No sé si fue el cansancio o el calor, pero Filipe prefirió subir al auto y salir del centro de Viena. No son grandes distancias. Enseguida, estábamos en Grinzing y ante unas vistas increíbles de los bosques de Viena.
Filipe quería visitar la casa de Beethoven. Nos costó encontrar la dirección. Al llegar nos enteramos de que los lunes el museo estaba cerrado.
Mientras nos reíamos de nuestra distracción, notamos que teníamos un papel en el vidrio. ¡Oh, no! Una multa. No entendíamos nada en alemán. Con ayuda de Google Translate, descubrimos que no se trataba de una multa por mal estacionamiento en esa calle del museo, sino de donde habíamos dejado el auto a la noche, cerca del departamento. Sugerencia: consultar siempre cómo funciona el estacionamiento en las ciudades que visitamos.
Seguimos nuestro paseo por los barrios alrededor de Viena. Las distancias son cortas y todo es muy organizado.
Habíamos comprado entradas para visitar el Palacio de Schönbrunn y el tiempo seguía pasand0, así que almorzamos en el bar del propio palacio para no perder nuestro horario. Este palacio era la casa de verano de los emperadores. Im-pre-sio-nante. ¡Qué decirte de un lugar que tiene 1441 habitaciones!
Hicimos la visita más corta, equipados con las audioguías y después caminamos por los jardines. Un mundo aparte.
Volvimos a Viena con la idea de tomar un barco, pero los paseos ya habían terminado cuando llegamos. Nos detuvimos en un barcito frente al río Danubio a tomar algo. Muy cool.
Después volvimos a casa. Era hora de cenar y preparar las valijas nuevamente. Gonzalo estaba de antojo, así que paramos en el camino para que se comprara una hamburguesa vienesa.
Tuvimos cuidado de no estacionar en el mismo lugar donde nos habían hecho la multa a la mañana.





(22 de julio de 2024)