Día 18: San Ignacio

El sábado Filipe trabajó hasta las 13 h. Hacía mucho calor cuando finalmente partimos y la salida de Posadas fue muy complicada por el tráfico. En Misiones, la policía parecía mucho menos preocupada con los controles. Llegamos a las ruinas de San Ignacio cerca de las 15 h y preferimos almorzar algo antes de entrar. Después de pasar la entrada, hay un Centro de Interpretación muy interesante y necesario para entender cómo funcionaban las misiones jesuíticas. Gonzalo y Agus protestaron todo el tiempo. Poco les interesaba todo lo que estaban viendo. Intenté explicarte a Gonzi pero le encantó la idea de los indios y me hizo 250 preguntas. Justo empezó el guía a hacer su presentación, pero Gonzi insistía en preguntar. Era complicado prestar atención y responderle al mismo tiempo. Sobre todo cuando llegamos a la parte en que preguntaba si podía ver a los indios, dónde estaban, dónde están las flechas.El paseo duró una hora y uno se queda con ganas de más, pero el calor era agotador y todavía teníamos muchos kilómetros hasta Foz de Iguazú.

Al llegar a Puerto Iguazú, nos perdimos un poco. El control de Migraciones fue rapidito del lado argentino e inexistente en el lado brasileño. Llegamos al hotel agotados. Comimos algo en el bar de la pileta a las 23.30 h y fuimos a dormir.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Día 17: Paraná – Posadas

Salimos de Paraná cerca de las 11.30 h. El primer tramo fue bastante bien aunque la policía caminera nos para constantemente. Es siempre lo mismo, piden los papeles y comentan sobre el baúl. Después de Chile, perdimos una de las luces, entonces el reclamo es que hay que arreglar la luz. Las condiciones empiezan a empeorar. El asfalto está quebrado y con placas irregulares. Por momentos, el auto da unos saltitos. Cerca de Federal, la luz de la reserva de nafta se prendió. Las dos estaciones YPF que habíamos pasado, no tenían combustibles.  Entramos a un pueblito y San Antonio nos salvó. Era el nombre del puestito que nos llenó el tanque. Cargamos 73 litros siendo que la capacidad total del tanque es de 78. Más policía, un bombero que nos vende un kit de prevención de accidentes y de repente un pozo feo. Ruidos extraños nos obligan a parar. El último golpe se llevó las luces del rack… completas. No queda nada ahora. Seguimos viaje… llegamos a San Jaime de la Frontera y son como las 14.30 h. Todo cerrado y hay que almorzar. Detectamos un restaurante vacío pero con un cartel que dice: ABIERTO. Estamos salvados aunque el baño local sea un desastre. Hay una única persona que dice que solo tiene bifes con papas fritas. Jajaja. El tiempo no pasa. La ruta es una línea gris que brilla allá a los lejos. Gonzalo me pide ver «El gato con botas» por segunda vez en este tramo. Ya no sabemos cómo sentarnos. Más camiones, más saltos, más nafta. Finalmente, salimos de Corrientes y entramos a Misiones. Pasamos por Establecimientos Las Marías, pero no podemos entrar porque ya es muy tarde. Valió la pena intentarlo. Llegamos a Posadas a las 21.30 h. Mañana nos queda el último tramo argentino: Posadas hasta la frontera y después, Foz de Iguazú. Unos 400 km y el cuentakilómetros ya sumó más de 4000 km desde que salimos. Besos misioneros.

Día 16: Alta Gracia – Paraná

Una vez más salimos al mediodía.Fueron 400 km a través de pueblitos profundamente dormidos desde Alta Gracia hasta llegar a Santa Fe, donde Filipe quería ver la obra de la costera que había hecho CONCIC hace muchos años. En un pueblito llamado San Francisco, nos paró la policía. Amenazaron con llamar a la Jueza de Faltas y de repente, desaparecieron. Argumentaban que era ilegal usar un baúl como el nuestro. Totalmente sospechoso. Treinta minutos más tarde, hicimos check-in en el hotel en Paraná y de ahí partimos a cenar en la casa de mis tíos. La pasamos muy lindo y finalmente, conocí a mis primos personalmente. Bah, a unos los ví hace mucho tiempo cuando eran peques y a los otros, solo por fotos.

Mañana va a ser un día largo porque tenemos que llegar a Posadas y son como 700 km hasta nuestro destino.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Día 15: Villa Gral. Belgrano

El día amaneció nublado y Filipe estaba trabajando desde temprano. El
tiempo pasaba y los chicos empezaban a ponerse nerviosos en la
habitación. Gonzi, sobre todo, protestaba y protestaba. A eso de las
12.30 h salimos. Nos esperaba Villa Gral. Belgrano. En un viaje de 50
km encontramos un paisaje espectacular y una ciudad muy bonita,
ordenada y alegre. Caminamos un poco por el centro y en el Centro de
Información Turística nos dieron unos folletos. Nos recomendaron “El
mundo encantado de Don Otto”, donde se podrían ver unas experiencias
con la gravedad muy interesantes, entre otras opciones. Almorzamos en
un restaurante y fuimos caminando hasta el tal lugar de Don Otto que
nos habían recomendado. Era más lejos de lo previsto y nos costó
encontrarlo. Para no perder el tiempo, basta con decir que era una
actividad muy sencilla (una casa con el interior inclinado) y que
rellenaron el espacio con juegos de ingenio, pero que no valió la pena
ocupar nuestra tarde. Cuando finalmente salimos de ahí, empezó a
llover. Y cada vez caían gotas más grandes. Entramos a una heladería a
pocas cuadras para protegernos y después Filipe fue caminando a buscar
el auto. Seguía lloviendo. Mientras esperábamos Gonzi se encaprichó
con una juguetería que era más que nada una casa de cotillón que había
visto de pasadas. Para llegar de la heladería a este local, había que
cruzar una calle y caminar unos metros pero fue suficiente para
empaparnos. Fue casi el tiempo de que Filipe llegara. La lluvia seguía
empeorando. Salimos a la ruta y había un arco iris hermoso. ¡Qué
tiempo loco! De repente, tac, tac, TAC, TAC, TAAAC. Estaba cayendo
granizo y nosotros andando entre curva y curva. Enseguida vino una
recta y vimos que los autos paraban a protegerse debajo de algún
árbol. Allá fuimos y cuando la situación mejoró, seguimos viaje.
Llegamos al hotel y descansamos un poco. Se ve que había faltado la
luz porque no había televisión. Cenamos en el hotel con Gonzalo
totalmente fuera de control. Se le ocurrió hacer un Beblade (trompito)
con un pan y un grisín. Se reía tan alto que un señor de la mesa de al
lado se tentó también. Todos nos reíamos. El señor se paró y vino a
conversar con él. Le dijo que era mejor si usaba un grisín con punta
más redondeada y zas… todos riendo a carcajadas. Cuando la historia
del Beblade no dio más, se puso los grisines como colmillos. Imposible
retarlo en esas situaciones. Por más que pusiera cara de seria, él
seguía con sus payadas. Llegó su comida, cenó rápido y cayó rendido.
Mañana vamos para Paraná. Casi 400 km de viaje. No sé a qué hora
saldremos pero después de todos estos relatos, me imagino que están
pensando: temprano seguro que no.Totalmente de acuerdo.

Día 14: Alta Gracia

Alta Gracia nos recibió con un día espectacular, en un hotel increíble en medio de la ciudad. Resulta que es el hotel casino donde la aristocracia se reunía a principio de siglo. Efectivamente, han hecho un trabajo de recuperación impecable. Después de desayunar, Agus, Gonzi y yo salimos a recorrer el hotel: enormes jardines, fuentes, pileta gigante. Todo antiguo pero recuperado. Filipe precisaba trabajar. La conexión a Internet funcionaba solo para mails, no podía abrir ningún sitio y protestaba, así que nos pusimos las mallas y al auto pato, que por lo menos pudiera trabajar en silencio. A las 13 h, subimos. Después de las vueltas de siempre, conseguimos salir a la calle. Claro, nos agarró la siesta otra vez, con todo cerrado. Ni un alma a la vista en la calle principal y un calor abrasador. ¡Cafecito a la vista! ¡Estamos salvados! Mentira.
-Solo tengo tostados de miga, dijo el empleado del café Bonafide.
–¿Y Internet?- pregunté ilusionada.
-Tiene poca señal-. Fue la respuesta seca del empleado al que le arruinamos la hora de la siesta.

Después de nuestro almuerzo light, salimos a dar vueltas por la ciudad. No bajamos del auto debido al calor pero vimos la Estancia Jesuítica que también fue casa de Santiago de Liniers, la Parroquia, el Reloj Público y el Tajamar, dique artificial más antiguo de Córdoba, construido por los jesuitas en 1659. Nuestra última parada fue el Museo del Che Guevara, donde hay fotografías y objetos significativos de la infancia y adolescencia de Ernesto Guevara. Mientras pasaban una peli, muy sencilla, Gonzi detonó y empezó a gritar que quería ir a comprar algo para tomar, así que Agus lo sacó a tomar aire. Volvimos al hotel un ratito y los hombres vieron el resumen del Dakar. Ya era hora de tener una comida decente, así que salimos a cenar y a las 23 h estábamos de regreso en nuestras camitas. Mañana vamos a dar una vuelta por Villa Gral. Belgrano.