Día 3: Paseando por Ciudad del Cabo

Nos levantamos tarde según la hora local. Desayunamos en el hotel. Lo único memorable es que pedí un plato local que era una mezcla de avellanas, avena, manzana y yogur: intragable. Pasamos el día buscando a Manim. Filipe no conseguía ubicarlo por teléfono e insistía. Debe haber llamado a 15 personas antes de ubicarlo. Exagerado pero casi cierto… Finalmente, Manim llamó pero no se pusieron muy bien de acuerdo, así que pasamos el resto del día llamando a Manim. Fuimos al Victoria & Alfred Waterfront, donde está anclado el Mussulo III antes de la partida para Rio. El lugar es impresionante, lleno de personas de miles de lugares, con locales de todo tipo, una infraestructura moderna y antigua al mismo tiempo. Tipo Puerto Madero, algo más informal. Como ya era tarde, almorzamos en un lugar muy lindo pero que demoró un montón en servirnos (http://denanker.co.za/). Después, paseamos un poco y entramos en el Acuario (http://www.aquarium.co.za/). Con un concepto menos moderno pero con muchos peces que nunca habíamos visto en nuestra vida. Nos encantó una pecera llena de peces payaso, a la que se podía entrar por abajo (vean las fotos) y un microscopio que aumentaba 400x la imagen de modo que podías ver un fitoplancton moviéndose sobre una anémona. De regreso al hotel, entramos a un supermercado para comprar algo de comida y unos adaptadores (el formato de las fichas acá es completamente diferente). Comimos y nos fuimos a dormir.

Dia 2: Viaje

Bueno, al llegar al hotel en São Paulo, todos nos miramos y nos preguntamos adónde podríamos comer algo. El restaurante local era mínimo y estaba vacío.  Había un único plato, como dijo, mamá. Después de nosotros, llegó otra señora y recibió el mismo discurso del plato único. La señora aceptó la propuesto pero pidió eliminar la lechuga y el tomate y en cambio aumentar la dosis de papas fritas (Marcos la imita perfectamente: pode exagerar nas fritas). Obviamente, Marcos y yo nunca olvidaremos la frase célebre. Nos llenamos de Coca y volvimos al cuarto. Permítanme confesar que mamá no abe que no pudimos ver la novela porque Marcos se quedo mirando el programa de los Teletubbies. Eso es para que vean lo demoníaco que era el hotel. En realidad fue Gonzi que nos hizo ver eso pero venía bien el comentario.

Después de salir del excelente capeta hotel, Ipê Hotel (sí, Marcos y yo somos críticos oficialmente y hacemos publicidad de TripAdvisor, jajajaja), fuimos al aeropuerto para el segundo vuelo. Durante las 10 horas de vuelo, dormimos por lo menos la mitad. Claro que escuchando a Justin Bieber todo el tiempo y a aun así, el vuelo fue insoportable. Nos prendían la luz, Gonzi pateaba y no me dejaba dormir, me senté en 250 posiciones y nada.. pero qué remedio, todo por la aventura. Jajaja

Al salir del avión, tuvimos que esperar media hora en la fila de Migraciones. Podías ver cualquier cosa ahí. Raro.. muy raro.. yo quería terminar de leer las 50 páginas finales del libro, mamá me gritaba para que parara de leer. Papá hacía comentarios graciosos sobre la ropa de los otros y Marcos, era el único atento en la fila. Gonzi saltaba como si fueran las 7 de la mañana y la fila no avanzaba.

Ah, y Javi, si estás leyendo esto, Marcos y yo dijimos JOHANNESBURG al salir del avión. Jajajaja. Todo para no olvidarnos de los que están lejos.

Mientras esperábamos el avión a Cape Town, mamá, Gonzi y yo decidimos ir al baño a lavarnos los dientes y ponernos desodorante  (eso de que duran muchas horas es mentira, jaja). Consejo: nunca vayas al toilette a colocarte desodorante después de un viaje con turbulencia… ¿sabés por qué? Porque la loca bolita puede haberse soltado y caer en el inodoro, o sea ser irrecuperable.

Salimos para Cape Town dos horas después de haber terminado la fila, despachado las valijas y perdido un desodorante. Esta vez fuimos directo a buscar las valijas. Para nuestra sorpresa: faltaba una y encima era la de Marcos y mía. Hicimos el reclamo y dijeron que quedó en Johanesburgo. Mañana la llevan al hotel. Al salir, debía estar esperando el señor con el auto alquilado. Nervios porque no aparecía… en realidad, el señor estaba solo que tenía un cartel a nombre del señor Ribeiro??? Papá alquiló una combi!! Jajaja. Llegamos al hotel andando despacito por la mano izquierda. El hotel es muy lindo pero tuvimos que enfrentar algunos problemas. Es un apart-hotel, o sea… no hay comida. Los restaurantes estaban cerrados, el teléfono del departamento deshabilitado, el responsable de la recepción solo vuelve mañana, pero como dice Dora: We did it! Conseguimos! Después de varias visitas a la recepción, conseguimos sánduiches de cena. Mañana será otro día.

Crucen los dedos… otra cosa: el inglés que se habla es bastante diferente.

Besos

Llegada

Apenas tenga un tiempito les cuento sobre los últimos días, por ahora, basta con saber que llegamos a Rio sanos y salvos. El vuelo desde Foz de Iguazú es cortito: apenas 1 h 50 m. Nos esperaba Nilzete en el aeropuerto y en casa, Cida con un olor riquísimo a comida casera. Todo estaba en orden gracias al esmero de Cida. Filipe ya se fue a Perú. Lo pasaron a buscar a las 4.50 h. Ahora.. a retomar la rutina y el orden, para empezar con Gonzalo que está completamente fuera de control en sus comidas, su horario y sus costumbres. Besos cariocas.

Día 13: Un largo camino a Alta Gracia

Como siempre, salimos tarde del hotel después de otro desayuno de casi posguerra. Filipe protestaba por el calor, por la falta de Internet, por la pérdida de tiempo… a las 12 h estábamos partiendo rumbo a la casa de Luciana. Entre fotos, despedidas y muchos abrazos, salimos de la casa de Luciana a las 13 h. Iba a ser un viaje complicado… más de 600 km y ya era muy tarde. Salimos de San Juan, pasamos por La Rioja (para evitar un tramo de muchas curvas) y entramos a Córdoba. La Policía caminera nos recibió pidiendo todos los papeles y una colaboración para comprar agua. Nos advirtió, de paso, que el límite de velocidad era 110 km/h. Fue en vano… Filipe pasó el límite varias veces y se quedó tranquilo porque seguramente, era puro verso. Pasamos por varios pueblitos con cara de casi abandono. Entre el calor y la hora de la siesta, no encontrábamos dónde comer. Eran más de las 17.30 h y nada. Se había acabado el mate, las barritas, las gomitas… cuando apareció Soto, con una estación YPF y un barcito ABIERTO. La única opción eran sándwiches y Gonzi almorzó, además 2 helados. Al salir del pueblito, otra vez la policía.
-Baje el vidrio, por favor- dijo el señor. ¿A dónde van?
-A Alta Gracia- dijo Filipe.
-Voy a tener que levantar un acta, no tiene las luces bajas prendidas y los pasajeros no tienen el cinturón de seguridad.
-Mire, ya me pararon antes para pedirme una ayuda.

Nooooo. El oficial invitó a Filipe a bajarse del auto y cruzar la ruta. Mala espina. Filipe hablaba y hablaba. Mostraba papeles y se veía que el policía cargaba datos en un aparato tipo terminal para pago con tarjeta de crédito. A los 15 min, Filipe volvió muerto de risa. Resulta que el oficial le pidió todos los datos para labrar el acta. Cargó con cuidado el número del registro de conducción y la dirección que estaba en el mismo (rua Infante D. Henrique 560 – Cascais – Portugal) y después los del auto (Jaboatão dos Guararapes – Brasil). Ahí el sistema se tildó y no consiguió imprimir la multa. Resignado, le dijo a Filipe que siguiera viaje pero con cuidado. A las 10 min, otro oficial y a los 10 min, otro. ¿Qué pasa con los cordobeses que tienen tanta policía? La respuesta llegó poco después… venían unas motos del Dakar, algún auto y unas camionetas. Había gente a los costados de la ruta que al ver este auto tan diferente, nos saludaban, nos levantaban el pulgar y hasta nos sacaron fotos. Nos moríamos de risa. Paramos un poco adelante a ver a los autos que pasaban. Marcos y Filipe estaban fascinados, mientras que Gonzalo, Agus y yo tomábamos mate. Todavía nos faltaba un poco para llegar a Alta Gracia. Y peor, faltaba la parte de curvas en la sierra donde no se puede andar tan rápido. Bordeamos Córdoba y finalmente, Alta Gracia. Nos costó encontrar el hotel, pero finalmente, a las 23 h, estábamos entrando en el comedor donde nos esperaba la primera comida decente del día.