07/01/16 – Tolhuin – Puerto Natales

Salida: 9.30 h – Llegada: 5.10 am (08/01/16) – Distancia: 809 km – Total acumulado: 4965 km

Tolhuin - Puerto Natales - Total
Despertamos temprano, el viento del Lago Fagnano bajó un poquito y el sol ya estaba radiante. Teníamos un largo tramo que hacer. Desde Tolhuin a Puerto Natales íbamos a recorrer rutas con mucho viento, balsa, paradas y rutas de ripio interminables.

A las 7.00 h, nos despertamos y empacamos. Tomamos el desayuno casi solos en el salón e hicimos todo lo más rápido posible para salir temprano. Sabíamos que llegaríamos tarde, pero todo iba normal. Hicimos el check out y ordenamos todo en los baúles.

Volvimos por la ruta 3, pero hoy sería el último día que recorríamos los  maravillosos caminos que nos trajeron desde la Quinta a Ushuaia. Los primeros kilómetros transcurrieron con normalidad. A medida que nos acercábamos de Río Grande, sentíamos los problemas del viento del verano de Tierra del Fuego. Fuerte como nunca. Lo que es normal para esta región, pero la VeraCruz lo sentía. Bravamente, cruzaba la ruta 3 con vientos de 70 km/h. Hicimos los kilómetros hasta Río Grande, y en lo que sobró del puerto Caleta La Misión paramos porque Papá quería sacar unas fotos y mirar atentamente lo que dejaron del puerto hace unos dieciséis años. Papá y yo salimos del auto, el viento ni nos dejaba abrir las puertas. Caminar en línea recta era un desafío. Casi no nos manteníamos en pie. Quedamos ahí un ratito para poder recuperar algunos momentos de aquel pasado.

Veinte minutos después estábamos de nuevo en la ruta 3. Media hora después, llegamos al paso San Sebastián. Hicimos los trámites en el lado argentino de forma rápida y después en el lado chileno, que fue más lento. Mucha burocracia. Otra vez en la ruta, pero ahora de ripio. En vez de cometer el error de la ida, tomamos la ruta que estaba en obras y no la vieja, que nos hizo tardar años en llegar.

En los primeros kilómetros, todo aparentaba estar mejor que en la otra. Era más lisa, con menos piedras sueltas y más compactada. Seguimos camino. Como me seguía doliendo, un poquito, la cabeza, me volví a dormir en el camino. De repente, escucho que Papá me llama y veo la ruta asfaltada. Era como el Santo Grial. Volvimos de los 50 km/h a los clásicos 130 km/h. Y así fue por unos 40 km. Hasta que la nuestra ilusión terminó. La ruta de hormigón había terminado y volveríamos al ripio. Estaba mal cuidada y horrible para la VeraCruz. Y lo gracioso es que la ruta en obras estaba casi terminada, y tuvimos que seguir el camino mirando con envidia la ruta lisita y lista para ser usada. Qué rabia, pero hasta aquel momento el camino que elegimos había sido mucho mejor que el de la ida.

Seguimos camino hasta el Puerto Espora. Llegamos a eso de las 15 h y había una fila enorme de autos. De hecho, según decía la radio el sistema de balseo estaba suspendido por el viento ya que no era posible atravesar en esas condiciones el Estrecho de Magallanes.

Bueno, esperamos y las horas iban pasando. Conocimos los baños, la confitería, un puesto de información. La radio solo repetía «El balseo está suspendido por condiciones climáticas». Bosta. Y así continuaba. Papá contó 123 vehículos antes de nosotros. Atrás era imposible saber; la fila seguía hasta perderse en el horizonte. No habíamos almorzado entonces a las 18.15 h, Mamá y Agus fueron a comprar algo en la confitería, pero la fila era kilométrica. Gonzi, Papá y yo nos quedamos en el auto. Esperamos, esperamos, y el viento no quería disminuir. Constante y fuerte. Sólo las gaviotas nos hacían distraer por unos minutos. Una hora y media después, las dos llegaron caminando contra el viento con sandwiches y papitas para comer como almuerzo. Y así fue, comimos y nos «divertimos» por media hora. Decían que la previsión para la vuelta del sistema de balseo era a las 20.00 h o 21.00 h. Decidimos llamar al hotel de Puerto Natales porque no íbamos a llegar en el horario previsto. Esperamos y esperamos dentro del auto. El viento comenzó a calmar y las 22.00 h los primeros autos comenzaron a moverse. Fue un alivio salir del lugar. Las dos primeras balsas habían llegado y estábamos andando en la fila, ya cerca del muelle. Finalmente, el mensaje «el sistema de balseo transcurre con normalidad por el Estrecho de Magallanes». Eran las once y seguíamos en la fila. Y el tiempo pasaba, hasta que vimos las luces de la balsa acercándose lentamente. Y lentamente llegó. A medianoche, la balsa atracó y entramos. No hubo ruidos en el equipamiento trasero. En la oscuridad del Sur de Tierra del Fuego, cruzamos el Estrecho de Magallanes y nos despedíamos de Tierra del Fuego. Las olas y el viento irrumpían en la balsa y la mecían. Los ruidos de la madre naturaleza. Encima, como fuimos uno de los primeros en entrar, estábamos en la punta delantera de la balsa, y por eso, con las olas y todo eso nos movíamos más. Sentíamos con más fuerza las corrientes y el viento el Estrecho. Fueron treinta minutos de puro terror. La balsa se balanceaba y las olas mojaban el deck. Había un señor que fue hacer algo afuera del auto, y cuando se estaba acercando a su auto, rompió una ola y lo empapó. Una verdadera ducha de lluvia salada. Nos reíamos a carcajadas, pero al mismo tiempo teníamos miedo de lo que podía pasar. En el medio del viaje, apagaron las luces y todo estaba oscuro. El silencio cobró vida. Lo único que escuchábamos eran los crujidos del barco, las olas y el viento. Nadie decía nada. Fueron minutos asustadores. Al acercarse al muelle, el barco sintió el poder del viento. Sacudón, se prendieron las luces y los primeros autos descendieron. Como el viento era fuerte, la balsa no se estabilizaba y la rampa se movía de un lado al otro. Los autos bajaban y pasaban por el agua de mar porque había agua entrando por la rampa. Y seguían saliendo, lo más rápido posible, probablemente del miedo y de la desesperación de escapar de esa situación asustadora. De repente, un anuncio en los parlantes indica que cierren la rampa y nosotros casi a punto de salir. La balsa volvió a posicionarse, hamacándose con la fuerza de las olas y el viento. Cuando volvió a atracar, bajaron la rampa y continuó el descenso. Nosotros éramos uno de los últimos en salir. Nos dieron la señal, alineamos la trompa del auto y salimos lentamente para no raspar el Thule. El auto se mojó con el agua del Estrecho de Magallanes y no hubo otra, fue el peor raspón de todo el viaje. Al escuchar el ruido, Papá aceleró y salimos lo más rápido posible. Arena y agua volaban y el único ligar seguro era al final de la rampa. Verificamos todo y volvimos a la ruta.

Había otro problemita ahora: el GPS no prendía. Estábamos sin navegación. A los papeles otra vez. En la oscuridad, usando la linternita comenzamos nuestro largo viaje a Puerto Natales, 330 km de ruta normal. Era la 1.15 de la mañana. Otro tema es que, mientras andábamos por la ruta, estábamos con poca nafta o bencina, como dicen los chilenos. Y seguíamos y no encontrábamos cualquier estación de servicio. Papá decidió que era mejor volver y hacer 100 km más hasta Punta Arenas. Llegamos a la estación de servicio y llenamos el tanque. Lo que supimos es que esa estación era la única en el «camino» a Puerto Natales. Si hubiéramos continuado, nos habríamos quedado parados con las liebres y los guanacos. Volvimos a la ruta nacional 9 de Chile y ahora sí sin paradas hasta Puerto Natales.

El tramo fue largo, con todos durmiendo menos Papá y yo (¡qué bien!, ¿no?) y los kilómetros bajaban, las liebres cruzaban la ruta como Kamikazes y empezaba a amanecer. Después de tres horas, cansados y ya con el sol sonriéndonos otra vez, llegamos a Puerto Natales. Sin GPS, tuve que sacar mis habilidades de navegación y explorar la pequeña y pacata de ciudad de Puerto Natales. Calle por calle, íbamos acercándonos al hotel. Después de mucha desconfianza sobre mi navegación, llegamos a la calle Sarmiento del hotel. Nos abrieron los dueños con cara de sueño, pero descargamos y dormimos como piedra. Decidimos despertarnos a las nueve, de ahí a cuatro horas. Moraleja del día: todo lo que podía fallar, falló.

06/12/16 – Ushuaia – Tolhuin

Salida: 12.00 h – Llegada: 16.00 h – Distancia: 107 km – Total acumulado: 4156 km

Ushuaia - Tolhuin - Total

Hoy el tramo fue corto. Íbamos de Ushuaia a Tolhuin, pequeña ciudad en el camino intermedio entre la capital de la provincia y Río Grande. Como no había prisa y la distancia es de más o menos 100 km, nos levantamos a las 8.00 h y desayunamos al rato. Guardamos las cosas y bajamos a la recepción del lindo hotel Costa Ushuaia. No comenté que el hotel era super acogedor, con una vista fantástica al Canal de Beagle, única en la pequeña calle Costa de los Pájaros. Las habitaciones muy cómodas y el desayuno bueno. Papá todavía tenía que resolver unos trámites del banco y de Infinito, su empresa, en la compu. Como la conexión de Internet era, levemente, mejor en la recepción, nos sentamos y Papá se acomodó para resolver sus cosas. Llamó por teléfono, conversó, escribió. Hizo casi todo, porque realmente la conexión era malísima. No resolvió todo pero bueno…

A eso de las 12.00 h, Papá cerró la computadora y guardamos las bolsas en el auto. Así nos despedíamos de la pintoresca ciudad de Ushuaia, lugar de muchas experiencias y de vistas fantásticas. Volvíamos por la Ruta Nacional 3, que todavía iba acompañarnos hasta la frontera con Chile. Desde 3063 km, los kilómetros iban disminuyendo, hasta el complejo invernal Villa Las Cotorras, donde fuimos a comer. La especialidad del lugar era el cordero patagónico.

Nos sentamos optamos por el cordero, obviamente. Lugar lindo, construido sobre un pequeño arroyo y cerca del Cerro Castor, pista de ski más austral del mundo. Comimos unas ensaladas y panes hasta que vino el cordero. Realmente, era muy rico. No es algo que se encuentra en cualquier lugar. Pero, otra vez, la cantidad era inmensa. Se fueron unos pedazos y sobró un montón. Probablemente, van a los huskies que estaban atrás. Salimos a las 15.30 h, y faltando 70 km, volvimos a pasar por el Paso Garibaldi y sus espectaculares vistas, pena que el día estaba nublado…

Rápido llegamos a la hostería Kaiken, a las 16.15. Al borde de las aguas del Lago Fagnano y a unos 6 km de Tolhuin. Bajamos los dos bolsos Thule que necesitábamos y nos registramos. Habitaciones 205 y 204. Una vista envidiable para muchos. Nos acomodamos, prendimos la tele y me acosté, me dolía la cabeza… Me dormí y solo desperté a las 18.30 h. Siesta profunda y el sol seguía iluminando el Lago Fagnano. Viento impresionante. Bajé al salón común donde estaban Gonzi, Mamá y Papá. Estaban tratando de usar la conexión de Internet de la Hostería Kaiken. Conversamos y yo redacté una de mis grandes opiniones de TripAdvisor, ahora del Hotel Paris, GRANDES RECUERDOS… Nos quedamos ahí hasta la hora de la cena y comimos algo liviano, al contrario de la noche de la centolla. Mientras comíamos, Mamá estaba revisando el blog, y recordamos nuestros viajes otra vez, ahora con fotos y textos del pasado, nos reímos de las situaciones que pasamos y de la evolución del equipo Thule, ahora mucho más organizado. A las once nos fuimos a nuestras habitaciones y dormimos bien. No había sido un día muy complicado.

Mañana haremos un tramo larguísimo. Tolhuin a Puerto Natales en Chile. Son 670 kilómetros, incluyendo balsa, migraciones y rutas de ripio otra vez, veremos qué nos reserva el día.

05/01/16 – Ushuaia – Conociendo el final de la Ruta Nacional 3…

Salida: 12.00 h – Llegada: 23.30 h – Día de paseo – Total acumulado: 4049 km

Recorrido Ushuaia 2

En nuestro último día en Ushuaia, nuevamente nos despertamos a las 8.00 h, otra vez sin problemas. Nos organizamos y desayunamos 9.30 h porque siempre nos atrasamos para todo. Todo normal y al volver a las habitaciones, Papá dijo que tenía que resolver unas cosas del banco. Bueno, dejamos a Papá solo en la habitación, así lo dejábamos calmo. Y así fue, el tiempo pasaba y pasaba. A eso de las 12.00 h, Papá dice que no consiguió resolver casi nada porque Internet era muy mala.

Salimos, entonces, para recorrer el Parque Nacional Tierra del Fuego, pero esta vez de auto. El parque tiene una zona permitida a las visitas de los turistas. Esa zona está alrededor de la Ruta 3 que va hasta Bahía Lapataia, extremo de Tierra Del Fuego con Chile. Entonces, fuimos al parque a visitar lo que el tren no nos mostró. Llegamos rápido porque queda cerca de Ushuaia. Compramos las entradas y anduvimos algunos kilómetros de ripio hasta el mirador Isla Redonda. En ese lugar, hay un muelle que antes llevaba a los turistas hacia la Isla Redonda, dentro de la Bahía Lapataia, que a su vez está dentro del Canal de Beagle. Allí, hace algunos años, estaba el correo del Fin del Mundo. Uno puede mandar un recuerdo del correo más austral del mundo, como fue el caso de Agus, que quiso mandar uno a casa. Le pusieron miles de sellos y ahí fue en dirección a casa, esperemos que llegue. Mientras, los cuatro estaban haciendo eso de la postal de Agus, yo me fui a dar un paseo. Caminé el inicio de unos senderos, saqué algunas fotos y observé el paisaje fantástico. Nunca pensé que en este fin de mundo hubiera escondido un lugar tan lindo como aquel. Sin dudas, voy a volver un día para ver y encontrar más lugares como este.

Después que mandaron la postal, volvimos al auto y nos dirigimos a la Bahía Lapataia. Los últimos kilómetros de la Ruta Nacional 3. 3070, 3071, 3072… Y los lindos paisajes solo continuaban, uno atrás del otro. Y continuamos hasta el kilómetro 3079. Aquel punto, en Ushuaia, Lapataia, Argentina, termina la gran Ruta Nacional 3. Ese número 3079, tan significativo. Allí había un cartel, que anunciaba: «Aquí finaliza la Ruta Nacional 3. Buenos Aires 3079 km, Alaska 17968 km». Gran manera de terminar la Ruta 3. Todavía íbamos a recorrerla hasta salir de Tierra del Fuego. En aquel lugar espectacular, aunque estuviera nublado. Después de contemplar nuestra magnífica hazaña, salimos del auto y caminamos por un sendero de 3 km, que nos llevaba a pequeñas bahías y bosques profundos de lenga fueguina. Caminito muy fácil, con puentecillos de madera y mucha vegetación alrededor. Después del breve sendero, llegamos a una playa con muchas piedritas y le mostré a Agus y Gonzi el arte del patito. Traté de enseñarles, pero muchos intentos fallaron. Continuamos hasta el final del Sendero de la Baliza, que terminaba exactamente con una baliza de señal. Ahí, en la playa los dos consiguieron y celebraron la victoria. Quedamos veinte minutos hasta que comenzó a llover y tuvimos que volver por el sendero a más velocidad. Llegamos al auto mojados y entonces partimos hacia algún lugar que pudiésemos comer. Llegamos al Alakush y comimos unas empanadas y tartas, rico y rápido. Papá hasta se dio el lujo de comer empanada de centolla.

Como seguía lloviendo, volvimos al auto y seguimos camino al hotel. Allí Mamá y Papá reservaron una mesa en un restaurante cuya especialidad era la centolla, supuesto plato más rico de Ushuaia. Reservamos para las 21.30 h porque solía estar lleno. Como eran las cinco, fuimos a nuestras habitaciones a descansar hasta la hora de la cena.

Nueve y cuarto salimos del hotel y fuimos al centro de Ushuaia, donde estaba la Cantina de Freddy. ¡Lleno! Hasta que encontraron la reserva y se organizaron la mesa, tuvimos que esperar en el frío y ventoso Fin del Mundo. En el momento que nos sentamos, el mozo preguntó qué queríamos comer y Papá se pronunció directamente: «Quiero una centolla». Y nos dejó en el aire, como si fuera a comer un cangrejo de aguas profundas, él solo… ¡¡¡1700 gramos!!! Como no estábamos decididos y papá desesperado, eligió nuestros platos como si fuéramos niños. A mí me pidió una centolla a la parmesana, Agus y Mamá, sopa de centolla. Fue algo impresionante. Papá parecía otra persona. «Quiero centolla… Centolla rica» debía decir su cabecita. Y bueno, cuando llegó la bendita centolla, se concentró en el proceso. Hay que comer con las manos y cortar el bicho con tijera. Yo probé el mío y no me gustó. A Mamá y a Agus les gustó la sopa y trataron de sacarlo un poco de la centolla de Papá. Gonzi probó, dijo que le gustó, pero después no quiso más. Le pidieron unos tallarines para que comiera por lo menos algo. Papá disfrutó mucho de la cena y trataba de convencernos para que pidiéramos más. A mí me gustó, pero no moriría por ese plato.

Terminamos de comer y al mirar a nuestro alrededor se veían las mesas de todos los comensales llenas de bandejas con restos de centolla. Comer ese marisco da mucho trabajo! Pagamos y nos fuimos al hotel, ya era tarde y teníamos que descansar. Preparamos las cosas para no haber lío mañana, obviamente, yo ya las tenía todas guardadas.

Ahora, comenzamos nuestra subida de vuelta, si se puede decir así. Nuestro paralelo va volver a subir, primero hasta Tolhuin, pequeña parada antes de Puerto Natales, que también va ser otro tramo gigante, en dirección a las fantásticas Torres del Paine.

04/01/16 – Ushuaia – Subiendo las montañas del Fin del Mundo…

Salida: 10.00 h – Llegada: 23.00 h – Día de paseo –  Total acumulado: 3979 km

Recorrido Ushuaia

Después de un largo día de recorrido desde Río Gallegos, hoy era día de conocer la pequeña ciudad de Ushuaia. Nos dimos la oportunidad de descansar hasta las 8.00 h. Despertamos y nos vestimos para el desayuno. Una cosa muy interesante y al mismo tiempo capeta es que hay muchos brasileños que vienen directamente de avión hasta aquí para decir que estuvieron en el fin del mundo. Es gracioso porque son fáciles de identificar. Como un checklist, vas tachando los elementos de la lista y al final da 100% de compatibilidad. Impresionante, nunca erramos. Abrigados como nunca, con ropas llamativas y hablan extremamente alto como si quisieran ser identificados. Fácil, enseguida identificamos algunas familias. Pero nosotros no, vinimos de Porto Alegre asta acá, con miles de kilómetros recorridos.

Bueno, después de algunas risadas de buscar brasileños en el Fin del Mundo, decidimos visitar el centro de la ciudad y conocer el Museo del Presidio de Ushuaia. Sin embargo, cambio de planes repentinos, que es lo que siempre pasa, nos llevaron a un tipo de paseo totalmente diferente. La idea de Papá era tener una vista de Ushuaia y del Canal de Beagle desde arriba. Para eso, necesitábamos ir hacia el Mirador Glaciar Martial.

Así, sabiendo que las aerosillas que llevaban hacia la cima no funcionaban, fuimos hacia allá. El mirador queda en el punto más alto de Ushuaia. Para llegar, hay una serie de curvas cerradas, que pasan por hoteles ya conocidos por Mamá y Papá, pero algunos en estado de abandono.

Después de la subida larga, llegamos al estacionamiento. Dejamos el auto y desde abajo se veía la estación de las aerosillas, abandonada y desierta y el sendero gigante que llevaba hacia el Mirador Glaciar Martial, un glaciar que queda en la montaña encima de Ushuaia. Así, decidimos hacer el comienzo del sendero, que iniciaba con una inclinación moderada.

Los primeros pasos ya nos mostraron que no iba ser fácil. Agus reclamaba y Gonzi no estaba muy ansioso. De abajo se veía el Glaciar, pequeño pero fantástico y también la vista previa de toda la ciudad. Comenzamos a subir y veíamos que el sendero hasta la cima sería muy largo. Decían, una hora de subida hasta la base del glaciar. Subíamos y subíamos. Y de momento en momento, decidíamos dónde íbamos a parar. «En aquel árbol paramos», «Después del puente, volvemos». Siempre así… Entonces, seguimos… Las vistas, sin duda, eran espectaculares. Estaba medio nublado, pero el ambiente seguía fresco y bueno para la subida. Y seguíamos subiendo, no nos dimos cuenta y habíamos subido un largo tramo. Agus ya reclamaba del cansancio y Papá estaba un poco cansado. Gonzi, impresionantemente, estaba resistiendo a todo. Y seguíamos subiendo, paso a paso.

Una cosa que nos estaba preocupando es que ahí arriba en la montaña, se estaba quedando nublado, con nubes negras acechándonos. Pero seguimos subiendo. Pasamos por algunos puentes de madera precarios y después de una hora, pasamos por el primer bloque de hielo. Pasaba el agua del glaciar por ahí, probamos un poco y era la más pura porque venía del hielo de las montañas.

Pasamos por arroyos, piedras y más hielo.

Al final del sendero, subimos por una escalerita dudosa y por fin, llegamos a la cima, al final del sendero estaba ahí, el Glaciar Martial imponente en la montaña. Nos quedamos ahí viendo la fantástica vista y elogiando la nuestra hazaña. No fue fácil, pero los 5 capetas lo habían conseguido. Papá quiso aventurarse más y ver otros puntos de la montaña, pero había comenzado a llover. Guardamos las cámaras y bajamos los más rápido que pudimos. Buscamos los árboles para protegernos de la lluvia. Y seguimos bajando. Un turista americano nos indicó un sendero diferente y más protegido. Y realmente fue más fácil. Más lindo y con menos gente. Bajamos relativamente rápido y nos fuimos a la VeraCruz.

 

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

 

Pusimos en el GPS: Estación tren del fin del mundo. Es la línea ferroviaria más austral del mundo. Antes usada para los presos de Ushuaia, el tren de vías angostas, único en el mundo. Llevaba a los presos hacia los bosques de lo que es ahora el Parque Nacional Tierra del Fuego, y allí recolectaban piedras y leña para la ciudad.

El tren dejó de funcionar en 1952 y en 1994 asumió la función turística.

Bueno, al llegar comimos unos sandwiches y Papá compró tickets para lo que sería la Primera clase. No era necesario pero a Agus y Papá les pareció muy divertido. Al contrario de la clase Turista, cada uno tenía su lugar individual y una comida que habíamos elegido previamente. El paseo era lindo, un must do, pero en clase turista, eso de la primer clase fue innecesario. El tren recorre el parque y para en una estación para hacer un mini paseo. Muy lindo y gracioso. Estuvo bueno el paseo, pero podría ir por lugares más pintorescos del parque, que es fantástico. La anecdota del viaje fue la compañía de unos turistas en el mismo vagón. Se hacían los elegantes y finos tomando vinos y reclamando de nosotros hablando en voz alta, pero bueno, estás con los Caldas tienes que aguantarlos, no hay otra (no querían que abriéramos las ventanas porque venía un olor feo de la locomotora).

Después de apagar los motores de la locomotora Ingeniero L. D. Porta, eran las 17.00 h, y todavía había tiempo para visitar el Museo del Presidio de Ushuaia.

Para los que no saben, el Presidio era para criminales reincidentes, como el Petiso Orejudo (alias: moleque capeta) o señor Banks, famosos aquí en el Sur. Realmente, ser mandado aquí o a la Isla de Los Estados era un pedido de muerte, ejecución. En este fin de mundo, frío, sin escapatoria, estar preso era más que penoso. El presidio dejó de funcionar como tal en la década de 1940, por denuncias de maltratos a los penados. Hoy es un museo, para recordar esos tiempos dolorosos y duros aquí en Ushuaia. Nosotros compramos los tickets y visitamos. Muy bien conservado y con mucha información interesante ,sobre la Prefectura Naval y la Gendarmería Nacional también. Otra visita que no debe faltar. Nosotros nos divertimos mucho, Agus principalmente que era la más ansiosa para visitar el presidio.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Eran las siete y nos fuimos al centro de Ushuaia. Muy turística y con muchos locales de recuerdos. Hicimos unas compras y nos fuimos a comer al Martina, porque todos los restaurantes de centolla, tan amada por Papá, estaban llenos.

Volvimos al hotel a las 23.00 h y nos fuimos a dormir para descansar y estar listos para otro día de aventuras aquí en el Fin del Mundo.