De Etosha (Namutoni) a Caprivi (Divundu) son 590 km. Este es el tramo más largo de nuestra expedición africana. Este tramo es totalmente asfaltado. La idea era parar en Rundu, una ciudad importante para Namibia, y seguir hacia el próximo hotel: RiverDance Lodge. Para los curiosos, podemos decir que Caprivi es una estrecha zona que separa Namibia de Angola, Botswana y Zambia. Esta zona tiene como principal marco geográfico el río Okavango, donde habitan muchos pueblos africanos, además de hipopótamos y búfalos. Es una zona, básicamente, multicultural y muy remota de Namibia.
Bueno, dejando esos hechos de lado, hoy tuvimos una sorpresa impresionante. Todos nos levantamos temprano, nos preparamos rápido, cargamos las valijas sin demoras y salimos temprano. A las 9.15 h, todos los Caldas estaban listos. Pero el viaje que nos esperaba era largo, entonces cerramos las puertas y partimos rumbo al Caprivi. Este tramo era pura recta. Puedo decir que 90% del recorrido era recto. Como copiloto, estaba preocupado con el comandante, que cerraba los ojitos de vez en cuando ante las infinitas rectas y sus tramposos espejismos. Gonzi jugaba a los eternos jueguitos en su «Lepads». Mamá y Agus, compenetradas en sus lecturas. Y yo prestaban atención a cualquier señal de sueño de Papá. El paisaje constantemente cambiaba. En medio del camino, tuvimos un episodio que sacó a papá de la fase de sueño: la policía nos paró y le hizo una multa por manejar a 143 km.
Del ambiente seco de la savana africana hacia los húmedos bosques del Okavango; nuestras pieles sentían esos cambios. Otro cambio que surgía era la cantidad de insectos, típicos de esta región húmeda. La malaria y las moscas Tse-Tse eran mis grandes miedos. Para quien no sepa, en Namibia, a cada 4500 personas hay un médico, en la región de Windhoek. Así que no me importó el calor, yo me preparé con repelente, pantalones largos y una campera anti-mosquitos.
Cuanto más nos acercábamos al Caprivi, más notábamos los pequeños pueblos africanos, y las aldeas construidas con madera y paja. Llegando a Rundu, había una misión a ser cumplida…comer. Cuando dije que Rundu era ciudad importante, quise decir para Namibia. Una ciudad de 4000 habitantes, para un país de 2 millones de personas, es grande. Esta ciudad también es la puerta de entrada para los angoleños. Las calles principales eran de ripio y el edificio más alto es de 5 pisos. Al cabo de un rato, encontramos un pequeño restaurante donde comimos un bife riquísimo al modo namibio. De más está decir que nos costó decidirnos. Todo era sospechoso. Había mosquitos y encima se avecinaba una tormenta. Después de salirmos de Rundu Capeta, manejamos los últimos cien kilómetros del día. Agus tuvo el honor de hacer de GPS durante algunos kilómetros. En estos momentos, es posible entender que cuando uno no tiene nada que hacer, hace cualquier pavada, como fue el caso de Agus. El RiverDance Lodge fue difícil de encontrar. Pero en el final de todo arco iris, hay un pote de oro. Quedaba en el medio de la nada, y estaba medio en construcción. Las habitaciones quedaban en la orilla del Okavango, no había aire acondicionado y las camas tenían cada una su mosquitero particular. Para ir de la recepción a los cuartos, había un sendero de arena en medio de la vegetacion. Después de muchas quejas y de arreglar las cosas, el chico de la recepción nos invitó para un paseo de barco en el Okavango. Ya era tarde, entonces iba a ser corto el paseo. El barco era una lancha muy pequeña, pero sólo íbamos nosotros cinco, que éramos los únicos huéspedes del hotel. El paseo fue fantástico. De un lado estaba Namibia, del otro estaba Angola. Yo le decía a papá, que nunca estuvimos tan cerca de Angola, el país de tantas historias del pasado africano de Papá. Vimos la puesta del sol, que era magnífica. Vimos tres hipopótamos y los pueblos de Angola, que cruzaban el río para ir a la escuela y para ir de compras, pues Angola está una verdadera bosta. Recibimos datos impresionantes de Namibia, un país que incentiva la educación, hasta para los más pobres y los extranjeros que no la consiguen en su proprio país, como Angola. Al fin del paseo, fuimos a comer a la luz de las velas, en una mesa elegante, junto a una fogata. Éramos los únicos huéspedes del hotel. Dormirse fue difícil. El silencio de la noche eran ensordecedor. Mañana vamos a hacer el último tramo de auto de nuestra expedición, hacia Kasane, Botswana, y también nuestro último día en Namibia, gran país de infinitos lugares y una nación acogedora, amiga y de tantos potenciales. Gracias, Namibia y hasta la próxima.

