Día 6: Adrenalina en las montañas

El día empezó muy temprano porque nos esperaban muchas actividades. Habíamos preparado las valijas el domingo a la noche y Filipe y Marcos se habían quedado en el estacionamiento colocando el baúl y el rack otra vez en el auto. El plan para el día incluía salir temprano del hotel, hacer actividades en Potrerillo y recorrer 400 km hasta Maitencillo (Chile).

Milagrosamente, a las 8.30 h ya habíamos desayunado y estábamos guardando las valijas por 3.a vez. En comparación con el desastre del año pasado, la situación quedó un poquito más sencilla, pero eso no significa que sea fácil. Los bolsos negros de Thule que encajan en el portaequipaje de techo resultaron muy prácticos, sin embargo, todavía es complicado meter en el auto los bolsos de mano, los videos para entretener a Gonzalo, los mapas, el dispenser de M&M, el bolso con golosinas, etc.

Filipe había pedido turno en la empresa Argentina Rafting para hacer canopy (tirolesa) y después rafting. Debo confesar que nada de eso me entusiasmaba. Marcos miraba con desconfianza y Agus estaba feliz. Llegamos a Potrerillos, a 60 km de Mendoza 10 min antes de la hora y empezamos a completar formularios de responsabilidad. Entre las opciones de canopy había una básica y otra con adrenalina que incluía atravesar el río Mendoza. Me distraje dos minutos y Filipe me informó que íbamos a hacer la opción básica y que Gonzalo venía. Me empezó a doler el estómago, pero todos saben cómo funcionamos. Yo soy la del miedo y Filipe es el arrojado. La pregunta a Gonzalo era: ¿querés hacer tirolesa? Claro que él iba a decir que sí. Más dolor de estómago. Pregunté directamente a la vendedora si efectivamente podía ir un niño de 3 años. La respuesta fue contundente: -Claro, va con el guía. No se preocupe. Claro, pensé, porque no es tu hijo. Respiré profundo y acepté. Siempre quedaba la opción de que Gonzalo desistiera apenas subiéramos un poco. Nos llamaron para darnos el equipo. Gonzalo estaba serio pero entusiasmado mientras el guía se presentaba y elogiaba su flequillo para ganarse fu confianza.

–Van a hacer la opción con adrelina, ¿no? – preguntó otro guía.

–Nooooo, contratamos la base.- explico.

–No, su marido pagó la adrenalina.

No respondo. Pienso y pienso. Muero de miedo pero cómo decírselo a los chicos. Algo me dice que todo va a estar bien.

Tenemos que subir caminando hasta la primera plataforma. Gonzalo camina unos pasitos pero es difícil para sus piernitas así que lo cargo en los brazos. La subida demora unos 7 minutos. Se va complicando. Es un caminito estrecho que sube y sube, hay tierra y piedras. Por fin, llegamos al primer tramo. Son 6 en total. Facundo, el guía explica las instrucciones básicas y dice que el primero es Gonzalo. Mieeeeedo. Gonzi va serio pero no muestra qué le pasa. Le preguntamos y responde con la cabeza pero va ejecutando todo lo que Facundo le dice: agarráte acá, los bracitos allá, las piernitas cruzadas. Y riiiiiiiii Allá van los dos deslizándose por el cable a no sé cuántos m de altura. Después sigo yo, atrás Agus y finalmente Marcos, seguido por una mamá y un hijo adolescente. Todos la pasamos bien. El paisaje es espectacular. Gonzi está tranquilo y se ríe cuando le dicen que es un campeón, qué bien que se está portando. Los dos últimos tramos son por arriba del Río Mendoza, ida y vuelta. No sé cuál es la distancia que se atraviesa pero el viento mueve un poco el cable y uno termina perdiendo el control de la velocidad, que se hace con un brazo y se entrega a la situación. Finalmente, para el último tramo, hay que volver a subir la montaña. El recorrido es corto pero muy escarpado. Otros 5 min de esfuerzo antes del tramo final. El último cruce es el que más disfrutamos porque ya sabemos que falta poco y lo que no aprovechemos, se perdió. En la última plataforma, Filipe nos está esperando. Conclusión: valió la pena. Gonzi está feliz. Marcos y Agus ya habían hecho tirolesa otras veces, entonces están comparando experiencias.

Almorzamos en el restaurante del lugar y tuvimos que hacer tiempo hasta las 15 h. Yo no participé del rafting, pero allá fueron los 3 aventureros de la familia. Fue divertido ver a Filipe vestir el traje de neoprene, mientras Marcos y Agus protestaban porque además de usar el trajecito, estaban rídículos con los casquitos y los chalecos. La actividad consistía en recorrer 12 km en unos botes de goma, con corriente en un río de categoría 3. Vaya uno a saber qué significaba eso. Cuando llegaron 1 hora y 30 min más tarde, contaron una historia básica. Un guía provocó a otro y el primero hizo que el bote de los Caldas y otros se diera vuelta. Marcos consiguió volver rápido al bote mientras que Agus y Filipe fueron rescatados por otro bote, y devueltos al bote inicial. Marcos no estaba feliz, Agus estaba contando la historia sin muchos detalles y Filipe se moría de risa. Ellos se ducharon y partimos rapidito hacia el resto de la jornada.

Teníamos que recorrer 110 km hasta la frontera y de ahí unos 180 km hasta Maintecillo. Salimos de Argentina Rafting cerca de las 18 h y salimos de Argentina por el Paso de los Libertadores. Pasamos cerca del Aconcagua, pasando por Uspallata. El atardecer entre las montañas fue increíble. Estábamos todos cansados así que entre curva y curva, dormitamos un poco. Llegamos a la frontera casi de noche. La temperatura había caído a 13°C y nosotros estábamos vestidos con bermudas y remera. El trámite en Migraciones y la Aduana fue eterno. Entre formularios para completar, documentos a presentar y preguntas para responder, Gonzalo gritaba que se quería ir. Salimos de la frontera a las 21 h, con noche cerrada, camiones en la ruta y curvas interminables. Gonzalo, Agus y yo nos dormimos enseguida, pero entre curva y curva, escuchaba a Marcos y Filipe conversando. En determinado momento, Filipe protesta. El GPS nos estaba llevando por una ruta de ripio y de repente…ruido a metal. Precisamente, metal del rack trasero. En una loma, quedó la luz trasera y se soltó un soporte de la patente. A partir de ahí, Filipe siguió su mapa de papel y volvimos a la autopista. Llegamos a Maitencillo a las 00.30 h. Gonzalo siguió durmiendo mientras terminamos de bajar las bolsas y bolsitas, cenamos barritas de chocolate y nos desmayamos en las camas chilenas.

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Día 5: Tupungato

Espero que los Reyes Magos les hayan dejado sorpresas en los zapatos. Por acá, les cuento un secreto: los Reyes no pasaron.

Nos levantamos tarde, con un sol espectacular. Después de desayunar, salimos a pasear de auto. Otra vez la protesta general, que siempre lo mismo, que era aburrido, para qué, por qué, cuándo… Filipe tenía curiosidad de conocer una posada boutique y no tuvo mejor idea que parar a visitarla. Entramos a las Bodegas Nieto Senetiner, donde se encuentra una Posada Boutique espectacular: Entre cielo. (100% ajena a la realidad de niños corriendo o adolescentes dando vueltas). Con la mayor caradurez, Filipe dijo que quería conocer el lugar para una posible visita en el futuro y como comentó  que los viernes toman ese vino con sus amigos, la Gerente le regaló una botella de vino rosado.

Protestas aparte, seguimos hasta Tupungato, a unos 80 km de Luján de Cuyo. La ruta es espectacular, casi sin tráfico y el paisaje es una postal en vivo y en directo. Es obvio que quien vive de la tierra establece otro vínculo con su mundo. Hay árboles, hay verde, hay pájaros, hay silencio… Llegando a Tupungato se ven el volcán del mismo nombre y otro a su lado, el Tupungatito. Esta vez, entramos a otra bodega a almorzar: Salentein. El restaurante es una estructura de hormigón muy moderna, con obras de arte y ambiente silencioso. Nada adecuado para Gonzalo, que canta todo el tiempo Call me, baby o pide que su comida sea servida con quechupi (ketchup). Almorzamos y recorrido el lugar con el auto porque ya se había terminado el horario de visitas. Dentro del espacio de los viñedos, visitamos una iglesia muy sobria, también de hormigón y esculturas de metal, en honor a la Virgen de Carrodilla, patrona de los viñedos. En el camino de regreso, mientras Filipe aceleraba a más de 130 km/h, el resto de la familia Caldas durmió.

Próximos planes: Rafting y después seguir viaje rumbo a Maitencillo, Chile.

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Día 4: Mendoza – Tierra del vino

Hoy fue el día del vino. Visitamos la vinícola Familia Zuccardi. La visita fue super interesante y después siguió una degustación de vinos. No hay mucho que les pueda explicar porque tomar vino no es mi fuerte. Me encantó Cosecha tardía, tal como recomendaban las mujeres de mi familia. Jajaja.  El almuerzo en el restaurante de la bodega fue impecable, con más degustación. El servicio, espectacular; el lugar, casi mágico (o fue el vino). Después del almuerzo, pasamos por el Museo del Vino en la Bodega Rufini. La visita ya había empezado y lo poco que escuchamos fue muy interesante. El guía se refería más al proceso antiguo de producción del vino y cómo se realizaba en la actualidad. No les puedo explicar la cara de los chicos que ya de oler vino, empezaban a protestar. Volvimos al hotel y nos tocó pileta y cena un poco más temprano que los últimos días.

Día 3: Mendoza – Paseo por la ciudad

Entre una cosa y otra, terminamos saliendo tarde del hotel (para variar, ¿no?) Filipe decidió que era mejor sacar el baúl y el rack y fue una excelente decisión. Estacionamos el auto frente a la Plaza San Martín, donde hay una réplica del monumento a San Martín que todos vemos cerca de River. Después caminamos hasta otra plaza y seguimos andando por la Peatonal Sarmiento, donde paramos a almorzar. Los chicos protestaron todo el tiempo, que no era divertido, que hacía calor, que había solo plazas y plazas.  Mientras almorzamos, nos sorprendió la cantidad de gente que pasó pidiendo limosna o vendiendo estampitas. Me encanta el silencio de la ciudad, en contraposición con el barullo de Río, la calma de las personas, la educación… tal vez esté equivocada pero es lo que vivimos mientras paseamos y ya saben, no debemos generalizar, pero es la percepción que me llevo de Mendoza. Volvimos al auto y partimos rumbo al Parque General San Martín, creado después de un enorme terremoto con el objetivo de poblar esa zona de la ciudad. Para eso, llamaron al paisajista Carlos Thays… el mismo que diseñó el Parque 9 de Julio y el Jardín Botánico. Cerca del Parque, se encuentra el Cerro de la Gloria, donde se levanta el Monumento al Ejército de los Andes tan representativo de la ciudad. El lugar es impresionante. Es una pena que Marcos, Agus y obviamente, Gonzalo no tengan noción de la importancia del lugar.

Después del paseo, volvimos al hotel.

 

 

 

 

Día 2: Potrero de Funes – Mendoza

20130103 San Luis-MendozaEl gerente del hotel nos trajo una bandeja con el desayuno y después de subir otra vez las valijas al auto, partimos rumbo a San Luis. Pasamos por una zona llamada La Punta, donde hay una réplica del Cabildo de 1810 y donde se encuentra el Parque Astronómico La Punta (http://www.palp.edu.ar). Participamos de la presentación en el planetario y visitamos todo lo que pudimos. Ya eran más de las 14 h pero preferimos ir a almorzar a San Luis. Llegamos a la capital de la provincia en 40 min y estaba todo cerrado. Claro, era la hora de la siesta y se ve que se respeta a rajatablas. Después de almorzar, visitamos la Plaza Pringles. Típica plaza de interior, con la catedral, los barcitos, los chicos tomando helado y los perros tirados al sol. La iglesia es impresionante pero no pudimos entrar por la hora. Como les dije, tiempo de siesta. Según se comenta, el General San Martín ataba su caballo en el quebracho emplazado en el costado sur, cuando pernoctaba en el solar que era el de la casa del gobernador Dupuy antes que lo donara para la iglesia. Poco después, partimos rumbo a Mendoza. La autopista es excelente y apenas nos pararon para controlar qué había en el baúl de acuerdo con las exigencias sanitarias. El hotel forma parte de un centro muy moderno, con casino y restaurantes. Estábamos cansados, así que cenamos y nos fuimos a dormir. Las fotos vienen después.

Datos interesantes: Distancia recorrida: 277 km

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