05/01/16 – Ushuaia – Conociendo el final de la Ruta Nacional 3…

Salida: 12.00 h – Llegada: 23.30 h – Día de paseo – Total acumulado: 4049 km

Recorrido Ushuaia 2

En nuestro último día en Ushuaia, nuevamente nos despertamos a las 8.00 h, otra vez sin problemas. Nos organizamos y desayunamos 9.30 h porque siempre nos atrasamos para todo. Todo normal y al volver a las habitaciones, Papá dijo que tenía que resolver unas cosas del banco. Bueno, dejamos a Papá solo en la habitación, así lo dejábamos calmo. Y así fue, el tiempo pasaba y pasaba. A eso de las 12.00 h, Papá dice que no consiguió resolver casi nada porque Internet era muy mala.

Salimos, entonces, para recorrer el Parque Nacional Tierra del Fuego, pero esta vez de auto. El parque tiene una zona permitida a las visitas de los turistas. Esa zona está alrededor de la Ruta 3 que va hasta Bahía Lapataia, extremo de Tierra Del Fuego con Chile. Entonces, fuimos al parque a visitar lo que el tren no nos mostró. Llegamos rápido porque queda cerca de Ushuaia. Compramos las entradas y anduvimos algunos kilómetros de ripio hasta el mirador Isla Redonda. En ese lugar, hay un muelle que antes llevaba a los turistas hacia la Isla Redonda, dentro de la Bahía Lapataia, que a su vez está dentro del Canal de Beagle. Allí, hace algunos años, estaba el correo del Fin del Mundo. Uno puede mandar un recuerdo del correo más austral del mundo, como fue el caso de Agus, que quiso mandar uno a casa. Le pusieron miles de sellos y ahí fue en dirección a casa, esperemos que llegue. Mientras, los cuatro estaban haciendo eso de la postal de Agus, yo me fui a dar un paseo. Caminé el inicio de unos senderos, saqué algunas fotos y observé el paisaje fantástico. Nunca pensé que en este fin de mundo hubiera escondido un lugar tan lindo como aquel. Sin dudas, voy a volver un día para ver y encontrar más lugares como este.

Después que mandaron la postal, volvimos al auto y nos dirigimos a la Bahía Lapataia. Los últimos kilómetros de la Ruta Nacional 3. 3070, 3071, 3072… Y los lindos paisajes solo continuaban, uno atrás del otro. Y continuamos hasta el kilómetro 3079. Aquel punto, en Ushuaia, Lapataia, Argentina, termina la gran Ruta Nacional 3. Ese número 3079, tan significativo. Allí había un cartel, que anunciaba: «Aquí finaliza la Ruta Nacional 3. Buenos Aires 3079 km, Alaska 17968 km». Gran manera de terminar la Ruta 3. Todavía íbamos a recorrerla hasta salir de Tierra del Fuego. En aquel lugar espectacular, aunque estuviera nublado. Después de contemplar nuestra magnífica hazaña, salimos del auto y caminamos por un sendero de 3 km, que nos llevaba a pequeñas bahías y bosques profundos de lenga fueguina. Caminito muy fácil, con puentecillos de madera y mucha vegetación alrededor. Después del breve sendero, llegamos a una playa con muchas piedritas y le mostré a Agus y Gonzi el arte del patito. Traté de enseñarles, pero muchos intentos fallaron. Continuamos hasta el final del Sendero de la Baliza, que terminaba exactamente con una baliza de señal. Ahí, en la playa los dos consiguieron y celebraron la victoria. Quedamos veinte minutos hasta que comenzó a llover y tuvimos que volver por el sendero a más velocidad. Llegamos al auto mojados y entonces partimos hacia algún lugar que pudiésemos comer. Llegamos al Alakush y comimos unas empanadas y tartas, rico y rápido. Papá hasta se dio el lujo de comer empanada de centolla.

Como seguía lloviendo, volvimos al auto y seguimos camino al hotel. Allí Mamá y Papá reservaron una mesa en un restaurante cuya especialidad era la centolla, supuesto plato más rico de Ushuaia. Reservamos para las 21.30 h porque solía estar lleno. Como eran las cinco, fuimos a nuestras habitaciones a descansar hasta la hora de la cena.

Nueve y cuarto salimos del hotel y fuimos al centro de Ushuaia, donde estaba la Cantina de Freddy. ¡Lleno! Hasta que encontraron la reserva y se organizaron la mesa, tuvimos que esperar en el frío y ventoso Fin del Mundo. En el momento que nos sentamos, el mozo preguntó qué queríamos comer y Papá se pronunció directamente: «Quiero una centolla». Y nos dejó en el aire, como si fuera a comer un cangrejo de aguas profundas, él solo… ¡¡¡1700 gramos!!! Como no estábamos decididos y papá desesperado, eligió nuestros platos como si fuéramos niños. A mí me pidió una centolla a la parmesana, Agus y Mamá, sopa de centolla. Fue algo impresionante. Papá parecía otra persona. «Quiero centolla… Centolla rica» debía decir su cabecita. Y bueno, cuando llegó la bendita centolla, se concentró en el proceso. Hay que comer con las manos y cortar el bicho con tijera. Yo probé el mío y no me gustó. A Mamá y a Agus les gustó la sopa y trataron de sacarlo un poco de la centolla de Papá. Gonzi probó, dijo que le gustó, pero después no quiso más. Le pidieron unos tallarines para que comiera por lo menos algo. Papá disfrutó mucho de la cena y trataba de convencernos para que pidiéramos más. A mí me gustó, pero no moriría por ese plato.

Terminamos de comer y al mirar a nuestro alrededor se veían las mesas de todos los comensales llenas de bandejas con restos de centolla. Comer ese marisco da mucho trabajo! Pagamos y nos fuimos al hotel, ya era tarde y teníamos que descansar. Preparamos las cosas para no haber lío mañana, obviamente, yo ya las tenía todas guardadas.

Ahora, comenzamos nuestra subida de vuelta, si se puede decir así. Nuestro paralelo va volver a subir, primero hasta Tolhuin, pequeña parada antes de Puerto Natales, que también va ser otro tramo gigante, en dirección a las fantásticas Torres del Paine.

31/12/15 – Último día del año y un nuevo año por venir

Bueno, como último día del año, teníamos una sensación de que todo iba a parar… Principalmente, acá en Comodoro y en el sur. Desayunamos tarde y salimos tarde también… Hubiera dado lo mismo salir temprano; las cosas ya estaban parando. Nuestro gran miedo era la cena de Fin de año. En el hotel nos habían ofrecido una vianda sofisticada y carísima. Rechazada dos minutos después del ofrecimiento. Nos recomendaron dos fiestas pero una estaba agotada y la otra… ni valió la pena intentar por lo lejos. Salimos buscando restaurantes para almorzar y hasta eso estaba difícil. Mientras, caminábamos y parábamos por los diferentes lugares, las opciones se desvanecían ante nuestros ojos. Papá había estado reunido con un amigo/colega de trabajo de Comodoro y la charla se extendió más de lo previsto.

Lugar tras lugar, tanto restaurantes, bares como locales de fast food estaban cerrados… Impresionante. Hasta que encontramos a Hotty’s, super simple, pero única opción… El dueño fue simpático y hasta nos contó que tenía primos en Brasil… Pero el hecho de ganarnos la amistad del dueño, no nos ayudó en nada para la noche, todo estaría cerrado…

Decidimos, entonces, comer en la habitación juntitos y ver las cañitas que probablemente lanzarían en la animadísima Comodoro Rivadavia. Fuimos a una YPF y compramos algunos jugos, sándwiches y alfajores. Simple, pero suficiente, pues estábamos juntos. A eso de las 22 h salimos a caminar un poquito y nada. Todo en silencio. Ni un auto, ni una persona en la calle.

Nos acordábamos que el año pasado estábamos en Berlín, en un restaurante muy elegante y, yo, por lo menos, no me había sentido cómodo… Ahora sí, mucho mejor, aquí en el hotel.

Vimos pelis, y esperamos hasta la medianoche. Descansamos y así se pasó lo que restaba del día. No fue el Reveillon en Copacabana, ni el año nuevo en Angra dos Reis, pero es lo que tenemos y esta buenísimo porque estamos juntos, y espero que eso esté pasando con todos, porque lo importante es con quién estamos y las energías puestas en el año que está por venir.

¡Feliz año nuevo!!!!! ¡Feliz 2016!!! Que sea un año genial, fantástico y que todos podamos ser un poco más felices y continuar juntos.

Mañana, por ser el primer día del año continuaremos nuestra Expedición Patagonia. Partimos rumbo al Parque Monte León y visitaremos un poco más de nuestra costa.

Otra vez, muchas felicidades para todos ustedes, y continúen leyendo y siguiendo nuestras aventuras con la VeraCruz, nuestra fiel compañera. ¡Seguimos en contacto el año que viene!!!

30/12/15 – Puerto Madryn – Trelew – Punta Tombo – Comodoro Rivadavia

Salida: 10.30 h – Llegada: 21.00 h – Distancia: 581 km – Total: 2437 km

Puerto Madryn - Punta Tombo - Comodoro Rivadavia - Total.png

Después de un día de descanso, fue difícil despertarse. A las 7.30 h  fue mi turno. Gonzi y Agus se levantaron ante la fuerza de la suprema líder, mamá. Hoy iba ser un tramo, digamos, intermedio hacia Comodoro Rivadavia, capital del petróleo de Argentina. De paso, visitaríamos los pingüinos de Punta Tombo y la pequeña ciudad de Trelew que papá visitó tantas veces hace 20 años.

Una observación muy importante es que este viaje a la Patagonia marca, por lo menos, 20 años de los tiempos que papá trabajaba acá, y que, de cierta forma, él y Mamá se conocieron. Además, 17 años, mínimo, que vivíamos en Ushuaia y ahora estamos yendo ahí… El tiempo pasó pero ahora volvemos con Gonzi, Agus y la VeraCruz, sin dudas, significativo.

Bueno, dejando de lado esas cuestiones, volvemos a nuestra travesía. Organizamos las cosas y cerramos los bolsos Thule una vez más.

Desayunamos tarde, porque Papá se atrasó «un poquito». A las 9.00 h, desayunamos y a las 10.30 h, partimos hacia nuestro nuevo destino. Nos despedimos de Puerto Madryn, linda ciudad y que nos recibió de la mejor manera. Hasta la próxima.

Primera parada fue a 60 km de Madryn, Trelew. Ahí, visitamos el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MEF), un importante centro de estudios acerca de los dinosaurios que caminaron, un día, por estas tierras de la Patagonia, un poquito diferentes, pero aquí. Muy lindo y muy bien organizado, fue una buena visita y nos agregó algo acerca de esas criaturas del pasado. Gonzi sacó miles de fotos con el celular de Mamá, algunas bosteadas y otras buenas. Después de esa breve visita, cargamos nafta y seguimos camino hacia la siguiente parada.

Punta Tombo, para quien no sabe, es la mayor colonia continental de pingüinos de Magallanes del mundo, y de cualquier especie, llegando a medio millón de criaturitas en la región. Todos estábamos ansiosos para llegar. Unos kilómetros de ripio y llegamos al centro de visitantes de la pingüinera más visitada por los turistas. Lugar muy moderno y nuevo. Instalaciones muy buenas, pero había un detalle apenas… Los textos que describían las fotos y informaciones expuestas estaban muy mal traducidos, dolían los ojos de tanta vergüenza ajena… Pero todo era tan lindo que no reclamamos tanto. Lo que realmente queríamos eran pingüinos. Comimos unas empanadas y finalmente había llegado la hora tan esperada. En la entrada, nos dieron instrucciones y, entonces, comenzamos la caminata por el sendero abierto. Por el camino, es posible ver pingüinos por todas partes y algunos a centímetros de nuestros pies. Algunos cruzan el sendero y los podíamos ver de cerca y sacar miles de fotos. Los primeros pingüinos eran una novedad, pero a medida que íbamos andando por el sendero, aparecían más y más, y dejaban de ser algo nuevo para algo aburrido, por ejemplo para Gonzi… «No quiero ver más esos pingüinos malditos», unos cambios, pero era esa la idea. En las más diferentes poses, durmiendo, corriendo, saltando… Había pingüinos para todo tipo de situación. ¡Queríamos pingüinos, y ahí estaban! Toma pinguim na cara, como decimos en Brasil. E, insisto, sacamos muchas fotos. Fue buenísimo ver a esas pequeñas criaturas, desastradas y tan cómicas. En cada detalle, veíamos los pingüinos nadando, comiendo y nos reíamos, pero quedamos impresionados, que como nosotros, viajan miles de kilómetros, de la manera que pueden para llegar a un buen lugar para comer y descansar. Después de dos horas, llegó el momento que Gonzi no aguantaba más ver los pingüinos. Entonces, volvimos y nos despedimos de nuestros queridos amigos cómicos.

Partimos, y ahora sí, hacia Comodoro Rivadavia. Fueron 370 km desde Punta Tombo y nuevamente las planicies infinitas, la estepa interminable y los ocasionales guanacos marcaron ese tramo de la ruta 3. Cargamos combustible en Garayalde (a 170 km de Comodoro) porque no había alternativa más tarde. Gonzi durmió la mayor parte del tiempo. Mamá y Agus también pero trataron de ver una película de la sección «Copias  de Micha» algunas con subtítulos en coreano, otras en idiomas raros, pero bueno, cada distracción es mejor que las rectas largas de la ruta 3 y los miles de camiones que llevaban algo hacia un lugar.

Llegamos a Comodoro a las 21.00, todavía de día y comimos en el propio hotel, dormimos profundamente después de 581 km. Mañana es el último día del año… 2015 se va y lo festejamos acá en Comodoro! Veremos cómo vamos a hacer con el nuestro festejo… Y cuenténnos cómo lo van hacer ustedes…

 

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29/12/15 – Puerto Madryn – Día de descanso

Salida: 10.00 h – Llegada: 17:00 h – Día de descanso

Hoy fue «día de descanso». Despertamos tarde, 8.30 h, y salimos para caminar un poquito y probar la playa de Puerto Madryn.
Salimos a las 10.00 h y fuimos al mirador de Puerto Madryn y vimos ruinas de casas de galeses que formaron una colonia aquí en Puerto Madryn. Estaban medio bosteadas pero la vista de la ciudad era linda. Jugamos con unas piedritas e hicimos las capeteadas de siempre.
Después fuimos con el auto hacia Punta Loma, una lobería muy conocida. Llegamos y éramos los únicos. Fuimos al mirador y ahí estaba, de lejos, la lobería. Incluía lobos marinos peleándose ferozmente entre sí. La vista era genial. Después, caminamos por un sendero y durante la caminata, íbamos conociendo la vegetación. Muchas eran usadas con uso medicinal y ayudan, por ejemplo, a curar dolores, aliviar sed, etc. Los tres capetas (Papá, Gonzi y Agus) creyeron que aquello era un buffet y fueron analizando las plantas. Probaron algunas… Algunas frases como «Es rojito… Pero es dulce», » Papi ahora comé ese» o «Mar, me estoy sintiendo un poco rara» fueron surgiendo a medida que la degustación de los supuestos «frutos patagónicos» transcurría (porque no sabemos si realmente estaban comiendo lo correcto). Ya sabemos que si algún problema pasa es porque hubo una degustación equivocada.

Y bueno, volvimos al centro de Puerto Madryn, compramos algunas cositas en un kiosko, golosinas tales como palitos de la selva. Anduvimos por el centro y decidimos comer en el restaurante Chona. Como era día libre, seguimos camino al hotel y a la playa.

Buscamos toallas porque sospechábamos  que el agua estaría caliente, porque el viento era interesante, en términos de velocidad. Llegamos y fuimos al mar. Agus, Gonzi y yo nos animamos a meternos… ¡¡¡Estaba helada!!! Pero no tanto como que estuviese. El viento era lo que bajaba la sensación térmica. Estuvimos como 20 minutos en el agua del paralelo 42 grados, lo más bajo hasta ahora que estuvimos. Teníamos que hacerlo. Al salir, corrimos hacia las toallas y Gonzi, que era el más valiente y el que más quería sumergirse, tosía y sollozaba por el frío que hacía.
Tomamos un baño de agua caliente y descansamos. Después fuimos a jugar a unos juegos (disculpen el pleonasmo) del hotel. Nos divertimos como nunca y estuvimos de bobeira («jugando») durante una hora. Al salir, prendieron los aspersores del jardín y tuvimos que correr como en una peli de Misión Imposible. No sé si nos veían por las cámaras, pero los que trabajaban en el hotel deberían estar riéndose a carcajadas.

Salimos a cenar a algo liviano al Lizard Café. Preparamos las últimas cosas para mañana porque vamos a Comodoro Rivadavia y a visitar Punta Tombo. Estos son otros destinos que irán recibir los cinco capetas de Río de Janeiro y su compañera la VeraCruz. Cada vez más cerca del Fin del Mundo.

28/12/15 – Puerto Madryn – Península Valdés

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Salida: 10.20 h – Llegada: 21.00 h – Distancia: 390 km – Total: 1809 km

Recorrido Península Valdés.png

Un gran día de paseo por Península Valdés. Esta región alberga las especies más conocidas por los argentinos y más icónicas de la costa argentina. Las ballenas francas, las orcas, los leones marinos, los elefantes marinos y los pingüinos de Magallanes, todos grandes personajes de la mayor reserva natural «viva» de Argentina.

Cansados del viaje del día anterior, y con camas extremamente cómodas, fue difícil despertarse temprano. Yo estaba despierto a las 7.30 h y papá desde las siete. Gonzi no quería despertarse. Nos bañamos, desayunamos y nos preparamos para el día del avistaje.

Día lindo, pero no conociendo el clima y creyendo estar realmente preparados, nos pusimos pantalones largos y llevamos buzos, por si acaso. Nunca estuvimos tan equivocados. Papá nos había avisado que iba hacer calor, pero no creíamos que sería tan capeta. 33 grados Celsius. 33!! Bajo un sol hirviendo, íbamos a recorrer la Península Valdés. Todos de pantalón largo, menos papá. Tenía razón… Qué le podíamos hacer…

Papá había organizado que a las 12.00 h tendríamos un paseo en el llamado Yellow Submarine, en Puerto Pirámide, principal punto de salida de los paseos de avistaje de animales. Enormes, ahí íbamos nosotros, 100 km hasta Puerto Pirámide. Gonzi creía que era más cerca… Inocente!

Entramos en la Reserva Faunística Península Valdés, llegamos a Puerto Pirámide a las 11.50 h. El equipo de Yellow Submarine ya nos estaban llamando como una última llamada en el aeropuerto. Todos de bermuda y ropas livianas, mientras que nosotros estábamos de jeans. ¡Los únicos! Estábamos bañados en sudor con el sol. Entramos al barco y comenzamos el paseo.

El Yellow Submarine es un semisubmarino. Uno puede bajar al nivel inferior y mirar por las ventanas que muestran las vistas submarinas del mar y de animales, principalmente ballenas. Pero una cuestión que nos dejó muy decepcionados es que la temporada de ballenas había terminado hace tres días. En síntesis, no había ballenas. De esa manera, en el paseo vimos los lobos marinos y muchas gaviotas. Lindo el paseo, porque la península en sí es muy bonita. La formación geológica y el calor del agua son envidiables hasta para los brasileños. El paseo, sin embargo, no fue gran cosa porque no estaban los protagonistas del espectáculo. Sacamos fotos y comimos en Botazzi, en Puerto Pirámide. Tardó más de lo que esperábamos, pero a las 15 h estábamos en camino, para recorrer la Península.

Dentro de la Península, solo hay rutas de ripio que conectan los principales puntos de interés de la península: Punta Delgada, Caleta Valdés y Punta Cantor. La primera parada era Punta Delgada lugar de elefantes marinos, 75 km de Puerto Pirámide, nada que la VeraCruz no pudiera aguantar como el equipo Thule. Al llegar, nos miran la patente del auto y nos dicen que para ver los elefantes de cerca había que pagar 200$ por persona, impagable para 15 minutos de salchichas gordas paradas en la playa. Entonces, fuimos al mirador y vimos, gratis, de lejos las tales salchichas de 4000 kg, alguna que otra moviéndose de una manera hilaria. Diez minutos después de vuelta al auto yendo hacia Punta Cantor y Caleta Valdés. 40 km hasta la supuesta comunidad de pingüinos. Más ripio, estepa patagónica, y algunos choiques, guanacos, zorritos que caminaban por la ría.

Al llegar, todo estaba vacío, menos un caminito que llevaba a miradores de la Caleta Valdés. 1500 metros de caminata por la vegetación patagónica. Vimos otros elefantes marinos y los primeros pingüinos que deberían ser, probablemente, seis o siete… Más decepción… Pero el calor, por lo menos, no estaba tan intenso, pudimos caminar bien sin ningún problema, aunque todavía esperábamos a los pingüinos tan prometidos.

Y después de esa caminata, comenzamos a volver, cuando vimos lo que parecía ser otro mirador, pero, en realidad, era una pinguinera.

Estacionamos y vimos una comunidad gigante de pingüinos de Magallanes. Fue impresionante, después de calor y algunas decepciones, quedamos maravillados con lo que estábamos viendo. Sacamos miles de fotos y nos reímos a carcajadas con los ruidos que hacían y de Gonzi imitándolos. Fue genial para cerrar el día en Península Valdés.
Regresando por la ruta de ripio y volvimos a Puerto Madryn y cenamos en El Barco y ahí decidimos que mañana iba ser día libre, tal vez vayamos a la playa o tal vez otras cosas para nuestro último día en Puerto Madryn.