Días 8 a 15: De regreso a Cascais

La semana pasó rápido entre visitas al departamento, conversaciones con el banco, con abogados, con vecinos, etc.  Filipe encontró algunos amigos de su adolescencia y Agus visitó a Mia, antigua compañera de la Escolinha. Yo intenté combinar encuentros pero con tantos compromisos, tuve que dejarlos para otra oportunidad. Acá incluyo algunas de las visitas que hicimos. Vengan al túnel del tiempo con nosotros.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Mañana partimos para Londres a eso de las 18 h. Espero poder conectarme para contarles más sobre este viaje. Besos a todos.

Días 5 y 6 – Berlín desde el ómnibus rojo

El 1 de enero desayunamos en el hotel y tomamos el subte hasta la Puerta de Brandeburgo (centro de la ciudad) desde donde salen varias líneas de ómnibus de recorridos turísticos. Tomamos el recorrido básico que dura casi dos horas para tener un panorama general de la ciudad. Cuando acabó el paseo, tomamos otra vez el subte hasta el Museo de Tecnología (http://www.sdtb.de/Englisch.55.0.html) Para ser sincera, el museo es enorme, muy detallado y moderno, pero había muchos motores, mucho tren y barco y avión, que a mí no me interesó demasiado. Pero los hombres de la familia se divirtieron un montón. Emprendimos el camino de vuelta y cenamos en un restaurante italiano. Al día siguiente, el programa fue parecido, solo que empezamos visitando Checkpoint Charlie. Hoy es un Museo pero era la entrada a la zona americana cuando Berlín fue dividida en 4 partes y surgió el muro de Berlín. Lleno de historias tristes, aberrantes, desesperadas con gente tratando de huir. Había mucho material para leer e información para procesar. Al salir de este museo, subimos al ómnibus y recorridos la zona más suburbana de Berlín. Pasamos por los restos del muro pero ya no había tiempo suficiente para bajarnos. En el viaje de vuelta, paramos en la Torre de televisión. Tiene un ascensor y da para ver toda la ciudad. Había más de 200 personas antes así que compramos las entradas, fuimos a comer algo y volvimos más tarde a realizar la visita. Después de cenar volvimos al hotel para preparar las valijas porque al día siguiente, 3 de enero, partíamos rumbo a Lisboa.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Día 4 – Último día del año en Berlín

Otra vez nos levantamos tarde. Es complicado, sobre todo para Gonzi.  Desayunamos en un Mc Café en la estación de trenes cerca del hotel. 99% de los empleados que nos atienden hablan inglés. El ritmo en las estaciones de tren y de subte es más acelerado. Hay personas con valijas por todas partes. El día anterior, de pura casualidad, habíamos charlado sobre qué sucedía si alguien se perdía. Nuestra teoría es que quien quedaba para atrás quedaba en el lugar y quien se fue vuelve atrás en la siguiente estación. Fue suerte, porque en el primer tren de superficie que tomamos todos entran y las puertas se traban encima de Agus. La campera queda atrapada en la puerta y Marcos, haciendo señas del lado de afuera. En la siguiente estación, todos los bajamos. Filipe repetía que Marcos sabía el proceso y que nada era para asustarse. Nosotros esperamos y él va a buscarlo. Gonzi lloriquea… perdimos a Marcos. Pasa un tren y nada. Llega el segundo trayendo a Marcos y a Filipe. Fue una suerte. Ahora tendremos más cuidado. Caminamos bastante bajo la lluvia y entramos a un shopping. Estamos buscando una miniatura de Berlín  (http://www.loxx-berlin.de/). El lugar es muy interesante. La ciudad está representada en escala, llena de detalles y escenas divertidas. Es posible activar algunas luces, trenes y hasta un globo. Está representado el día y la noche. La ciudad incluye el aeropuerto…. muy detallado. En toda esta vuelta, no habíamos notado la fábrica de chocolates. Apretás un botón, se activa un mecanismo y chachan… aparece un chocolatito. Los Caldas enloquecen. La maquinita expulsa uno, dos, tres y cuatro chocolates. Otro para Gonzi. Otro para Agus. Saquemos a Gonzi de acá antes de que nos echen…

Atravesamos el shopping. Son cerca de las 14.30 h y el shopping está por cerrar. Todos corren a algún lugar. Caminamos otro poco bajo la lluvia. Subimos al subte otra vez. Vamos al AquaDom (http://www.visitsealife.com/berlin/en/). Un acuario más pero con una particularidad: el tanque tiene un ascensor en el centro y es posible subir por el medio de la masa de agua. Sigo encantada con el Acuario de Lisboa. No creo que haya otro igual. Cuando salimos del acuario ya está oscuro y tenemos que volver al hotel. No estamos seguros si tenemos algún lugar donde pasar el Año Nuevo porque el Concierge del hotel dijo que sería difícil encontrar reservas con tan poca anticipación. Llegamos agotados después de un viajecito en tranvía. En nuestra habitación, hay una nota indicando que podemos ir a cenar a un restaurante llamado Aigner (http://www.aigner-gendarmenmarkt.de/), típico alemán, a unas 9 cuadras del hotel. Decidimos ir vestidos de manera simple, después de todo, sobre extranjeros. Vamos al restaurante en subte. Cuando llegamos, encontramos que el ambiente es super formal y que todo está decorado con globos de helio blancos y dorados. El menú incluye SIETE platos de comidas muy elegantes, de esas que ocupan un platito chiquito y tienen gusto raro. Los chicos reclaman y se ríen cada vez que nos sirven algo. Pasan los platos, pasan las horas. La decoración de la mesa incluye un cohete de papel. En otra mesa tienen una idea genial: juntar el cohete a los globos. Agus mejora la idea… todos nos miran. Los chicos se ríen. Otros chicos empiezan a agarrar los globos. Todo queda media desordenado y nos reímos. Cerca de la medianoche, muchas familias se van. Nosotros decidimos quedarnos pero cuando empiezan los fuegos artificiales, no hay cómo resistir. Vamos a la calle. El cielo se ilumina con tantos fuegos. Da un poco de miedo porque en la calle a nuestro lado también están tirando petardos y cosas. La gente está tomando mucho en la calle y el clima es tenso. Hay policía. Después de un rato, vamos al hotel en subte. Es increíble la cantidad de personas que viajan en esta noche. De todas formas, todo está ordenado y hay policía y guardas en las estaciones. Todo se ve un poco sucio y en la calle hay gritos, corridas y escenas típicas de cuando la gente toma de más. Al llegar al hotel, el clima también está animado. Cada uno a su cuarto pero con tanto ruido en la calle es imposible dormir.

¡Feliz Año para todos!

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Día 3 – Primer paseo por Berlín

Nos levantamos tarde según el horario local pero temprano si consideramos nuestro reloj interno. La diferencia horaria es de 4 horas con Buenos Aires. Filipe se demoró respondiendo mensajes y cuando llegamos al café del hotel, la empleada nos miró incrédula: -Es hora de almorzar y no de desayunar.

Ok. Todo dicho, salimos a la calle. El día está nublado y nieva. El plan es visitar el Museo de Ciencias Naturales (http://www.naturkundemuseum-berlin.de/en/). Bajamos a la estación del subte que queda a algunos pasos del hotel. En Berlín, la idea es aprovechar las ventajas de un sistema de transporte que funciona. En la Berlin Friedrichstraße station buscamos cómo comprar pasajes y descubrimos las máquinas expendedoras. El pago se hace en monedas o tarjeta en esa máquina. Nada de aceptar la tarjeta. Los mensajes en español desaparecen. La máquina tiene el tupé de rechazarnos en alemán. -Não há problema, dice Filipe, y subimos los cinco sin pagar el subte. ¡¿Cómo!? No es posible… Marcos y Agus se miran perplejos y me miran. No, no está bien. Salimos dos estaciones después y veo un café simpático (http://www.balzaccoffee.com/). Decidimos entrar a comer algo. Unas tortas, café y chocolate caliente nos dejan listos para empezar la actividad. El Museo está a unos 150 m de la estación. Gonzalo protesta que tiene frío. Llora que no quiere venir a Alemania, que él quiere ir a Brasil. El paseo por el museo es muy interesante. Nos recibe un esqueleto de dinosaurio gigante. Hay muchas personas que se refugian en el museo en un día como este. Paseamos, conversamos, sacamos fotos. La visita vale la pena. Dos horas y media más tarde, volvemos a la calle. Otra vez el subte… Solo que esta vez, la máquina acepta billetes. Alivio, tenemos pasaje. Ya no nos sentimos tan sudacas. Con un precio único, podemos entrar y salir del subte todas las veces que querramos. ¿Cuándo habrá uno de estos sistemas en Rio? La gente no se empuja, no te aplasta. Esperan que unos salgan para que otros entren. Bajamos cerca del Sony Center donde se encuentra el Legoland Discovery Centre – Berlín (http://www.legolanddiscoverycentre.de/berlin/). Nada que se compare a los otros parques Lego. Se trata apenas de varias construcciones detalladas y cuidadosas típicas de la marca. De esas que te dejan la boca abierta por la cantidad de detalles. Hay un paseíto medieval en un dragoncito que dura unos 3 min. Alguien llama a José Filipe por el altavoz. Hmmm. Nos acercamos a ver qué quieren. Resulta que Filipe dejó la tarjeta de crédito cuando hizo el pago. Zafamos. Terminamos el paseíto rápido y volvemos al subte. Más quejas de Gonzi. Es obvio que tiene frío y está cansado. Salimos en la estación Unter den Linden para ir al Museo de Madame Tussauds (http://www.madametussauds.com/berlin/). La visita es rápida después de haber sacado algunas fotos. Agus está decepcionada. Es que la estatua de Justin Bieber no se parece mucho a la que ella tiene registrada en su cabeza. Dicen que es del 2011 y el muchacho medía como 5 cm menos. Desde el museo, caminamos 2 cuadras hasta la Puerta de Brandenburgo. Está lloviendo y Gonzi sigue protestando. Otra vez el subte camino al hotel. ¡Esta tarjeta rinde mucho! Salimos a 150 m del hotel y encontramos un lugar para almorzar/cenar. Nadie entiende que los niños a los 5 años tienen hambre, cansancio y frío. Después de comer, Gonzi se duerme. Era obvio. Tenemos que llevarlo en brazos hasta el hotel. Tal vez sirva para quemar algunas calorías. De vuelta en el hotel, cada uno va a su cuarto a descansar. Yo escribo y llamo a ver si Gonzi está durmiendo. Él me atiende muerto de risa. –No, mamá. Estoy jugando. No tengo sueño- y me corta. Los niños de 5 años son super activos: basta un poco de sueño para volver a la actividad.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Día 22: Radicalismo

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Empezamos el día a las 7h00 porque a las 8h30 nos venían a buscar para el paseo de helicóptero. Mientras desayunábamos, Marcos se fue a hacer una tostada y se encontró con una señora que reclamaba que las tostadas tardaban mucho y mientras tanto, tomaba champán. Bueno. Jajaja. Esa misma señora, cuando pasé caminando cerca de ella, me miró de arriba a abajo y gruñó.

La empresa que nos había vendido el paseo de helicóptero http://www.shearwatervictoriafalls.com/nos vino a buscar en una combi. 20 minutos después ya estábamos esperando al piloto, que estaba volando con otro grupo. Marcos fue adelante con el piloto. Mamá, Gonzi, Papá y yo fuimos atrás juntos. El paseo estuvo espectacular, duró media hora más o menos, y de la ventana vimos elefantes, jirafas, cebras, una manada gigante de búfalos, y obviamente las cataratas Victoria. Mamá y yo nos mareamos un poco por todas las vueltas que el helicóptero daba. Creo que Gonzi también, porque salió medio tonto, pero no dijo nada. Después del paseo, obviamente nos vendieron el vídeo, las fotos y con eso, tardamos un poco más. Salimos de ahí a las diez menos diez, y teníamos un paseo marcado por las cataratas a las 10h! Corrimos. Llegamos al hotel y ya tuvimos que subir a otro autobús. -OBSERVACION- un autobús SOLO para nosotros. Jajaja, seguimos camino a las cataratas. Nuestro guía se llamaba O’Brian, y ya lo habíamos conocido el día anterior. Durante el paseo, nos empapamos, salimos todos mojados del parque, y encima Mamá y yo cargamos a Gonzi todo el paseo. Obviamente fue Mamá fue quien lo cargó la mayor parte del tiempo. Y la cámara paró de funcionar por el agua. Genial. Sin cámara para mi salto de Bungee Jumping. Sí, BUNGEE JUMPING. Creo que mamá no les contó eso. Pero igual, debe haber sido la cosa más radical y loca que ya hice en mi vida. Pero ya les cuento todo. Volvimos al hotel y almorzamos unas hamburguesas que la señora nos hizo al borde de la pileta. Todos riéndose, y lo único que pasaba en mi cabeza era el salto. Nervios. Miedo. Fuimos a la puerta del hotel y nadie llegaba. Mirábamos por la puerta de vuelta. Nada. El hotel llama a la agencia, y le dicen que fueron y no había nadie esperando. Como, NADIE?? El señor vino un poco después, y nos llevó hasta la frontera. Más o menos, que casi no había control. Después de «migraciones», caminamos por 1 km hasta la puente (Victoria Falls Bridge), donde se hacían los saltos. Mientras caminábamos, algunos vendedores nos perseguían con cosas para vender, como pulseras o collares. Todos le decían a papá: «are you going to jump, Big Papa?», papá les decía que yo iba a saltar, y todos me gritaban «NICE JUMP, SISTER». Un tipo con una bicicleta, que tenía una caja de madera atrás, quería llevarnos al puente. Le dijimos que ‘no’ millones de veces, pero igual nos siguió. Llegamos al puente, y nos dicen que tenemos que ir a registrarnos del otro lado del puente. Me hacen firmar un formulario que si me golpeo, o si me muero, no se responsabilizan por nada. Que te digan eso ayuda un montón con los nervios. Papá me llevó hasta el puente de vuelta, y los señores me empiezan a poner todo el equipamiento. Los nervios solo aumentaban. Y entonces llegó mi hora. Me pusieron en el borde, y cuando miré el agua y las piedras abajo mío, casi me arrepentí. 5, 4, 3, 2, 1, JUMP! Empezé a gritar con todo lo que pude, y en ese momento vi mi muerte próxima. No saben cuántos pensamientos pasaron por mi cabeza en 2 minutos. Hasta pensé en cómo me había olvidado de avisar a todos que me iba a morir. Después de varios rebotes, un señor me subió de vuelta al puente. Cuando salí de la plataforma, Papá me vino a abrazar. Volvimos al barcito donde estaban Mamá, Marcos y Gonzi, observando todo de lejos. Mamá me dijo que más o menos que me quería matar por hacerla pasar por todo eso. Jajaja, pero bueno, forma parte de ser madre. Compramos las fotos y el vídeo del salto. Y verlo varias veces me parece muy capeta. Así, volvimos al hotel, y todos me preguntaban cómo había sido. Fuimos a la pileta, tomamos algunas bebidas, y nos fuimos a bañar. Después de bañarnos, a las 7h30, fuimos a cenar, porque había un show a ese horario. El show no tenía nada de especial. Estaba divertido, pero nada del otro mundo. Y bueno, así terminó nuestro día de actividades radicales. Pero no me arrepiento de nada. Jajaja. Hoy, 20 de enero, todavía me duele el pie, y no consigo caminar normalmente. Ser radical tiene sus consecuencias. Nos vemos pronto.