10/01/16 – El Calafate – Navegando entre Témpanos 

Salida: 7.50 h – Llegada: 21.30 h – Distância: 117 km – Total acumulado: 5798 km

Recorrido El Calafate 2
A diferencia de ayer, hoy fue día de navegación. Conocer el Parque Nacional Los Glaciares es conocer no sólo el famoso Perito Moreno por sus características únicas, sino también observar los otros glaciares vecinos. Entre ellos están el Upsala, el más grande del parque y el Spegazzini, que tiene las paredes más altas. Solo es posible verlos de barco y el Perito Moreno es el único accesible por auto.

Entonces, habíamos contratado un paseo de barco de cinco horas de Solo Patagonia, muy recomendable. El paseo comenzaba a las 9.00 h, pero había que estar en el puerto a las 8.30 h.

Nuevamente, nos despertamos y salimos corriendo, porque somos lentos preparándonos. Tomamos el desayuno y todos con caras de sueño. Volvimos a la ruta provincial 11, y en cuarenta minutos llegamos al muelle, 10 minutos antes de la partida del barco. Teníamos que pagar las entradas para el Parque Nacional Los Glaciares, otra vez fila grande, con turistas e idiomas de todo el mundo. Después de la fila, fuimos al barco, un catamarán de tres pisos, con muchos lugares, además de muchos miradores alrededor del barco. Y había muchos lugares ocupados. Nos sentamos, acomodamos y esperamos que el barco saliera y partiera hacia los canales del Lago Argentino. Apenas el barco comenzó a balancear, nos dormimos profundamente. Una hora después, Agus y Papá, ya se habían despertado y nos despertaron a nosotros dos, Mamá y yo. Estábamos navegando por el Brazo Norte del Lago Argentino, en dirección al primer glaciar del día, el Upsala. Ya había bastante gente afuera en los miradores, con el viento glaciar en la cara. El tema de la temperatura es que con el movimiento del barco, el viento era fuerte y helado y muchas veces salpicaba agua y nos íbamos a mojar. Así, nos quedamos esperando un ratito adentro y después salimos. Sacamos fotos de los primeros témpanos, o icebergs, como el que hundió al Titanic. De un azul fluorescente, indescriptible, brillaban sobre el agua también azul, pero oscuro. Inmensos cuerpos flotantes, caídos, algún día, del glaciar, y que un día serán parte de las aguas del Lago Argentino. Tratábamos de ver, pero la gente se aglutinaba en las barandas del barco para sacar fotos. Y el barco siguió avanzando hasta pasar por el lindo Glaciar Seco y acercarse al monstruoso Upsala. El Upsala es conocido por tener delante suyo el canal Upsala, repleto de témpanos. Como acceder al glaciar es complicado, más que el Perito Moreno, el barco para cerca de los témpanos, uno de ellos gigante como una mansión de las más grandes que existen.

La gente ni pensó en salir de sus lugares. En realidad, apenas un lado del barco estaba lleno y el otro, vacío porque la vista era de las montañas, que no eran las protagonistas de este episodio. El témpano era enorme. Como había «fotógrafos profesionales» en el equipo del barco, la gente hacía fotos idiotas, las más ridículas que uno podía ver. Lo que uno hace para tener sus cinco minutos de «celebridad». Yo hacía mejor, mi humilde opinión (mentira, pero las fotos profesionales fueron mostradas en la televisión del barco y no eran tan buenas como decían ser). El glaciar era impresionante, gigante, pero no tan imponente como el Perito Moreno. Nos quedamos un rato observando el témpano, y Gonzi seguía durmiendo en las sillas del barco, sin saber que tenía icebergs a su alrededor. Después, uno de los marineros «pescó» uno de los pequeños témpanos que flotaba para que los pasajeros pudieran sacarse una foto, también ridícula, con el pedazo de hielo.

Después de la parada del Upsala, seguía el Glaciar Spegazzini. Como no había a qué sacar fotos, la gente volvió a la cabina a comer lo que había disponible en el barco. Mientras tanto, nosotros salimos y nos quedamos mirando el paisaje que surgía en nuestro camino. Nos quedamos los cinco en el tercer piso del barco, disfrutando más ahora que Gonzi se había despertado.

Entramos al Canal Spegazzini y vimos el inmenso glaciar. De paredes enormes, se imponía sobre la montaña, y todos quisieron sacar sus fotos. Nosotros teníamos el hot spot, no íbamos a salir para nada. Después que sacamos las fotos, bajamos al primer piso y continuamos observando el glaciar.

El barco partió de vuelta al muelle de Puerto Bandera. Era un tramo de una hora y media. Volvimos a nuestros asientos. Y quedamos un rato despiertos, pero enseguida, los cinco dormimos profundamente por el cansancio acumulado en los últimos días. Cuando faltaban veinte minutos para llegar, Agus, Gonzi y yo nos despertamos. Continuamos observando las aguas del Lago Argentino. A los diez minutos para llegar, desperté a Mamá y Papá, dormidos como piedras. Llegamos a las 14.00 h, después de cinco horas de navegación. Muy lindo, y glaciares muy diferentes del Perito Moreno, valió la pena. Como era hora de almorzar, al salir del barco, fuimos a El Calafate, al hotel.

Allá, descansamos un poco, mientras Mamá y Papá resolvían lo del GPS, pero Internet no quería funcionar, una y otra vez trataron, pero nada. El mini Garmin no nos ayudó para nada hasta ahora.

A las cuatro, comimos algo en el hotel y a las seis fuimos a visitar el Glaciarum, el museo del hielo.

Queda a 7 km de El Calafate, aislado en la estepa patagónica, con forma de glaciar. El frente del museo era muy lindo, moderno y diferente. Compramos los tickets (caritos) y entramos al museo. Las exposiciones cuentan la historia de los glaciares, formaciones, sus orígenes y muchas más curiosidades acerca de estos gigantes que parecen estar parados, pero siempre cambian para lo que la naturaleza le diga. Muy buena información. Muy organizado, el museo merece una visita para entender un poco más lo que es un glaciar, y si la visita ocurre antes de la del Glaciar, mejor, porque uno sale entendiendo y después lo visualiza. Papá pretendía que fuéramos al llamado Glaciar Bar, un bar del propio Glaciarum, en que la temperatura está bajo cero. Gonzi insistía, pero ninguno de nosotros excepto Papá queríamos ir. Como ya habíamos terminado la visita fuimos a comer en un restaurante de El Calafate y comimos livianito porque habíamos acabado de almorzar a las cinco.

A las nueve y media ya estábamos listos y volvimos al hotel, y organizamos las cosas, porque mañana, después del nuestro mini trekking en el glaciar iríamos a El Chaltén, capital nacional del Trekking.

Agus is back! 

Sorpresa! Agus is back. Bueno, se supone que debería decirles cuántos km hicimos hoy, o a qué hora llegamos al grandioso Hotel París (que de París no tiene nada), pero para decirles la verdad, no me acuerdo de nada de eso y en general, duermo todo el camino. Empezamos desayunando en la misma mesa que con personas que conocimos ayer a la noche y que solo escucharon la voz de papá toda la cena. Creo que se quedaron más que felices cuando dijimos que solo nos quedábamos por una noche, hasta nos abrazaron de emoción. En seguida, fuimos a Monte León y entre diversas situaciones, Papá grita «cuidado el barro!».

Agus : «ops, pisé barro»

Mamá : «Gonzi! Mirá lo que hiciste!»

Y allá se fueron más de 20 minutos limpiando zapatillas.

Después de dormir por un ratito más en el auto (digamos que algo entre 2 horas), me despierto al llegar a Rio Gallegos. Ya ni quería ver cómo era el hotel. (Insertar sentimiento de desconfianza y miedo).
Finalmente llegamos al HOTEL PARÍS. No es que es el perfecto lugar de capetas? 🙂 . Arriba de la cama de marinero, siento que me voy a caer encima de Gonzi en cualquier momento. Mañana Marcos les avisa si Gonzi sigue vivo.

Salimos a pasear por la gran ciudad, y Gonzi se compra un supuesto gorro de Indiana Jones. Está más para Perry, el ornitorrinco (de Phineas y Ferb) que cualquier cosa.

Me voy quedando por acá.
Espero que me hayan extrañado.

Y nos vemos por ahí.

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01/01/16 – Comodoro Rivadavia – Parque Nacional Monte León 

Salida:  9.30  –  Llegada: 17.00 – Distancia: 613 km  – Total acumulado: 3050 km

Comodoro Rivadavia - Parque Monte León - Total

¡Feliz año nuevo 2016!! Había que despertarse temprano para comenzar el 2016 en la ruta. El tramo de Comodoro Rivadavia al Parque Monte León no era tan largo como otros que ya hicimos o que haremos. El tema es que queríamos parar en San Julián, un importante puerto para Fernão Magalhães cuando completó el primer viaje de circunavegación de la Tierra, pero también donde Darwin estudió y paró con el Beagle. San Julián también fue un importante centro estratégico militar para la Guerra de las Malvinas.

Esa historia, en realidad, fue para rellenar un poquito el hecho de que solo íbamos a comer  ahí. Nos despertamos a las 7.00 y desayunamos a las 8.30. Ni el loro… Todo estaba desierto en Comodoro Rivadavia. Ni hablar del silencio a la medianoche… Ningún petardo, cohete, nada… Fue el año nuevo más silencioso que pasé en los últimos años para no decir en la vida.

Así, salimos silenciosamente de Comodoro a las 9.30 h. Paramos a 70 kilómetros, en Caleta Olivia, dentro de la provincia de Santa Cruz, la más grande de Argentina y com menor densidad poblacional también.

Seguimos por la larga ruta 3. En este tramo, la ruta estaba un poco peor, pero seguía la línea de la Costa. Lindo y muy diferente de las planicies que veíamos desde Buenos Aires. Un poco después, la ruta volvió a entrar hacia el interior pero siempre apuntando hacia el sur. Los planaltos sustituyeron las planicies, pero compensó con subidas, bajadas y alguna que otra curva cerrada. Un tramo más diversificado, digamos, pero, obviamente, a los 150 km/h de Papá. Los guanacos de Santa Cruz eran más valientes y más curiosos que los de otros lugares, y, simplemente, se paraban sobre la ruta. Muchas veces tuvimos que desacelerar bruscamente (de 120 a 30 en solo algunos segundos) para dar tiempo a que el guanaco saliera elegantemente de la ruta con cara de «¿Estos qué se creen? Solo porque vienen de Río de Janeiro, no van a jugar conmigo».

Después de 350 km, llegamos a San Julián. Ciudad linda, pero otra vez, todo desierto. Nadie en las calles, apenas nosotros y otros turistas. Obviamente, todo estaba cerrado y no pudimos comer nada. Intentamos almorzar en la próxima parada en Comandante Luis Piedra Buena, cerca del Parque Monte León. En el camino, paramos en Tres Cerros, con los mismos resultados (parecía Acre para los que ya escucharon), y al mismo tiempo, llegaron dos motos que venían de Rio de Janeiro. Coincidencias… En este fin del mundo, vienen dos tipos de Rio… Ni acá conseguimos huir de ellos. Como decimos nosotros: Bolatz.

 

Llegamos a Comandante Piedra Buena y comimos unas galletitas con queso en YPF, el almuerzo más barato hasta ahora. Después de almorzar, volvimos a la ruta a apenas 35 km del en el Parque Monte León. Vimos más guanacos y más estepa patagónica. En el kilómetro 2406 de la Ruta 3, encontramos la entrada hacia la hostería Doraike.

Para llegar, hay una ruta de ripio de 3 kilómetros. La vista de la estancia como un todo es lindísima. En medio de los planaltos patagónicos, cerca de un río. Al acercarnos, vemos varios autos y muchas personas. Cuando llegamos a la puerta nos recibe una señora y nos pregunta si éramos los 5 pasajeros que venían de Brasil. Bajamos las cosas y Vivian, la anfitriona, nos mostró las instalaciones. Agus decía «Se parece a la Quinta». Todo era muy rústico. El baño, comunitario, pero «nuestro». Nosotros, solos, éramos la mitad de los huéspedes. La señora nos preguntó también qué queríamos comer y nos sugirió fideos con salsa y cordero (que era carísimo). Agus, Mamá, Gonzi y yo elegimos los fideos, no hace falta decir qué eligió Papá. Como digno Príncipe de África eligió el cordero.

Observación: la señora y sus familiares son los que cocinaron la cena. Nos acomodamos y jugamos a los dardos. Después, salimos a caminar por la estancia. Vimos ovejas sueltas y también un montón de sus bostas. Paseamos por los establos y sacamos algunas fotos. Fue medio raro porque era el día de cumpleaños de Vivian. Apenas ella se fue,  quedamos libres para explorar la «hostería». Todas las personas que habíamos visto eran los familiares de Vivian y fue medio incómodo pasear por una casa ajena. Pero la pasamos bien y descansamos en las habitaciones.

Durante la cena, nos reunimos con otros huéspedes porque era costumbre de la hostería. Había una pareja argentina y un suizo y un italiano. Todos cenamos juntos y conversamos de donde éramos y para dónde íbamos. La Patagonia era el punto común. Nos reímos, y tuvimos muchos momentos graciosos. La cena se extendió hasta las once, y después nos fuimos a dormir. Agus y yo nos quedamos despiertos hasta las doce. Vimos el cielo: uno de los motivos para estar ahí.

No hubo internet, ni tele. Entonces, no pudimos actualizarlos como siempre. Mañana visitaremos el Parque Monte León y seguiremos camino hacia Río Gallegos, la última parada antes del Fin del Mundo. Estamos en el paralelo 50. Imaginen que Río de Janeiro queda en el 23. Anduvimos 613 km hoy y ya estamos en 3050 km acumulados. Veremos qué nos traerán los póximos días. Vamos por más aventuras, ahora en 2016.

Día 1 – Preparativos

Desde que nos levantamos el 28 de diciembre, no paramos de hacer cosas. Había que lavar ropa, buscar ropa de abrigo, ordenar lo que había quedado desordenado del viaje anterior, guardar regalos traídos de Argentina, entregar un trabajo, organizar documentos, etc. etc. A eso de las 15 h, conseguimos salir a almorzar. Era el cumple de Filipe y él eligió un restaurante típico portugués en el Rio Design. A pesar de que nos atendieron rápido, demoramos casi 2 horas. Aproveché para pasar por la farmacia comprar un kit básico de remedios, teniendo en cuenta que íbamos para un clima frío. Llegamos a casa y fue la corrida final. Cuando llegó el taxi, todavía estábamos cerrando valijas, poniendo film a los bolsos y cerrando ventanas. En el trayecto al aeropuerto, para aumentar la emoción, nos topamos con un tráfico increíble. Sin embargo, tuvimos suerte y llegamos a tiempo. Hicimos el checkin rápido y pasamos Migraciones sin problemas. A las 23.57 h estábamos embarcando en el vuelo de British Airways rumbo a Londres, escala en nuestro viaje a Berlín.