Debía haber empezado una semana atrás

Muchas actividades todo el tiempo. Espero poder contar el atraso más tarde. Hoy vamos en paseos separados. Marcos, Agus,  Mateus, Sarah y yo estamos en el centro de Sydney. Vinimos de transporte público. Servicio impecable. Filipe y Gonzi se aventuraron a un viaje en el Barco Brasil para últimos ajustes.

Escala en Panamá

Nuestra escala fue bastante corta. La bendita ley de Murphy: siempre hay que ir a la otra punta. La caminata fue interesante. Habíamos estado en este aeropuerto hacía muchos años, cuando el aeropuerto tenía solo una terminal abarrotada de gente.

Descubrimos que ahora son dos. La nueva terminal es moderna, amplia y muchas más puertas de embarque.

Ahí nos separamos de Sarah por un ratito porque, en el segundo tramo, ella fue en otro vuelo que salía 10 minutos más tarde.

Cuando salimos de São Paulo, mi tarjeta de embarque decía «SSSS». Era la única del grupo con esa marca. Dijeron que tenían que verificar la documentación. Ahora en Panamá, otra vez. Tuve que hacer una inspección adicional en la salida. El personal de Copa dijo que era un proceso aleatorio. ¡Qué suerte!

Al llegar a EE. UU., todos tuvieron que poner sus huellas digitales. Esta vez, escapé. El funcionario me dijo que si lo hacía me iba a cobrar extra y se rió. No me pareció gracioso.

Llegamos a eso de las 21 h, buscamos las valijas y nos sentamos a esperar a Sarah. Llegó unos 30 minutos después. ¡Alivio!

Después de eso, tomamos el MetroMover y fuimos a buscar los autos. Al día siguiente, nos separábamos en dos grupos.

Esa noche dormimos en una casita cerca del aeropuerto. Estuvimos unas pocas horas pero necesitábamos descansar.

Día 6: Haciendo de todo un poco en Venecia

El día empezó temprano. A las 8 h, Pietro nos buscó en el Airbnb para ir hasta Roma Termini. Ya nos habían comentado sobre el tráfico de Roma en la hora pico, así que preferimos salir con tiempo. Llegamos a la terminal a las 9 h y empezamos a buscar la plataforma desde donde salía el tren a Venecia.

Confieso que fue confuso. Teníamos la opción de esperar en el lounge de Ítalo y no encontrábamos dónde quedaba. Una persona de seguridad nos mandó para un lado, otro guardia para otro y solo conseguimos llegar a destino en el tercer intento. Hasta 15 minutos antes de la partida, no había noticias del tren. ¡Qué miedo! Apenas apareció la información, salimos corriendo. Por suerte, en la plataforma estaba todo bien indicado.

El tren cubrió los 560 km entre Roma y Venecia en 4 horas. Me encantó la experiencia. Viajamos muy cómodos; los baños son impecables y el personal a bordo también fue super atento.

El tren entró a Venecia Sta. Lucía a eso de las 14 h. La estación es muy chiquita para el movimiento, pero apenas salís de la puerta principal, te topás con el Gran Canal. Es una sensación muy sorprendente, aunque duró poco porque el calor no había aflojado y la cantidad de gente circulando era excesiva.

Justo al lado de la estación, vimos un puesto de atención al turista. Pedimos mapas y compramos un pase para el vaporetto (colectivo acuático). No es barato, pero es el único medio de transporte. Una vez equipados, buscamos la línea que nos llevaba al hotel y partimos. No fue muy práctico entrar con las valijas a un barco atiborrado de gente y padeciendo el calor, pero era previsible en esta época del año.

En dos paradas, estábamos en el hotel. Hicimos el check-in y salimos a buscar un lugar donde comer y pasear un poco después.

Por lo que vimos en el mapa, la Piazza San Marco quedaba a unos 500 m caminando por dentro de la ciudad, así que encaramos el paseo avanzando por callecitas angostas y pintorescas.

La Piazza San Marco es la única piazza de Venecia, ya que es resto son piazzales (tipo patios). Es el lugar más bajo de la ciudad por lo que, cuando hay «acqua alta» (noviembre y diciembre) es el primer lugar en inundarse. Cuando esto sucede, las autoridades instalan pasarelas para que los habitantes y los turistas puedan seguir circulando. Cuando estuvimos en Venecia hace 20 años atrás, la basílica tenía algo de agua en la nave central y también era agosto pero no es lo más común.

Se nos había hecho tarde para entrar a la Basílica así que visitamos el Palacio Ducal que fue la residencia del Dux, símbolo de la vida política de la República de Venecia.

El palacio es una postal. Nunca habíamos ido. Tiene una historia muy larga e interesante. Lo que más nos llamó la atención fueron las salas de la Magistratura veneciana, los frescos y obras de algunos pintores, como Tintoretto y Tiziano y la sala de armas. Atravesamos un tunelcito llamado «Puente de los Suspiros» y entramos a los calabozos.

Cuando terminamos la visita, fuimos a pasear en una góndola. Yo me dormí con el movimiento del barco (¡qué vergüenza!) pero Gonzi y Filipe se divirtieron bastante.

Después de la góndola, subimos al Campanario de San Marco. Esta vez no había fila y subimos de ascensor. La vista desde arriba es increíble y, como había poca gente, fue rapidito.

Paramos en un barcito a tomar algo porque estábamos detonados y emprendimos la vuelta al hotel. Cuando llegamos a la parada del vaporetto, nos informaron que no habría servicio hasta las 23 h porque el personal estaba de huelga. ¡Noooo! A pesar de ser caro, Filipe resolvió tomar un taxi. Había sido un día demasiado intenso y no dejó de ser una experiencia diferente.

Volvimos al hotel, tomamos baño y fuimos a cenar a un restaurante muy cerca. Era tarde (muchos lugares ya habían cerrado) y no teníamos muchas opciones pero comimos super rico. Atravesamos el puente del Rialto para volver al hotel y nos dormimos rapidito, agotados, pero felices.

(18 de julio de 2024)

Día 3: Arde Roma…

La diferencia horaria es cruel y las 5 horas pesan.

En la vida real, habíamos dormido poco, casi nada. Yo me levanté a responder mails y ordenar. Cari nos había preparado un kit de desayuno, así que comimos algo y salimos a pasear. El colectivo para ir hasta el subte pasaba a 20 m del departamento. La primera vez, pagamos con tarjeta de débito y después, en la estación del subte compramos un pase de 3 días que permite usar tanto el colectivo como el subte. Anduvimos hasta Roma Termini, de donde salía el colectivo turístico.

La tentación de querer sacar fotos es enorme pero no hay cámara que pueda compararse a la emoción de ver, sentir y procesar toda esa información con el cuerpo. A todo ese proceso, se le sumaba la dificultad del calor insoportable quemando todos los espacios libres que la ropa no cubre. 38°C que no se alejaban ni a la sombra. Y mientras estás luchando contra el sudor, se te aparecen fuentes, esculturas, columnas… un edificio es más lindo que el anterior.

Los grupos de turistas se agolpan y miran a través de las cámaras, los vendedores ambulantes te asedian, los italianos pasan esquivando, los jóvenes vuelan por las avenidas en sus scooters y uno ahí encantado con tanta información.

Bajamos en la parada de Piazza Venezia. Esta es una de las plazas más emblemáticas de Roma y está ubicada al pie de la colina Capitolina. Su nombre proviene del Palazzo Venezia, un palacio renacentista construido en el siglo XV por el cardenal veneciano Pietro Barbo. La plaza es un importante centro de transporte y conecta varias de las principales avenidas de Roma, como la Via dei Fori Imperiali y la Via del Corso. En el centro de la plaza se encuentra el imponente Monumento a Vittorio Emanuele II, también conocido como “Il Vittoriano”, que fue construido a finales del siglo XIX y principios del XX para honrar al primer rey de Italia unificada.

Durante las excavaciones para la Línea C del metro de Roma en 2009, se descubrieron restos antiguos que se identificaron como el Ateneo del emperador Adriano, lo que añade aún más valor histórico a la plaza.

Almorzamos en un pequeño restaurante y caminamos bastante. Pasamos por la la Basílica de los Santos Cosme y Damián. Es una iglesia católica que está junto a las ruinas del Foro Romano y caminamos un poco más en la zona frente al Coliseo, pero estábamos muy cansados así que tomamos el subte y el colectivo para volver a a casa.

Se hizo tarde y casi todos los negocios de la zona estaban cerrados. Llamé a Cari y ella me acompañó al super a comprar algo para cenar. Otra vez nos fuimos a dormir muy tarde sin poder domar a la diferencia de horario.

(15 de julio de 2024)

Día 2: Ciao, Roma!

El vuelo de Lisboa a Roma salió con 45 minutos de atraso. Llegamos a Fiumicino cansados. A pesar de que ya eran las 20.00 h, todavía había luz solar. En esta época, el sol desaparece a eso de las 21.00 h.

Nos esperaba Pietro, un chofer conversador que mezclaba español e italiano. Aunque había tráfico, en 30 minutos estábamos en el Airbnb, ubicado a unos 100 m de Via Aurelia, una avenida que se extiende desde el centro de la ciudad y sigue hacia el oeste, pasando por varios barrios y áreas suburbanas antes de salir de la ciudad.

Dejamos las valijas y nos fuimos a cenar a la casa de Carina, a unos 300 m del departamento. Se había hecho tarde, pero se pasó el cansancio y el sueño con la alegría del encuentro. Después de todo, yo había encontrado a Cari y a Gabriel hacía dos años, pero los chicos y Filipe no se veían hacía mucho más tiempo.

No sé hasta qué hora nos quedamos charlando. Volvimos caminando a las 2 h y pico. Poco tráfico y una persona atravesando la avenida que además nos dio las buenas noches.

(14 de julio de 2024)