Conseguimos salir en el horario combinado el 2 de enero. A las 9.30 h estábamos en el Camino del Buen Ayre y a las 10.00 h estábamos parando. La puerta trasera estaba mal cerrada así que tuvimos que bajar mitad de las valijas para corregir la situación. La ruta hasta Potrero de Funes es excelente. Hay pocas estaciones de servicio pero no había casi tráfico. Nos costó mucho encontrar un lugar donde almorzar así que nos conformamos con unos sandwiches. Gonzi durmió mucho y creo que Marcos y Agus, también lo hicieron. Llegamos a Potrero de Funes a las 18.30 h. El hotel era muy simple y chiquito. Tenía pileta así que tratamos de nadar un poco. Gonzi se tiró de un salto y Agus, de a poquito. Yo solo me mojé los pies por razones obvias: tenía frío. Era complicado salir a cenar. Caminamos hasta un lugar que nos recomendó el gerente del hotel donde compramos empanadas. Nos fuimos a dormir temprano después de 866 km de viaje.
Autor: ruedademate
Avance
Año nuevo…¡viaje nuevo!
En un par de horas nos haremos a la ruta. Otra vez las valijas, las corridas de último momento, los abrazos, las lágrimas y los nudos en el estómago. Sin embargo, esta vez es diferente: nos vamos a pasear por Argentina y hasta llevo un mate porque no tengo miedo de que me falte yerba o agua caliente. Los detalles vienen pronto pero como resumen del día sepan que vamos hacia San Luis, o sea casi 800 km de recorrido en un día. Como el año acaba de empezar, les dejo un poema que no es de Pablo Neruda, como dicen en Internet, sino de Martha Medeiros y que vale la pena recordar antes de comenzar un nuevo año:
¿Quién muere?
Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito,
repitiendo todos los días los mismos trayectos,
quien no cambia de marca,
no arriesga vestir un color nuevo
y no le habla a quien no conoce.
Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú,
muere lentamente quien evita una pasión,
quien prefiere el negro sobre blanco
y los puntos sobre las «ies» a un remolino de emociones,
justamente las que rescatan el brillo de los ojos,
sonrisas de los bostezos,
corazones a los tropiezos y sentimientos.
Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo,
quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño,
quien no se permite por lo menos una vez en la vida,
huir de los consejos sensatos.
Muere lentamente quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música,
quien no encuentra gracia en sí mismo.
Muere lentamente quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.
Muere lentamente quien pasa los días quejándose
de su mala suerte o de la lluvia incesante.
Muere lentamente quien abandona un proyecto antes de iniciarlo,
no pregunta de un asunto que desconoce
o no responde cuando le indagan sobre algo que sabe.
Evitemos la muerte en suaves cuotas,
recordando siempre que estar vivo
exige un esfuerzo mucho mayor
que el simple hecho de respirar.
Solamente la ardiente paciencia hará que conquistemos una espléndida felicidad.
Nuevos preparativos…
Última parada: Panamá
El vuelo a Panamá dura 2 h aprox. y el servicio de Copa Airlines es impecable. El aeropuerto es muy moderno aunque pequeño. Cuando hicimos la conexión a Miami parecía un shopping y no una terminal aeronáutica. Demoramos bastante en hacer Migraciones y después nos fuimos a buscar el auto. El carrito para las valijas cuesta la módica suma de 5 USD. La moneda en Panamá son los dólares americanos. Existen los Balboa que se intercambian 1 = 1 y las monedas son casi idénticas. El alquiler del auto debe haber demorado un total de 45 min. Hay que llenar unos 5-6 formularios donde te piden hasta la foto del abuelito. Para nuestra sorpresa el costo del seguro era casi el mismo del alquiler. No había más GPS disponibles, salvo que aceptáramos uno sin soporte, que había que llevar en la mano. Se acuerdan de la máquinas que copiaban los datos de la tarjeta de crédito? Tenían una de esas y la autorización se hace por teléfono, a la vieja usanza. El GPS fue la gota que colmó el vaso. Filipe hizo un escándalo y a nuestro lado, el señor que nos iba a entregar del auto le decía al vendedor: Hacé algo que nos quedamos sin propina. Igualito que en Miami. Fue ahí que el vendedor tuvo piedad, solo con el GPS y nos entregó uno con soporte. Qué alivio! El GPS nos llevó por todos los barrios pobres de Panamá con un tráfico alocado y febril (entendimos el tema del seguro). Excluyendo una franja de edificios, la ciudad es un caos. Hay suciedad y pobreza por todas partes. ¡Bienvenidos a América Latina! Igual que la villa 31 de Retiro, hay casitas carenciadas al lado de la autopista, todas con su antena satelital. Todo lo que describían las guías era lo contrario. El canal de Panamá no decepciona. Es una obra espectacular. En minutos las esclusas se llenan de agua y se vacían para superar las alturas. Barcos enormes y veleros pasan juntos.
Al día siguiente fuimos a Colón, el mayor puerto de América Latina. Otro desastre. Pobreza y suciedad pero vimos el Océano Atlántico y el Pacífico el mismo día. Eso sí valió la pena. Pasamos por un shopping donde los precios sí son convenientes pero no había tantas cosas lindas. Además como quedamos atrapados en el tráfico, ya llegamos medio cansados. Al día siguiente, volvimos al aeropuerto… mezcla de decepcionados y contentos. Yo creo que a pesar de los reclamos, valió la pena. Siempre es bueno conocer cosas diferentes.
Última parada rumbo a Rio de Janeiro. Llegamos a casa el martes a la noche. Super cansados… Gonzi, sin embargo, estaba feliz. Desde el momento en que la azafata anunció que habíamos aterrizado, se reía y saltaba. Esa noche, solo conseguimos ir a dormir casi a las 4 h. Esta es mi despedida hasta el próximo viaje, aventura o lo que sea. Gracias a todos por seguirnos, los comentarios, el apoyo, etc. etc. Los quiero mucho.




