Próxima parada: Manly

Tomamos un ferry desde Circular Quay rumbo a Manly. La vista de la ciudad desde la bahía es impresionante. Es un viaje de 23 minutos. Hay una cantidad y variedad enorme de barcos, veleros, botes y otros.

Al llegar, caminamos un poco para conseguir una quilla para Gonzi y paramos para almorzar. Estuvimos en la playa y a las 17.30 h volvimos a la estación de ferries.

Desde la playa, a lo lejos, pudimos ver al Barco Brasil cambiando de velas.

Conseguimos tomar un ferry rápido y volver a Sydney en 18 minutos.

Tratamos de subir a uno de esos ómnibus que recorren los puntos clave de la ciudad. Estaba todo ocupado. Resolvimos caminar hasta el Jardín Botánico. Lamentablemente, la visita fue corta porque faltaba poco para cerrar.

Filipe y Gonzi ya estábamos saliendo del Cruising Sailing Yatch y pasaron a buscarmos a Marcos, a Sarah y a mí. Mateus y Agus resolvieron quedarse en el centro hasta más tarde.

Manly Beach
Vista de Sydney desde el Jardín Botánico

Breve descanso

¡Nos vemos en New Orleans!

No teníamos nada para comer en el departamento, así que salimos a tomar el desayuno en un barcito muy cerca de donde estábamos parando. Había muy poco movimiento en la calle (Mammoth Espresso). El café estaba impecable.

Nuestra idea era tomar el colectivo hop on-hop off para tener un panorama general de la ciudad. No habíamos comprado las entradas, así que caminamos hasta la parada que teníamos más cerca.

Justo cuando llegamos a la parada, pasó un ómnibus y, por más que hicimos señales, el chófer no paró. Tratamos de comprar las entradas online, pero no lo conseguimos. El servicio de atención al cliente nos dijo que podíamos pagar en el propio ómnibus, pero que el recorrido terminaba más temprano ese día.

Esperamos y, 20 minutos más tarde, estábamos en el piso superior del ómnibus descubriendo New Orleans. 

Al llegar a Jackson Square nos bajamos y fuimos caminando por algunas de las calles del Barrio Francés, conocido por la arquitectura histórica, balcones de hierro forjado y el alboroto de las personas comenzando a reunirse en Bourbon Street para celebrar Mardi Gras.

Después de pasear un poco, volvimos a subir al colectivo y terminamos el recorrido: pasamos por el mercado francés, Magazine Street, el museo de la Segunda Guerra Mundial, el centro de convenciones, la plaza de España, etc.

Después buscamos el auto y pasamos por el supermercado para tener en el departamento. Esa noche pedimos a los chicos de la recepción que nos recomendaran un lugar para cenar. La lista era interesante; sin embargo, tendríamos que haber hecho reservas. Todo estaba lleno. Solo conseguimos cenar en la barra de un restaurante italiano muy bueno: Gianna.

Para nuestra sorpresa, en el camino de regreso, la calle estaba cortada porque estaba pasando un desfile. Aprovechamos y nos quedamos viendo las carrozas que pasaban y los miembros que lanzaban collares a quienes estaban mirando. Había mucha gente y el ambiente era completamente familiar. También pasaban bandas de escuelas secundarias y porristas animando al público.

¡Muy interesante!

Links:

@mammothespresso

https://citysightseeingneworleans.com

Tres días en Key West, FL

El lunes amaneció con lluvia, mucha lluvia. Y viento, mucho viento. Internet en la habitación no era ninguna belleza. Esperamos un poco y, como pintaba seguir lloviendo, fuimos a desayunar a un Starbucks acá cerquita.

Pasamos por el hall del hotel y nos explicaron que no había muchas propuestas de actividades los días de lluvia. Sin más opciones, volvimos al cuarto. Filipe se puso a trabajar y yo empecé mi plan de recarga de baterías (siesta!!).

Salimos a almorzar bastante tarde. Hacía frío. Siguiendo las recomendaciones del mapa local, estábamos buscando un lugar llamado The Hogfish. Waze no nos avisó que para llegar tendríamos que pasar por unas calles inundadas. Sí, inundadas como cuando en Tigre sube la marea y los autos esperan en la esquina para que el que está justo en frente pase por el medio de la calle. Estamos con un auto alquilado muy bajito y Filipe no tuvo miedo en meterse por el medio, para que sea más seguro, claro.

Comimos super rico, pescado, camarones y la torta de limón típica de acá. El resto del día fueron pelis y siesta y muchas buenas energías para que parara de llover. A la tardecita caminamos por el centro antiguo de Key West. Nos agarró la lluvia y tuvimos que pegar la vuelta.

El martes amaneció con sol. ¡Aleluya! Filipe trabajó un poco y, para variar, salimos tarde. Esta vez paseamos por varios puntos de la ciudad. Todo es extremamente limpio y organizado. Un defecto: es muy difícil encontrar estacionamiento.

Paramos en un fuerte y recorrimos un poco la ciudad. Cuando pudimos estacionar visitamos la casa y museo de Ernest Hemingway. La casa fue construida en 1851 y tiene estilo colonial. Hemingway vivió ahí con su esposa Pauline desde 1931 hasta 1939. Cuentan que, en ese período, Hemingway escribió algunas de sus obras más reconocidas. La casa también es famosa por sus gatos, descendientes del gato original de Hemingway. La casa es un museo abierto al público, donde se pueden ver los muebles originales y explorar los jardines donde viven más de cuarenta gatos (no ví los cuarenta pero eran unos cuantos).

Subimos al auto y fuimos a visitar el Museo de Arte e Historia de Key West, ubicado en el antiguo edificio de la Aduana. Nos atendió una señora sumamente amable. Es un edificio de cuatro pisos que desentona con las casitas bajas de madera. Fue construido originalmente en 1891, albergaba la oficina de aduanas, el servicio postal y los tribunales del distrito de la isla. Ahí pudimos conocer un poco más sobre la construcción de los puentes que unen a las islas y el antiguo ferrocarril que iba desde Miami a Key West.

Todo fue el sueño de un tal Henry Flagler, industrial estadounidense y cofundador de la Standard Oil Company. A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, Flagler resolvió extender el ferrocarril Florida East Coast Railway hasta Key West.

Este señor asumió el costo del proyecto conocido como el Overseas Railroad, que comenzó en 1905 y se completó en 1912. Fue excelente mientras duró. No se puede creer que la gente viajaba hasta Key West y después tomaba el ferry para ir a Cuba. Lamentablemente, el ferrocarril fue parcialmente destruido por un ciclón en 1935. La infraestructura del ferrocarril fue vendida al estado de Florida, que utilizó los puentes y vías para construir la carretera Overseas Highway.

Me encantó conocer esa parte de la historia. Es decir, cómo fue que construyeron tantos puentes entre las islas.

Después caminamos por el antiguo puerto y almorzamos en un restaurante cerca del mar (Conch Republic Seafood Company). Obviamente, comimos pescado y frutos de mar. ¡Excelente!

El tercer y último día por acá, salimos a pasear por la ciudad, mapa en mano. Paramos en un fuerte y visitamos un conservatorio de mariposas sorprendente (Key West Butterfly and Nature Conservatory) donde conviven muchísimas especies de mariposas y pájaros. Después seguimos hasta el museo de historia natural Florida Keys Eco-Discovery Center. Caminamos al solcito por un parque casi vacío junto al mar y corrimos al último museo: Mel Fisher Maritime Museum. La familia Fisher dedicó años a buscar un barco español que naufragó por estos pagos. Lo encontraron y se hicieron archi millonarios. En el proceso, encontraron otros objetos bajo el mar. El museo cuenta un poco la historia a partir de los objetos encontrados. Mucha información sobre la colonización española y el tráfico de esclavos. Nos sorprendió la calidad de las presentaciones y la organización del museo. 5 estrellas y definitivamente, una sorpresa. Cenamos en un restaurante italiano (Antonia’s) y caminamos de regreso al auto. Ahora, toca preparar las valijas porque mañana nos vamos tempranito a Miami.

Día 11: La magia de Praga

El martes nos levantamos temprano y bajamos rápidamente para buscar el auto. Habíamos entendido que el personal multaba a partir de las 9 h. Minuto más, minuto menos, llegamos después de esa hora. ¿Y sabes qué? Ya teníamos otra multita esperando en el auto. Nuevamente, desesperación y paciencia. Cambiamos el auto de lugar y nos fuimos a desayunar. Yo quería tomar mi típico café vienés con esos panes artesanales llenos de semillas.

Por suerte, encontramos un lugar tal como yo quería a dos cuadras del depto. (Ströck – Reinprechtsdorferstraße). Comimos super rico. Qué suerte que la mayor parte de las personas hablan inglés, sino eso, estaríamos completamente perdidos (un poco más perdidos de lo que estábamos).

Ordenamos todo lo que nos quedaba y volvimos a la estación de Viena. Teníamos que entregar el auto y buscar la plataforma para tomar nuestro próximo tren rumbo a Praga.

Fuimos con tiempo considerando el escenario de que algo puede fallar. Por suerte, no tuvimos problemas. Esta vez, también conseguimos ubicarnos rápidamente y esperamos el horario en el lounge de OBB en la estación. La atención fue espectacular. Esta vez, no hubo que correr atrás de empleados. Todo estaba muy bien explicado.

El viaje de Viena a Praga fue excelente. Por problemas técnicos, hubo un cambio de recorrido y llegamos una hora más tarde, pero estábamos super cómodos y había servicio de restaurante. El tren anda a una velocidad promedio de 160 km/h. Vas viendo el cambio de paisaje. Las estaciones se vuelven más sencillas y las casas se parecen más a las que conocemos. Parece que estamos en un lugar conocido, pero no. No se entiende nada de nada.

Nos bastó bajar del tren para querer salir corriendo. Todos queríamos ir al baño y no teníamos coronas checas. Que sí, que no. La empleada del baño nos hacía señas tratando de explicar cómo pagar y nada. Finalmente, conseguimos. También habíamos alquilado un auto, pero no encontrábamos la oficina. Seguíamos las flechas y volvíamos al punto de partida. Subimos y bajamos por el ascensor, pasamos a la antigua estación de Praga y nada. Por fin, conseguimos.

Los empleados fueron un amor. Esta vez preguntamos cómo funcionaba el estacionamiento en Praga. Yo reclamo del estacionamiento en Rio. Bueno, acá es peor. Toda la ciudad es un enorme estacionamiento pago y las calles son estrechas. Encontrar dónde estacionar es un dolor de cabeza. La ciudad está dividida por colores y se paga el precio dependiendo del color. En la empresa de alquiler, nos recomendaron bajar una app para pagar, así que resolvimos sentarnos y hacerlo con calma. Otra cosa que nos sorprendió fue que te ofrecieran un seguro para las tasas del auto (por separado). El empleado me explicó que es una parte muy cara y que casi todos rayan o arruinan al andar en Praga.

El departamento estaba muy cerca de la estación. Demoramos un poquito más porque era la hora de mayor tráfico y porque no encontrábamos dónde estacionar. Esta vez, el edificio tenía ascensor. El departamento era muy lindo, no muy apto para cocinar, pero enorme y bien equipado. Era tarde y teníamos hambre. El anfitrión nos dejó una lista de recomendaciones y, para no dar vueltas, elegimos un restaurante de la lista. Para nuestra sorpresa, era bastante elegante. Ya era medio tarde y estaban cerrando. Por suerte, todavía había gente cenando. Nos permitieron cenar siempre que pidiéramos rápido. La vista desde la mesa del restaurante era mágica.

Día 10: Lejos del centro de Viena

No sé si fue el cansancio o el calor, pero Filipe prefirió subir al auto y salir del centro de Viena. No son grandes distancias. Enseguida, estábamos en Grinzing y ante unas vistas increíbles de los bosques de Viena.

Filipe quería visitar la casa de Beethoven. Nos costó encontrar la dirección. Al llegar nos enteramos de que los lunes el museo estaba cerrado.

Mientras nos reíamos de nuestra distracción, notamos que teníamos un papel en el vidrio. ¡Oh, no! Una multa. No entendíamos nada en alemán. Con ayuda de Google Translate, descubrimos que no se trataba de una multa por mal estacionamiento en esa calle del museo, sino de donde habíamos dejado el auto a la noche, cerca del departamento. Sugerencia: consultar siempre cómo funciona el estacionamiento en las ciudades que visitamos.

Seguimos nuestro paseo por los barrios alrededor de Viena. Las distancias son cortas y todo es muy organizado.

Habíamos comprado entradas para visitar el Palacio de Schönbrunn y el tiempo seguía pasand0, así que almorzamos en el bar del propio palacio para no perder nuestro horario. Este palacio era la casa de verano de los emperadores. Im-pre-sio-nante. ¡Qué decirte de un lugar que tiene 1441 habitaciones!

Hicimos la visita más corta, equipados con las audioguías y después caminamos por los jardines. Un mundo aparte.

Volvimos a Viena con la idea de tomar un barco, pero los paseos ya habían terminado cuando llegamos. Nos detuvimos en un barcito frente al río Danubio a tomar algo. Muy cool.

Después volvimos a casa. Era hora de cenar y preparar las valijas nuevamente. Gonzalo estaba de antojo, así que paramos en el camino para que se comprara una hamburguesa vienesa.

Tuvimos cuidado de no estacionar en el mismo lugar donde nos habían hecho la multa a la mañana.

(22 de julio de 2024)