso y correntoso, el estrecho permitió a Fernão Magalhães dar la primera vuelta al mundo. Difícil lugar de navegación. A la media hora, el barco atraca en el Puerto Espora, lado isleño. Después de algunas dudas de cómo pagar el pasaje de la balsa, otro lío chileno, los autos empiezan a salir y, con la desorganización, quedamos anteúltimos; obviamente, Papá estaba muy nervioso porque se venía una ruta de ripio larga y estar atrás de toda esa gente sería complicado. Al salir, la rampa del puerto era muy inclinada, y  la base del remolque se arrastró hasta el fin de la rampa, todos estábamos preocupado. El ruido había sido horrible pero bajé a revisar y todo parecía estar bien.

thumb_DSC_0932_1024Hasta Cerro Sombrero, donde comenzaba el tramo de ripio, eran 40 km. Al llegar, había dos rutas, una nueva y otra vieja, las dos llevan al paso fronterizo San Sebastián que nos colocaba definitivamente en Tierra del Fuego. Hasta ahí son 100km de ruta de ripio. La nueva estaba en obras y la vieja estaba en muy malas condiciones, con piedras sueltas, mala compactación y agujeros enormes. No había indicaciones y el GPS no funcionaba bien en el lado chileno de la isla, además el mapa de papel no estaba actualizado. Fuimos con los instintos. Ley de Murphy, de las dos rutas, tomamos la peor.

La ruta de ripio era definitivamente muy mala. Fueron dos horas para hacer 100 km. Fuimos muy lento, porque aunque la VeraCruz sea muy fuerte, no se la iba aguantar un tramo muy complicado a alta velocidad. Entonces, lento pero calmos llegamos al paso San Sebastián. Otra vez, los papeles para migraciones y aduanas y lío otra vez. Más filas y más tiempo perdido. Al entrar, finalmente a la provincia de Tierra Del Fuego, Antártida y Islas Orcadas del Sur. Nuevamente trámite para ingresar al país.

Entramos en Argentina otra vez y ahora sí con rutas asfaltadas hasta Ushuaia, en los últimos kilómetros de la Ruta Nacional 3. Como eran las 15.00 h, pasamos por Río Grande y comimos ahí. Eran 70 km. Como el tramo hasta ahí había sido tan largo, no hubo otra opción, me dormí. Mucho estrés junto, balsa, pasos fronterizos y rutas de ripio. Faltando 15 km, me volví a despertar y justo para ver el Puerto de Río Grande, el gran sueño de Papá, abandonado y perdido en la Costa del Atlántico Sur. Las memorias del breve tiempo que vivimos acá en el Fin del Mundo empezaron a volver. Nos acercábamos al centro, pasamos por nuestra casa, por los hoteles, restaurantes y locales que pertenecían al pasado perdido de 17 años atrás. Cargamos nafta y Papá consiguió data del Puerto abandonado. Dimos una vuelta por la pequeña ciudad fueguina, y paramos para comer en una cafetería. Pedimos unos sándwiches y unas papas noisettes. No creímos que iban a ser tantas, Agus estaba ansiosa para comer. Vino un plato masivo. Muchas papas noisettes. Muchas!!! Agus y yo comimos y no terminaban, Gonzi y Mamá ayudaban. Después de la súper comida, para compensar el día súper largo. Comimos, y partimos para los últimos 200 km de la Ruta 3 hacia Ushuaia. Fue un tramo rápido. La estepa patagónica se fue y la lenga nos invadió el panorama. Gigantes bosques de esta vegetación, mucho más verde de la que veníamos viendo desde el inicio de la Patagonia. Y lo más impresionante, los Andes. Por primera vez, avistábamos los Andes, en realidad, el final de la cadena andina, que viene desde Colombia y Perú. Lindos paisajes irregulares, diferentes de las planicies de la Costa Argentina. Pasamos por varios controles policiales y por Tolhuin, nuestro futuro destino.

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Después de 140 km, llegamos al Paso Garibaldi. Con vista al Lago Escondido y al Lago Fagnano. Lindas vistas y espectaculares lugares. En este Fin de mundo, no hay lugares más bonitos y marcantes que en el Paso Garibaldi, son lugares únicos y que rodean la pequeña y pintoresca ciudad de Ushuaia. Sin dudas este último tramo de la ruta 3 es fantástico, como decimos en Brasil «para terminar com chave de ouro«. Llegamos a un mirador y sacamos fotos de contra luz, todos con los ojos cerrados del sol que había.

El último tramo de 60 km fue acelerado. Curva y contra curva a 120 km/h, principalmente con la excusa de que nuestro capitán conocía la ruta. «Ya la hice miles de veces, con lluvia, sin lluvia, nieve, tierra…», nos decía. Impresionante, emociones en los últimos minutos del viaje.

Llegamos a las puertas de Ushuaia, la ciudad del Fin del Mundo, a las 21.00 h, doce horas después de partir de Río Gallegos, impresionante. Fueron 622 km largos, con muchas interrupciones. Pero, llegar hasta acá fue reconfortante y gratificante, después de miles de kilómetros, llegamos al punto más al sur del país, con la VeraCruz. Quién diría que un día la patente de Jaboatão dos Guararapes estaría en frente al Canal de Beagle y a la ciudad de Ushuaia, que, dicho sea de paso, es una de las más lindas que ya vi. Estábamos en el paralelo 54. Nada mejor. Después de pasar las puertas, fuimos hacia el hotel Costa Ushuaia. Nos registramos y la vista era espectacular para la Bahía Ushuaia. Mejor imposible. Guardamos las cosas y después fuimos a comer una sopita en el restaurante del hotel. La moza era súper distraída, se equivocó tres veces en el pedido de Gonzi. Pero, ni reclamamos tanto, apenas nos reímos. Nos fuimos a dormir y a descansar después de un día tan largo. Mañana conoceremos el Fin del Mundo.

02/01/16 – Parque Nacional Monte León – Río Gallegos

Salida: 10.00 h – Llegada: 14.00 h – Distancia: 258 km – Total acumulado:  3308 km

Parque Monte León - Río Gallegos - Total
Nos levantamos a las 7.30 h. Temprano porque todos los huéspedes (nosotros, los argentinos y los italianos/suizos) habíamos acordado en desayunar a las 8.30 h. Nos vestimos y nos reunimos en el living, todos juntos a desayunar. Conversamos de todo un poco otra vez. Y conocimos sus nombres. Diego y Laura, argentinos de Vicente López, él, ingeniero de sistemas y, ella, abogada. Venían de Buenos Aires y recorrieron la Costa hasta Cabo Vírgenes, extremo sur de Argentina continental. Después estaban Alberto y Luca. Arquitecto e industrial relojero, respectivamente. Italiano y suizo. Aunque no hablábamos el mismo idioma ellos, nos comprendían y nosotros a ellos. Venían de Italia, frontera con Suiza, y tenían curiosidad por conocer la Patagonia. Visitaron El Calafate, El Chaltén, Puerto Natales y otros lugares. En suma, todos muy simpáticos y la experiencia de comer juntos y charlar, intercambiar experiencias fue muy buena y diferente. Comimos, nos reímos y nos conocimos un poco más.
Al terminar el desayuno, organizamos las cosas, nos despedimos de Vivían y de la Estancia Doraike, muy linda, rústica y familiar. Como Agus decía, «como la Quinta» y fue así que nos sentimos, bien recibidos.

Salimos a las 10.00 h hacia el Parque Nacional Monte León, una de las pocas reservas naturales protegidas de la Costa Argentina. La ruta de ripio nos llevó hasta la Cabeza del León, que le da el nombre al parque. El viento, impresionante y no es nada comparado al viento del invierno. Agus reclamaba que su pelo se enredaba y le quedaba en la cara. Yo no tenía problemas, estaba aerodinámico. Caminamos por un sendero medio capeta y vimos la vista del mirador y el fantástico panorama del Parque. Vimos, de lejos, unos lobos marinos y sacamos algunas fotos y volvimos corriendo al auto. Gonzi hasta se cayó del caminito y se ensució de una manera cómica. Cayó como una bola azul y terminó como bola marrón.

Después, seguimos camino al mirador de la Isla Monte León, casa de cormoranes y gaviotas cocineras. Al llegar, Papá estaciono justo en un pozo de barro,  ensució el auto y nos avisó: «¡Cuidado con el barro, Patifão!» Como dignos niños distraídos, Agus y Gonzi, la primera cosa que pisaron al salir del auto era la bosta del barro. Y, obvio, no tocó apenas el barro. Decíamos que casi se zambullía en él. Hasta que saliera una camada del barro pasaron toallitas, pasto, todo lo que había a disposición. El pantalón… Marrón. No podía ser más…delicioso. Bueno, limpiamos la bosta y volvimos al auto. Íbamos visitar la playa. Ahí, nos encontramos con los argentinos y con los italianos/suizos. Caminamos por la playa. Agus se sacó los zapatos y probó el agua. Con su habilidad característica, también se mojó los pantalones y tuvimos que esperar que se los secara.

La playa de piedritas nos encantó. De alguna manera, las playas de Brasil perdieron algo de su encanto, para mí, por lo menos. Estas del sur podían ser frías, correntosas y de difícil acceso, pero eran lindas.
A las 12.00 h, volvimos al auto y partimos hacia Río Gallegos. Eran 230 km hasta la última capital de Argentina continental. Las estepas, los guanacos y las ovejas, nuevamente, invadieron nuestro paisaje. Y, por primera vez, pasamos por una lluvia patagónica. Dispersa, pero refrescante para este ambiente tan seco.

Llegamos a Río Gallegos a las 14.00 h. En la entrada, control policial… Nos preguntan de dónde venimos, «Río de Janeiro» responde papá, y nos dejan pasar. A los otros viajeros les pedian documentos, les hacían preguntas, etc. La  Vera Cruz salvando el día otra vez. Río Gallegos, ciudad simple, pero un poco sucia, comparada a las que veníamos visitando. Íbamos recorriendo la capital del sur y nos acercamos al hotel. Hotel París era su nombre. En la puerta, el cartel se caía a los pedazos. Bajamos las cosas, Papá estaciono el auto. Al entrar, olor a naftalina. Las habitaciones eran raras, pero como íbamos a quedarnos una sola noche, no había problema, mejor para nosotros como críticos TripAdvisor.

Comimos en el Quattrocento, un restaurante buffet dudoso, de calidad nivel capeta. Pero comimos igual por el hambre que teníamos. Después, fuimos a caminar por el centro de Río Gallegos y Gonzi se compró un sombrero, tipo Carlos Gardel… Sin comentarios.

A la noche, en los vientos infernales del sur fuimos a comer a Bartolo y a dormir. Mañana el día será largo porque vamos a Ushuaia y el tramo incluye balsa, fronteras internacionales, rutas de ripio y mucho camino a andar. ¡Vamos al Fin del Mundo, señoras y señores! Mañana veremos qué pasa.

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30/12/15 – Puerto Madryn – Trelew – Punta Tombo – Comodoro Rivadavia

Salida: 10.30 h – Llegada: 21.00 h – Distancia: 581 km – Total: 2437 km

Puerto Madryn - Punta Tombo - Comodoro Rivadavia - Total.png

Después de un día de descanso, fue difícil despertarse. A las 7.30 h  fue mi turno. Gonzi y Agus se levantaron ante la fuerza de la suprema líder, mamá. Hoy iba ser un tramo, digamos, intermedio hacia Comodoro Rivadavia, capital del petróleo de Argentina. De paso, visitaríamos los pingüinos de Punta Tombo y la pequeña ciudad de Trelew que papá visitó tantas veces hace 20 años.

Una observación muy importante es que este viaje a la Patagonia marca, por lo menos, 20 años de los tiempos que papá trabajaba acá, y que, de cierta forma, él y Mamá se conocieron. Además, 17 años, mínimo, que vivíamos en Ushuaia y ahora estamos yendo ahí… El tiempo pasó pero ahora volvemos con Gonzi, Agus y la VeraCruz, sin dudas, significativo.

Bueno, dejando de lado esas cuestiones, volvemos a nuestra travesía. Organizamos las cosas y cerramos los bolsos Thule una vez más.

Desayunamos tarde, porque Papá se atrasó «un poquito». A las 9.00 h, desayunamos y a las 10.30 h, partimos hacia nuestro nuevo destino. Nos despedimos de Puerto Madryn, linda ciudad y que nos recibió de la mejor manera. Hasta la próxima.

Primera parada fue a 60 km de Madryn, Trelew. Ahí, visitamos el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF), un importante centro de estudios acerca de los dinosaurios que caminaron, un día, por estas tierras de la Patagonia, un poquito diferentes, pero aquí. Muy lindo y muy bien organizado, fue una buena visita y nos agregó algo acerca de esas criaturas del pasado. Gonzi sacó miles de fotos con el celular de Mamá, algunas bosteadas y otras buenas. Después de esa breve visita, cargamos nafta y seguimos camino hacia la siguiente parada.

Punta Tombo, para quien no sabe, es la mayor colonia continental de pingüinos de Magallanes del mundo, y de cualquier especie, llegando a medio millón de criaturitas en la región. Todos estábamos ansiosos para llegar. Unos kilómetros de ripio y llegamos al centro de visitantes de la pingüinera más visitada por los turistas. Lugar muy moderno y nuevo. Instalaciones muy buenas, pero había un detalle apenas… Los textos que describían las fotos y informaciones expuestas estaban muy mal traducidos, dolían los ojos de tanta vergüenza ajena… Pero todo era tan lindo que no reclamamos tanto. Lo que realmente queríamos eran pingüinos. Comimos unas empanadas y finalmente había llegado la hora tan esperada. En la entrada, nos dieron instrucciones y, entonces, comenzamos la caminata por el sendero abierto. Por el camino, es posible ver pingüinos por todas partes y algunos a centímetros de nuestros pies. Algunos cruzan el sendero y los podíamos ver de cerca y sacar miles de fotos. Los primeros pingüinos eran una novedad, pero a medida que íbamos andando por el sendero, aparecían más y más, y dejaban de ser algo nuevo para algo aburrido, por ejemplo para Gonzi… «No quiero ver más esos pingüinos malditos», unos cambios, pero era esa la idea. En las más diferentes poses, durmiendo, corriendo, saltando… Había pingüinos para todo tipo de situación. ¡Queríamos pingüinos, y ahí estaban! Toma pinguim na cara, como decimos en Brasil. E, insisto, sacamos muchas fotos. Fue buenísimo ver a esas pequeñas criaturas, desastradas y tan cómicas. En cada detalle, veíamos los pingüinos nadando, comiendo y nos reíamos, pero quedamos impresionados, que como nosotros, viajan miles de kilómetros, de la manera que pueden para llegar a un buen lugar para comer y descansar. Después de dos horas, llegó el momento que Gonzi no aguantaba más ver los pingüinos. Entonces, volvimos y nos despedimos de nuestros queridos amigos cómicos.

Partimos, y ahora sí, hacia Comodoro Rivadavia. Fueron 370 km desde Punta Tombo y nuevamente las planicies infinitas, la estepa interminable y los ocasionales guanacos marcaron ese tramo de la ruta 3. Cargamos combustible en Garayalde (a 170 km de Comodoro) porque no había alternativa más tarde. Gonzi durmió la mayor parte del tiempo. Mamá y Agus también pero trataron de ver una película de la sección «Copias  de Micha» algunas con subtítulos en coreano, otras en idiomas raros, pero bueno, cada distracción es mejor que las rectas largas de la ruta 3 y los miles de camiones que llevaban algo hacia un lugar.

Llegamos a Comodoro a las 21.00, todavía de día y comimos en el propio hotel, dormimos profundamente después de 581 km. Mañana es el último día del año… 2015 se va y lo festejamos acá en Comodoro! Veremos cómo vamos a hacer con el nuestro festejo… Y cuenténnos cómo lo van hacer ustedes…

 

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29/12/15 – Puerto Madryn – Día de descanso

Salida: 10.00 h – Llegada: 17:00 h – Día de descanso

Hoy fue «día de descanso». Despertamos tarde, 8.30 h, y salimos para caminar un poquito y probar la playa de Puerto Madryn.
Salimos a las 10.00 h y fuimos al mirador de Puerto Madryn y vimos ruinas de casas de galeses que formaron una colonia aquí en Puerto Madryn. Estaban medio bosteadas pero la vista de la ciudad era linda. Jugamos con unas piedritas e hicimos las capeteadas de siempre.
Después fuimos con el auto hacia Punta Loma, una lobería muy conocida. Llegamos y éramos los únicos. Fuimos al mirador y ahí estaba, de lejos, la lobería. Incluía lobos marinos peleándose ferozmente entre sí. La vista era genial. Después, caminamos por un sendero y durante la caminata, íbamos conociendo la vegetación. Muchas eran usadas con uso medicinal y ayudan, por ejemplo, a curar dolores, aliviar sed, etc. Los tres capetas (Papá, Gonzi y Agus) creyeron que aquello era un buffet y fueron analizando las plantas. Probaron algunas… Algunas frases como «Es rojito… Pero es dulce», » Papi ahora comé ese» o «Mar, me estoy sintiendo un poco rara» fueron surgiendo a medida que la degustación de los supuestos «frutos patagónicos» transcurría (porque no sabemos si realmente estaban comiendo lo correcto). Ya sabemos que si algún problema pasa es porque hubo una degustación equivocada.

Y bueno, volvimos al centro de Puerto Madryn, compramos algunas cositas en un kiosko, golosinas tales como palitos de la selva. Anduvimos por el centro y decidimos comer en el restaurante Chona. Como era día libre, seguimos camino al hotel y a la playa.

Buscamos toallas porque sospechábamos  que el agua estaría caliente, porque el viento era interesante, en términos de velocidad. Llegamos y fuimos al mar. Agus, Gonzi y yo nos animamos a meternos… ¡¡¡Estaba helada!!! Pero no tanto como que estuviese. El viento era lo que bajaba la sensación térmica. Estuvimos como 20 minutos en el agua del paralelo 42 grados, lo más bajo hasta ahora que estuvimos. Teníamos que hacerlo. Al salir, corrimos hacia las toallas y Gonzi, que era el más valiente y el que más quería sumergirse, tosía y sollozaba por el frío que hacía.
Tomamos un baño de agua caliente y descansamos. Después fuimos a jugar a unos juegos (disculpen el pleonasmo) del hotel. Nos divertimos como nunca y estuvimos de bobeira («jugando») durante una hora. Al salir, prendieron los aspersores del jardín y tuvimos que correr como en una peli de Misión Imposible. No sé si nos veían por las cámaras, pero los que trabajaban en el hotel deberían estar riéndose a carcajadas.

Salimos a cenar a algo liviano al Lizard Café. Preparamos las últimas cosas para mañana porque vamos a Comodoro Rivadavia y a visitar Punta Tombo. Estos son otros destinos que irán recibir los cinco capetas de Río de Janeiro y su compañera la VeraCruz. Cada vez más cerca del Fin del Mundo.

28/12/15 – Puerto Madryn – Península Valdés

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Salida: 10.20 h – Llegada: 21.00 h – Distancia: 390 km – Total: 1809 km

Recorrido Península Valdés.png

Un gran día de paseo por Península Valdés. Esta región alberga las especies más conocidas por los argentinos y más icónicas de la costa argentina. Las ballenas francas, las orcas, los leones marinos, los elefantes marinos y los pingüinos de Magallanes, todos grandes personajes de la mayor reserva natural «viva» de Argentina.

Cansados del viaje del día anterior, y con camas extremamente cómodas, fue difícil despertarse temprano. Yo estaba despierto a las 7.30 h y papá desde las siete. Gonzi no quería despertarse. Nos bañamos, desayunamos y nos preparamos para el día del avistaje.

Día lindo, pero no conociendo el clima y creyendo estar realmente preparados, nos pusimos pantalones largos y llevamos buzos, por si acaso. Nunca estuvimos tan equivocados. Papá nos había avisado que iba hacer calor, pero no creíamos que sería tan capeta. 33 grados Celsius. 33!! Bajo un sol hirviendo, íbamos a recorrer la Península Valdés. Todos de pantalón largo, menos papá. Tenía razón… Qué le podíamos hacer…

Papá había organizado que a las 12.00 h tendríamos un paseo en el llamado Yellow Submarine, en Puerto Pirámide, principal punto de salida de los paseos de avistaje de animales. Enormes, ahí íbamos nosotros, 100 km hasta Puerto Pirámide. Gonzi creía que era más cerca… Inocente!

Entramos en la Reserva Faunística Península Valdés, llegamos a Puerto Pirámide a las 11.50 h. El equipo de Yellow Submarine ya nos estaban llamando como una última llamada en el aeropuerto. Todos de bermuda y ropas livianas, mientras que nosotros estábamos de jeans. ¡Los únicos! Estábamos bañados en sudor con el sol. Entramos al barco y comenzamos el paseo.

El Yellow Submarine es un semisubmarino. Uno puede bajar al nivel inferior y mirar por las ventanas que muestran las vistas submarinas del mar y de animales, principalmente ballenas. Pero una cuestión que nos dejó muy decepcionados es que la temporada de ballenas había terminado hace tres días. En síntesis, no había ballenas. De esa manera, en el paseo vimos los lobos marinos y muchas gaviotas. Lindo el paseo, porque la península en sí es muy bonita. La formación geológica y el calor del agua son envidiables hasta para los brasileños. El paseo, sin embargo, no fue gran cosa porque no estaban los protagonistas del espectáculo. Sacamos fotos y comimos en Botazzi, en Puerto Pirámide. Tardó más de lo que esperábamos, pero a las 15 h estábamos en camino, para recorrer la Península.

Dentro de la Península, solo hay rutas de ripio que conectan los principales puntos de interés de la península: Punta Delgada, Caleta Valdés y Punta Cantor. La primera parada era Punta Delgada lugar de elefantes marinos, 75 km de Puerto Pirámide, nada que la VeraCruz no pudiera aguantar como el equipo Thule. Al llegar, nos miran la patente del auto y nos dicen que para ver los elefantes de cerca había que pagar 200$ por persona, impagable para 15 minutos de salchichas gordas paradas en la playa. Entonces, fuimos al mirador y vimos, gratis, de lejos las tales salchichas de 4000 kg, alguna que otra moviéndose de una manera hilaria. Diez minutos después de vuelta al auto yendo hacia Punta Cantor y Caleta Valdés. 40 km hasta la supuesta comunidad de pingüinos. Más ripio, estepa patagónica, y algunos choiques, guanacos, zorritos que caminaban por la ría.

Al llegar, todo estaba vacío, menos un caminito que llevaba a miradores de la Caleta Valdés. 1500 metros de caminata por la vegetación patagónica. Vimos otros elefantes marinos y los primeros pingüinos que deberían ser, probablemente, seis o siete… Más decepción… Pero el calor, por lo menos, no estaba tan intenso, pudimos caminar bien sin ningún problema, aunque todavía esperábamos a los pingüinos tan prometidos.

Y después de esa caminata, comenzamos a volver, cuando vimos lo que parecía ser otro mirador, pero, en realidad, era una pinguinera.

Estacionamos y vimos una comunidad gigante de pingüinos de Magallanes. Fue impresionante, después de calor y algunas decepciones, quedamos maravillados con lo que estábamos viendo. Sacamos miles de fotos y nos reímos a carcajadas con los ruidos que hacían y de Gonzi imitándolos. Fue genial para cerrar el día en Península Valdés.
Regresando por la ruta de ripio y volvimos a Puerto Madryn y cenamos en El Barco y ahí decidimos que mañana iba ser día libre, tal vez vayamos a la playa o tal vez otras cosas para nuestro último día en Puerto Madryn.