Salimos del hotel en Potrero de Funes y visitamos La Punta, donde hay un centro universitario y un centro astronómico. Vinimos a almorzar a San Luis.
Categoría: Visitas
Última parada: Panamá
El vuelo a Panamá dura 2 h aprox. y el servicio de Copa Airlines es impecable. El aeropuerto es muy moderno aunque pequeño. Cuando hicimos la conexión a Miami parecía un shopping y no una terminal aeronáutica. Demoramos bastante en hacer Migraciones y después nos fuimos a buscar el auto. El carrito para las valijas cuesta la módica suma de 5 USD. La moneda en Panamá son los dólares americanos. Existen los Balboa que se intercambian 1 = 1 y las monedas son casi idénticas. El alquiler del auto debe haber demorado un total de 45 min. Hay que llenar unos 5-6 formularios donde te piden hasta la foto del abuelito. Para nuestra sorpresa el costo del seguro era casi el mismo del alquiler. No había más GPS disponibles, salvo que aceptáramos uno sin soporte, que había que llevar en la mano. Se acuerdan de la máquinas que copiaban los datos de la tarjeta de crédito? Tenían una de esas y la autorización se hace por teléfono, a la vieja usanza. El GPS fue la gota que colmó el vaso. Filipe hizo un escándalo y a nuestro lado, el señor que nos iba a entregar del auto le decía al vendedor: Hacé algo que nos quedamos sin propina. Igualito que en Miami. Fue ahí que el vendedor tuvo piedad, solo con el GPS y nos entregó uno con soporte. Qué alivio! El GPS nos llevó por todos los barrios pobres de Panamá con un tráfico alocado y febril (entendimos el tema del seguro). Excluyendo una franja de edificios, la ciudad es un caos. Hay suciedad y pobreza por todas partes. ¡Bienvenidos a América Latina! Igual que la villa 31 de Retiro, hay casitas carenciadas al lado de la autopista, todas con su antena satelital. Todo lo que describían las guías era lo contrario. El canal de Panamá no decepciona. Es una obra espectacular. En minutos las esclusas se llenan de agua y se vacían para superar las alturas. Barcos enormes y veleros pasan juntos.
Al día siguiente fuimos a Colón, el mayor puerto de América Latina. Otro desastre. Pobreza y suciedad pero vimos el Océano Atlántico y el Pacífico el mismo día. Eso sí valió la pena. Pasamos por un shopping donde los precios sí son convenientes pero no había tantas cosas lindas. Además como quedamos atrapados en el tráfico, ya llegamos medio cansados. Al día siguiente, volvimos al aeropuerto… mezcla de decepcionados y contentos. Yo creo que a pesar de los reclamos, valió la pena. Siempre es bueno conocer cosas diferentes.
Última parada rumbo a Rio de Janeiro. Llegamos a casa el martes a la noche. Super cansados… Gonzi, sin embargo, estaba feliz. Desde el momento en que la azafata anunció que habíamos aterrizado, se reía y saltaba. Esa noche, solo conseguimos ir a dormir casi a las 4 h. Esta es mi despedida hasta el próximo viaje, aventura o lo que sea. Gracias a todos por seguirnos, los comentarios, el apoyo, etc. etc. Los quiero mucho.
Último día en Florida: Palm Beach
Él último día de la estadía en Florida fuimos a un zoológico con animales sueltos (http://www.lioncountrysafari.com). Nunca había visto un rinoceronte tan cerca y mucho menos en cantidad. Los leones estaban descansando. Lo interesante fue que al entrar nos dieron un CD, como una visita guiada dentro del auto. Al salir, se entrega el CD. Después de almorzar en el zoo, fuimos a recorrer la costa de Palm Beach. Un lujo de casas y paisajes. Paseamos un poquito en un centro comercial con mucha onda y precios muy altos. Pasamos a comprar una nueva valija para los Lego y cenamos en un restaurante en el patio de comidas, con banda tocando en vivo. Muy lindo. Volvimos al hotel a cerrar valijas nuevamente. Era la última noche en Florida. Después del desayuno, partimos rumbo a Miami. La devolución del auto demoró unos 5 min, subimos al trencito, hicimos el check-in y ya estábamos listos para partir rumbo a Panamá. Se preguntarán por qué estoy diciendo esto, es para hacer énfasis por lo que se viene al llegar a Pananá City.
Legoland: el reino de Gonzalo
Hicimos las valijas y partimos rumbo a Legoland California, a unos 60 km de Orlando. Este parque se inauguró este año de modo que todo está casi nuevo. Todos saben que somos fans de Lego, así que no podíamos dejar de ir. Aunque la verdad, es que exceptuando el Miniland (las ciudades miniatura en Lego), el parque está más orientado para los pequeñitos, así que Gonzalo fue el rey. Se lo merecía, después de haberlo arrastrado por todas las atracciones para más grandes. Hacía un calor tremendo y si bien llovió un poco y pararon las atracciones, una vez más, salió el sol y todo volvió a la normalidad. Lo que más me sorprendió en Lego, fue el hecho de que los hombrecitos tomaran vida. Era muy raro ver muñequitos Lego actuando o sacándose fotos. Entre las fotos, van a ver a Gonzi manejando un autito (al salir les daban una licencia de conductor), una carrera entre camiones de bomberos (participaron Filipe, Marcos, Agus y Gonzi) y debo admitir que estaban todos compenetrados. Perdieron pero se divirtieron igual. El paseo en safari es cortito pero todos los animales de Lego son casi perfectos. En un momento, paramos a tomar un helado. El de Agus cayó al piso y se quedaron mirando a ver quién lo pisaba. Agus tiene anécdota para eso. Al salir del parque, la visita imperdible pero el local de Lego nos dejó con un saldo de 5 cajas gigantes para meter en las valijas. La diferencia de precio es abismal. Salimos casi a las 20 h de Legoland y nos sorprendió ver que hasta Boca Raton teníamos como 200 km. Llegamos muy tarde al hotel y como no había servicio de comidas, pedimos por teléfono. A la una de la mañana, cenando sandwiches en el hotel. ¡Qué horror!
Como tocar la Luna con las manos
El 17 no me quedó otra que lavar ropa. Tenía como 5 bolsas de ropa sucia y poco tiempo. Tomé control de 4 máquinas de lavar y a medida que terminaba el proceso, metía lo que podía en las secadoras. Marcos protestaba a mi lado porque quería salir ya. Después de todo, él había elegido el paseo y podía prescindir de la ropa limpia pero no de ir a visitar la NASA – Kennedy Space Center. Llegamos a Cabo Cañaveral cerca de las 13.30 h y nos subieron a unos ómnibus para hacer la visita guiada, que empezó en una de las torres de lanzamiento. Al principio, todo es muy científico y lleno de nombres extraños, pero a medida que empezamos a conocer la historia del centro espacial y a entender los nombres y el proceso de despegue, eso tan abstracto, empieza a tomar una dimensión increíble.
En la segunda parada de la visita, vimos una película que nos ubicó en el tiempo cuando comenzó la carrera espacial entre Rusia y Estados Unidos. Después, pasamos a la sala de control desde donde se supervisó el despegue del Apolo/Saturno V. Parece mentira que esa máquina consiguió salir del suelo, volar hasta la Luna y volver (es la que dio la vuelta a la Luna). En el mismo galpón, hay una sala con trajes de astronautas y herramientas utilizadas para estudiar el material recogido y varias muestras de piedras lunares. En un rinconcito, hay un pedacito diminuto de piedra para que lo puedas tocar. Se te pone la piel de gallina al pensar de dónde vino la piedra (y sí, cuántos miles de personas ya la habrán tocado). Cuando volvimos al punto de partida, Marcos, Agus y Filipe se fueron a un simulador, mientras Gonzi y yo partimos hacia el pelotero. Igual de divertido… Volvimos a Orlando y decidimos cenar otra vez en el restaurante argentino.


