El día empezó temprano. A las 8 h, Pietro nos buscó en el Airbnb para ir hasta Roma Termini. Ya nos habían comentado sobre el tráfico de Roma en la hora pico, así que preferimos salir con tiempo. Llegamos a la terminal a las 9 h y empezamos a buscar la plataforma desde donde salía el tren a Venecia.
Confieso que fue confuso. Teníamos la opción de esperar en el lounge de Ítalo y no encontrábamos dónde quedaba. Una persona de seguridad nos mandó para un lado, otro guardia para otro y solo conseguimos llegar a destino en el tercer intento. Hasta 15 minutos antes de la partida, no había noticias del tren. ¡Qué miedo! Apenas apareció la información, salimos corriendo. Por suerte, en la plataforma estaba todo bien indicado.
El tren cubrió los 560 km entre Roma y Venecia en 4 horas. Me encantó la experiencia. Viajamos muy cómodos; los baños son impecables y el personal a bordo también fue super atento.

El tren entró a Venecia Sta. Lucía a eso de las 14 h. La estación es muy chiquita para el movimiento, pero apenas salís de la puerta principal, te topás con el Gran Canal. Es una sensación muy sorprendente, aunque duró poco porque el calor no había aflojado y la cantidad de gente circulando era excesiva.
Justo al lado de la estación, vimos un puesto de atención al turista. Pedimos mapas y compramos un pase para el vaporetto (colectivo acuático). No es barato, pero es el único medio de transporte. Una vez equipados, buscamos la línea que nos llevaba al hotel y partimos. No fue muy práctico entrar con las valijas a un barco atiborrado de gente y padeciendo el calor, pero era previsible en esta época del año.
En dos paradas, estábamos en el hotel. Hicimos el check-in y salimos a buscar un lugar donde comer y pasear un poco después.
Por lo que vimos en el mapa, la Piazza San Marco quedaba a unos 500 m caminando por dentro de la ciudad, así que encaramos el paseo avanzando por callecitas angostas y pintorescas.
La Piazza San Marco es la única piazza de Venecia, ya que es resto son piazzales (tipo patios). Es el lugar más bajo de la ciudad por lo que, cuando hay «acqua alta» (noviembre y diciembre) es el primer lugar en inundarse. Cuando esto sucede, las autoridades instalan pasarelas para que los habitantes y los turistas puedan seguir circulando. Cuando estuvimos en Venecia hace 20 años atrás, la basílica tenía algo de agua en la nave central y también era agosto pero no es lo más común.
Se nos había hecho tarde para entrar a la Basílica así que visitamos el Palacio Ducal que fue la residencia del Dux, símbolo de la vida política de la República de Venecia.
El palacio es una postal. Nunca habíamos ido. Tiene una historia muy larga e interesante. Lo que más nos llamó la atención fueron las salas de la Magistratura veneciana, los frescos y obras de algunos pintores, como Tintoretto y Tiziano y la sala de armas. Atravesamos un tunelcito llamado «Puente de los Suspiros» y entramos a los calabozos.
Cuando terminamos la visita, fuimos a pasear en una góndola. Yo me dormí con el movimiento del barco (¡qué vergüenza!) pero Gonzi y Filipe se divirtieron bastante.
Después de la góndola, subimos al Campanario de San Marco. Esta vez no había fila y subimos de ascensor. La vista desde arriba es increíble y, como había poca gente, fue rapidito.
Paramos en un barcito a tomar algo porque estábamos detonados y emprendimos la vuelta al hotel. Cuando llegamos a la parada del vaporetto, nos informaron que no habría servicio hasta las 23 h porque el personal estaba de huelga. ¡Noooo! A pesar de ser caro, Filipe resolvió tomar un taxi. Había sido un día demasiado intenso y no dejó de ser una experiencia diferente.
Volvimos al hotel, tomamos baño y fuimos a cenar a un restaurante muy cerca. Era tarde (muchos lugares ya habían cerrado) y no teníamos muchas opciones pero comimos super rico. Atravesamos el puente del Rialto para volver al hotel y nos dormimos rapidito, agotados, pero felices.
(18 de julio de 2024)




