Sorpresa! Agus is back. Bueno, se supone que debería decirles cuántos km hicimos hoy, o a qué hora llegamos al grandioso Hotel París (que de París no tiene nada), pero para decirles la verdad, no me acuerdo de nada de eso y en general, duermo todo el camino. Empezamos desayunando en la misma mesa que con personas que conocimos ayer a la noche y que solo escucharon la voz de papá toda la cena. Creo que se quedaron más que felices cuando dijimos que solo nos quedábamos por una noche, hasta nos abrazaron de emoción. En seguida, fuimos a Monte León y entre diversas situaciones, Papá grita «cuidado el barro!».
Agus : «ops, pisé barro»
Mamá : «Gonzi! Mirá lo que hiciste!»
Y allá se fueron más de 20 minutos limpiando zapatillas.
Después de dormir por un ratito más en el auto (digamos que algo entre 2 horas), me despierto al llegar a Rio Gallegos. Ya ni quería ver cómo era el hotel. (Insertar sentimiento de desconfianza y miedo).
Finalmente llegamos al HOTEL PARÍS. No es que es el perfecto lugar de capetas? 🙂 . Arriba de la cama de marinero, siento que me voy a caer encima de Gonzi en cualquier momento. Mañana Marcos les avisa si Gonzi sigue vivo.
Salimos a pasear por la gran ciudad, y Gonzi se compra un supuesto gorro de Indiana Jones. Está más para Perry, el ornitorrinco (de Phineas y Ferb) que cualquier cosa.
Me voy quedando por acá.
Espero que me hayan extrañado.
Empezamos el día a las 7h00 porque a las 8h30 nos venían a buscar para el paseo de helicóptero. Mientras desayunábamos, Marcos se fue a hacer una tostada y se encontró con una señora que reclamaba que las tostadas tardaban mucho y mientras tanto, tomaba champán. Bueno. Jajaja. Esa misma señora, cuando pasé caminando cerca de ella, me miró de arriba a abajo y gruñó.
La empresa que nos había vendido el paseo de helicóptero http://www.shearwatervictoriafalls.com/nos vino a buscar en una combi. 20 minutos después ya estábamos esperando al piloto, que estaba volando con otro grupo. Marcos fue adelante con el piloto. Mamá, Gonzi, Papá y yo fuimos atrás juntos. El paseo estuvo espectacular, duró media hora más o menos, y de la ventana vimos elefantes, jirafas, cebras, una manada gigante de búfalos, y obviamente las cataratas Victoria. Mamá y yo nos mareamos un poco por todas las vueltas que el helicóptero daba. Creo que Gonzi también, porque salió medio tonto, pero no dijo nada. Después del paseo, obviamente nos vendieron el vídeo, las fotos y con eso, tardamos un poco más. Salimos de ahí a las diez menos diez, y teníamos un paseo marcado por las cataratas a las 10h! Corrimos. Llegamos al hotel y ya tuvimos que subir a otro autobús. -OBSERVACION- un autobús SOLO para nosotros. Jajaja, seguimos camino a las cataratas. Nuestro guía se llamaba O’Brian, y ya lo habíamos conocido el día anterior. Durante el paseo, nos empapamos, salimos todos mojados del parque, y encima Mamá y yo cargamos a Gonzi todo el paseo. Obviamente fue Mamá fue quien lo cargó la mayor parte del tiempo. Y la cámara paró de funcionar por el agua. Genial. Sin cámara para mi salto de Bungee Jumping. Sí, BUNGEE JUMPING. Creo que mamá no les contó eso. Pero igual, debe haber sido la cosa más radical y loca que ya hice en mi vida. Pero ya les cuento todo. Volvimos al hotel y almorzamos unas hamburguesas que la señora nos hizo al borde de la pileta. Todos riéndose, y lo único que pasaba en mi cabeza era el salto. Nervios. Miedo. Fuimos a la puerta del hotel y nadie llegaba. Mirábamos por la puerta de vuelta. Nada. El hotel llama a la agencia, y le dicen que fueron y no había nadie esperando. Como, NADIE?? El señor vino un poco después, y nos llevó hasta la frontera. Más o menos, que casi no había control. Después de «migraciones», caminamos por 1 km hasta la puente (Victoria Falls Bridge), donde se hacían los saltos. Mientras caminábamos, algunos vendedores nos perseguían con cosas para vender, como pulseras o collares. Todos le decían a papá: «are you going to jump, Big Papa?», papá les decía que yo iba a saltar, y todos me gritaban «NICE JUMP, SISTER». Un tipo con una bicicleta, que tenía una caja de madera atrás, quería llevarnos al puente. Le dijimos que ‘no’ millones de veces, pero igual nos siguió. Llegamos al puente, y nos dicen que tenemos que ir a registrarnos del otro lado del puente. Me hacen firmar un formulario que si me golpeo, o si me muero, no se responsabilizan por nada. Que te digan eso ayuda un montón con los nervios. Papá me llevó hasta el puente de vuelta, y los señores me empiezan a poner todo el equipamiento. Los nervios solo aumentaban. Y entonces llegó mi hora. Me pusieron en el borde, y cuando miré el agua y las piedras abajo mío, casi me arrepentí. 5, 4, 3, 2, 1, JUMP! Empezé a gritar con todo lo que pude, y en ese momento vi mi muerte próxima. No saben cuántos pensamientos pasaron por mi cabeza en 2 minutos. Hasta pensé en cómo me había olvidado de avisar a todos que me iba a morir. Después de varios rebotes, un señor me subió de vuelta al puente. Cuando salí de la plataforma, Papá me vino a abrazar. Volvimos al barcito donde estaban Mamá, Marcos y Gonzi, observando todo de lejos. Mamá me dijo que más o menos que me quería matar por hacerla pasar por todo eso. Jajaja, pero bueno, forma parte de ser madre. Compramos las fotos y el vídeo del salto. Y verlo varias veces me parece muy capeta. Así, volvimos al hotel, y todos me preguntaban cómo había sido. Fuimos a la pileta, tomamos algunas bebidas, y nos fuimos a bañar. Después de bañarnos, a las 7h30, fuimos a cenar, porque había un show a ese horario. El show no tenía nada de especial. Estaba divertido, pero nada del otro mundo. Y bueno, así terminó nuestro día de actividades radicales. Pero no me arrepiento de nada. Jajaja. Hoy, 20 de enero, todavía me duele el pie, y no consigo caminar normalmente. Ser radical tiene sus consecuencias. Nos vemos pronto.
La noche anterior habíamos combinado desayunar a las 7h30. A las 7h40 estábamos a camino. Y sólo a las 8h00 nos sentamos a la mesa a comer. 100% estilo Caldas. Al llegar al desayuno, el señor nos pregunta si queremos café. Mamá, adicta al café, acepta y no sé porqué, Papá le dice al señor: «we DON’T want hot eggs and hot breakfast». El tipito, como diría Gonzi, se fue aterrorizado. Creo que no entendió muy bien porque, 10 minutos después, nos vino a preguntar: «Do you want any eggs or bacon? (quieren huevos o bacon?)». Le dijimos que no, y nos matamos de risa. Poco después, escapamos del hotel, y partimos para Botswana. Después de 4h30 dentro del auto, llegamos a la frontera entre Namibia y Botswana. Hicimos migraciones en la oficina de Namibia, y seguimos unos metros más hasta llegar al «control de pestes» del lado de Botswana. Una señora nos para en la ruta y dice: «Welcome to Botswana» y Papá le responde que vinimos a pasear, (???). Jajaja. La situación empeora cuando la señora nos dice que salgamos del auto con nuestros zapatos. Y que abramos la cabina para mirar el equipaje; luego, pide que agarremos el bolso de los zapatos, y que los saquemos del bolso y los pongamos en el medio de la ruta. En realidad, eran dos bolsos, uno para Mamá, Marcos, Gonzi y yo, y otro para Papá, ya que el príncipe de África siempre necesita más ropa que todos, pero eso todos ya saben. La señora nos pide que pasemos TODAS las zapatillas, las ojotas, y los elegantes zapatos de Papá sobre un trapo sucio que había en la ruta que mojaba con el contenido sospechoso de una botella de plástico. Parecía una broma…Mientras trabajábamos al rayo de sol, la señora intentaba interactuar con un niño llamado Bonzi, desconocido para Gonzi. Bueno, siguiendo la historia. Después de haber hecho un trabajo de esclavos, seguimos unos metros a la oficina de migraciones de Botswana. Era mínima. El funcionario nos empieza a hablar de fútbol porque Marcos tenía una remera de Portugal, pero de hockey, ok,todos nos equivocamos de vez en cuando, hasta que nos dice que Cristiano Ronaldo es mucho mejor que Messi. Íbamos a hablar en nombre del orgullo argentino, pero nos callamos la boca sino iba a empezar esa novela de argentinos que viven en Brasil pero que tienen nacionalidad portuguesa. Tuvimos que fingir que nos encantaba Cristiano. Jajaja. Después de eso, avanzamos unos kilómetros hasta entrar al Chobe Game Park. Bastó pasar el portón y ya vimos elefantes, jabalíes, impalas, MUCHOS ciervos, entre otros. Y pensamos «es acá que vamos a encontrar el santo León que tanto buscamos», hasta que 10m adelante del último elefante, no vimos NINGÚN animal. Llegamos al hotel a las 15h15. Se suponía que teníamos un paseo por el río pero ya lo dábamos por perdido. Papá bajó a hacer el checkin y mientras estábamos sacando las cosas del auto, vuelve rápido y pide que cancelemos todo porquye el paseo estaba saliendo en ese mismo instante. Salimos corriendo todos hacia el barquito. Al llegar, 8 pares de ojos de unos viejos gordos nos miraban con odio. Yo me siento con Mamá y Gonzi. Marcos y papá se sentaron un poco más atrás. Hoy sí vimos muchos hipopótamos y muchos elefantes, hasta llegamos cerca de uno que estaba en la orilla. También vimos varios pajaritos. El paseo estuvo muy interesante. En un momento, Gonzi y yo nos cambiamos para el primer asiento, y los viejos y viejas capetas nos miraron. Gonzi todo el tiempo me decía: «Agus, ela ta te olhando» y se reía. Jajaja. Al llegar al hotel, había unas 20 personas cantando, y fue bastante asustador, porque nos miraban, y de lejos parecían, y sólo PARECÍAN desnudos. Nos bañamos, y fuimos a almorzar/cenar. La señora nos dijo varias veces que era SELF-SERVICE, por si nos olvidábamos. Marcos y yo comimos cocodrilo; tenía gusto de pollo, bastante rico. También había avestruz, pero no estaba para eso. Y bueno, así terminó nuestro día. Los dejo hasta que llegue mi vez de vuelta para contarles las próximas aventuras de los Caldas.
Bueno, al llegar al hotel en São Paulo, todos nos miramos y nos preguntamos adónde podríamos comer algo. El restaurante local era mínimo y estaba vacío. Había un único plato, como dijo, mamá. Después de nosotros, llegó otra señora y recibió el mismo discurso del plato único. La señora aceptó la propuesto pero pidió eliminar la lechuga y el tomate y en cambio aumentar la dosis de papas fritas (Marcos la imita perfectamente: pode exagerar nas fritas). Obviamente, Marcos y yo nunca olvidaremos la frase célebre. Nos llenamos de Coca y volvimos al cuarto. Permítanme confesar que mamá no abe que no pudimos ver la novela porque Marcos se quedo mirando el programa de los Teletubbies. Eso es para que vean lo demoníaco que era el hotel. En realidad fue Gonzi que nos hizo ver eso pero venía bien el comentario.
Después de salir del excelente capeta hotel, Ipê Hotel (sí, Marcos y yo somos críticos oficialmente y hacemos publicidad de TripAdvisor, jajajaja), fuimos al aeropuerto para el segundo vuelo. Durante las 10 horas de vuelo, dormimos por lo menos la mitad. Claro que escuchando a Justin Bieber todo el tiempo y a aun así, el vuelo fue insoportable. Nos prendían la luz, Gonzi pateaba y no me dejaba dormir, me senté en 250 posiciones y nada.. pero qué remedio, todo por la aventura. Jajaja
Al salir del avión, tuvimos que esperar media hora en la fila de Migraciones. Podías ver cualquier cosa ahí. Raro.. muy raro.. yo quería terminar de leer las 50 páginas finales del libro, mamá me gritaba para que parara de leer. Papá hacía comentarios graciosos sobre la ropa de los otros y Marcos, era el único atento en la fila. Gonzi saltaba como si fueran las 7 de la mañana y la fila no avanzaba.
Ah, y Javi, si estás leyendo esto, Marcos y yo dijimos JOHANNESBURG al salir del avión. Jajajaja. Todo para no olvidarnos de los que están lejos.
Mientras esperábamos el avión a Cape Town, mamá, Gonzi y yo decidimos ir al baño a lavarnos los dientes y ponernos desodorante (eso de que duran muchas horas es mentira, jaja). Consejo: nunca vayas al toilette a colocarte desodorante después de un viaje con turbulencia… ¿sabés por qué? Porque la loca bolita puede haberse soltado y caer en el inodoro, o sea ser irrecuperable.
Salimos para Cape Town dos horas después de haber terminado la fila, despachado las valijas y perdido un desodorante. Esta vez fuimos directo a buscar las valijas. Para nuestra sorpresa: faltaba una y encima era la de Marcos y mía. Hicimos el reclamo y dijeron que quedó en Johanesburgo. Mañana la llevan al hotel. Al salir, debía estar esperando el señor con el auto alquilado. Nervios porque no aparecía… en realidad, el señor estaba solo que tenía un cartel a nombre del señor Ribeiro??? Papá alquiló una combi!! Jajaja. Llegamos al hotel andando despacito por la mano izquierda. El hotel es muy lindo pero tuvimos que enfrentar algunos problemas. Es un apart-hotel, o sea… no hay comida. Los restaurantes estaban cerrados, el teléfono del departamento deshabilitado, el responsable de la recepción solo vuelve mañana, pero como dice Dora: We did it! Conseguimos! Después de varias visitas a la recepción, conseguimos sánduiches de cena. Mañana será otro día.
Crucen los dedos… otra cosa: el inglés que se habla es bastante diferente.