El sábado 15 temprano metimos todo en las valijas. Ya había cierta dificultad porque uno va comprando cositas y todo ocupa lugar. Cerrar las valijas no es tan simple como cuando uno sale de casa. Además, como siempre, en el momento menos previsto, surge algo. No encontrábamos una de las llaves del candado. (En los dos lugares donde estuvimos hasta ahora, abrir la puerta para hacer el auto-check in es siempre complejo. El anfitrión te da un código para que abras un candado donde están las llaves de la puerta). Lo cierto es que empezamos a sudar la gota gorda y abrir y cerrar valijas, de nuevo, hasta que por fin apareció la llavecita que faltaba. Yeeeees! Hora de salir. Íbamos con tiempo pero como era un vuelo internacional, era preferible que nosotros esperáramos. Llegamos y siempre es aquel estrés de pasar por los rayos X, etc.
El aeropuerto de La Guardia pasó por obras recientemente y, la verdad, parece un mega shopping. Hay unas fuentes con luces y chorros danzantes que parece sacados de un parque y varias escaleras para un lado y para otro. Buscamos un lugar para sentarnos y esperar.
Poco tiempo después, escuchamos un anuncio avisando que el vuelo a Montreal estaba atrasado. Resolvimos ir a almorzar y seguir esperando. El vuelo salió con una hora de atraso pero como es un recorrido corto, no se notó mucho.


Al llegar a Montreal, encontramos máquinas para hacer migraciones, después, el funcionario de migraciones coteja los datos e imprime un papel. Una vez que ya retiraste las valijas, necesitás entregar el formulario a otro funcionario. Todo es un poco más demorado que en Estados Unidos pero funciona.
Para desplazarnos por Canadá, alquilamos un auto, así que nos tocó ir a buscarlo. Papeles de por medio y pronto, estamos listos para buscar el próximo AirBnB. Es una casita muy linda en un barrio llamado Little Italy. Acá también oscurece muy tarde así que no nos dimos cuenta de que ya había muchas tiendas cerradas y no teníamos nada en la heladera. Resolvimos buscar algún lugar para cenar dentro del barrio porque, aparentemente, había muchas opciones. Debe haber sido el cansancio pero no vimos muchas. Llegamos a un barcito llamado Tenorio’s. Entramos con miedo de que nos hablaran en francés pero enseguida apareció Tenorio y una empleada que nos hablaron en español. Comimos rapidito y volvimos a la casa para dormir. Ya era bastante tarde. En el recorrido de vuelta, Filipe resolvió hacer un paseo nocturno por la ciudad. Yo me dormí apenas subimos al auto y Gonzi poco después. Agus y Filipe nos contaron que había bastante tráfico en la ciudad. Se ve que el sábado a la noche, a la gente de Montreal le gusta salir a pasear.