Diciembre 2014 – Otra vez las vacaciones

Como a todo el mundo, el año pasó volando. Otra vez los preparativos de las vacaciones… este año la decisión fue volver a Portugal y ya que estamos, pasar por Berlín y Londres. Super interesante, pero para mí, personalmente, el mayor desafío no es conocer un lugar nuevo, sino volver a donde ya estuve, a enfrentar un pasado que fue muy dificil en los primeros tiempos y querido cerca del final; a encontrar un presente que nos da algunos dolores de cabeza y a revivir algunas raíces. No importa. Allá vamos y haremos todo lo que sea posible para divertirnos, para resolver, para reencontrar, para reforzar… para seguir estando en contacto, entre nosotros y con los otros con la misma alegría de siempre.

Avance

Estamos en el hall del Victoria Falls Hotel (www.victoriafallshotels.net/)‎, esperando a la combi que nos lleve al aeropuerto. Son las 10.50 h hora local. Después de dos noches en Zimbabue estamos volviendo a Sudáfrica. Marcos y Agus van a escribir las aventuras de estos dos días que no fueron pocas y para adelantar bastante radicales. Gonzi está cansando pero muy contento. Se le confunden los nombres de los lugares pero ya está contando las noches que faltan para volver a casa. Besos desde Victoria Falls! Gabriela

Día 6: Montaña de la Mesa

El día empezó otra vez en el A&V Waterfront, desde donde parten los ómnibus rojos con paseos guiados (http://www.citysightseeing.co.za/capeTown.php). Es una excelente manera de tener una visión general de la ciudad, con un relato conciso e interesante. Optamos por el recorrido más largo que sube hasta la estación base del teleférico giratorio. El paisaje es impresionante y en 6 min estás en la estación superior de la Montaña de la Mesa. Lleva ese nombre porque es completamente plana en la cima. Al llegar, fuimos directo a almorzar. El restaurante era medio desorganizado, tipo autoservicio, con basura en el piso, más parecido a la realidad de América Latina pero todo se olvida con la vista desde allá. Gonzi me dejó un poco estresada porque iba a los saltitos por todas partes y quería subir a las piedras, pero no es novedad: a los niños les encantan probar los límites. Bajar fue un poco más lento de lo previsto. La fila era enorme y cuando llegamos, vimos que nuestro ónmibus nos había dejado a pie. Tomamos un taxi hasta el estacionamiento donde había dejado el auto. El taxista parecía haber salido de una película de terror, pero tomó todos los atajos posibles y nos dejó en el estacionamiento pero en otra entrada. Debo confesar que no perdimos el auto, simplemente demoramos 15 minutos en encontrarlo. Entre tanto, teníamos que ir a cenar con Manim y su familia pero era tarde. Manim todavía estaba en el puerto así que pasamos a buscarlo y fuimos juntos a Camps Bay. Todos estaban muy elegantes para ir a cenar mientras que nosotros veníamos del paseo, pero nosotros somos así y no nos amedrentamos. Además, no había otra alternativa. Cenamos en Zenzero, un lugar elegante, medio oscurito y nada adecuado con niños. No hubo ambiente para conversar mucho, o bueno, se conversó sobre temas políticamente correctos y a la 1.30 am lo único que escuchaba era a Marcos y Agustina preguntando a qué hora nos íbamos. Gonzi estaba despierto jugando con el ipad. Volvimos caminando unos 200 m hasta la casa de Manim, uno de los pocos momentos de charla descontraída y risas fáciles. Nota mental:  esos son los momentos más importantes. PD. Las fotos vienen después.

Día 4: Calor y momentos extraños

El último día del año 2013 y una ciudad bellísima, que combinación excelente. Como siempre, la familia Caldas se despierta tarde, de acuerdo con la hora local. El jefe del viaje nos dijo que nos levantáramos a las 7:30 para encontrarnos con Manim. Nosotros cuatro estábamos listos para una nueva aventura y el señor Felipe, durmiendo en los brazos de Morfeo, como un lindo bebé. Bueno, después de salir en dirección a Table Mountain (el marco geográfico más importante y famoso de Cape Town) nos desviamos en dirección al puerto, nuevamente. Nos decían que el MussuloIII ya había partido, pero papá insistía: «quiero ver el puerto y conocer». Como simples escuderos del nuestro amo Quijote, fuimos hasta el puerto, y adivinen quién estaba allá, el barco y tooooda su tripulación. Nosotros quatro pensamos: «¡Nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!» Para quienes no se imaginan el resultado, les cuento: quedamos los 4 sentaditos al sol, mientras él conversaba y tomaba unas cervecitas con el capitán y su tripulación, gente la cual no teníamos idea de quiénes eran. Después de esperar una hora bajo el sol capetoniano, infelices, sedientos, con los brazos quemados y aburridos del ambiente del barco, papá, finalmente, nos liberó de aquel lugar. Pero faltaba una cosa, pero tan inútil, tan insignificante, tan, digamos, innecesaria: el auto. Papá no se acordaba dónde estaba el auto, literalmente, había perdido el auto. Caminamos por los dos pisos del estacionamiento y nada de la combi gigante, que supuestamente era fácil de encontrar. ¿Cómo perder algo tan grande como una combi? ¡Impresionante! Sólo a los Caldas les pasa esto. Tan extraña era la situación que pedimos ayuda a los guardias. Papá lo niega pero anduvimos ida y vuelta por un piso que no era el correcto y después de veinte minutos de caminar por el estacionamiento encontramos a nuestra querida amiga.

El viento soplaba como nunca y nuestras esperanzas caían. El teleférico para subir a la Table Mountain cerraba en caso de vientos muy fuertes. Cuando llegamos a la estación, nuestras predicciones se confirmaron: no subimos a la montaña y apenas quedamos mirando el paisaje al nuestro alrededor.

Ya eran las cuatro de la tarde cuando decidimos ir a comer. Cuando llegamos al V&A Waterfront, todos los locales estaban cerrando por lo del Año Nuevo. Suerte que uno de los amigos de Manim  nos ayudó y consiguió un lugar para comer. Después subimos a la rueda gigante, Cape Wheel, una rueda gigante en Waterfront. Muy lindo.

Volvimos a casa y nos preparamos para la gran noche de fin de año. La invitación era a las 19 h pero como siempre, llegamos tarde. Solo que esta vez fue como 4 horas después del inicio. A las once y cuarto, todos nos miraban raro («estos tipos que llegan tarde»). Teníamos, al menos, una explicación para nuestro atraso: había kilómetros de tráfico y un auto se prendió fuego… Asustador, «a visão do inferno, do capeta…» Saludamos a todos y observábamos las diversas situaciones de la fiesta. Las raras danzas locales nos impresionaban, y también toda la gente borracha con las celebraciones del Año Nuevo. La fiesta fue muy simple. Poca comida, pocas sillas y mesas y un panorama de los fuegos muy limitado. Fue un fiasco. Y lo peor, nosotros salimos a las dos de la mañana del Waterfront (el local de la fiesta) y el tráfico estaba intenso, porque estábamos en el centro, donde eran todas las celebraciones. Deberíamos haber llegado al hotel en 20 minutos y sin embargo, tardamos una hora y media, tremeeeeendo. Al llegar al hotel, todos durmiendo y probablemente cansados para el día siguiente.
Apesar de todo, un nuevo año comenzó y muchas gracias a todos, las aventuras continuarán en 2014, y buen año.

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