Día 9: Cape Town-Windhoek

Salimos del hotel a eso de las 12.30 h y fuimos directo al Aeropuerto Internacional. Fue una de las pocas veces que llegamos con mucho tiempo pero también, teníamos que almorzar. El vuelo a Namibia salió a las 17 h y duró 2 h. Llegamos al aeropuerto internacional de Namibia con ciertas dudas. El aeropuerto es muy chiquito y queda a 40 km de la ciudad. Nos esperaba Peter, chofer de la empresa que nos hizo todas las reservas para los próximos días. Peter nos llevó al hotel y después a cenar a un restaurante muy interesante. Le hicimos miles de preguntas durante la cena para empezar a prepararnos para los próximos días. En el aeropuerto, compramos chips de teléfono locales, o sea que vamos a tener un mínimo acceso a Internet pero no sé cómo será la publicación en el blog. La conexión en este hotel es un poco lenta, así que les debo las foto de la regata. En un rato, vamos a desayunar y a comprar los elementos básicos (repelente, agua, etc.) para partir rumbo a Sossusvlei, en el desierto. Un recorrido de 380 km. ¡Nos vemos en la ruta!

Recorrido

PD: ¡Feliz día de Reyes!

Día 6: Montaña de la Mesa

El día empezó otra vez en el A&V Waterfront, desde donde parten los ómnibus rojos con paseos guiados (http://www.citysightseeing.co.za/capeTown.php). Es una excelente manera de tener una visión general de la ciudad, con un relato conciso e interesante. Optamos por el recorrido más largo que sube hasta la estación base del teleférico giratorio. El paisaje es impresionante y en 6 min estás en la estación superior de la Montaña de la Mesa. Lleva ese nombre porque es completamente plana en la cima. Al llegar, fuimos directo a almorzar. El restaurante era medio desorganizado, tipo autoservicio, con basura en el piso, más parecido a la realidad de América Latina pero todo se olvida con la vista desde allá. Gonzi me dejó un poco estresada porque iba a los saltitos por todas partes y quería subir a las piedras, pero no es novedad: a los niños les encantan probar los límites. Bajar fue un poco más lento de lo previsto. La fila era enorme y cuando llegamos, vimos que nuestro ónmibus nos había dejado a pie. Tomamos un taxi hasta el estacionamiento donde había dejado el auto. El taxista parecía haber salido de una película de terror, pero tomó todos los atajos posibles y nos dejó en el estacionamiento pero en otra entrada. Debo confesar que no perdimos el auto, simplemente demoramos 15 minutos en encontrarlo. Entre tanto, teníamos que ir a cenar con Manim y su familia pero era tarde. Manim todavía estaba en el puerto así que pasamos a buscarlo y fuimos juntos a Camps Bay. Todos estaban muy elegantes para ir a cenar mientras que nosotros veníamos del paseo, pero nosotros somos así y no nos amedrentamos. Además, no había otra alternativa. Cenamos en Zenzero, un lugar elegante, medio oscurito y nada adecuado con niños. No hubo ambiente para conversar mucho, o bueno, se conversó sobre temas políticamente correctos y a la 1.30 am lo único que escuchaba era a Marcos y Agustina preguntando a qué hora nos íbamos. Gonzi estaba despierto jugando con el ipad. Volvimos caminando unos 200 m hasta la casa de Manim, uno de los pocos momentos de charla descontraída y risas fáciles. Nota mental:  esos son los momentos más importantes. PD. Las fotos vienen después.

Día 4: Calor y momentos extraños

El último día del año 2013 y una ciudad bellísima, que combinación excelente. Como siempre, la familia Caldas se despierta tarde, de acuerdo con la hora local. El jefe del viaje nos dijo que nos levantáramos a las 7:30 para encontrarnos con Manim. Nosotros cuatro estábamos listos para una nueva aventura y el señor Felipe, durmiendo en los brazos de Morfeo, como un lindo bebé. Bueno, después de salir en dirección a Table Mountain (el marco geográfico más importante y famoso de Cape Town) nos desviamos en dirección al puerto, nuevamente. Nos decían que el MussuloIII ya había partido, pero papá insistía: «quiero ver el puerto y conocer». Como simples escuderos del nuestro amo Quijote, fuimos hasta el puerto, y adivinen quién estaba allá, el barco y tooooda su tripulación. Nosotros quatro pensamos: «¡Nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!» Para quienes no se imaginan el resultado, les cuento: quedamos los 4 sentaditos al sol, mientras él conversaba y tomaba unas cervecitas con el capitán y su tripulación, gente la cual no teníamos idea de quiénes eran. Después de esperar una hora bajo el sol capetoniano, infelices, sedientos, con los brazos quemados y aburridos del ambiente del barco, papá, finalmente, nos liberó de aquel lugar. Pero faltaba una cosa, pero tan inútil, tan insignificante, tan, digamos, innecesaria: el auto. Papá no se acordaba dónde estaba el auto, literalmente, había perdido el auto. Caminamos por los dos pisos del estacionamiento y nada de la combi gigante, que supuestamente era fácil de encontrar. ¿Cómo perder algo tan grande como una combi? ¡Impresionante! Sólo a los Caldas les pasa esto. Tan extraña era la situación que pedimos ayuda a los guardias. Papá lo niega pero anduvimos ida y vuelta por un piso que no era el correcto y después de veinte minutos de caminar por el estacionamiento encontramos a nuestra querida amiga.

El viento soplaba como nunca y nuestras esperanzas caían. El teleférico para subir a la Table Mountain cerraba en caso de vientos muy fuertes. Cuando llegamos a la estación, nuestras predicciones se confirmaron: no subimos a la montaña y apenas quedamos mirando el paisaje al nuestro alrededor.

Ya eran las cuatro de la tarde cuando decidimos ir a comer. Cuando llegamos al V&A Waterfront, todos los locales estaban cerrando por lo del Año Nuevo. Suerte que uno de los amigos de Manim  nos ayudó y consiguió un lugar para comer. Después subimos a la rueda gigante, Cape Wheel, una rueda gigante en Waterfront. Muy lindo.

Volvimos a casa y nos preparamos para la gran noche de fin de año. La invitación era a las 19 h pero como siempre, llegamos tarde. Solo que esta vez fue como 4 horas después del inicio. A las once y cuarto, todos nos miraban raro («estos tipos que llegan tarde»). Teníamos, al menos, una explicación para nuestro atraso: había kilómetros de tráfico y un auto se prendió fuego… Asustador, «a visão do inferno, do capeta…» Saludamos a todos y observábamos las diversas situaciones de la fiesta. Las raras danzas locales nos impresionaban, y también toda la gente borracha con las celebraciones del Año Nuevo. La fiesta fue muy simple. Poca comida, pocas sillas y mesas y un panorama de los fuegos muy limitado. Fue un fiasco. Y lo peor, nosotros salimos a las dos de la mañana del Waterfront (el local de la fiesta) y el tráfico estaba intenso, porque estábamos en el centro, donde eran todas las celebraciones. Deberíamos haber llegado al hotel en 20 minutos y sin embargo, tardamos una hora y media, tremeeeeendo. Al llegar al hotel, todos durmiendo y probablemente cansados para el día siguiente.
Apesar de todo, un nuevo año comenzó y muchas gracias a todos, las aventuras continuarán en 2014, y buen año.

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Día 17: Paraná – Posadas

Salimos de Paraná cerca de las 11.30 h. El primer tramo fue bastante bien aunque la policía caminera nos para constantemente. Es siempre lo mismo, piden los papeles y comentan sobre el baúl. Después de Chile, perdimos una de las luces, entonces el reclamo es que hay que arreglar la luz. Las condiciones empiezan a empeorar. El asfalto está quebrado y con placas irregulares. Por momentos, el auto da unos saltitos. Cerca de Federal, la luz de la reserva de nafta se prendió. Las dos estaciones YPF que habíamos pasado, no tenían combustibles.  Entramos a un pueblito y San Antonio nos salvó. Era el nombre del puestito que nos llenó el tanque. Cargamos 73 litros siendo que la capacidad total del tanque es de 78. Más policía, un bombero que nos vende un kit de prevención de accidentes y de repente un pozo feo. Ruidos extraños nos obligan a parar. El último golpe se llevó las luces del rack… completas. No queda nada ahora. Seguimos viaje… llegamos a San Jaime de la Frontera y son como las 14.30 h. Todo cerrado y hay que almorzar. Detectamos un restaurante vacío pero con un cartel que dice: ABIERTO. Estamos salvados aunque el baño local sea un desastre. Hay una única persona que dice que solo tiene bifes con papas fritas. Jajaja. El tiempo no pasa. La ruta es una línea gris que brilla allá a los lejos. Gonzalo me pide ver «El gato con botas» por segunda vez en este tramo. Ya no sabemos cómo sentarnos. Más camiones, más saltos, más nafta. Finalmente, salimos de Corrientes y entramos a Misiones. Pasamos por Establecimientos Las Marías, pero no podemos entrar porque ya es muy tarde. Valió la pena intentarlo. Llegamos a Posadas a las 21.30 h. Mañana nos queda el último tramo argentino: Posadas hasta la frontera y después, Foz de Iguazú. Unos 400 km y el cuentakilómetros ya sumó más de 4000 km desde que salimos. Besos misioneros.

Día 16: Alta Gracia – Paraná

Una vez más salimos al mediodía.Fueron 400 km a través de pueblitos profundamente dormidos desde Alta Gracia hasta llegar a Santa Fe, donde Filipe quería ver la obra de la costera que había hecho CONCIC hace muchos años. En un pueblito llamado San Francisco, nos paró la policía. Amenazaron con llamar a la Jueza de Faltas y de repente, desaparecieron. Argumentaban que era ilegal usar un baúl como el nuestro. Totalmente sospechoso. Treinta minutos más tarde, hicimos check-in en el hotel en Paraná y de ahí partimos a cenar en la casa de mis tíos. La pasamos muy lindo y finalmente, conocí a mis primos personalmente. Bah, a unos los ví hace mucho tiempo cuando eran peques y a los otros, solo por fotos.

Mañana va a ser un día largo porque tenemos que llegar a Posadas y son como 700 km hasta nuestro destino.

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