Día 7: NYC – YUL

El sábado 15 temprano metimos todo en las valijas. Ya había cierta dificultad porque uno va comprando cositas y todo ocupa lugar. Cerrar las valijas no es tan simple como cuando uno sale de casa. Además, como siempre, en el momento menos previsto, surge algo. No encontrábamos una de las llaves del candado. (En los dos lugares donde estuvimos hasta ahora, abrir la puerta para hacer el auto-check in es siempre complejo. El anfitrión te da un código para que abras un candado donde están las llaves de la puerta). Lo cierto es que empezamos a sudar la gota gorda y abrir y cerrar valijas, de nuevo, hasta que por fin apareció la llavecita que faltaba. Yeeeees! Hora de salir. Íbamos con tiempo pero como era un vuelo internacional, era preferible que nosotros esperáramos. Llegamos y siempre es aquel estrés de pasar por los rayos X, etc.

El aeropuerto de La Guardia pasó por obras recientemente y, la verdad, parece un mega shopping. Hay unas fuentes con luces y chorros danzantes que parece sacados de un parque y varias escaleras para un lado y para otro. Buscamos un lugar para sentarnos y esperar.

Poco tiempo después, escuchamos un anuncio avisando que el vuelo a Montreal estaba atrasado. Resolvimos ir a almorzar y seguir esperando. El vuelo salió con una hora de atraso pero como es un recorrido corto, no se notó mucho.

Al llegar a Montreal, encontramos máquinas para hacer migraciones, después, el funcionario de migraciones coteja los datos e imprime un papel. Una vez que ya retiraste las valijas, necesitás entregar el formulario a otro funcionario. Todo es un poco más demorado que en Estados Unidos pero funciona.

Para desplazarnos por Canadá, alquilamos un auto, así que nos tocó ir a buscarlo. Papeles de por medio y pronto, estamos listos para buscar el próximo AirBnB. Es una casita muy linda en un barrio llamado Little Italy. Acá también oscurece muy tarde así que no nos dimos cuenta de que ya había muchas tiendas cerradas y no teníamos nada en la heladera. Resolvimos buscar algún lugar para cenar dentro del barrio porque, aparentemente, había muchas opciones. Debe haber sido el cansancio pero no vimos muchas. Llegamos a un barcito llamado Tenorio’s. Entramos con miedo de que nos hablaran en francés pero enseguida apareció Tenorio y una empleada que nos hablaron en español. Comimos rapidito y volvimos a la casa para dormir. Ya era bastante tarde. En el recorrido de vuelta, Filipe resolvió hacer un paseo nocturno por la ciudad. Yo me dormí apenas subimos al auto y Gonzi poco después. Agus y Filipe nos contaron que había bastante tráfico en la ciudad. Se ve que el sábado a la noche, a la gente de Montreal le gusta salir a pasear.

Próximo destino: NYC

Y un día, volvimos al blog. Faltan 6 días para embarcar en esta nueva aventura. Es muy extraño pensar cuánto tiempo pasó desde la última publicación, pero recientemente, alguien trajo a la conversación el recuerdo del blog y volvimos a abrir los textos y a reírnos de cosas que ni siquiera recordábamos.

En ese momento, decidí que iba a tratar de repetir la hazaña y compartir nuestro viaje. Consulté la lista de suscriptores. «Nosotros los de entonces ya no somos los mismos», diría Pablo Neruda en otro contexto. Me entristeció un poco ver que estamos un poquito más solos, pero este blog es sobre momentos lindos y compartidos y sobre crear memorias para el futuro.

“We all have our time machines, don’t we. Those that take us back are memories…And those that carry us forward, are dreams.”
― H.G. Wells

Vamos a calentar los motores de esta máquina del tiempo. Hoy planeamos un sueño y, a medida que avancemos, plasmaremos los recuerdos. ¡Bienvenidos a bordo!

17/01/16 – Villa La Angostura – Neuquén 

Salida: 11.30 h – Llegada: 17.00 h – Distancia: 420 km – Total acumulado: 8456 km

Villa La Angostura - Neuquén - Total

Agus, Gonzi y yo nos despertamos temprano y comimos nuestro desayuno simple en la habitación. Esperamos a Mamá y Papá pero, no sabemos por qué, tardaron bastante y otra vez hicimos la gracia del Thule y aunque  Papá estaba nervioso, conseguimos salir a las 11.30 h de Villa La Angostura.

La Ruta 40 seguía el Río Limay, un afluente del Río Negro. Estábamos impresionados con el color del agua del río y del cielo.

La ruta pasaba por lugares fantásticos y nos hacía subir en latitud. Imaginen que estuvimos en el paralelo 54, y ahora ya estamos en el paralelo 37. Y subiendo. Este era el último tramo que seguiríamos por la Ruta 40.

Seguimos camino hasta el cruce con la Ruta 231, dónde iríamos directamente hacia Neuquén.

La vegetación volvió a ser un poco más seca y parecida con la estepa Patagónica. El río Limay nos seguía y nosotros lo seguíamos también.

Paramos en Piedra del Águila, pueblo de la provincia de Neuquén y comimos para seguir camino.

Debo decir que el tramo de hoy, mismo que de extensión media, fue rápido. Fueron 480 km, por la ruta 40, com muchos autos que cruzaban el asfalto lentamente y también muchos sobrepasos violentos de Papá. En algunos tramos volvía a llegar a 150 km/h.

Llegamos a Neuquén a la tarde, más o menos a las 17.00 h, y encontrar el hotel no fue difícil.

En la puerta, ninguna indicación. Puerta Oeste se llamaba. Por el GPS, avenida San Martín 8600, estábamos en el lugar correcto. Miramos al lado, y había un portón abierto. Yo decía, «es aquí, dónde más podría ser». Entramos dudosos, lentamente con la VeraCruz. Todo vacío. Había varias cabañas, pero ninguna señal de vida. Seguimos por el caminito y al fondo había un señor sentado en la escalera de una de las cabañas. Le preguntamos por Puerta Oeste y nos entendió Puerto Este. Muy bien. Le repetimos y vino otro que nos comprendió. Nos indicó que fuéramos para atrás y en la primera casita, estaba la recepción. Papá se bajó e hizo lo usual. Aquellos hombres eran nuestros vecinos y participaban de una obra ahí cerca. El desayuno era en la YPF de ahí cerca. Y la conexión de internet era abierta, sin clave, sin nada. Espectacular era la palabra que el «recepcionista» daba para la conexión.

Obviamente, no había nada de espectacular. Volvimos a la cabaña y la primera cosa que hicimos fue decir «Delicia». La cabaña era… No sé… Cómica. Lo que más nos causó gracia fue la tele. Como había dos habitaciones y una sola tele, hicieron un método para que se pudiera ver de los dos lados o de solo uno. Fue cómico, creativo y capeta. El baño también, delicia. Lo más interesante es que veníamos de un extremo al otro. Del Marinas Alto Manzano a Puerta Oeste, había un cambio abrupto. Pero nada podía dejarnos mal.

Nos acomodamos y descansamos. A las 22.00 h, fuimos a YPF, nuestra compañera de ruta, porque no había casi nada para comer en los alrededores, además no teníamos mucha hambre y había sueño.

Comimos y Agus, andando distraídamente como siempre, se golpeó con un tacho de basura y se raspó la mano. No fue nada, pero a Agus le dolía. Todos nos reíamos, incluso ella, porque fue muy ridícula la forma que se golpeó. Por lo menos no teníamos a alguien llorando o algo del tipo.

Volvimos a la cabaña, y nos dormimos profundamente.

Neuquén, como último destino en la Patagonia, nos hace despedir de ella, pero todavía tenemos que cruzar el Río Colorado para realmente decir adiós.

Mañana también cruzaremos el Desierto Pampeano.

16/01/16 – Villa La Angostura – Pedaleando por Angostura

Salida: 11.00 h – Llegada: 18.00 h – Distancia: 76 km – Total acumulado: 8036 km
Villa La Angostura nos recibía en nuestro día de descanso con nubes. Agus y yo nos despertamos a las 8.00 h y vimos un poco de tele, después de bañarnos etc. Gonzi, como siempre, tardó un poco más para despertarse. Esperamos a Papá y Mamá que se prepararan y a las 9.40 h estábamos yendo a desayunar.

Como no había un plan definido tardamos en salir, y, por lo tanto, a las 12.00 h, fuimos al pequeño centro de Villa La Angostura.

La pequeña ciudad está en la Ruta de los Siete Lagos y es una simple localidad, exclusiva, fuera del movimiento agitado y comercialista de Bariloche. Villa La Angostura es un destino muy indicado para los que quieren algo diferente de Bariloche, sin embargo, es más caro.

Fuimos de auto desde el hotel, Marinas Alto Manzano, hasta el centrito de La Angostura. Paramos para ir al cajero y de paso ir caminando por las calles de Villa La Angostura. La avenida Los Arrayanes linda y organizada con muchos locales simpáticos y interesantes. Con bastante tráfico, y gente también conociendo esta localidad, nos gustó mucho el pequeño paseo por la ciudad. Es simple y calmo. El tema que nos dejo decepcionado fue el clima, que no era culpa de la ciudad.

Como no había programa, me había surgido, hace un tiempo, andar de bici y como Gonzi, estaba de aburrido, se coló a la idea y la fijó. Y bueno, teníamos esa idea, de conocer un poco de Villa La Angostura encima de lo yo llamo de «flaquitas» o «magricelinhas». Seguimos caminando y vimos varios locales de alquiler de bici. Como ya era la una, decidimos ir a comer. En el camino, Papá paró e hizo fila para conseguir info sobre los paseos de bici en La Angostura. Con los mapas en mano, Papá descubrió varios posibles paseos de bicis. Uno que iba hasta el Puerto y otro por la bicisenda de la avenida Nahuel Huapi. Ambos paseos bastante recomendados y de corta duración.

Caminando por el centro, vimos al pequeño resto-bar El Viejo Fred. Muy simpático y bueno, pero un poco caro. Como fue algo rápido, salimos caminando buscando el local de alquiler de bicis.

Había uno en la propia Avenida Nahuel Huapi: Bayo Abajo. Preguntamos por una bici para Gonzi y había, medio pequeña, pero le había gustado. Aceptó sin problemas. Cuando Agus vio que había que usar casco, se bajó del programa y Mamá ya se había bajado, por la cuestión de un posible dolor de rodillas y realmente, las bicicletas tienen ese punto en contra, necesitan mucho esfuerzo de las rodillas. Entonces, los ciclistas éramos Gonzi, Papá y yo. Decidimos ir por la bicisenda para que no hubiera problemas con Gonzi. Nuestras bicis eran buenas. Sólo el casco es que no era necesario, pero bueno.

Salimos y la bicisenda comenzaba con una subida. Para Papá y yo fue simple porque teníamos cambios pero a Gonzi cada pedaleada era un esfuerzo enorme. Encima, como la bici era chica para el, tenía que hacer mucho esfuerzo para andar un poquito, además andaba sin marchas. Subimos por unos 20 minutos, hasta que Gonzi se cansó. En la subida, me reclamaba y yo relataba a Mamá y Agus lo que iba pasando, porque nos seguían, andando.

Hubo un momento que Gonzi desistió y esperó a que Mamá y Agus nos alcanzaran, para poder volver y descansar. Como todavía teníamos unos 40 minutos para andar, Papá y yo decidimos acelerar para aprovechar el paseo. Ellos tres volverían para comprar unas cosas en el súper, y devolver la bici de Gonzi. Iba a ser bajada, no habría problema.

Así, seguimos Papá y yo en la bicisenda. Después del punto donde dejamos a Gonzi, la subida seguía un poco y después hacia una bajada impresionante. Sin mover un músculo, bajamos tranquilamente y conseguimos ganar una cierta velocidad y anduvimos usando apenas los frenos, aunque no estaban tan bien como esperábamos. Bajando a alta velocidad y evitando los obstáculos llegamos en cinco minutos al final de la bicisenda. Son esos cinco minutos que a mí me encantan, disfrutando del camino y del paisaje.

Volvimos por el mismo camino, pero ahora en subida. Papá ya estaba sintiendo los golpes del cansancio. Yo iba tranquilo todavía. Llegamos relativamente rápido al final de la subida. La subida cansadora de Gonzi se transformó en una bajada poco inclinada. Comenzamos a ganar velocidad otra vez. Los obstáculos que antes eran árboles, piedras o cosas del tipo ahora eran personas. Íbamos rápido evitando posibles choques. En la bajada, frené para que Papá me alcanzara, pero su espíritu competitivo ni pensó, me sobrepasó y continuó barranca abajo acelerando. Yo iba atrás a una distancia segura de él. En cierto momento, había unos skaters que estaban practicando sus maniobras en la bicisenda. Papá, veloz, pasó rápido por ellos y casi se llevó puesto a uno . Yo pasé y pedí las debidas disculpas.

20160116_150214.jpgLlegamos rápido al local de las bicis y todavía nos restaban veinte minutos más. Como no veíamos a los tres, Gonzi, Mamá y Agus, decidimos andar un poco más. Seguimos por la avenida Los Arrayanes, en dirección al puerto. Ya no había una bicisenda, entonces caminamos por la calzada agujereada. Yo ya estaba acostumbrado por los malos caminos de Rio de Janeiro, pero Papá no tanto, iba lentamente evitando los obstáculos.

El camino hacía un giro a la derecha y después subía en una pendiente considerable. Papá decidió continuar. Subimos y subimos, pero Papá ya había alcanzado su tasa de esfuerzo máximo. Realmente, era una pendiente muy inclinada para quien andaba de vez en cuando en Rio. En cierto momento, como Gonzi, dijo que ya no aguantaba más. Me sugirió que yo anduviera un poco más y que nos encontrábamos al ratito en el local de las bicis.

Bueno, sólo traté de andar lo más rápido posible para no tardar tanto. La subida continuaba por unos 400 metros más, hasta que llegaba a una parte plana y seguía así unos 500 metros. De ese punto en adelante, el camino descendía bruscamente por curvas y contracurvas cerradas hasta el Puerto, que estaba en el final del camino. Observación, el camino del cual estoy hablando es la propia calle, la vereda estaba muy mala para andar. Descendí a toda velocidad. Genial, andando a la misma velocidad de los autos o más, usando apenas la gravedad como acelerador. Rapidísimo bajé. Los frenos aguantaron bien la bajada, pero dudé de ellos en ciertos momentos. Para los que no saben, uno de mis hobbies favoritos, si es que lo puedo llamar así, es andar de bici. En Rio de Janeiro, hay caminos muy buenos y malos para recorrer la ciudad, otro tip para los que un día vayan. Nada mejor que andar de bici por aquellos paisajes fantásticos. Papá siempre llamaba a los ciclistas que iban por la ruta de locos, porque hay muchos que hacen el camino que nosotros hicimos (un tanto menos) pero de bici, pero yo los llamaría de visionarios. La bici tiene algo más que el auto. Puede no ser rápida, o cómoda como el auto, pero te conecta al lugar mucho más que el primero. Uno se siente parte del lugar, cuando siente el viento, fuerte o no, el agua, de la lluvia o no, o la temperatura, fría o caliente. La bici, al contrario del auto no te deja aislado del ambiente. Obviamente, es solo una opinión, otros pueden decir lo mismo sobre caminar, etc..

Al final de la mega bajada, estaba el puerto y la entrada al Parque Bosque Los Arrayanes. Hay un sendero, accesible pero no tenía tiempo de explorarlo. Volví. La bajada impresionante, otra vez se transformó en una subida magnífica y de caer lágrimas, de tristeza. Bajé todas las marchas y subí con todo. Cuando había un lugar para parar, tomaba aire y continuaba la subida. Muchos subían caminando con sus bicis, yo no podía hacer eso. Seguí pedaleando, hasta la cima y después relajé con la bajada que se venía, pena que el día estaba tan nublado, porque si estuviera despejado, sería un paseo muy bueno.

Rápido llegué al local de las bicis. Papá me esperaba ahí y cerramos el negocio. Ellos habían andado una hora y yo una y media. El paseo estuvo bueno. Haría otra vez en otros lugares. Después de pagar y todo lo demás, encontramos a Mamá, Agus y Gonzi.

Ellos se habían ido al súper. Gonzi, arriba de la bici, bajó a toda velocidad también. Casi mató a algunos peatones, pero no hubo accidentes. Compraron cosas para nuestro desayuno de mañana porque como estábamos en el loft, el desayuno no estaba incluido, entonces compraron algo para nosotros tres.

Volvimos al auto y después al hotel, pero Papá quiso pasar por donde anduve de bici, para concoer el puerto y nuevamente hice el camino que había hecho de bici, ellos recién conocían el lugar. Ahora miré con más detalles y comenté cosas con ellos. Al volver al hotel, descansamos un rato. Gonzi tomó baño en el hidromasaje. Agus quería relajarse sola, pero Gonzi se le había adelantado y le arruinó los planes, enojada terminó sin bañarse.

A las 21.00 h, fuimos a comer a Cook otra vez porque Papá le había prometido al señor, que creemos que se llama Walter, que íbamos a comer algo más contundente hoy. El señor nos sugirió varias cosas. El guiso de lentejas, ravioles de trucha y el Goulash Mit Spätzle. Papá y yo fuimos por los ravioles. Mamá por el guiso. Y Agus por el Goulash. Gonzi iba por un poco de cada.

El señor muy simpático otra vez y la comida muy rica otra vez. A Agus le encantó su plato germánico, austro-húngaro. El mío y el de Papá también estaban muy bueno. Y el de Mamá también.

Comimos rico y nos despedimos del señor, que nos saludó muy amablemente y amistosamente. Muy bueno, sugiero para los que visiten Angostura. Volvimos al hotel y vimos una peli, Marley y yo, Agus, inclusive, le agarró ataque de tristeza porque ya sabia el final, pero igual lloró.

Mañana seguiremos camino hacia Neuquén, último destino en la Patagonia. Nos despediremos de esta fantástica regiónPatagonia. Más aventuras para mañana.

14/01/16 – Cueva de Las Manos – Esquel

Salida: 9.20 h – Llegada: 16.45 h – Distancia: 620 km – Total acumulado: 7480 km

Cueva de las Manos - Esquel - Total

Esquel era nuestro nuevo destino. Comenzamos a subir por la Ruta 40, en dirección a la Región de los Lagos. Bariloche, Esquel, Villa La Angostura, San Martín de los Andes, entre otros son algunos de los destinos conocidos de esta región. Al lado de los Andes en el paralelo 40 a 35, son buenos lugares, húmedos y favorables para las grandes estaciones de ski del mundo.

Bueno, nos despertamos temprano, a las 7.30 h. Yo, por lo menos, quise despertarme a esa hora. Papá y Mamá, un poquito más temprano porque tenían que hacer las valijas. Yo ya la había hecho, entonces me di el lujo de despertarme más tarde. El desayuno estaba listo a las 8.00 h. Puntualmente, hasta cinco minutos antes (¿impresionante no?), estábamos sentados esperando el desayuno. Comimos rico, había poca variedad, pero lo que estaba disponible era bueno. Al rato, como estábamos bastante rápidos y ágiles, ya teníamos todo adentro del auto y listos para partir. Obviamente, todas las ceremonias de salida siempre presentes.

A las 9.20 h, estábamos de vuelta a la Ruta 40. Nuevamente, la estepa los guanacos y la soledad nos acompañaron en el camino. 60 kilómetros del hotel estaba Perito Moreno, donde cargamos nafta. Otro cambio que comenzamos a notar era la temperatura. Hoy fue el primer día de bermuda desde Comodoro Rivadavia. Como estábamos subiendo en latitud, ya se sentían los cambios. El viento Patagónico común ya era más liviano y menos abrasivo, lo que mostraba una vegetación más frondosa, más verde y abundante, una estepa fortalecida, digamos. La temperatura llegaba a los 25. Impresionante, para lo que veníamos pasando. Una observación, el sur no es frío, el tema es que el viento de los Andes crea una sensación térmica muy fría.

Y continuamos subiendo, siguiendo la línea de los Andes, con las rectas impresionantes de la Ruta 40. Después de 200 kilómetros pasamos por Río Mayo, Capital Nacional de la Esquila. A Agus le dio mucha pena el lugar porque las ovejas eran casi que veneradas por ella. Ovejas a parte, pasamos rápido por Río Mayo y seguimos camino hasta Gobernador Costa, después de un largo tramo de ripio. Allí, después de muchas estancias, vacas y guanacos, pusimos nafta y seguimos camino hasta 100 kilómetros después, Tecka.

En Tecka, comimos unos sandwiches, otra vez (íbamos a comer en un parador «La dulzura de Adry», pero cuando entramos, había un ambiente de cumpleaños o fiesta, entonces, creímos que estábamos en el lugar equivocado, fuimos directamente a YPF), y nos conectamos a Internet y tuvimos varias buenas noticias y después seguimos camino hasta Esquel, que eran 100 kilómetros más.

Llegamos a la ciudad a las 16.00 h. Ciudad también rodeada por las montañas, muy linda y organizada y primera gran ciudad desde Ushuaia. Acá había más estructura. Llegamos a los veinte minutos al hotel, donde Papá había alquilado una cabaña. Muy linda y bien equipada. Había un Quincho y varios juegos, nos hizo acordar la Quinta. La dueña nos había sugerido ir a Trevelin, pequeña ciudad a 25 km de Esquel, para tomar el llamado Té Galés. Como ya era hora de la merienda, Papá nos mandó rápido al auto y estábamos de vuelta recorriendo más rutas. Después de 620 km, íbamos a recorrer unos más.

Llegar a Trevelin fue rápido. Trevelin es una pequeña comunidad de origen galés, y el origen de su nombre es «pueblo del molino. No vimos ningún molino, pero bueno. En el centro, había un pequeño local de informaciones, Papá le explicó nuestra situación y le sugirieron ir a unas casas de té. Después de muchas vueltitas, encontramos la casa de té Mutisia. Nos sentamos y la mesa ya estaba toda preparada con las tazas, platitos, etc. La moza nos preguntó qué queríamos y nos sugirió el Té Galés. Es el conjunto del té con tortitas, scones, panes, etc. Como éramos cinco, y Gonzi estaba sólo para probar, pedimos cuatro té galeses, el tomaría una chocolatada.

Yo no estaba acostumbrado a todos aquellos platitos, cubiertos, para mí, lo bueno bueno, eran unos cereales con leche, pero bueno, íbamos a probar algo supuestamente bueno. Cuando llegó el bendito Té, vimos el tamaño de lo que sería nuestra merienda y posible cena. Tortitas, pancitos, manteca, azúcar y el té, pero parecía discreto en ese rejunte de cosas. Nos servimos. Papá tenía nostalgia de los tiempos que tomaba té con su madre y de sus fantásticos scones, que no tenían, en el caso de la casa de té, nada de especial, pero él estaba feliz. Probé las tortitas galesas, menos la que tenía pasas de uva. Todas muy ricas. El té también estaba muy bien, Papá y Agus le ponían toneladas de azúcar, pero a mí me gustaba tal como estaba. Todo muy bien y creo que arrasamos la mesa. Como había sobrado un poco, pedimos para llevar. Cuando terminamos volvimos al auto y retornamos a Esquel. En el hotel, como eran las 18.00, nos quedamos jugando al Sapo en el Quincho del hotel. Hubo ciertos contratiempos por parte de Gonzi, pero Agus y yo acabamos ganando. Papá y Mamá estaban usando la conexión disponible para resolver cuestiones del trabajo, etc. Fue momento de descanso. Aprovechamos y jugamos en los juegos de afuera, el sube y baja fue el mejor. Seguimos jugando por una hora. Agus decidió explorar una pequeña casa con juguetes para niños y jugó de ama de casa, debería haber sacado fotos de eso, disculpen pero imperdible la escena. Gonzi también entró en el juego y yo no tuve otra. Desordenamos toda la casita. Al rato, tuvimos que tener un lapso de consciencia y guardar todo.

Ya eran las 21.00 h y continuaban resolviendo cosas. A las 22.00 h salimos para ver si conseguíamos algo. Gonzi tenía un dolor de garganta, entonces, fuimos a la farmacia. Las cosas estaban cerrando, y no hubo otra que ir a un lugar y pedir unas comidas.

Volvimos al hotel y comimos nuestra cena. Yo me estaba durmiendo en pie, así que fui a mi habitación y caí en el sueño, Agus y Mamá se quedaron mirando una peli bosta de bosta y se quedaron despiertas hasta más tarde.

Mañana seguiremos nuestro comeback hacia Buenos Aires y haremos una parada de dos noches en Villa La Angostura. Veremos qué pasa.