Conseguimos salir en el horario combinado el 2 de enero. A las 9.30 h estábamos en el Camino del Buen Ayre y a las 10.00 h estábamos parando. La puerta trasera estaba mal cerrada así que tuvimos que bajar mitad de las valijas para corregir la situación. La ruta hasta Potrero de Funes es excelente. Hay pocas estaciones de servicio pero no había casi tráfico. Nos costó mucho encontrar un lugar donde almorzar así que nos conformamos con unos sandwiches. Gonzi durmió mucho y creo que Marcos y Agus, también lo hicieron. Llegamos a Potrero de Funes a las 18.30 h. El hotel era muy simple y chiquito. Tenía pileta así que tratamos de nadar un poco. Gonzi se tiró de un salto y Agus, de a poquito. Yo solo me mojé los pies por razones obvias: tenía frío. Era complicado salir a cenar. Caminamos hasta un lugar que nos recomendó el gerente del hotel donde compramos empanadas. Nos fuimos a dormir temprano después de 866 km de viaje.
Categoría: Recorrido
St. Augustine
Esta ciudad se encuentra en el NE de la península de Florida. Fue fundada por Pedro Menéndez de Avilés en 1565 y es la más antigua con ocupación constante desde su fundación. Nuestra primera parada fue en un criadero/zoológico de cocodrilos: http://www.alligatorfarm.com/. Hay cocodrilos de todos los tamaños, colores, edades y orígenes. Vimos un cocodrilo albino, caimanes, un dragón de Komodo, víboras, pájaros y tortugas. Almorzamos frente a una zona de cocodrilos donde descansaban cerca de 35. El show principal fue Máximo: un animal enooooorme al que le daban de comer ratones.
Después del zoológico, hicimos una visita guiada por la ciudad. Era interesante pero como la ciudad es pequeñita, íbamos y volvíamos por los mismos lugares. A principios del siglo pasado, había grandes hoteles de lujo que hoy, funcionan como colegios o museos. El estilo español prevalece en las construcciones y en los nombres de los locales y las calles. Antes de volver al hotel, cenamos en un restaurante con comida típica. Lleno de gente comiendo cerdo con las manos y maíz, papas asadas y pavo. Los chicos se murieron de risa.. todo es gigante, el tamaño de las porciones, los vasos…
Miami Metro Zoo
Ayer amaneció con una verdadera tormenta tropical. Los chicos protestaban que sería otro día perdido. Esperamos a que parara un poco el viento y nos aventuramos. La experiencia dice que en algún momento la lluvia para. Cuando llegamos al zoológico, todavía llovía con bastante fuerza. Compramos ponchos de plástico y paraguas y comenzó el paseo. Era obvio que muchos animales estarían protegiéndose de la lluvia, así que algunos espacios estaban vacíos. El zoológico tiene un monorail que recorre todo el perímetro. Aprovechamos para pasear pero desde ahí arriba no se veía mucho. Poco a poco la lluvia comenzó a disminuir y a eso de las 15 h, volvía el calor agobiante. Debemos haber sido los últimos a salir del zoo pero conseguimos hacer la visita. Nos faltó ver al tigre blanco pero conseguimos darle de comer a las jirafas. Claro, que Gonzalo quedó protestando porque no vio los murciélagos y los koalas y no sé qué más, pero entre el calor y el cansancio, empezaba a protestar por cualquier cosa. Fuimos a un supermercado a comprar cositas (galletitas, caramelos, bebidas, etc.) para prepararnos para el viaje de hoy. Cenamos en un restaurante y volvimos al hotel. Hoy vamos a recorrer 500 km aprox. hasta Jacksonville. Ahora estamos cerrando las valijas y preparándonos para el próximo tramo.
Próximo destino: Florida
No sé bien ni cómo fue, pero cuando llegó el momento de planear las vacaciones de invierno, surgió Florida. No hubo mucho tiempo para grandes investigaciones… había que definir y reservar, y no había lugar, todo era caro, complicado. Decidimos viajar una semana antes de terminar las clases y a partir de ahí, empezaron a crecer las listas de pendientes.
Salimos a ayer a las 8 h de la mañana de casa y llegamos al aeropuerto Tom Jobim temprano. Rio fue generosa y alivió el tráfico de los lunes a la mañana. Hicimos el embarque y fuimos a buscar una carpeta que me había olvidado en Migraciones hace 15 días (esa es otra historia aparte). Salvo la inexplicable discusión con el personal de Migraciones sobre mi nacionalidad y la de los chicos, todo fue muy tranquilo. El servicio de Copa Airlines es muy recomendable. La conexión en Panamá, super tranquila. El aeropuerto parece un shopping. Llegamos a Miami a las 22.40 hora local. En Migraciones, la fila era interminable. Yo estaba con Gonzalo dormido en brazos. Pensaba que en Brasil o Argentina, no tenemos tanta tecnología, pero jamás, dejan a una mamá con un nene en brazos esperando en la fila. Deben haberme leído la mente con tanta tecnología porque 15 min, un polícia nos hizo pasar por una fila especial ante la mirada irritada de cien personas que quedaron esperando. Estuve en este aeropuerto como hace 14 años. Ahora, para llegar a la Central de Alquiler de autos, ¡tenés que tomar un tren! El hotel queda muy cerca del Aeropuerto. Es lindo pero hay cosas muy viejas (no antiguas, vieeeejas). Super cansados, no quedó más rendirse a la cama. Hoy nos levantamos temprano pero Filipe está trabajando así que aprovecho el tiempito libre.
Antes de despedirme por ahora, quiero dejar un beso enorme a Erica.¡Feliz cumple, amiga!
Destino final: Río de Janeiro
Salimos de São José dos Campos cerca del mediodía. Después de la lluvia del miércoles, el rack estaba muy bajo y algunas luces no funcionaban, pero a esta altura de los acontecimientos, solo nos quedaba seguir. Paramos a almorzar en Penedo, a unos 160 km de Río. Filipe había leído en la guía de viajes que había un restaurante donde pescabas tu trucha y te la cocinaban. Subimos una callecita medio asfaltada y medio de tierra hasta llegar al lugar, en medio de una selva frondosa. (Exageraciones mías, según Filipe). El restaurante era muy chiquito, con un estanque lleno de truchas nadando en círculos. Ahí te daban una cañita con un anzuelo y carnada. Las truchas caían en pocos segundos. Pesan los pescados y a la cocina. Fue divertido y muy rico. Mientras esperábamos la comida, se largó a llover y no paró hasta unos 70 km de llegar a Río. Parecían bolsones de agua que caían del cielo, eso sumado a la cantidad de agua acumulada en la ruta hacía que por momentos no se viera nada. En la entrada a la ciudad (Av. Brasil), el tráfico se detuvo. Hasta salir de la Linha amarela, mucho tráfico, lleno de las imprudencias típicas de los conductores de esta ciudad. Llegamos a las 20.15 h como les contaba en el mensaje anterior. Nos esperaba Cida con la cena lista y todo muy ordenado. ¡Te queremos, Cida!
Gonzalo gritaba de alegría: «É minha casa. É minha casa!». Entiendo perfectamente esa alegría porque -en cierto modo- todos sentíamos lo mismo. Corrió por todos lados, abrió y cerró puertas, no conseguía parar de tanta excitación. Cenamos en calma y empezamos a desarmar las valijas. Nadie tenía sueño. Gonzalo cayó rendido cerca de la 1 de la madrugada. Marcos y Agus, casi a esa misma hora.
Con una mezcla de cansancio y felicidad, estamos de vuelta en casa. Fueron 3356 km en 16 días; 3 países, 5 hoteles, no sé cuántos restaurantes (ni qué hablar de todos los baños) y unas cuantas anécdotas.
Un abrazo enorme para todos los lectores del blog y para todos los que no pudieron leer, pero que nos acompañaron a través de mensajes, llamados y contactos diversos.

























