Día 11: La magia de Praga

El martes nos levantamos temprano y bajamos rápidamente para buscar el auto. Habíamos entendido que el personal multaba a partir de las 9 h. Minuto más, minuto menos, llegamos después de esa hora. ¿Y sabes qué? Ya teníamos otra multita esperando en el auto. Nuevamente, desesperación y paciencia. Cambiamos el auto de lugar y nos fuimos a desayunar. Yo quería tomar mi típico café vienés con esos panes artesanales llenos de semillas.

Por suerte, encontramos un lugar tal como yo quería a dos cuadras del depto. (Ströck – Reinprechtsdorferstraße). Comimos super rico. Qué suerte que la mayor parte de las personas hablan inglés, sino eso, estaríamos completamente perdidos (un poco más perdidos de lo que estábamos).

Ordenamos todo lo que nos quedaba y volvimos a la estación de Viena. Teníamos que entregar el auto y buscar la plataforma para tomar nuestro próximo tren rumbo a Praga.

Fuimos con tiempo considerando el escenario de que algo puede fallar. Por suerte, no tuvimos problemas. Esta vez, también conseguimos ubicarnos rápidamente y esperamos el horario en el lounge de OBB en la estación. La atención fue espectacular. Esta vez, no hubo que correr atrás de empleados. Todo estaba muy bien explicado.

El viaje de Viena a Praga fue excelente. Por problemas técnicos, hubo un cambio de recorrido y llegamos una hora más tarde, pero estábamos super cómodos y había servicio de restaurante. El tren anda a una velocidad promedio de 160 km/h. Vas viendo el cambio de paisaje. Las estaciones se vuelven más sencillas y las casas se parecen más a las que conocemos. Parece que estamos en un lugar conocido, pero no. No se entiende nada de nada.

Nos bastó bajar del tren para querer salir corriendo. Todos queríamos ir al baño y no teníamos coronas checas. Que sí, que no. La empleada del baño nos hacía señas tratando de explicar cómo pagar y nada. Finalmente, conseguimos. También habíamos alquilado un auto, pero no encontrábamos la oficina. Seguíamos las flechas y volvíamos al punto de partida. Subimos y bajamos por el ascensor, pasamos a la antigua estación de Praga y nada. Por fin, conseguimos.

Los empleados fueron un amor. Esta vez preguntamos cómo funcionaba el estacionamiento en Praga. Yo reclamo del estacionamiento en Rio. Bueno, acá es peor. Toda la ciudad es un enorme estacionamiento pago y las calles son estrechas. Encontrar dónde estacionar es un dolor de cabeza. La ciudad está dividida por colores y se paga el precio dependiendo del color. En la empresa de alquiler, nos recomendaron bajar una app para pagar, así que resolvimos sentarnos y hacerlo con calma. Otra cosa que nos sorprendió fue que te ofrecieran un seguro para las tasas del auto (por separado). El empleado me explicó que es una parte muy cara y que casi todos rayan o arruinan al andar en Praga.

El departamento estaba muy cerca de la estación. Demoramos un poquito más porque era la hora de mayor tráfico y porque no encontrábamos dónde estacionar. Esta vez, el edificio tenía ascensor. El departamento era muy lindo, no muy apto para cocinar, pero enorme y bien equipado. Era tarde y teníamos hambre. El anfitrión nos dejó una lista de recomendaciones y, para no dar vueltas, elegimos un restaurante de la lista. Para nuestra sorpresa, era bastante elegante. Ya era medio tarde y estaban cerrando. Por suerte, todavía había gente cenando. Nos permitieron cenar siempre que pidiéramos rápido. La vista desde la mesa del restaurante era mágica.

Día 10: Lejos del centro de Viena

No sé si fue el cansancio o el calor, pero Filipe prefirió subir al auto y salir del centro de Viena. No son grandes distancias. Enseguida, estábamos en Grinzing y ante unas vistas increíbles de los bosques de Viena.

Filipe quería visitar la casa de Beethoven. Nos costó encontrar la dirección. Al llegar nos enteramos de que los lunes el museo estaba cerrado.

Mientras nos reíamos de nuestra distracción, notamos que teníamos un papel en el vidrio. ¡Oh, no! Una multa. No entendíamos nada en alemán. Con ayuda de Google Translate, descubrimos que no se trataba de una multa por mal estacionamiento en esa calle del museo, sino de donde habíamos dejado el auto a la noche, cerca del departamento. Sugerencia: consultar siempre cómo funciona el estacionamiento en las ciudades que visitamos.

Seguimos nuestro paseo por los barrios alrededor de Viena. Las distancias son cortas y todo es muy organizado.

Habíamos comprado entradas para visitar el Palacio de Schönbrunn y el tiempo seguía pasand0, así que almorzamos en el bar del propio palacio para no perder nuestro horario. Este palacio era la casa de verano de los emperadores. Im-pre-sio-nante. ¡Qué decirte de un lugar que tiene 1441 habitaciones!

Hicimos la visita más corta, equipados con las audioguías y después caminamos por los jardines. Un mundo aparte.

Volvimos a Viena con la idea de tomar un barco, pero los paseos ya habían terminado cuando llegamos. Nos detuvimos en un barcito frente al río Danubio a tomar algo. Muy cool.

Después volvimos a casa. Era hora de cenar y preparar las valijas nuevamente. Gonzalo estaba de antojo, así que paramos en el camino para que se comprara una hamburguesa vienesa.

Tuvimos cuidado de no estacionar en el mismo lugar donde nos habían hecho la multa a la mañana.

(22 de julio de 2024)

Día 9: En la casa de Sisí

El domingo desayunamos con calma, pusimos a lavar la ropa, ordenamos y salimos a pasear.

Las calles estaban silenciosas y había poco tráfico. El pronóstico anunciaba que la temperatura volvería a subir.

Escribir una dirección en el GPS parece fácil. En Austria es un poquito diferente.

Comenzamos el día en la Catedral de San Esteban, que se encuentra en pleno centro de Viena. Representa el símbolo religioso más importante de la capital austríaca. La construcción de esta catedral se inició en el siglo XIV sobre dos iglesias antiguas. Es increíble pensar en todos los acontecimientos que la catedral sobrevivió: asedios turcos, guerras religiosas, bombas francesas durante las guerras napoleónicas y la Primera Guerra Mundial, etc. Finalmente, en etapas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, fue destruida por bombas y reparada con la ayuda financiera de todo el país. Hay una visita específica al lugar donde se encuentran los restos de algunos miembros de la familia Habsburgo, pero, por falta de tiempo, queda para otro momento. Hay muchas cosas por ver todavía.

Como había misa en ese horario, caminamos por las calles que rodean a la catedral y volvimos más tarde. Es una construcción imponente.

Toda la ciudad es un libro de historia. Quizás ahora conseguimos entender la importancia de la casa de Habsburgo sobre la cual tanto se hablaba en las clases de historia. En diferentes períodos, siempre había algún miembro de la familia real tomando alguna decisión importante.

Después de la catedral, fuimos a almorzar y caminamos por los jardines frente al Palacio de Hofburg. Filipe tenía el «sueño» de visitar la Escuela Española de Equitación, pero tendríamos que haber reservado eso con anticipación.

Nos conformamos con visitar los aposentos imperiales que ocuparon la emperatriz Elisabeth, su esposo Francisco José y sus hijos. Hay muchos objetos personales que permiten entender un poco más el estilo de vida de la familia imperial en esa época (http://www.sisimuseum-hofburg.at/) y de esta mujer tan emblemática.

Más tarde caminamos por los jardines del palacio, subimos al auto y volvimos al centro a tomar un típico café vienés con torta.

(21 de julio de 2024)

Día 6: Día libre

Después de la tragedia del día anterior, todos estábamos en ritmo más lento. El pronóstico era de lluvia. Los chicos tenían muchos pendientes pero con Agus dolorida, preferimos ir más lento.

Nos fuimos a la Quinta Avenida a visitar algunas tiendas emblemáticas y dar las últimas vueltas. Había planes extra si sobrara tiempo, pero se nos hizo tarde y seguía lloviendo así que el saldo fue una visita a la tienda de Nintendo y a la de Lego (que es un amoooooor). Almorzamos unos bagel y después pasamos por Apple (porque Apple siempre es Apple). La tienda es enorme y queda en un subsuelo super moderno con muchos empleados y gente de todo el mundo comprando cositas. Volvimos cansados de nuestro último recorrido por la gran Manzana pero era hora de hacer valijas, ordenar y prepararnos para la próxima etapa del viaje.

Día 6: Una mañana en el Museo

El jueves a la mañana tuvimos un dejá vu: Filipe precisaba entregar alguna cosa y se demoraba y demoraba. Teníamos que salir a las 9.30 h y nada. Gonzi, Agus y yo nerviosos a su alrededor y él seguía tipeando. Nos llamamos a silencio y esperamos. Nuestra entrada al museo era para las 10.30 h y estábamos en clima de drama porque íbamos a perder el horario; solo nos restaba confiar.

A eso de las 10.15 h conseguimos salir y llegamos justo a las 11.30 h. Expliqué la situación al portero y dijo que no habría problema. ¡Ufa!

El museo es todo lo ves que en la película con Ben Stiller y mucho más. La sensación es que se trata de una enciclopedia donde todo está en 3 dimensiones. Hay tantas pero tantas cosas para ver que uno debería reservarse varios días para visitar todo. No es nuestro caso así que nos conformamos con un par de horitas. Son como 45 salas para ver y los temas son los más variados.

Los dioramas de la película son hiperreales. Los animales parecen embalsamados pero no lo son; en realidad, son modelos cubiertos con pieles y detalles de verdad. Una obra de arte.

Hay elementos de todo el mundo en todos los temas tratados. Por ejemplo, hay un piso completo sobre los primeros habitantes de cada continente. El sector sobre los indígenas de Amazonas es sorprendente e inclusive, hay información sobre los indígenas de la Patagonia y del Chaco.

La exposición sobre el fondo del mar parece el oceanario de Lisboa, pero todos los animales son representaciones y esculturas. En el centro de la sala hay una ballena gigante que se sostiene del techo (imposible pensar la ingeniería que hay por detrás de ese detalle). El sector de los dinosaurios es igualmente impresionante. Por ser época de vacaciones, el museo estaba lleno y había muchos grupos escolares con nenes chiquitos. No sé cómo hacen para supervisar a tantas nenes.

Después del Museo, salimos a buscar un lugar para almorzar. Resolvimos ir a un restaurante «de verdad» porque veníamos comiendo bastante comida chatarra los últimos días. Almorzamos muy rico en lugar cerca del museo, llamado Lokal. https://lokal83.com/

Se hizo un poco tarde y el calor apretaba. Nuestro programa era ir a pasear de bicicleta por el Central Park. En mi mente, íbamos a pasear de una zona de visita a otra por los caminitos dentro del parque. Alquilamos las bicis a unos 200 m del parque. Para Filipe optamos por una bici eléctrica porque venía sufriendo con sus rodillas. Para mi sorpresa, hay tanta gente en bicicleta que hay solo un circuito, con semáforos y señales. Solo se puede avanzar en un sentido dentro del circuito y, encima, no es plano. En algunos momentos, el camino baja y, en otros, sube bastante, por eso es que las bicicletas tienen cambios. Personalmente, no entiendo mucho. Voy sintiendo la bici, si está pesada, clic, clic paso el cambio; si está liviana, manijita para el otro lado. Filipe iba adelante haciéndose el canchero mientras nosotros veníamos con la lengua afuera. Entre el sol y las subidas, estaba intenso. Agus y Filipe estaban perdiendo la paciencia. Filipe quería enseñarnos a usar los cambios y nosotros solo queríamos seguir. Agus estaba enojada. Se quedó para atrás para recuperar la paciencia. Unos pocos minutos después, me llama por teléfono.

—Ma, me caí.

—¿Cómo que te caíste? ¿Estás bien? ¿Qué pasó? ¿Podés andar?

—No consigo.

Aviso a Gonzi y a Filipe y empezamos a andar marcha atrás hasta encontrarla. Estaba hablando con un señor quenos trataba de explicar que Agus no había hecho nada mal pero había salido volando. Aparentemente, venía un grupo y clavó los frenos delanteros. El diagnóstico pintaba desastroso. Por donde la mirábamos tenía raspones: en la nariz, los codos, las piernas; tenía el párpado hinchada y un chichón. Ella se preocupaba por la bicicleta mientras trataba de limpiarse con una botellita de agua y una toalla de papel. Ohm ohm ohm. Fui a comprar más agua y mientras pensábamos qué hacer, pasó un señor en un carrito eléctrico. Después de ver la situación, nos explicó que ahí cerca estaban las oficinas del sector de mantenimiento del parque y que, probablemente, tendrían un kit de primeros auxilios.

Anduvimos con cuidado hasta el lugar. Era la hora de salida del personal. Por suerte, una señora se apiadó de nosotros y tomó control de la situación. ¡Gracias, Megan! Nos explicó que como no era su trabajo, no podía tocar a Agus así que nos fue dando indicaciones y elementos para que se limpiara y desinfectara los raspones. Nos dio venda para cubrir todo y hasta me prestó el teléfono para llamar al lugar donde habíamos alquilado las bicis. Me quedó pendiente la visita al parque. Es bueno tener motivos para volver, quién sabe.

Llegamos exactamente una hora después del plazo. Nos nos dijeron nada. No sé si es porque no querían problemas o porque tuvieron pena o si es normal. De ahí fuimos a una farmacia a comprar más elementos. Empezaban a aparecer otros moretones y a hincharse otras cosas. Solo de ver a Agus dolía. Por momento, ella se reía para no llorar. Llegamos a casa y se fue a tomar un baño y a limpiar todo lo que había quedado a mitad de camino. Fue horrible, pero realmente, podría haber terminado mucho peor.