29/12/15 – Puerto Madryn – Día de descanso

Salida: 10.00 h – Llegada: 17:00 h – Día de descanso

Hoy fue «día de descanso». Despertamos tarde, 8.30 h, y salimos para caminar un poquito y probar la playa de Puerto Madryn.
Salimos a las 10.00 h y fuimos al mirador de Puerto Madryn y vimos ruinas de casas de galeses que formaron una colonia aquí en Puerto Madryn. Estaban medio bosteadas pero la vista de la ciudad era linda. Jugamos con unas piedritas e hicimos las capeteadas de siempre.
Después fuimos con el auto hacia Punta Loma, una lobería muy conocida. Llegamos y éramos los únicos. Fuimos al mirador y ahí estaba, de lejos, la lobería. Incluía lobos marinos peleándose ferozmente entre sí. La vista era genial. Después, caminamos por un sendero y durante la caminata, íbamos conociendo la vegetación. Muchas eran usadas con uso medicinal y ayudan, por ejemplo, a curar dolores, aliviar sed, etc. Los tres capetas (Papá, Gonzi y Agus) creyeron que aquello era un buffet y fueron analizando las plantas. Probaron algunas… Algunas frases como «Es rojito… Pero es dulce», » Papi ahora comé ese» o «Mar, me estoy sintiendo un poco rara» fueron surgiendo a medida que la degustación de los supuestos «frutos patagónicos» transcurría (porque no sabemos si realmente estaban comiendo lo correcto). Ya sabemos que si algún problema pasa es porque hubo una degustación equivocada.

Y bueno, volvimos al centro de Puerto Madryn, compramos algunas cositas en un kiosko, golosinas tales como palitos de la selva. Anduvimos por el centro y decidimos comer en el restaurante Chona. Como era día libre, seguimos camino al hotel y a la playa.

Buscamos toallas porque sospechábamos  que el agua estaría caliente, porque el viento era interesante, en términos de velocidad. Llegamos y fuimos al mar. Agus, Gonzi y yo nos animamos a meternos… ¡¡¡Estaba helada!!! Pero no tanto como que estuviese. El viento era lo que bajaba la sensación térmica. Estuvimos como 20 minutos en el agua del paralelo 42 grados, lo más bajo hasta ahora que estuvimos. Teníamos que hacerlo. Al salir, corrimos hacia las toallas y Gonzi, que era el más valiente y el que más quería sumergirse, tosía y sollozaba por el frío que hacía.
Tomamos un baño de agua caliente y descansamos. Después fuimos a jugar a unos juegos (disculpen el pleonasmo) del hotel. Nos divertimos como nunca y estuvimos de bobeira («jugando») durante una hora. Al salir, prendieron los aspersores del jardín y tuvimos que correr como en una peli de Misión Imposible. No sé si nos veían por las cámaras, pero los que trabajaban en el hotel deberían estar riéndose a carcajadas.

Salimos a cenar a algo liviano al Lizard Café. Preparamos las últimas cosas para mañana porque vamos a Comodoro Rivadavia y a visitar Punta Tombo. Estos son otros destinos que irán recibir los cinco capetas de Río de Janeiro y su compañera la VeraCruz. Cada vez más cerca del Fin del Mundo.

28/12/15 – Puerto Madryn – Península Valdés

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Salida: 10.20 h – Llegada: 21.00 h – Distancia: 390 km – Total: 1809 km

Recorrido Península Valdés.png

Un gran día de paseo por Península Valdés. Esta región alberga las especies más conocidas por los argentinos y más icónicas de la costa argentina. Las ballenas francas, las orcas, los leones marinos, los elefantes marinos y los pingüinos de Magallanes, todos grandes personajes de la mayor reserva natural «viva» de Argentina.

Cansados del viaje del día anterior, y con camas extremamente cómodas, fue difícil despertarse temprano. Yo estaba despierto a las 7.30 h y papá desde las siete. Gonzi no quería despertarse. Nos bañamos, desayunamos y nos preparamos para el día del avistaje.

Día lindo, pero no conociendo el clima y creyendo estar realmente preparados, nos pusimos pantalones largos y llevamos buzos, por si acaso. Nunca estuvimos tan equivocados. Papá nos había avisado que iba hacer calor, pero no creíamos que sería tan capeta. 33 grados Celsius. 33!! Bajo un sol hirviendo, íbamos a recorrer la Península Valdés. Todos de pantalón largo, menos papá. Tenía razón… Qué le podíamos hacer…

Papá había organizado que a las 12.00 h tendríamos un paseo en el llamado Yellow Submarine, en Puerto Pirámide, principal punto de salida de los paseos de avistaje de animales. Enormes, ahí íbamos nosotros, 100 km hasta Puerto Pirámide. Gonzi creía que era más cerca… Inocente!

Entramos en la Reserva Faunística Península Valdés, llegamos a Puerto Pirámide a las 11.50 h. El equipo de Yellow Submarine ya nos estaban llamando como una última llamada en el aeropuerto. Todos de bermuda y ropas livianas, mientras que nosotros estábamos de jeans. ¡Los únicos! Estábamos bañados en sudor con el sol. Entramos al barco y comenzamos el paseo.

El Yellow Submarine es un semisubmarino. Uno puede bajar al nivel inferior y mirar por las ventanas que muestran las vistas submarinas del mar y de animales, principalmente ballenas. Pero una cuestión que nos dejó muy decepcionados es que la temporada de ballenas había terminado hace tres días. En síntesis, no había ballenas. De esa manera, en el paseo vimos los lobos marinos y muchas gaviotas. Lindo el paseo, porque la península en sí es muy bonita. La formación geológica y el calor del agua son envidiables hasta para los brasileños. El paseo, sin embargo, no fue gran cosa porque no estaban los protagonistas del espectáculo. Sacamos fotos y comimos en Botazzi, en Puerto Pirámide. Tardó más de lo que esperábamos, pero a las 15 h estábamos en camino, para recorrer la Península.

Dentro de la Península, solo hay rutas de ripio que conectan los principales puntos de interés de la península: Punta Delgada, Caleta Valdés y Punta Cantor. La primera parada era Punta Delgada lugar de elefantes marinos, 75 km de Puerto Pirámide, nada que la VeraCruz no pudiera aguantar como el equipo Thule. Al llegar, nos miran la patente del auto y nos dicen que para ver los elefantes de cerca había que pagar 200$ por persona, impagable para 15 minutos de salchichas gordas paradas en la playa. Entonces, fuimos al mirador y vimos, gratis, de lejos las tales salchichas de 4000 kg, alguna que otra moviéndose de una manera hilaria. Diez minutos después de vuelta al auto yendo hacia Punta Cantor y Caleta Valdés. 40 km hasta la supuesta comunidad de pingüinos. Más ripio, estepa patagónica, y algunos choiques, guanacos, zorritos que caminaban por la ría.

Al llegar, todo estaba vacío, menos un caminito que llevaba a miradores de la Caleta Valdés. 1500 metros de caminata por la vegetación patagónica. Vimos otros elefantes marinos y los primeros pingüinos que deberían ser, probablemente, seis o siete… Más decepción… Pero el calor, por lo menos, no estaba tan intenso, pudimos caminar bien sin ningún problema, aunque todavía esperábamos a los pingüinos tan prometidos.

Y después de esa caminata, comenzamos a volver, cuando vimos lo que parecía ser otro mirador, pero, en realidad, era una pinguinera.

Estacionamos y vimos una comunidad gigante de pingüinos de Magallanes. Fue impresionante, después de calor y algunas decepciones, quedamos maravillados con lo que estábamos viendo. Sacamos miles de fotos y nos reímos a carcajadas con los ruidos que hacían y de Gonzi imitándolos. Fue genial para cerrar el día en Península Valdés.
Regresando por la ruta de ripio y volvimos a Puerto Madryn y cenamos en El Barco y ahí decidimos que mañana iba ser día libre, tal vez vayamos a la playa o tal vez otras cosas para nuestro último día en Puerto Madryn.

27/12/15 – Bahía Blanca – Puerto Madryn

Salida: 9.15 h – Llegada: 18.30 h – Distancia: 705 km – Total: 1419 km

Bahía Blanca - Puerto Madryn - Total

Bahía Blanca tenía que despedirse de nosotros, pues la parada era breve. Nos despertamos a las 7 h, impresionante hazaña de los Caldas. Pero, para mí, no era el viaje la preocupación, sino el calor. No hay nada más incomodo para nosotros que el calor. Es como un despertador natural y quien nos conoce sabe cómo reaccionamos. Hotel Muñiz tenía ese despertador natural, con los 40 grados de sensación térmica son aire acondicuonado, estábamos despiertos para el horario planeado. Desayunamos, organizamos las pocas cosas que habíamos sacado y partimos del hotel más antiguo de Bahía Blanca. Salíamos en dirección a las famosas ballenas de Puerto Madryn y a los tan deseamos pingüinos de Gonzi.

Nuevamente, las planicies y las estepas. La vegetación seca y los miles de camiones en la ruta 22, 251, y por fin la Ruta Nacional 3, la que conecta Buenos Aires a Ushuaia. A medida que íbamos avanzando por nuestro recorrido, pasamos por las provincias de La Pampa, Río Negro y Chubut. Las planicies fueron sustituidas por pequeñas colinas y por el ambiente de la Patagonia. Estábamos finalmente en ella.

Paramos en Las Grutas, balneario más famoso de la Patagonia (?), conocida por sus aguas cálidas y tranquilas que llegan entre 24 y 25 grados, queda el tip para los que quieran ir algún día.

Comimos en una marisquería, Bariloche, y volvimos a recorrer la ruta 3, conociendo un poco de la costa sureña argentina, empezando a avistar la famosa Península Valdés, uno de nuestros grandes destinos. Las cosas transcurrieron con una normalidad impresionante.

La ruta era genial, desde Bahía Blanca hasta Puerto Madryn. La velocidad promedio fue de 130 km/h… En el último tramo 160 km/h y hubo un momento en que pisó el acelerador y llegó a 180km/h. Nada como un poco de velocidad para encender la Patagonia dormida.

A las 18 h, llegamos a Puerto Madryn, después de 705 km y en un día que no podía estar más lindo. Todos en la playa, aunque el mar estuviera lo más helado posible, y Puerto Madryn es lindo y organizado, otro tip bueno.

Descargamos, y el Rayentray en Puerto Madryn nos dejó maravillados con la vista y el servicio. Este hotel, después del Muñiz, no podía ser mejor y decidimos comer temprano, así podíamos aprovechar el cumple de Papá y la gran Península Valdés y esperemos ver muchas ballenas y pingüinos, dicen que el tiempo va estar lindo, no hay como pasar nada malo. Veremos lo que está por venir.

26/12/15 – Buenos Aires – Bahía Blanca

Salida: 10.00 h – Llegada: 20.00 h – Distancia: 714 km – Total: 714 km

Benavidez - Bahía Blanca  - Total.png

Salimos de la quinta a las 10.15 h en dirección a Bahía Blanca, nuestra primera y última parada antes de entrar a la Patagonia.

Después de organizar todo, hacer los últimos preparativos y saludar a Micha, Manu, Flor y Cakis, la VeraCruz partió con todo el equipo Thule reformado y preparado para la Expedición Patagonia. Saliendo, digamos de una manera triunfal, hicimos los primeros kilómetros y ya estábamos mentalmente preparados para lo que estaba por venir, cuando el señor comandante dice: «Volvamos que me olvidei de la piezza do remolque (observen que traté de ilustrar el perfecho español de Felipe Caldas)». Yo, es claro, me decía: «No confía en su propia pieza, va haber algún problema, sea lo que sea».

Y volvimos. La salida triunfal se transformó en una salida «bosteada». Entré a la Quinta, agarré la pieza, volví a saludar a Micha y entonces realmente partimos. Recalculando la ruta, nos decía el GPS. Cómo nos conoce…
Y bueno, Panamericana, General Paz, Ezeiza y por fin la ruta 205. Pasamos por kilómetros cuadrados de planicies, por miles de vacas mirándonos con cara de desconfianza ya nunca habían visto una camioneta de Brasil con patente de Jaboatão dos Guararapes.
Más vacas, camiones y familias probablemente yendo hacia Mar del Plata. Y de esa forma, el tiempo iba transcurriendo hasta la hora del almuerzo. En Olavarría, paramos para almorzar algo rápido, milanesas y ensaladita, cuando nos dimos cuenta que la nueva pieza del remolque se había torcido con el movimiento oscilatorio del peso acoplado (básicamente, las lomas torcieron la pieza y estábamos en problemas). Había que buscar lo más rápido posible, alguien que nos ayudara a resolver nuestro pequeño gran problema. Un sábado a la tarde, todo estaba cerrado menos la casa de un tal de señor Julio y su familia. Miró el sistema y nos ayudó con las habilidades que tenía, reformando, una vez más, la pieza y dejándola como nueva. Una hora y media de trabajo y estábamos de vuelta recorriendo las tierras planas de la provincia de Buenos Aires.

Después de 700 km, llegamos a Bahía Blanca, «metrópolis» del sur de la Provincia de Buenos Aires. Ahí sí, fue una llegada triunfal. Creo que fue el primer auto de Jaboatão dos Guararapes en Bahía Blanca, todos nos miraban como si fuéramos de otro mundo y, realmente, veníamos de muy lejos.

Llegamos al Hotel Muñiz, descansamos, cenamos en Victor y después, dormimos para que el día siguiente estuviéramos despiertos para la próxima parada, Puerto Madryn, para otra nueva aventura.

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Expedición Patagonia – Introducción

La Argentina, gigante como es y maravillosa como siempre, guarda secretos que tal vez sigan escondidos del mundo y desconocidos hasta para los que recorrieron todo lo posible y imaginable. Una de las joyas y maravillas de este gigante es la Patagonia. Aislada, desierta y, para muchos, perdida en la propia nada. La Patagonia trae en el imaginario argentino una idea de libertad y paz, pero, al mismo tiempo, la soledad, el silencio y, principalmente, el misterio. Uno podría imaginar la Patagonia como un pequeño pájaro, una paloma por ejemplo. Siempre está ahí, sentadita, calmita, paciente, esperando el porvenir. Cuando aparece algún tipo de amenaza, sea lo que fuera, abre sus alas, vuela y se lleva todo lo que representa materialmente y esencialmente. La Patagonia siempre está ahí, pero nunca está para mostrarse ni agrandarse. Es ella y nada más.

Y por qué Expedición Patagonia? Para conocer a la Patagonia tendremos que cruzar caminos que tal vez nunca fueron cruzados y tendremos que hacer largas distancias y estar preparados para lo que pueda pasar. Todas las experiencias nos ayudarán a conocernos a nosotros mismos.
Desde Buenos Aires a Ushuaia, Calafate, Río Gallegos y muchos otros lugares fantásticos, estaremos recorriendo la Argentina. Los que quieran recorrerla con nosotros, aunque no sea lo mismo que hacerlo personalmente, serán totalmente bienvenidos. Conozcamos un poquito más de nuestra gigante nación, con los capetas Caldas de siempre.